Datos y descargas

Dificultad:
Mínima. El trayecto debe realizarse a pie.
Duración:
Existen varias maneras de visitar estas cuatro instituciones: de forma más completa con guías, previa concertación al organismo correspondiente, en cuyo caso tendría una duración de unas 3 horas en total. También pueden visitarse por libre, teniendo en cuenta habrá un acceso limitado ya que no se podrá entrar en algunas salas sin el guía correspondiente. En este caso la duración sería de 1 hora aproximadamente.
Longitud:
1 Km.
De interés:
Es una ocasión única para conciliar origen y actualidad de las instituciones que nos rigen, además de poder observar excelentes ejemplos de la arquitectura y las artes plásticas mallorquinas desde mitad del siglo XVII hasta el XX.
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Introducción

La ruta de las instituciones pretende hacer un recorrido por la historia de los edificios que albergan las principales instituciones políticas ubicadas en la capital de las Illes Balears. Conocer como es el exterior e interior de edificios tan característicos como son el Ayuntamiento, el Consell, el Parlament o el Consolat nos ayudarán a conocer más profundamente nuestras instituciones, su ubicación y funciones. Muchas veces los ciudadanos sabemos donde están y a lo mejor conocemos algunas de sus competencias o atribuciones pero desconocemos su trayectoria y evolución, e incluso la historia de las paredes que los albergan. Intentaremos que los muros nos cuenten su desarrollo, que los espacios cobren voz y, expliquen qué albergaron en el pasado y qué acogen en la actualidad.

La ruta es bastante fácil e interesante a la vez ya que discurre en pleno centro de la ciudad alrededor de calles transitadas como son la plaza de Cort, el Palau Reial o el Paseo de Sagrera, donde se pueden contemplar a la vez otros edificios de interés e incluso tomarse un café en uno de los numerosos establecimientos que se pueden encontrar a lo largo del trayecto.

Ayuntamiento de Palma

La ruta de las instituciones se inicia en la Plaza de Cort, considerado uno de los puntos neurálgicos de la Ciudad y el kilómetro “0” de Palma. El nombre de “Cort” proviene de las curias feudales que tenían su emplazamiento antiguamente en este mismo lugar. En esta plaza se puede observar el centenario olivo que la preside y, enfrente, el edificio barroco del Ayuntamiento de la ciudad, un edificio que se distingue de lejos y que además da un aire señorial al conjunto de la plaza.

Su construcción se inició el 1649 sobre el solar donde anteriormente se ubicó el Hospital de Sant Andreu impulsado por Nunó Sanç y posteriormente la sede de la Universitat de la Ciutat. La construcción finalizó en el siglo XVIII y a finales del siglo XIX el edificio fue otra vez objeto de una intervención por parte del arquitecto municipal Manuel Chápuli debido a un incendio que le ocasionó graves daños en su interior. Éste también quiso remodelar la fachada, eliminar el banco central para construir un portal central en su lugar, sin embargo hubo un gran revuelo popular a causa de estimación al citado banco y, finalmente, no se llevó a cabo.

En la fachada se distinguen claramente tres partes que corresponden a las tres alturas de que consta la construcción. A la vez se quiso reproducir el modelo de casa tradicional mallorquina como se puede observar con el voladizo de madera que remata la fachada acompañado por un conjunto de figuras antropomórficas que datan de 1680 obra del escultor Gabriel Torres.

En la planta baja podemos observar en la fachada dos portales laterales de entrada al edificio con elementos manieristas (la ubicación lateral de las dos puertas no es muy común). Entre los portales destaca un largo banco conocido como el Banco de los Vagos o del “Sinofós”. La tradición popular cuenta que en él se sentaba gente con poco apego al trabajo y siempre se excusaban argumentando que tenían males que les impedían trabajar y que si no fuese (si no fos) por ellos trabajarían.

En el interior de la planta baja podemos observar el amplio vestíbulo que normalmente siempre está abierto al público para visitarlo. En este vestíbulo podemos observar los seis “gegants”, articulados en tres parejas, destacando en Tòfol y na Francinaina construidos en 1961 y vestidos a la manera tradicional mallorquina; además de otra pareja de payeses y la colla dels xeremiers, portando los instrumentos tradicionales mallorquines: fabiol, tamborino y xeremia. En él también podemos observar el antiguo portal gótico del Hospital de Sant Andreu y la escalera de honor que da acceso a la planta noble. La escalinata, de tipología imperial, denota una clara influencia francesa y fue obra del arquitecto Gaspar Bennàssar. Por último, desde el vestíbulo se puede acceder a la Biblioteca Municipal abierta al público y ubicada en este mismo lugar desde 1927 (anterior a esta fecha era la sede del cuerpo de bomberos).

En la parte de la fachada que corresponde a la planta noble podemos observar el gran balcón central que da al despacho de la alcaldesa. En el interior de esta planta destacan el amplio vestíbulo y la Sala de plenos. En el vestíbulo podemos contemplar la copia del estandarte de Jaume I, parte del casco de Martí l’Humà, mazas de los maceros de los jurados, el arcón de las insaculaciones del siglo XVII, el cuadro con el martirio de Cabrit y Bassa, el entierro de Ramon Llull, el de San Sebastián del siglo XVII atribuido a Van Dyck, un cuadro sobre la audiencia entre Carlos V y el obispo de Mallorca, otro cuadro sobre la muerte de Jaime III, dos tapices, uno con el desembarco de Jaime I y el otro con el funeral por los hermanos Moncada, etc. En el interior de la sala de plenos podemos observar una importante colección pictórica con los retratos de los hijos ilustres de la ciudad de Palma de todas les épocas, que continúan en el anterior vestíbulo, (Eusebi Estada, Mª Antònia Oliver, Joan Miró, Joan Crespí, Ramon Llull, San Alonso Rodríguez, Alberta Jiménez, Archiduque Luis Salvador, etc.) y de los reyes del antiguo Reino de Mallorca. También podemos observar la magnífica sillería labrada para el alcalde, tenientes de alcalde y regidores, el retrato de Jaime I llamado “L’home dels nassos”, un busto del rey Juan Carlos I, y, en la parte superior, vidrieras decoradas con los escudos que conformaban la monarquía hispánica. Esta planta puede visitarse previa concertación.

En la fachada de la tercera planta se encuentra el reloj central conocido como el reloj d’en Figuera en honor al personaje que fundió la primera campana en el siglo XIV.

El actual reloj data de 1863 y suena cada cuarto de hora.

A nivel plástico la fachada del ayuntamiento constituye uno de los mejores exponentes del Manierismo mallorquín. Es un estilo clasicista que se va a cultivar en algunos edificios de principios del siglo XVII. Afecta especialmente al exterior del edificio donde los vemos aplicado en la característica decoración escultórica a base de máscaras, estípites, guirnaldas, cartelas, almohadillado, frontones curvos, triangulares o partidos, etc. Encontramos algunos ejemplos en la ciudad de Palma como la casa Pavesi o Can Salas en la calle Sant Feliu, la iglesia del convento de la Concepció, la iglesia del convento de Santa Clara, y, por supuesto, en el edificio de Ayuntamiento, en Cort.

Como hemos dicho el Manierismo afecta especialmente a las fachadas, en el exterior, por lo tanto es una tendencia superficial (al igual que el Renacimiento y Barroco en Mallorca). Sin embargo, el edificio del Ayuntamiento es un caso excepcional porque afecta a la fachada y a la remodelación interior.

Fue construido entre 1649 y 1680, ya que a principios del siglo XVII el edificio anterior se encontraba en un estado ruinoso. Por lo que se procedió a la remodelación interna y a la construcción de un gran frontis.

