Capocorb

En la carretera de Llucmajor a Cap Blanc, y tras pasar el antiguo cuartel del mismo nombre, debemos continuar unos 5 km por la misma carretera. Poco después de pasar el desvío a Cala Pí, en el punto kilométrico 23, veremos el poblado en una curva a la derecha, a la izquierda de la carretera, debidamente señalizado.

A pesar de su monumentalidad, este yacimiento es de interpretación complicada, hasta el punto que tan solo recientemente se han encontrado las claves para descifrar sus enigmas. No conviene perder de vista que lo que vamos a ver es, básicamente, un complejo centro ceremonial anexo a un poblado del que no restan casi signos visibles.

Entrando al recinto nos encontraremos un gran talayot redondo. De acuerdo con los últimos estudios, este talayot, junto con otro descubierto hace poco tiempo al otro lado de la carretera, pertenecía al poblado desaparecido. El resto de talayots que veremos (dos cuadrados y dos circulares, además de decenas de salas y habitaciones) forman parte del centro ceremonial, que también se extiende por la valla vecina ocupando casi un kilómetro.

Dentro del recinto nos detendremos en los majestuosos talayots cuadrados, uno de los cuales es el talayot más alto de Mallorca, con 7 metros de alzado. Observamos que sus interiores son diferentes: uno tiene un cuarto elevado sobre un cuerpo macizo al que se accede por un túnel helicoidal. El otro tiene la puerta tapiada por otras construcciones posteriores. Estas características han creado confusión entre los investigadores, sin que las excavaciones realizadas a comienzos y a mediados del siglo XX hayan aportado la suficiente luz.

Ante el segundo talayot cuadrado hay un considerable número de habitaciones formando un laberinto. Pese a su excavación en los años 20 del pasado siglo, nada se sabe de su función, pero al menos nos podemos dar un paseo por el interior de unos edificios de hace 2500 años o tal vez un poco más.

Entre los dos talayots cuadrados se extienden también un grupo de grandes salas normalmente precedidas por una ante-sala. Tradicionalmente se han considerado habitaciones domésticas pero, debido a su forma y el tipo de muros, más bien parecen almacenes o similares. El lado exterior de estas salas forma una muralla que ha servido para explicar el yacimiento como un poblado, pero de un vistazo se puede ver que esta muralla no tiene nada que ver con la de los típicos poblados talayóticos, sino que parece mucho más reciente, seguramente de los últimos siglos de la cultura talayótica.

Desde el lugar más al norte no debemos dejar de mirar en esa dirección para contemplar el resto de monumentos que por estar dentro de otro cercado no se pueden visitar. Se trata de un túmulo, un monumento cuadrado y otro circular. Con ellos se comprende mejor el carácter de centro ceremonial de gran parte del conjunto.

Saliendo del recinto no debemos dejar de contemplar las casas de las dos posesiones del lugar: Capocorb Vell y Betlem, que eran la alquería islámica Jnjar, con un nombre que tal vez era el mismo que en época talayótica. Esta sucesión de poblamiento en el mismo lugar puede explicarse por la abundancia de agua en contraste con la aridez de los alrededores. De hecho, tras la conquista catalana, Capocorb estuvo a punto de convertirse en un pueblo más.

La visita a Capocorb puede complementarse, por quien desee comprender un poco mejor como era el mundo talayótico, pegando una ojeada al yacimiento vecino de Capocorb d’en Jaquetó, situado a 700 metros, al lado derecho del camino des Palmer (que sale desde la misma entrada de Capocorb) al cruce con el camino de la possessió de s’Aguila.

Se trata de un centro ceremonial alrededor de un túmulo, con decenas de habitaciones de tipo similar a los santuarios. Tras esta visita nos quedará bien clara la importancia que los talayóticos daban a los rituales y las ceremonias y a los lugares dónde se celebraban.