El castillo de Alaró

Entramos en el pueblo de Alaró y en la calle Escritor Joan Alcover giramos a la derecha, desembocando en la calle de Can Manyoles. Seguimos recto y tomamos la primera carretera a la izquierda, en cuyo inicio hay una señal indicativa del castillo. Esta carretera desemboca en un cruce, en el que tomaremos la salida izquierda. Recorremos unos 150 metros y giraremos a la derecha, donde se sitúa el camino (bien indicado) que nos llevará a la cima del castillo. Llegaremos a la possessió y restaurante Es Verger, donde es aconsejable aparcar el coche y seguir la ruta andando.

Antes de realizar la ascensión y desde puntos de vista relativamente alejados se observa ya que el castillo se sitúa sobre un baluarte natural prácticamente inaccesible. Su emplazamiento permite que sólo una de sus caras deba ser fortificada con estructuras arquitectónicas. Naturalmente, esta parte fortificada es la que se utiliza también para dar acceso al recinto.

Las noticias históricas más antiguas relativas al castillo de Alaró nos indican que sirvió como último núcleo de resistencia de los indígenas de Mallorca frente a la conquista islámica. Según las fuentes, resistieron encerrados allí durante ocho años y cinco meses, hasta que acabaron los víveres. Es citado en las descripciones de Mallorca de época islámica y, vuelve a tener un papel como recinto de refugio y de resistencia en el momento de la conquista cristiana de 1229. De hecho, la conquista de los castillos de Alaró, Santueri y Pollença se realiza una vez obtenido un mínimo de control sobre la isla y ya no se esperaba la llegada de refuerzos para los musulmanes procedentes de Túnez.

Los musulmanes valoraron mucho el emplazamiento de la alquería de Alaró e hicieron de la fortaleza un lugar muy seguro. Construyeron las torres, los muros almenados y varios aljibes en la altiplanicie de gran capacidad, llamados els aujubs dels moros, para abastecer de agua a mucha gente en caso de encierro en la fortaleza ante una situación de crisis, como un intento de invasión. También cultivaron las tierras del término construyendo norias para regar los huertos, árboles frutales y jardines, y construyeron molinos hidráulicos harineros. Era uno de los distritos más valorados de la isla de Mallorca por sus olivares, higuerales, viñedos, ganadería, y por sus aguas vivas, bien aprovechadas gracias al desarrollo técnico hidráulico implantado.

El castillo de Alaró, al igual que los otros dos castillos roqueros, era conocido en el exterior por su difícil acceso, lo cual hacía que fueran especialmente seguros. Se levantaban sobre lugares abruptos y lejanos, tomando una posición defensiva adaptada al terreno (fortificación de tipo topográfico). El que en este punto nos ocupa, quizá fuera el más famoso por la inexpugnabilidad de su emplazamiento y por la presencia de un destacamento perenne de soldados. En el banquete de 1228 (año previo a la conquista cristiana), que ofreció en Tarragona Pedro Martel al joven rey Jaime I, éste último habló de Mallorca y de sus deseos de conquista con estas palabras: <>. El Llibre dels Feyts hace referencia a la toma de los tres castillos. La crónica describe cómo el rey Jaime I pacta la rendición por parte de Xuaip, el jefe de la resistencia en las montañas y los castillos, a cambio de que éste pudiera vivir “honradamente” (que le perdonaran).

Lo que se conserva del castillo es la muralla con las cinco torres. En la entrada al recinto encontramos un primer portal de acceso, situado en la antemuralla. Unos escalones más arriba, se llega a una segunda puerta en el muro de la torre del homenaje, llamada popularmente como constipador. Al sur de esta torre, se encuentra otra llamada la presó dels moros o la torre de la Cova, bajo la cual se sitúa la cueva de Sant Antoni, resto de la ocupación eremítica del siglo XVII (cuando se construyó el oratorio en 1622). Del interior destaca el oratorio, la hospedería y cinco aljibes de origen árabe. Es posible que uno de estos cinco fuera utilizado como casa de nieve.

La fisonomía actual que presentan los castillos de Alaró, Santueri y Pollença en la actualidad (en mejores o peores condiciones de conservación) es fruto de reconstrucciones cristianas de estas antiguas fortalezas islámicas. Los cristianos los modificaron a lo largo del siglo XIII y principios del XIV, siguiendo unas concepciones ya arcaicas en Occidente. Se trata de recintos con almenas y flanqueados por pequeñas torres rectangulares más elevadas.

