El cementerio de Sóller (Son Sang)

Para finalizar el recorrido, nos dirigiremos hacia el cementerio de Sóller. De la calle de Sa Mar, nos volvemos a acercar hacia la plaza de la Constitució (pasaremos por la calle Bauçà). Desde Constitución, avanzaremos por la calle des Born (calle de la derecha de la iglesia parroquial). Giraremos a la izquierda hacia la calle de Santa Bàrbara y después en la primera esquina a la izquierda, por la calle Pastor. Seguimos unos 20 metros hasta el comienzo de la calle de Pau Noguera, donde en el nº 86 nos encontraremos el cementerio de Son Sang.

El cementerio de Sóller es uno de los más hermosos y enigmáticos de Mallorca. Constituye un auténtico museo de escultura funeraria de estilo modernista con un importante repertorio simbólico. Fue bendecido en el año 1814, aunque no se empezó a utilizar de forma sistemática hasta 1841. El núcleo original sufrió tres ampliaciones más, en 1894, en 1913 y en 1989 respectivamente, las cuales quedan reflejadas en los diferentes niveles que podemos contemplar en el cementerio.

Fruto también de estas ampliaciones, existen tres puertas de acceso al recinto: la más antigua, el portal de baix, se encuentra rematada por un frontón triangular coronado por una cruz, en cuyo tímpano aparece el escudo de Sóller con el sol y la inscripción con la fecha de construcción de 1829, protegiendo todo el conjunto de la lluvia, un alero de tejas; el portal del mig, fruto de la ampliación de 1894, diseñado en 1900 por el arquitecto Joan Guasp, es una apertura de arco de medio punto, sobre el cual aparece un friso con la inscripción “Requiescant in pace”, culminado también con una cruz, flanqueada a ambos lados, sobre las jambas de la puerta, por dos esculturas en forma de ataúd con mantel funerario sobre ellos. La barrera de hierro fue obra de Nicolau Huguet; la tercera puerta, el portal de dalt, en forma de arco de herradura con las letras alfa y omega (en relación al principio y el fin de la vida, nacimiento y muerte) y un sol en la clave. El arco está rematado por un ángel trompetero apocalíptico y por dos copas cuadradas cubiertas por un velo funerario.

Dentro del recinto nos encontraremos un gran repertorio de tumbas, monumentos funerarios y panteones, de diversas tipologías, de los cuales destacan los conjuntos de estilo modernista con sus decoraciones florales, figuras enigmáticas y símbolos… que dotan de un aire de misterio y recogimiento a todo el conjunto. Haremos especial mención al monumento funerario de la familia Morell, en el que se representan la Virgen María, San Juan y Mª Magdalena llorando sobre el cuerpo de Cristo muerto, obra del escultor modernista Josep Llimona. También destacaremos el panteón de la familia Darder Ferrer, donde aparecen representadas las plañideras (mujeres que lloran por el difunto).

Josep Llimona fue uno de los escultores modernistas más destacados del panorama nacional. Nació en Barcelona en 1864 y estudió en la escuela de Llotja, y en el taller de Agapit i Venanci Vallmitjana. Se fue a Roma en 1881, becado por el Ayuntamiento de Barcelona para realizar unos esbozos para la estatua ecuestre del conde de Barcelona, Ramon Berenguer el Grande. También estuvo en París y conoció la obra de Rodin, cuyo simbolismo le influyó mucho. Fundó el Centro Artístico de Sant Lluc con su hermano, el pintor Joan Llimona. Realizó una gran cantidad de obras y participó en muchas exposiciones en Cataluña, Madrid, París, Buenos Aires y Bruselas. Es muy famosa su obra escultórica para monumentos públicos y para cementerios, como en el de Sóller o en el de Comillas, con su famoso Ángel exterminador. Destaca también el famoso friso del Arco de triunfo de Barcelona, realizado en 1888.

La estética modernista del cementerio refleja aún más esa idea de arte total a la que los artistas modernistas aspiraban. Los mismos que se hacían construir un casal de este estilo, también lo seguían para diseñar su hogar tras la muerte. Las tumbas, en su mayor o menor opulencia, reflejan el estatus social conseguido en vida del difunto. En el cementerio de Sóller, las inscripciones de las sepulturas en catalán, castellano y francés son el testimonio del movimiento migratorio que vivió Sóller desde finales del siglo XIX, además de demostrar como los sollerics aspiraban a retornar a su tierra natal para su descanso eterno.