La fábrica de la fachada se llevó a cabo en tres etapas: la primera de 1650 a 1665, afectó al piso inferior, y fue realizada por Pere Antoni Bauçà y Joan Antoni Oms; la segunda entre 1666 y 1680, afectó al segundo (planta noble) y tercer piso (porche), realizado por Miquel Oliver y Antoni Carbonell; y la última etapa, en 1680, el voladizo, obrado por por Gabriel Torres. Todos estos son canteros o escultores, la figura del arquitecto está ausente. Por ello se dan una serie de manifestaciones: pervivencias tradicionales en cuanto a la estructura arquitectónica a causa del trabajo de los canteros, y arte de vanguardia en cuanto a la escultura aplicada, de la mano de los escultores.

La fachada se caracteriza por una gran unidad estética y es paradigmática porque reproduce todas las pautas constructivas mallorquinas en la época barroca. A pesar de la unidad, es difícil etiquetarla dentro de un estilo concreto, ya que tiene elementos barrocos, manieristas e, incluso, medievales. Podemos afirmar que es una fachada de transición de estilo.

Los elementos manieristas serían la acumulación decorativa con máscaras, estípites (atalantes y cariátides), volutas, frontones partidos, hidrias… unido a la compartimentación horizontal (tres pisos) cruzado por elementos verticales mediante pilastras de derivación jónica (pilares adosados a la pared).

Los elementos barrocos serían la acumulación de elementos decorativos en sentido dinámico y algunos elementos monumentales como el balcón continuo de la planta noble (donde, como ya hemos dicho, se encuentra el despacho del alcalde).

A medida que la altura va aumentando, la decoración se va simplificando hasta llegar al último piso (el del reloj), caracterizado con una gran sencillez tanto en vanos como en la línea de imposta, sin molduras.

Destaca la posición de los accesos a ambos lados del banco “Sinofós” y del gran ventanal central, que le da dinamismo y rompe un poco con la rigidez axial.

El Consell de Mallorca

Justo al lado del Ayuntamiento de la ciudad, hacia la derecha, encontraremos el edifico neogótico, sede del actual Consell de Mallorca. La edificación está ubicada en la calle Palau Reial, número 1. La construcción destaca entre el resto de edificaciones por su majestuosidad y por el estilo en que fue construido ya que no tiene en su entorno ningún edificio con las mismas características.

Las obras de construcción se iniciaron en 1882 para convertirse en la sede de la Diputación Provincial de las Islas Baleares, institución creada en 1812 a raíz de las Cortes de Cádiz. Anteriormente en este solar se ubicó la antigua prisión. El diseño del edificio fue encargado al arquitecto Joaquín Pavía Birmingham. A partir de 1885 se hizo cargo el arquitecto Joan Guasp Vicens. Es uno de los mejores ejemplos del neogótico isleño.

En la fachada podemos observar las cuatro torres octogonales y cuatro pilastras intermedias coronadas por esculturas con los escudos de cada una de las cuatro islas mayores, además de un conjunto de elementos característicos del medievo como son los pináculos, almenas, molduras y los arcos ciegos, entre otros, así como el escudo de los municipios que ostentan el título de ciudad: Pollença, Inca, Alcúdia, Felanitx, Llucmajor, Manacor y Sóller. La obra escultórica de la fachada fue realizada por Llorenç Ferrer i Martí.

La escalera imperial sube a la planta noble y muestra, en el primer rellano, los ventanales con las alegorías de les Illes Balears: Menorca a la izquierda, Mallorca en el centro y las Pitiusas (Ibiza y Formentera) a la derecha. La sala de sesiones se caracteriza por una gran riqueza ornamental, donde destacan el artesonado de madera de roble, obra de Isidre Ripoll, y los vitrales de temática relacionada con la conquista de Mallorca de Faust Morell.

Una vez en el interior del edificio sobresale la escalera imperial que nos permite acceder a la planta noble. La composición de esta escalera es muy teatral. Destaca la inspiración en el gótico de Guillem Sagrera (autor de La Lonja de Palma) que se pueden observar en los elementos del rellano de la escalera. La vidriera que ilumina la escalera es otro de los elementos que ayudan a realzarla. Ésta es obra de Faust Morell i Ballet que representó alegorías femeninas donde cada una de ellas representa a Mallorca, Menorca e Ibiza respectivamente. En la planta noble destaca la sala de sesiones, obra del arquitecto Guillem Reynés. De ella destacan las vidrieras, obra de Faust Morell, relacionadas con la temática de la conquista de Mallorca. Otros elementos a destacar son el artesonado de manera de la sala realizado en roble, obra de Isidre Ripoll. También cabe destacar el mobiliario de esta estancia. Cuando se construyó el edificio y se optó por el neogótico se hizo con todas sus consecuencias no ciñéndose únicamente a elementos arquitectónicos, escultóricos o pictóricos sino que se pretendió que abarcarse hasta el último elemento del edificio. Los asientos están decorados con personajes históricos o folclóricos portando cada uno un escudo de un municipio de las Islas Baleares. En esta misma planta también destaca la sala de Presidencia donde actualmente la presidenta del Consell de Mallorca realiza las audiencias. En esta estancia destaca el artesonado neomudéjar.

El edificio también alberga en sus paredes una importante colección pictórica de pintura mallorquina de la segunda mitad del siglo XIX y primer tercio del siglo XX. Entre los pintores cabe destacar a: Antoni Ribas, Joan O’Neille, Joan Bauçà, Gaspar Terrassa, Antoni Fuster, Francesc Maura, Vicenç Llorens, Faust Morell, Ricard Anckermann, Joan Fuster, Llorenç Cerdà, Fuster Valiente y Blanes Viale, entre otros.

Desde 1979, momento en que se repartió el patrimonio de la extinta Diputación Provincial, el edificio en cuestión se convirtió en la Sede del Consell de Mallorca. Actualmente es la sede de los plenos de la institución y de su presidencia.

La institución insular es el órgano de gobierno y administración de Mallorca que gestiona importantes competencias. La regulación de los Consells como instituciones de naturaleza autonómica ha quedado regulada por la última reforma del Estatuto de Autonomía acontecida en el 2007.

El Parlament de les Illes Balears

Para acceder a la entrada principal del edificio del Parlament, debemos bajar por la misma calle Palau Reial y girar a la derecha por la calle Conquistador. Casi al final de esta calle, a la izquierda, encontraremos la entrada al edificio.

El edificio actual fue construido sobre un solar donde antiguamente se ubicó el Convento gótico de San Domingo, edificio conventual que fue desamortizado y demolido en 1836. En una parte de este solar el Casino Balear en 1848 decidió construir su sede, obra del arquitecto Antoni Sureda i Villalonga. En 1851 esta entidad social se fusionó con el Liceo Mallorquín creando el Círculo Mallorquín. Esta nueva sociedad tuvo entre sus socios a la aristocracia y a la alta burguesía mallorquina. A partir de 1983 se convirtió en sede del Parlament de les Illes Balears.

La mayor parte del aspecto actual del edificio se debe a una remodelación prácticamente integral encargada al arquitecto catalán Miquel Madorell i Rius. La reforma se empezó en 1913 y finalizó en 1918. En ella se modernizó y ensalzó la sociedad incorporando las nuevas prestaciones para los asociados tales como un ascensor, un restaurante o una barbería, entre otros.

La fachada de la calle Conquistador de estilo modernista se realizó durante la reforma de 1913. En ella podemos observar claramente las tres plantas de que consta el edificio y una importante decoración modernista que se concentra en las columnas, puertas y ventanas. De la fachada destaca el balcón central y el arco superior donde está enmarcado el escudo de Mallorca y alrededor el nombre “Círculo Mallorquín”.

Del interior del edificio destacan importantes espacios como:

La Sala de las Cariátides, actualmente es el lugar donde se realizan las sesiones plenarias de la institución, fue decorada por el pintor Ricard Anckerman con elementos de la mitología clásica. Este es uno de los espacios más esplendorosos del edificio. Antiguamente era la sala de baile del Círculo Mallorquín.

