Castell de Santa Àgueda, Ferreries

Desde Ferreries puede accederse al castillo de Santa Àgueda. Para llegar a este municipio desde Maó, debe tomarse la Me-1 y pasado Alaior, tomar a la izquierda la carretera del Cruce, la Me-16, que nos llevará hasta Ferreries. Para llegar al castillo, pasado este municipio, tomamos la ruta que conduce hacia Binisues y Ets Alocs. Cabe indicar que tras dejar la Me-16 recorreremos unos 3 Km y encontraremos a la derecha el indicativo que conduce al castillo, en este punto debemos dejar el coche e iniciar la subida andando, a unos 45 min a ritmo moderado entraremos esta fortificación.

Es el testimonio más destacado de la Menorca musulmana, el cual conserva todavía una parte importante de sus estructuras, a pesar de su abandono hacia el siglo XV. Podemos observar una maqueta de la fortaleza original en el Museu Militar de Menorca (en el cuartel de Calacorb de es Castell). Está situado en lo alto de un monte a 264 metros sobre el nivel del mar, por cuestiones defensivas. Su función era la de refugio de la población, como los castillos de montaña de Mayurqa (castells roquers de Alaró, Santueri y Pollença). Este monte ya sirvió de instalación militar en época romana, denominada Mons Jovis (montaña de Júpiter).

En el castillo pueden distinguirse tres recintos claramente definidos y en cierta forma independientes: constaba de un núcleo defensivo central y dos recintos adosados donde se podían refugiar las gentes con sus rebaños.

El recinto central: ocupa la cima del monte, y adopta la forma de un polígono de siete lados con longitudes desiguales. Los ejes mayores llegan a 160 y 135 metros de longitud y su extensión es de 1,54 Ha. con superficie plana. El recinto contaba con dieciséis torres y se accedía mediante una puerta situada al sur de la muralla. La mayoría de las torres eran de planta circular, de entre 3,60 y 6 metros de diámetro. Algunas fueron recubiertas posteriormente con una estructura rectangular.

El Recinto des Castellet: presenta una forma rectangular, con una longitud de aproximadamente 275 metros en su parte más ancha y 80 metros en la más estrecha. Cuenta con una extensión de 2,8 Ha. Al igual que el recinto central, cuenta con torres redondas y cuadradas, lo cual podría ser indicativo de haberse construido y modificado al mismo tiempo que el recinto central. Este recinto cuenta con suministro propio de agua mediante dos aljibes de 28 x 5,9 y 15 x 9 metros. En diversas partes pueden apreciarse restos de muros y tejas.

El recinto de la Casa de Armas: de forma irregular, es la de más reciente construcción, probablemente con la intención de proteger los aljibes de su parte inferior. Tiene 155 metros de largo, 44 de ancho en el punto más estrecho y ocupa 0,82 Ha.

Se trata de un recinto fortificado equiparable a los castillos mallorquines. En él se refugiaron centenares de personas que dejaron el campo y las ciudades durante la conquista feudal. Una vez producida la capitulación de la isla, se firmó un tratado, conocido como el tratado de Santa Àgueda, por el que se permitía la salida de la isla de la familia del gobernante y los refugiados del castillo que podían pagar un rescate por su persona, mientras que el resto de personas y, bienes muebles e inmuebles quedaban en manos del rey de Aragón.

Como hemos dicho, en esta fortaleza se encontraba la ceca que acuñaba la moneda de plata que servía para pagar el tributo a Jaime I, tras el tratado de Capdepera.

Tras la ocupación cristiana se levantó un nuevo castillo, que estuvo en activo hasta el siglo XIV, cuando ya se encontraba en mal estado de conservación y fue abandonado. Contaba con dos torres, cortinas y baluartes, así como una capilla. Con motivo de las incursiones piratas, la montaña fue utilizada posteriormente como lugar de refugio y vigilancia. A principios del XVII, en el castillo sólo vivía una familia con su ganado. La capilla era un lugar muy venerado, centro de romerías. En 1811, ya inútil para la defensa, fue vendido por el estado a una familia particular. Actualmente, de la extensa fortaleza sólo quedan algunos baluartes y torres asomadas al acantilado, que las hacía inexpugnables.

Un dato legendario cuenta que allí fue escondido el Becerro de oro.