El bandolerismo en los siglos XVII y XVIII

Además de lo citado anteriormente, debemos contemplar este fenómeno como algo común en todo el Mediterráneo, que en el caso mallorquín comienza a consolidarse a partir de la Germanía como una de sus consecuencias sociales, como ya hemos explicado en el fascículo tercero de la época anterior.

Debemos tener claro primeramente que bandolero y bandejat no significan lo mismo, aunque muchas veces se utilice indistintamente. Bandejat era toda persona que vivía fuera de la ley y que se dedicaba a robar. Mientras que un bandolero era toda persona fuera de la ley, causante de delitos comunes, que asaltaba caminos, robaba, mataba y realizaba todo tipo de infracciones. Por lo tanto, todos los bandoleros son bandejats, al robar, pero no viceversa.

En el área mediterránea el bandolerismo era un fenómeno endémico que se daba por la excesiva densidad de población (insuficiente trabajo para toda la población) y se agravaba o menguaba dependiendo de las condiciones socio-económicas de la zona.

Para el mantenimiento del orden público, los virreyes de Mallorca promulgaron numerosas pragmáticas o disposiciones destinadas a reprimir las acciones vandálicas, con castigos corporales durísimos y con multas de grandes cantidades de dinero, especialmente para los que atentasen contra las personas o propietarios. Las pragmáticas más importantes fueron las del virrey Lluís Vich i Manrique en el año 1584 (reinado de Felipe II) y las del virrey Don Rodrigo de Borja i Llansol en 1666 (reinado de Carlos II). El mantenimiento del orden quedaba a cargo de los comisarios reales que, supuestamente, eran los únicos que podían utilizar armas, juntamente con la nobleza.

Los virreyes, que ostentaban la máxima autoridad militar, llegaron a organizar sistemáticas persecuciones de bandoleros, comandadas por ellos mismos. Especialmente cruenta fue la de 1666, cuando la situación había llegado al extremo, que contó con la colaboración de la Iglesia, los caballeros y el pueblo. Ésta acabó con la captura de unos 100 bandejats, como Moyana, que había asesinado a más 20 personas, los hermanos Repich de Sineu, n’Amador de Sant Joan y Almazora de Manacor.

A pesar de todas estas medidas de freno, el bandolerismo no fue eliminado y volvió a resurgir a finales del mismo siglo (el XVII).