La Sala de los Pasos perdidos, espacio contiguo a la sala de las cariátides, y conocido también como el salón rojo, contiene dos interesantes cuadros. El primero es de Ricard Anckerman “La entrada del rey Jaime I el Conquistador en Medina Mayurqa” y otro de Joan Bauzà titulado “La visita de Carlos V a Palma”.

La Sala Montenegro debe su nombre a que fue decorada por el pintor mejicano Roberto Montenegro en 1914. El Salón de cortesía, ubicado justo al lado de esta sala, era el espacio dedicado a salón de lectura. Ambos en la actualidad ocupan espacios destinados a la presidencia del Parlament.

La Sala Verde, actualmente destinada a sala de comisiones del Parlament, fue antiguamente la sala de esgrima y juego. Está decorada con pinturas del pintor catalán Aurelio Tolosa y también contienen unas interesantes vidrieras modernistas.

La biblioteca de la institución también destaca por su belleza plasmada en el mobiliario. Está abierta al público y consta de unos 16.000 volúmenes especializados en temas jurídicos.

Este edificio se convirtió a partir de 1983 en sede del Parlament de les Illes Balears y actualmente en él se desarrollan las funciones legislativas propias de la institución. En 1980 la Academia de San Fernando declaró Monumento Histórico Artístico diversas estancias y en 1990 fue declarado en su totalidad Bien de Interés Cultural —BIC-.

El acceso a la institución está permitido para la biblioteca y los plenos. El día de la Comunidad Autónoma de les Illes Balears suelen celebrar una jornada de puertas abiertas.

El Consolat de Mar

La última institución de esta ruta es la sede del Govern de les Illes Balears ubicada en el Paseo de Sagrera. Para llegar a ella desde el Parlamento, debemos bajar la calle Conquistador hasta la Plaza de la Reina, girar a la izquierda por la Avenida Antoni Maura y al finalizar ésta giramos a la derecha. Tras recorrer unos 100 metros, a la derecha, encontramos el edificio de la Lonja y, unos 50 metros más hacia adelante, el Consolat de Mar.

A nivel artístico este edificio puede considerarse de transición del Renacimiento al Manierismo. Se terminó de construir en el año 1669. El trabajo escultórico se atribuye a Pere J. Piña y Antoni Carbonell (también intervino en la fachada del Ayuntamiento). Consta de una planta irregular, producto de la adición de varios volúmenes en el transcurso del tiempo. La fachada presenta una división en tres plantas, tradicional en Mallorca (arquitectura civil): la planta inferior funciona como zócalo de la planta noble, que presenta una galería de cinco arcos rebajados sobre columnas anilladas y una balaustrada, que se abren a la galería cinco portales con frontones triangulares interrumpidos por esculturas. En el interior destaca la sala con artesonado de madera.

En la parte posterior del edificio tiene adosada la capilla de la Lonja finalizada en 1600 y justo al lado el edificio de la Lonja. Este último, gran obra de la arquitectura gótica civil de Mallorca, fue construido por Guillem Sagrera como sede del Colegio de Mercaderes. Actualmente su función es la de albergar importantes exposiciones. Con anterioridad a 1983 fue utilizado como espacio de reunión del Parlament de les Illes Balears.

El Consolat de Mar y la Lonja durante la transición democrática fueron propiedad de la Diputación Provincial de Baleares, institución que desapareció al crearse los Consells Insulars. Estos edificios no fueron transferidos al Consell de Mallorca ya que por su representatividad e interés histórico eran un espacio adecuado para albergar el gobierno de la Comunidad Autónoma.

El Consolat de Mar actualmente ubica las dependencias del Presidente del Govern de les Illes Balears y es el lugar donde tienen lugar los Consells de Govern donde se aprueban las diferentes decisiones que afectan a la vida de los ciudadanos.

El edificio se puede visitar si se conciertan visitas en grupo y el día de la Comunidad Autónoma suelen realizarse unas jornadas de puertas abiertas a la institución.

Datos y descargas

Dificultad:
Fácil, a pie.
Duración:
1 hora y media aproximadamente, ya que la visita se efectúa por el centro de Palma.
Longitud:
3,5 kilómetros aproximadamente.
De interés:
Es una ruta que se puede realizar cualquier día, en cualquier momento, ya que es un trayecto corto y rápido por las calles del centro de Palma.
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La Guerra Civil española

Para comprender los acontecimientos que llevaron al estallido de la Guerra Civil, se debe conocer el convulso panorama político español, que se había estado gestando ya desde el siglo XIX (guerras carlistas, I República, etc.) y que llegó a su cénit en la siguiente centuria. El rey Alfonso XIII abandonó España ante la falta de apoyo popular en las elecciones municipales de 1931. Se proclamó la República y se convocaron elecciones en las que triunfaron las izquierdas republicanas y obreras (el PSOE resulta el partido con más diputados en las Cortes): se inició así el Bienio Progresista. Sin embargo, el fracaso en la aplicación de unas nuevas leyes de alto contenido social provocaron una serie de levantamientos anarquistas en 1933, que provocaron la caída del Gobierno y la celebración de elecciones anticipadas en 1933.

La CEDA, partido derechista, ganó estas elecciones, pero el Presidente de la República no les permitió formar gobierno, por lo que lo acabaron formando los radicales de Alejandro Lerroux (presidente de la II República), con el imprescindible apoyo de la CEDA, empezando así el gobierno de centro derecha.

La CEDA exigió su participación en el gobierno. Se nombraron tres ministros de la CEDA, pero este nombramiento (constitucional) no fue aceptado ni por la izquierda ni por los nacionalistas. ERC (Esquerra Republicana de Catalunya) proclamó desde Barcelona el Estado Catalán y UGT declaró una huelga general revolucionaria, lo que provocó la Revolución de 1934 y la proclamación desde Oviedo de la República Socialista Española. La situación quedó rápidamente dominada por el Gobierno, el cual reprimió duramente la sublevación y se inició una fuerte represión.

La mala administración hizo caer al Gobierno y se convocaron nuevas elecciones, que acabaron ganando el Frente Popular. Poco tiempo después, basándose estrictamente en una norma sobre la disolución de las Cortes, fue destituido el Presidente de la República, Alcalá-Zamora.

Durante la Segunda República, la polarización de la política española que se inició a finales del siglo XIX alcanzó su súmmum y convivieron los extremos en todos los campos.

Todo este trasfondo político hizo que, durante la Segunda República, el clima social fuera muy tenso, la inseguridad ciudadana muy alta y los atentados de carácter político o anticlerical una lacra para el país.

Entre febrero y julio de 1936 se produjeron grandes disturbios en la calle. El 14 de abril de 1936 acabó con la muerte del alférez De los Reyes en el desfile de conmemoración del Quinto aniversario de la República, presidido por Manuel Azaña. El entierro constituyó una excusa para que la derecha se echase a la calle para protestar efusivamente; la comitiva acabó por provocar trifulcas, tiroteos. Tras una serie de atentados en los que fenecieron miembros de ambas partes, la madrugada del 13 de julio de 1933, un grupo de guardias, al no encontrar en su casa a Gil-Robles (Frente Popular), mataron a José Calvo Sotelo, quien era miembro de las Cortes y líder de la oposición al Frente Popular.

Este crimen convenció a los militares a dar un golpe de Estado, entre ellos, a Franco. Este golpe de Estado estaba preparado para julio tiempo atrás, contando con el apoyo de la Falange y, de los movimientos conservadores y católicos. El levantamiento acababa de comenzar.

El conflicto asoló el país entre el 17 de julio de 1936 y el 1 de abril de 1939, concluyendo con la victoria de los rebeldes y la instauración de un régimen dictatorial de naturaleza fascista, acaudillado por el general Francisco Franco.