Pese a la antigüedad de la fortaleza de Alaró, no se encontraron en él, como en los otros dos castillos, restos arquitectónicos anteriores a la conquista islámica. En todo caso falta una datación pormenorizada de los restos, que podrían fechar en época islámica uno de los aljibes. De hecho, este aljibe llamó la atención del Archiduque Luis Salvador, que lo describe con mucha precisión: ”Construido con piedra y mortero formando un auténtico hormigón. La bóveda es del mismo material y en ella pueden observarse las marcas de los andamios que sirvieron de soporte a la construcción. Ésta fue muy cuidada, tanto en la utilización de las losas de marés, colocadas tan horizontalmente que se utilizaron como bóvedas de arco y como ménsulas que aguantaban el inicio y la distribución de los arcos”. Para localizar este aljibe debe accederse al recinto por el único acceso existente: subir la escalera, cruzar la torre del homenaje, pasar junto a la hospedería y la ermita y alejarse hacia el Este hasta llegar a la zona donde se encuentran cinco aljibes.

Aunque las narraciones históricas más antiguas citen la presencia de una fuente de agua en el interior del recinto, ésta no se conserva en la actualidad. Falta, por lo tanto, el estudio de estos aljibes para saber si el agua que los llenaba era detenida por escorrentía o procedía de algún punto en concreto que pudiera identificarse con la mencionada fuente.

Desde el castillo de Alaró puede contemplarse toda la extensión de Mallorca, salvo la Sierra de Tramontana. Domina toda la extensión del Pla central de Mallorca, desde la bahía de Alcúdia a la de Palma. Hacia el Sur, la vista abarca toda la isla e incluso en días claros puede verse la isla de Cabrera. Hacia el Este y el Oeste se divisan las bahías de Palma y Alcúdia y, entre estos puntos, gran parte de los pueblos y explotaciones del Raiguer de Mallorca. Si fijamos la vista en el valle que desde Alaró se dirige hacia el interior de la Sierra de Tramontana, puede observarse el sistema hidráulico que permite el riego de la huerta de Alaró, diseñado, como tantos otros en la zona, en época islámica.

En esta época, los castillos mallorquines tuvieron como único uso el de refugio de personas y ganado en momentos de crisis. El momento de la conquista feudal puede servir de ejemplo de ese uso como refugio durante una crisis.

Antes o después de la ascensión al castillo puede realizarse el recorrido por el sistema hidráulico que riega la huerta de Alaró. Aunque este sistema es similar al que puede realizarse por otros en los valles de montaña o en zonas irrigadas más grandes, como la huerta de Banyalbufar o la de Valldemossa. Los principios básicos no varían, cambian las adiciones posteriores y el crecimiento de los núcleos urbanos, que han ocupado parte de los territorios irrigados.

Ya en época cristiana, existe una leyenda a medio camino entre la realidad y la fantasía, que cuenta con el escenario del castillo de Alaró. En 1287 el infante Alfonso de Aragón intentó anexionar el Reino Privativo de Mallorca a la corona catalano-aragonesa en tiempos de Jaime II y ocupó la isla. Cuentan que el infante fue a ver al rey, que en esos momentos se encontraba en el castillo, y se encontró con Cabrit y Bassa, los cuales defendieron la fortificación del castillo, sobre cuya torre continuaba ondeando la bandera de Jaime II.

Un fragmento del poema El Comte Mal, Guillem Colom i Ferrà, se refiere a este pasaje de la resistencia del Castillo de Alaró:


Quan la lluita es fa més forta,
truca un missatger a la porta:
-Castellans, lliurau de pressa les claus del castell rebel
o de grat deixau-vos prendre:
el fort que car es deixi vendre
serà en sec fet pols i cendra,
insepults els qui el defensin i menjats pels corbs del cel.

-I, ¿qui amb tal ordre us envia?
Cabrit irat responia-
-Anfós d’Aragó i Mallorca jurat com a rei i hereu.
-No coneixem al reialme
altre rei que el rei En Jaume
A Mallorca, -i perdonau-me-
anfós és un peix que es menja amb allioli a tot arreu…
-Llamp del cel!, que és gran vilesa
sofrir més vostra escomesa!
¿Qui gosa amb tals paraules insultar el rei d’Aragó?
-crida Anfós als de la plaça.-
-Dos lleials: Cabrit i Bassa.
-¿Cabrit, dieu? Bona caça!
Doncs, com cabrits jur rostir-vos per escarment del traïdor!

La leyenda afirma que la amenaza del rey aragonés se cumplió: cuando el castillo se rindió, el infante Anfós (tal como se pronuciaba) o Alfonso, que entonces ya era rey a la muerte de su padre, ordenó que asaran a los dos defensores como si fueran cabritos. En consecuencia, Cabrit y Bassa fueron venerados como auténticos mártires, recibiendo culto como santos y sus imágenes fueron apareciendo por diferentes retablos y cuadros, como el de Miquel Bestard en el Ayuntamiento de Palma.