El Al-Andalus

El Al-Andalus es el territorio hispánico dominado por los musulmanes desde su llegada en el 711 d.C. hasta 1492 cuando Granada es reconquistada por los Reyes Católicos. La historia y el arte hispanomusulmán abarca distintas etapas: Emirato (711-929); Califato de Córdoba (s. X); estados Taifas (s. XI); invasiones almorávides y almohades (s. XII); y el Reino Nazarí de Granada (XIII-1492). Es en la Península Ibérica donde el arte islámico encuentra su más perfecta evolución, el cual se llama hispanomusulmán.

El arte hispanomusulmán será la principal manifestación del arte islámico y de aquí se expandirá a zonas lejanas. El campo artístico más importante es la arquitectura, tanto la religiosa (mezquitas) como la civil (palacios), así como también la cerámica y las miniaturas de libros. Las funciones religiosas y civiles no pueden separarse ya que el estado islámico es teocrático. La escultura y la pintura se cultivaron poco al ser básicamente un arte iconoclasta que prefiere no representar la figura humana, aunque hay excepciones como en las arquetas de marfil. Sin embargo, Alá nunca es representable con figura humana, de ahí la profusión de inscripciones reiterativas del Corán.

Madina Mayurqa tardará muchos años en convertirse en un importante núcleo urbano. A partir de la dominación almorávide la ciudad adquirió una gran relevancia. Muchos refugiados que huían de los almohades se instalaron en la isla, llegando a una población de unos 25.000 habitantes (uno de los núcleos más poblados del occidente europeo). Sus pobladores se dedicaban básicamente a la piratería y al comercio.

Entre el campo y la ciudad no solía haber conflictos ya que las clases ciudadanas poderosas no eran las propietarias de las tierras de la part forana. La organización social se basaba en agrupaciones tribales y clánicas en pequeños poblados (alqueries y rafals), a parte de la ciudad de Mallorca.

En cuanto a las actividades económicas, el predominio claro correspondía al cultivo de regadío que producían hortalizas y forrajes, además de arroz o algodón. La isla tenía una importantísima red hidráulica que suministraba a la ciudad y a casi todas las tierras labradas.

Los intercambios culturales entre Oriente, la Península y la isla fueron frecuentes, convirtiendo a esta última en un centro de atracción de filósofos, gramáticos, historiadores y poetas. Muchos maestros mallorquines salían al exterior para transmitir sus conocimientos en las grandes ciudades orientales.