Cuando se produjo el golpe de estado contra la República, Mallorca quedó en el bando que apoyó a las fuerzas sublevadas. Este golpe en la isla fue liderado por el general Goded. El 19 de de julio de 1936 éste publicó un bando que declaraba el estado de guerra en las Islas, que destituía a todas las autoridades republicanas y que amenazaba a los posibles rebeldes con la pena de muerte. Los soldados y falangistas fueron ocupando las principales instituciones: Govern Civil, Ajuntament, Diputació, Casa del Poble, centros de telecomunicaciones, estaciones de ferrocarril, etc. También en los pueblos sucedió lo mismo, los sublevados ocuparon los principales cargos dirigentes e instituciones pertinentes. En pocos días el “Movimiento” quedó consolidado con éxito, sin que, en un principio, hubiera tantos enfrentamientos como en otros lugares de la Península. Sin embargo, la población no era consciente de lo que sucedería después. Ante algunos focos de oposición contra los insurgentes y, especialmente, después del desembarco de Bayo, se emprendió una acción represiva muy dura que marcó los acontecimientos hasta 1939.

Palacio de la Almudaina

Empezamos el itinerario en el Palau de l’Almudaina, antigua sede de la Comandancia Militar de Baleares. Situado enfrente de la Catedral de Mallorca.

La madrugada del 19 de julio, el General Goded dio por escrito a los jefes militares la orden de salir a la calle, “según está ordenado”, a las 7 ’30 h. El general partió en avión hacia Barcelona, a las 10′ 30 h, para hacerse cargo de la rebelión a la capital catalana, pero fue derrotado y ejecutado poco después.

El oficial de artillería Tejada explica que recibió la orden de actuar a las 7 y que reunió a la tropa y la arengó con éxito. Una escena parecida debió tener lugar en los otros cuarteles. A las 7’30 de la mañana, un piquete de Infantería, comandado por el capitán Ramon Fortuny, leyó delante de Capitanía -entonces denominada Comandancia Militar- el bando del General Goded, por el cual declaraba el estado de guerra en las Islas Baleares. En el manifiesto se incluían las siguientes disposiciones:

Artículo 1º.- Se declara el estado de Guerra en todo el Archipiélago Balear.

Artículo 2º.- En defensa de la patria asumo el Mando absoluto en todo el Archipiélago quedando destituidas todas las autoridades civiles.

Artículo 3º.- Resuelto a mantener inflexiblemente mi autoridad y el orden, será pasado por las armas todo aquel que intente en cualquier forma, de obra o de palabra, hacer la más mínima resistencia al movimiento salvador de España.

Con igual ejemplaridad se castigará el más ligero intento de producir huelgas o sabotajes de cualquier clase y la tenencia de armas, que deben ser entregadas inmediatamente en los cuarteles.

Artículo 4º.- Todos los soldados que disfruten permiso deberán incorporarse inmediatamente. Asimismo se incorporarán inmediatamente a sus puestos todos los soldados (…) pertenecientes a los reemplazos de 1931 a 1935, ambos inclusive…

Palma de Mallorca, 19 de julio de 1936

El Comandante Militar de Baleares: Manuel Goded

Plaza de Cort

Por la calle del Palacio Real, nos dirigimos hacia la plaza de Cort, donde se sitúa en Ayuntamiento de Palma.

En el edificio de la Casa Consistorial o Ayuntamiento, un pequeño detalle en forma de agujero o impacto de bala testimonia el inicio de la Guerra Civil. El orificio se encuentra en la puerta del portal de la izquierda de la fachada principal del Ayuntamiento; es la señal que ha perdurado de la bala que atravesó la madera de la puerta y continuó dentro del vestíbulo. Éste es un recuerdo del tiroteo que se produjo el 19 de julio de 1936 en la calle de Colom y en la plaza de Cort, en el que resultaron muertos el falangista Joan Barbarà y el capitán de artillería Josep Puig. Como afirma Massot i Muntaner, el día 19 de julio, “los únicos incidentes que tenemos registrados en Palma son un tiroteo en la plaza de Cort, debido a una confusión de los sublevados mismos, que produjo muertos y heridos entre militares y falangistas, y algunas heridas por arma de fuego o por culatazo atendidas en la Casa de Socors”. Los sublevados aprovecharon este episodio para inculpar a las fuerzas del Frente Popular.

Plaza Joan Carles I

De la plaza de Cort, descendemos las escaleras del Pas d’en Quint, pasamos por la calle de Sant Nicolau y, por la calle Brondo, llegamos a la plaza de Joan Carles I (plaza de las Tortugas).

En la esquina de la plaza con la calle de la Unió, cerca del Bar Bosch y delante del Casal Balaguer, estaba el edificio llamado Can Brondo, hoy desaparecido. En 1936 era la sede del Gobierno Civil. El 18 de julio por la mañana ya llegó a las Islas la noticia del “pronunciamiento” de Marruecos. El Gobierno Civil tomó inmediatamente algunas precauciones, que resultaron inútiles: interrupción de las comunicaciones telegráficas y telefónicas con la Península, alejamiento de los pilotos militares, interrogatorio de Goded, contactos con los jefes militares.

El gobernador civil de las Baleares, el escritor madrileño Antonio Espina -que había tomado posesión de su cargo el día 10- llamó a su despacho al general Goded para preguntarle si el Gobierno de la República podía contar con su adhesión. Goded contestó: “No faltaba más ¡naturalmente”! y Espina se dio por satisfecho. Como dice Josep Massot i Muntaner, los representantes del Frente Popular de las Baleares, inquietos por la marcha de los acontecimientos, acordaron manifestar su adhesión a la República y dirigir un llamamiento a todos los ciudadanos, “a los republicanos y a los obreros, y en general a todos los trabajadores libres” para que estuvieran dispuestos con toda energía y en cualquier terreno a defender el régimen republicano contra un posible intento subversivo y reaccionario de los enemigos de la República y del pueblo. Pidieron armas a Espina, en previsión de un levantamiento de los militares y de las fuerzas de la derecha, pero el gobernador respondió que tenía fuerzas suficientes para garantizar el orden y que Goded le había dado palabra de honor de mantenerse al lado del Gobierno legalmente constituido.

Pocas horas más tarde, estos mismos efectivos, sorprendidos por la declaración de estado de guerra, tuvieron que huir o esconderse. A las 5 de la mañana del 19 de julio, desde su despacho, Espina dio la orden de declarar una huelga general de protesta. Pero poco después de las 7:30 h. fue detenido por los militares y trasladado al fuerte de Sant Carles. Goded recomendó a García Ruiz que respetara la vida de Espina, y fue internado en el Hospital Psiquiátrico, dado por loco.

Gran Hotel

Desde la calle de la Unió nos dirigimos al Gran Hotel por la plaza del Mercat. Los aviadores italianos tenían su cuartel general en este edificio modernista, inaugurado en 1903.

En octubre de 1936 debieron permanecer un centenar de aviadores y mecánicos italianos, instalados en el edificio. Eran los tripulantes de los aparatos bombarderos Savoia Marchetti SM-79, «esparvers» (gavilanes) les llamaban, trimotores. Rapidísimos para aquel tiempo, velocidad de crucero en torno a 400 km por hora, lo cual hacía que, dándose más prisa que los cazabombarderos de la República, sembraran de bombas con impunidad todo el Levante de la Península. Valencia, Cartagena, Tarragona, Barcelona fueron bombardeadas por aviones con base en Mallorca, hecho que causó miles de muertes y enormes destrozos.

La presencia de estos aviadores tuvo un peso decisivo en la derrota de la expedición de Bayo y en el resultado final del conflicto en Mallorca. Según fuentes italianas de la época, nos consta que de enero de 1937 a noviembre de 1938 los aparatos legionarios había realizado 19.191 vuelos con un total de 29.275 horas de vuelo, durante los cuales fueron lanzados 2.843.775 kilos de explosivo, se llevaron a cabo 50 combates aéreos y, realizados 1.207 reconocimientos y 3.187 bombardeos; serían tocados 199 barcos enemigos, 32 aviones republicanos abatidos en combates aéreos y 22 destruidos durante el bombardeo de campos de aviación.

Vía Roma

Pasamos por la Rambla, denominada desde abril de 1937 Vía Roma, en reconocimiento al régimen mussoliniano. Las esculturas de los dos romanos que presiden el paseo, esculpidos por Horacio de Eguía a partir de unos originales provenientes del antiguo museo de Raixa, recuerdan este hecho.

Por otra parte, la Rambla en la obra de Georges Bernanos (París 1888-1948) titulada Les grands cimetières sous la lune, se menciona esta vía como testimonio del “último viaje” de muchos represaliados: “He visto allí bajo, en Mallorca, pasar por la Rambla camiones cargados de hombres. (…) Los arrestaban cada noche en las aldeas perdidas, a la hora en que volvían del campo; partían hacia el último viaje, con la camisa pegada a los hombros a causa del sudor, con los brazos todavía llenos del trabajo de la jornada, dejando la sopa servida sobre la mesa y una mujer que llega demasiado tarde en el umbral del jardín, muy sofocada, con el hatillo bien apretado dentro del pañuelo nuevo: ¡Adiós! ¡Recuerdos!”

Escuela de Artes y Oficios

De la Rambla, llegamos a la Avenida de Alemania -otro topónimo motivado inicialmente por el homenaje a las potencias del Eje- y, en la plaza del Institut Balear, localizamos la Escola d’Arts i Oficis.

A partir del mes de octubre de 1936 se celebraron gran número de consejos de guerra, que se alargaron durante algunos años después de acabar la guerra. Buena parte de los consejos de guerra se celebraron en la Escola d’Arts i Oficis. Estas actuaciones, por supuesto sin ninguna garantía jurídica, actuaron contra todos los delitos previstos en el bando de declaración de guerra del general Goded y en el bando complementario del coronel Díaz de Freijó del 23 de julio de 1936.

Como dice Massot i Muntaner: “No se liberaron ni los mismos militares sublevados: Díaz de Freijó, Ramos Unamuno y otros jefes y oficiales fueron juzgados por orden de Franco y encarcelados, acusados de poca energía delante de Bayo y de negligencia y desorganización en el mando. La mayoría de consejos, sin embargo, se dirigieron contra las personas acusadas de desafección o de colaboración con los enemigos y siguieron la pauta habitual en toda la España “nacional”, donde, por una pirueta jurídica incalificable, las acciones realizadas durante la República y durante la guerra en defensa del gobierno legítimo, se convirtieron en delitos de rebelión dignos de ser castigados, a menudo con las máximas penas. En Mallorca en concreto, se dieron unas trescientas penas de muerte”.

Uno de los consejos de guerra más destacado acabó el 16 de febrero de 1937 con la condena a muerte y el fusilamiento, en el cementerio de Palma, el 24 de febrero de 1937, de Emili Darder, Alexandre Jaume, Antoni Ques y Antoni Mateu.

Avenida Joan March

Continuamos por las Avenidas y llegamos a la Avenida de Joan March, donde se encuentra el cine Augusta.

Este edificio ocupa el antiguo emplazamiento del almacén de madera llamado Can Mir. Entre septiembre de 1936 y enero de 1941 Can Mir fue la principal prisión de Mallorca. Resulta imposible saber cuántas personas pasaron por este centro -conocido oficialmente como la Presó Estacions-, a causa de su extraordinaria movilidad. D. Ginard calcula el número de detenidos en un millar, como media. Los presos se tumbaban en el suelo o en colchones, dejando, entre las diversas filas, un pequeño pasadizo.

Como recuerda Josep Massot i Muntaner: “En la prisión de Can Mir, las noches de muchos días del primer trimestre de 1937, hacia las 9 era leída una lista alfabética de unos diez presos, que eran conducidos a un centro policial y puestos oficialmente en libertad; de ninguno de ellos no se ha sabido nunca nada más”.

A mediados de 1937 se produjo una cierta normalización, ya que se acabaron las “sacas” que hasta entonces habían tenido lugar en Can Mir o en el castillo de Bellver, y que cada noche causaban diversas víctimas. También existió una prisión de mujeres, situada en las Hermanitas de los Pobres, cerca de la actual biblioteca pública Can Sales.

Calle Reina Maria Cristina

Si del cine Augusta avanzamos por la calle Reina Maria Cristina, en el nº. 15 se localiza uno de los numerosos refugios civiles antiaéreos que se construyeron en Palma para proteger la población de los ataques aéreos. Es un corredor estrecho, que desciende hasta tres metros, con entrada por un portal situado bajo la escalera y un total de 24 peldaños. El interior mide poco más de 70 cm de anchura y hacia 1’90 m de altura. En el fondo, una escalerilla de peldaños de hierro permitía llegar a la salida de emergencia, en el corral de la casa. Según testimonio de la señora Joana Villalonga, hija del constructor del refugio, muchos días, a las 6 de la mañana, ya era habitual oír las sirenas que anunciaban los aviones, y descendían al refugio. Entraban los de la finca, vecinos próximos y gente que pasaba por la calle.

En la misma calle Reina Maria Cristina, esquina con la calle de Sanchis Guarner, está el solar de la antigua Casa del Poble. El edificio fue un donativo de Joan March al Partido Socialista y a las sociedades obreras. El local fue ocupado por los sublevados el mismo 19 de julio y saqueado inmediatamente. Fueron detenidos destacados militantes socialistas y comunistas que se habían refugiado, como Aurora Picornell. El edificio fue convertido en sede de la Falange, de la misma manera que el local de Esquerra Republicana Balear, en el Borne, fue ocupado por la Sección Femenina. Cuando era cuartel general falangista, pasaban por allí los detenidos, que sistemáticamente eran vejados y torturados. El edificio fue derribado el año 1975 y, desde entonces, sólo queda un solar fantasmagórico.

Estación del Tren

Vamos hacia la Estación del Tren, situada en la plaza de España, para recordar la huelga general del 19 de julio. Las organizaciones obreras y de izquierda, como defensa contra el golpe de estado, habían declarado una huelga general, que el día 19 se notó en Palma -aunque era domingo-, y, que Goded y García Ruiz quisieron hacer abortar por todos los medios posibles.

El mismo 19 de julio los soldados del Regimiento de Artillería se ocuparon de vigilar los servicios de autobuses y tranvías, “obligando a los obreros reacios a salir de grado o por la fuerza y consiguiendo dar a las pocas horas la sensación de normalidad en aquellos servicios que, gracias a estos trabajos, no se interrumpieron ni un solo instante”, y se apoderaron de “las cuatro centrales de luz y fuerza, conminando al personal obrero a no hacer resistencia y obligando a la reacción y a reanudar el tráfico, lo que se consiguió después de dominar algunas rebeldías y realizar algunas detenciones, quedando desde aquel momento militarizadas las centrales”.

En días sucesivos, “hasta la completa normalización de la ciudad” continuaron estos servicios de vigilancia, “dominándose algunos focos de rebeldía en fábricas y cocheras, deteniéndose a sospechosos y vigilando especialmente los lugares de posible reunión de los rojos”.

Puerta de Sant Antoni

Por las Avenidas nos dirigimos a la Puerta de Sant Antoni, esquina con la calle de la Herrería.

El bombardeo del 7 de diciembre de 1937 fue uno de los más graves que sufrió Palma. El efecto más demoledor se concentró en la Puerta de Sant Antoni y sus alrededores. Destruyó todo el edificio situado en la esquina de la Porta de Sant Antoni con la calle de la Ferreria, incluida la farmacia de la planta baja. Hubo 7 muertos y 40 heridos. Los aviones republicanos se enfrentaban a un nido de ametralladoras, situado en la finca de Casa Cros (Avenida — Calle de Manacor). En una incursión anterior, el 7 de octubre, intervinieron 16 aviones. Fue tocado el monasterio de Sant Jeroni: destruyó la Sala Capitular y mató a dos monjas.

Datos y descargas

Dificultad:
Moderada
Duración:
2 horas, si se visita el interior del recinto del cementerio.
Longitud:
2 kilómetros aproximadamente.
De interés:
Poder descubrir una de las joyas del Modernismo mallorquín de clara influencia gaudiniana. Visitar un auténtico museo de esculturas modernistas, el cementerio de Sóller (Son Sang).
Descargas:

Introducción

Sóller, junto con Palma, es uno de los centros urbanos donde se concentra mayor número de edificios modernistas. Debemos relacionar este fenómeno con el proceso migratorio a partir de 1865 a causa de la filoxera que afectó al cultivo de cítricos, importante fuente de riqueza para la villa. Estos emigrantes volvieron a su tierra natal del Sur de Francia, Bélgica, Suiza… introduciendo muevas ideas de progreso, entre ellas, al estilo artístico imperante entre finales del siglo XIX y principios del XX, el Art Nouveau.

Se construyó un significativo número de edificaciones de tipo residencial de carácter modernista, historicista y regionalista, que transformaron considerablemente el aspecto urbano de Sóller, dotando al municipio de la especificidad que lo caracteriza en la actualidad, testimonio de una época próspera. Sus dueños e impulsores pretendían mostrar su nuevo estatus social y su modernidad al resto de la población.

El modernismo en Sóller se caracteriza por seguir la tendencia floral de un Art Nouveu francés o de un estilo Sezession vienés y de un estilo claramente gaudiniano. Una línea caracterizada por su ritmo orgánico, ondulante y ornamental siguiendo los caprichos de la naturaleza. Todo esto lo veremos reflejado en un arte total que afecta tanto al conjunto del edificio, como a cada uno de los detalles que alberga, como la cerámica vidriada, baldosas, jardines, rejas, escultura aplicada, etc., dotando a la villa de un gran colorismo y viveza.

Situación socioeconómica de Sóller en los siglos XIX y XX

El municipio de Sóller toma su nombre del topónimo de origen árabe Sûlyâr. Se encuentra en un profundo valle en la serra de Tramuntana, muy fértil y con abundancia de agua para el cultivo de huertas y árboles frutales, especialmente los cítricos (naranjos). A causa de su entorno montañoso, estuvo aislado durante mucho tiempo, siendo el mar su única vía de comunicación.

Entre 1820 y 1870 Sóller conoció un importante crecimiento económico gracias a su desarrollo agrícola y comercial, basado en el cultivo del olivo y de los árboles frutales, además de la industria del algodón. Sin embargo, a finales del siglo XIX se produjo un movimiento migratorio, especialmente por la crisis del comercio de naranjas en la década de los 60 y, más tarde, en 1891, la plaga de la filoxera agravó la situación agrícola, unido todo ello a la pérdida de las últimas colonias americanas en 1898, que afectaron a ese comercio. En 1899, 1566 personas habían emigrado a Francia, Suiza, Bélgica, América… de una población 9972 habitantes. Gracias a esto, los sollerics entraran en contacto con Europa, con sus nuevas mentalidades y corrientes, como el Art Nouveau, para el caso que nos ocupa, y, posteriormente, el Art Decó.

Al retorno de los emigrados se inicia una nueva etapa de prosperidad que va desde 1920 a 1940, caracterizada por el progreso técnico y comercial, reflejado en la implantación del primer ferrocarril en la isla, en 1912, con un túnel de 3 kilómetros.

Iglesia parroquial de Sant Bartomeu

Iniciaremos nuestro recorrido en esta iglesia situada en la plaza de la Constitució, nº 22.

La iglesia actual presenta una estructura barroca realizada entre 1688 y 1733, construida sobre un primitivo templo anterior a 1236. La fachada actual es de estilo modernista, proyectada por el arquitecto catalán y discípulo de Gaudí, Joan Rubió i Bellver. El impulsor de la iniciativa fue el rector Sebastià Maimó, gran amigo del obispo Campins, promotor de la reforma de la Catedral, donde trabajaron Gaudí y Rubió. Las obras se iniciaron en 1904, se paralizaron en 1913, con los trabajos ya muy adelantados, y se retomaron el 1946 con la construcción del atrio, acabándose definitivamente en 1947.

La fachada muestra un modernismo Art Nouveau mezclado con el historicismo goticista. El conjunto ofrece un tratamiento rústico de la piedra calcárea de color grisáceo, originaria de Sóller, que consigue una gran plasticidad. Estructuralmente, presenta un esquema simétrico con tres aperturas ojivales en la parte inferior, que configuran la fachada del atrio. Más arriba observamos dos arcos ojivales y un rosetón, enmarcados por un gran arco apuntado; encima hay un coronamento escalonado con nuevas aperturas, destinadas a contener esculturas, y sendos pináculos laterales. Las aperturas del frontis del atrio aparecen coronadas por relieves; el central representa dos ángeles con un cáliz con la sagrada forma; en cada lateral del coronamento del atrio aparece la imagen de un ángel, obra de Joan Alcover. Los vanos del atrio se corresponden con los portales del templo; el central, que es el ingreso principal, se encuentra dividido por un parteluz con la imagen de san Bartolomé, patrón de Sóller, también del escultor Alcover. El interior conserva dos obras del escultor modernista catalán Josep Llimona: en la cuarta capilla de la izquierda, la del nombre de Jesús, y la imagen de Sant Marçal, en el ático.

Por la calle des Born, en el exterior a la derecha del templo, existe un recinto de pared coronado con rejas de hierro que evocan claramente las obras catalanas de Gaudí.

Banco de Sóller

Justo al lado de la iglesia parroquial, a su izquierda, se encuentra el Banco de Sóller (Plaza de la Constitució, 21).

La actual sede del Banco Hispano-Americano ocupa en la actualidad el edificio del desaparecido Banco de Sóller. Fue construido en 1889 con el objetivo de custodiar el capital acumulado de los emigrantes. Fue reformado entre 1910 y 1912. Es obra también del arquitecto Joan Rubió i Bellver, el mismo arquitecto de la fachada de la iglesia vecina, con la cual encaja estilísticamente dentro del modernismo al más puro estilo gaudiniano.

Estructuralmente, el edificio presenta tres plantas y dos fachadas de piedra calcárea convergentes a manera de chaflán; las fachadas muestran la textura rústica de la piedra igual que la iglesia. De la planta baja destacamos el portal de arco de medio punto y, las ventanas de varias dimensiones y tipologías, con rejas de hierro forjado con complicadas formas ondulantes. En el primer piso destaca el balcón con doble peana o tribuna circular separada por una columna de fuste estriado, y con los muros, que en este punto plantean un tramo achaflanado.

Sobre el pilar, un motivo epigráfico recuerda la función de sede del Banco de Sóller, con el sol del escudo de la población, y una cabeza de león en lo alto. Repartidas por el resto de los pisos superiores aparecen varias ventanas caracterizadas por la irregularidad de su diseño. Los remates de las fachadas, inicialmente más atrevidos, en forma de plafones, serían modificados posteriormente, entre 1946 y 1949, a cargo del arquitecto Guillem Muntaner.

Otros casales con elementos modernistas, calle de sa Lluna

Dos calles más a la izquierda del banco, en la calle de sa Lluna, encontramos varios casales con aires modernistas.

El edificio con el número 52, Ca la Nena, presenta una fachada con cerámicas aplicadas. Las ménsulas de los balcones y las rejas con decoración geométrica nos recuerdan a la corriente secesionista del modernismo, más rectilínea.

En el número 69, Can Moiana, tenemos un ejemplo de arquitectura de influencia colonial.

En el número 71, Can Massana, encontramos una casa levantada por Antoni Castanyer Anglada a finales de siglo XIX, tras volver de la emigración, de Puerto Rico; presenta elementos decorativos como el balcón con el escudo de San Juan de Puerto Rico, y motivos vegetales y zoomórficos, como las cabezas de león.

Can Prunera

En la misma calle anterior, en el número 90, encontramos este casal.

Es un edificio construido entre los años 1909 y 1911. Fue mandado realizar por Joan Magraner —Prunera-, enriquecido con un negocio de mayorista de frutas a Belfort (Alsacia, Francia), y la construcción se atribuye indistintamente a Joan Rubió i Bellver y a Antoni Gaudí, pero no hay ningún documento que así lo registre.

Presenta una impresionante fachada de piedra calcárea, de tres plantas de alzado, con profusión de relieves vegetales y aperturas parabólicas y ondulantes. La planta baja muestra un portal adintelado, con jambas almohadilladas, una cornisa rectilínea como entablamento y un frontón floral; la puerta es de madera ricamente tallada; dos ventanas balconeras se abren en los laterales, con barandilla de hierro forjado. En el primer piso destaca un balcón corrido con una trabajadísima reja de hierro, con florones y otros motivos vegetales; se abren tres ventanas balconeras coronadas con el correspondiente frontón. En el segundo piso se hallan tres ventanas onduladas, de las cuales la central es geminada, con un motivo floral en la enjuta. El coronamiento de la fachada se remata con un arco triunfal, donde aparece la fecha de 1911, centralizada en una cartela. El interior muestra igualmente muchos elementos decorativos, como la ornamentación pictórica de las paredes, con motivos vegetales y zoomórficos, las baldosas polícromas y el tratamiento artístico de la madera y de los vitrales. Destaca una elegante y ligera escalera interior, de trazado helicoidal. El diseño orgánico de los muebles y otros objetos domésticos demuestran la consecución del arte total anhelada por el estilo modernista en todas sus variantes.

Zona de la Gran Via

Volvemos a la plaza de la Constitució. Desde aquí, mirando hacia el Ayuntamiento, nos metemos en la calle de la derecha, por la calle Bauçà. Seguimos por la calle Rectoria y giramos a la derecha, dando a la Gran Via.

Constituye una importante avenida del ensanche sollerense de principios de siglo XX, nacida a causa de la gran actividad comercial y económica iniciada a finales del siglo XIX. Se localizan interesantes casales muchos de los cuales son muestras del modernismo y del regionalismo.

Destacamos la Rectoría (Casa parroquial), en el nº 1, con reforma datada el 1896, en época del párroco Miquel Bennàssar. Tiene un alzado de tres plantas, con portal adintelado con ménsulas laterales; en lo alto hay un escudo con un ángel y moldura neogótica. En el interior se conserva el proyecto original de la fachada de la iglesia, de Joan Rubió.

Can Magraner, en el nº 9, es un casal modernista atribuido a Joan Rubió; remarcamos el balcón con el apellido Magraner esculpido.

Destacamos también Can Dolç, en el nº 15 (antiguo Can Cera), actualmente dedicado a la sede de l’Associació Sollerica de Cultura Popular. Es de estilo regionalista, con portal de arco escarzano y un balcón central.

Otro casal a destacar es Can Cremat, en el nº 10, llamado también Ca Dona Paula Casesnoves; se construyó en 1922 según diseño de Francesc Roca Simó, como aparece escrito en la parte derecha de la fachada. Su estilo ha sido definido como colonial, mientras M. Seguí lo señala como un edificio de soluciones eclécticas con elementos del barroco italiano y del clasicismo francés. Destacamos un pórtico integrado por diez columnas de capitel de tradición corintia y fuste con el tercio superior estriado, además de una balaustrada inferior; encima del pórtico hay una terraza con balaustrada calada y bolas ornamentales.

Can Rebassa, en el nº 27, presenta una fachada con el tramo central y el portal retranqueados desde la calle; el alzado muestra ladrillos rojizos y las ventanas inferiores muestran hierros modernistas. La reja de hierro fraguado presenta motivos florales y el acceso, una escalera con cuatro escalones y hidrias.

Cas Batlet, en el nº 29, destaca por sus rejas con ornamentación vegetal.

En la confluencia de la Gran Via con la plaza de América se encuentra Can Cetre, edificio que ha pasado por varios usos y transformaciones; muestra un balcón con seis ménsulas y, en el interior, destaca la aportación de plafones cerámicos de la Roqueta, de 1904, con escenas que representan niños alrededor de la cocina o del comedor.

Cogemos la primera calle a la derecha de la plaza de América y llegaremos a la calle de sa Mar, donde en el nº 174, nos encontraremos Can Querol (o Can Rotger), construido por el maestro de obras Francesc Bujosa, de Esporles, a principios de siglo XX. En este palacete de estilo modernista destaca el balcón sostenido por cuatro columnas con capiteles de tradición corintia, reja de hierro forjado y ménsula vegetal de grandes dimensiones bajo el balcón, además de las aperturas con decoración vegetal.

Además de estos exponentes de arquitectura religiosa y civil modernista, podemos encontrar muchos más exponentes arquitectónicos de los siglos XIX-XX, de varias tendencias (modernista, colonial, historicista, ecléctica, regionalista, etc.). En Sóller encontramos otros:

– Can Penya, Ca na Isabel y Cas Fideuer, en la plaza España, tres ejemplos de las típicas rejas que delimitan los jardines de numerosas casas de Sóller, muestra del buen trabajo de la forja de los artesanos del primer tercio del siglo XX.

– Sa Bleda, situada en calle Joan Marquès Arbona, 1, es una casa construida en 1914, rodeada por un elegante jardín.

– Can Bell Esguard (conocida popularmente como Ses Torretes), situada en la calle Can Vives, es un edificio excepcional, levantado sobre un molino fortificado, reformado en 1898, caracterizado por un estilo ecléctico de tendencia neomedieval (por su aspecto fortificado) y neomudéjar.

– Can Baltasar, ubicada en calle Pastor 32, es una casa decorada con aplicaciones de cerámica vidriada de motivos geométricos en la fachada.

– Ca s’Americà, en la misma calle en el núm. 57, ataviado con una reja de forja modernista, de clara influencia gaudiniana. El nombre recuerda a los habitantes de Sóller que emigraron a América, llamados a la vuelta “indianos”.

– Can Cambuix, localizado en la calle Bisbe Mateu Colom, 17, construida según criterio colonial americano.

– Ca na Lluïsa, en la calle Ozonas, 1, es una casa de ladrillo rojo, con decoración cerámica aplicada en puertas y ventanas.

– Can Moratal o Can Nou, en la calle Cristòfol Colom, 4, forma un conjunto unitario en el que el edificio, el jardín y las rejas conforman un sutil y armonioso ejemplo del Modernismo (arte total).

– Gran Hotel, en la calle Romaguera, 18, de tendencia historicista, proyectado por el prestigioso arquitecto Joaquín Pavía Birmingham (ejecutor también de la traza del edificio del Consell de Mallorca, de ahí la similitud de estilos entre ambos edificios).

También, aparte de lo puntos de interés introducidos en el recorrido, podemos visitar la estación de Ferrocarril de Sóller, situado en la plaza España, 6.

En ésta se destinan varias salas dedicadas a dos artistas de renombre: Joan Miró (Sala Miró) y Picasso (Sala Cerámica Picasso). La Sala Miró está compuesta por un conjunto de grabados originales del artista, entre los que se encuentran los que hacen referencia al contacto del artista con Sóller por influencia de su abuelo materno, natural de esta villa. También destacamos la serie Gaudí y la serie Lapidari. La Sala Cerámica Picasso expone cincuenta obras originales del artista malagueño, realizadas entre 1948 y 1971, en las que se muestran las diferentes etapas y temáticas que Picasso reflejó en sus cerámicas: faunos, rostros femeninos, tauromaquias, naturalezas muertas y animales sobre platos, jarras y jarrones.

El cementerio de Sóller (Son Sang)

Para finalizar el recorrido, nos dirigiremos hacia el cementerio de Sóller. De la calle de Sa Mar, nos volvemos a acercar hacia la plaza de la Constitució (pasaremos por la calle Bauçà). Desde Constitución, avanzaremos por la calle des Born (calle de la derecha de la iglesia parroquial). Giraremos a la izquierda hacia la calle de Santa Bàrbara y después en la primera esquina a la izquierda, por la calle Pastor. Seguimos unos 20 metros hasta el comienzo de la calle de Pau Noguera, donde en el nº 86 nos encontraremos el cementerio de Son Sang.

El cementerio de Sóller es uno de los más hermosos y enigmáticos de Mallorca. Constituye un auténtico museo de escultura funeraria de estilo modernista con un importante repertorio simbólico. Fue bendecido en el año 1814, aunque no se empezó a utilizar de forma sistemática hasta 1841. El núcleo original sufrió tres ampliaciones más, en 1894, en 1913 y en 1989 respectivamente, las cuales quedan reflejadas en los diferentes niveles que podemos contemplar en el cementerio.

Fruto también de estas ampliaciones, existen tres puertas de acceso al recinto: la más antigua, el portal de baix, se encuentra rematada por un frontón triangular coronado por una cruz, en cuyo tímpano aparece el escudo de Sóller con el sol y la inscripción con la fecha de construcción de 1829, protegiendo todo el conjunto de la lluvia, un alero de tejas; el portal del mig, fruto de la ampliación de 1894, diseñado en 1900 por el arquitecto Joan Guasp, es una apertura de arco de medio punto, sobre el cual aparece un friso con la inscripción “Requiescant in pace”, culminado también con una cruz, flanqueada a ambos lados, sobre las jambas de la puerta, por dos esculturas en forma de ataúd con mantel funerario sobre ellos. La barrera de hierro fue obra de Nicolau Huguet; la tercera puerta, el portal de dalt, en forma de arco de herradura con las letras alfa y omega (en relación al principio y el fin de la vida, nacimiento y muerte) y un sol en la clave. El arco está rematado por un ángel trompetero apocalíptico y por dos copas cuadradas cubiertas por un velo funerario.

Dentro del recinto nos encontraremos un gran repertorio de tumbas, monumentos funerarios y panteones, de diversas tipologías, de los cuales destacan los conjuntos de estilo modernista con sus decoraciones florales, figuras enigmáticas y símbolos… que dotan de un aire de misterio y recogimiento a todo el conjunto. Haremos especial mención al monumento funerario de la familia Morell, en el que se representan la Virgen María, San Juan y Mª Magdalena llorando sobre el cuerpo de Cristo muerto, obra del escultor modernista Josep Llimona. También destacaremos el panteón de la familia Darder Ferrer, donde aparecen representadas las plañideras (mujeres que lloran por el difunto).

Josep Llimona fue uno de los escultores modernistas más destacados del panorama nacional. Nació en Barcelona en 1864 y estudió en la escuela de Llotja, y en el taller de Agapit i Venanci Vallmitjana. Se fue a Roma en 1881, becado por el Ayuntamiento de Barcelona para realizar unos esbozos para la estatua ecuestre del conde de Barcelona, Ramon Berenguer el Grande. También estuvo en París y conoció la obra de Rodin, cuyo simbolismo le influyó mucho. Fundó el Centro Artístico de Sant Lluc con su hermano, el pintor Joan Llimona. Realizó una gran cantidad de obras y participó en muchas exposiciones en Cataluña, Madrid, París, Buenos Aires y Bruselas. Es muy famosa su obra escultórica para monumentos públicos y para cementerios, como en el de Sóller o en el de Comillas, con su famoso Ángel exterminador. Destaca también el famoso friso del Arco de triunfo de Barcelona, realizado en 1888.

La estética modernista del cementerio refleja aún más esa idea de arte total a la que los artistas modernistas aspiraban. Los mismos que se hacían construir un casal de este estilo, también lo seguían para diseñar su hogar tras la muerte. Las tumbas, en su mayor o menor opulencia, reflejan el estatus social conseguido en vida del difunto. En el cementerio de Sóller, las inscripciones de las sepulturas en catalán, castellano y francés son el testimonio del movimiento migratorio que vivió Sóller desde finales del siglo XIX, además de demostrar como los sollerics aspiraban a retornar a su tierra natal para su descanso eterno.

Datos y descargas

Dificultad:
Moderada.
Duración:
3 horas.
Longitud:
Aproximadamente 6 kilómetros a pie, si se visita el arrabal de Santa Catalina.
De interés:
Gran Hotel. Can Rey. Almacenes El Águila. Can Barceló. Caja de Ahorros y Monte de Piedad. Museo de Mallorca.
Descargas:

Introducción

A inicios del siglo XX surgen en Europa movimientos artísticos renovadores. En Bélgica y Francia florece el art nouveau, de líneas onduladas y exuberante decoración floral, con símbolos iconográficos recurrentes como lirios, nenúfares, dragones, leones y mariposas. En Austria triunfa el Secesionismo austero, lineal y geométrico. Y en muchos lugares se reviven los historicismos, que evocan el pasado y el exotismo colonial y recogen elementos de otros estilos precedentes como el neomudéjar, neogótico y neobarroco. Todos ellos son frecuentemente etiquetados como modernismo, pues, de hecho, al hablar de modernismo no debemos hacer referencia a un estilo sino a una actitud de renovación, que rompe con el pasado y busca nuevas formas de expresión, que recupera el valor de la artesanía a la vez que aplica nuevos materiales, como hierro, vidrio y cemento, y a la vez es una nueva forma de entender el arte, de pensar, vestir, creer.

El Modernismo en Mallorca se enmarca entre 1901, año en que se inicia la construcción del Gran Hotel, y 1914, fecha en que el arquitecto catalán Antoni Gaudí abandona las obras de la Catedral. Coincide con los años de gestación y aprobación del Plan Calvet y se caracteriza por la realización de edificios innovadores, como el Gran Hotel, la Estación del Tren de Sóller, el Matadero Municipal y, viviendas y comercios burgueses. Conviven en la isla proyectos ejecutados por arquitectos catalanes como Gaudí y Lluís Domènec y Montaner -que aportan el modernismo catalán de tendencia próxima al Art Nouveau- con arquitectos locales, de tendencia secesionista e historicista por sus estancias en Madrid y en las capitales europeas, como son Gaspar Bennàssar, Jaume Alenyar, Josep Alomar, Francesc Roca y Guillem Reynés.

La introducción del Modernismo en las Baleares

En la última década del siglo XIX, ni Mallorca, ni el conjunto de las Baleares, contaron con un contexto socioeconómico apropiado, al contrario que Cataluña, para acoger e implantar el nuevo movimiento artístico. La industria textil y del calzado había sufrido un fuerte revés a causa de la pérdida de mercados en Cuba, Filipinas y Puerto Rico. Tampoco la agricultura, concretamente la producción de vinos, tuvo más suerte a causa de la filoxera. El proceso de industrialización no se dio aún, por lo que tampoco existía una burguesía fuerte capaz de financiar la nueva arquitectura floreciente.

Sin embargo, el Modernismo balear sí se desarrolló al margen de esta realidad. Al igual que en el caso de la arquitectura renacentista y barroca, la modernista también afectó mayoritariamente a la decoración de fachadas (salvo excepciones).

El principal canal difusor del Modernismo en Mallorca fue Barcelona, la corriente más ondulante y floral (Gaudí, Puig i Cadafalch y Domènech i Montaner), aunque también recoge la influencia del Art Nouveau belga y francés (Guimard, Horta, Van de Velde, etc.).

La mayor parte de los edificios modernistas siguen la corriente decorativa catalana. Muchos de sus arquitectos vinieron a las islas para realizar algún proyecto, como Gaudí en la catedral, Rubió, Domènech…, cuyas obras mallorquinas no suponen ninguna novedad respectos a sus obras catalanas.

Por otra parte, hubo arquitectos isleños que se afiliaron a esta corriente como Bennássar, Roca, Reynés, que aceptaron el nuevo estilo para responder a unos gustos muy puntuales dentro de la sociedad balear.

A pesar de la adscripción de estos artistas oriundos, el Modernismo en las islas fue básicamente epidérmico, aplicando decoración Art Nouveau a estructura arquitectónicas tradicionales.