El siglo XVIII

El triunfo de los Borbones supuso que, con los Decretos de Nueva Plana, se eliminara todo el sistema político anterior y se iniciaran los procesos de centralización y castellanización, excepto en Menorca. Precisamente en aquella isla se mantuvo la cultura propia relacionándose con las principales corrientes culturales de Europa y, hasta cierto punto, se mantuvo una cierta autonomía administrativa.

En el resto del Reino de Mallorca, desaparecieron los organismos supramunicipales y los cargos se hicieron vitalicios y de designación real. Por otra parte, al desaparecer la representación estamental de origen medieval, los campesinos y artesanos fueron perdiendo importancia social y política. Sin embargo, es también la época en la que se consolida el mosson o burgués enriquecido que pretende vivir y comportarse como un aristócrata.

La sociedad se basó cada vez más en los modelos aristocráticos que, en el caso de Mallorca, se ve consolidado por el llamado Pacto de Ses Nou Cases. Según un episodio, en buena medida mítico, las nueve casas más relevantes de la isla pactaron casarse siempre entre ellas para mantener el poder y no mermar su patrimonio. Por otra parte, continuó la carrera por obtener títulos de nobleza superiores a los tradicionales del Reino y que pudieran equiparar los linajes mallorquines con los continentales.

Fue precisamente este predominio de los modelos aristocráticos que potenció la construcción de nuevos palacios o la reforma de los antiguos así como la transformación de muchas cases de possessió de acuerdo con modelos italianizantes. Estos palacios urbanos y rurales tienden a decorarse con pinturas, esculturas de diverso valor y, en buena medida, compradas en el extranjero. El ansia por el coleccionismo fue una nueva moda que afectó especialmente a los nobles, eclesiásticos y burgueses enriquecidos. Sin embargo, la sociedad se encerraba cada vez más en sí misma. La vida se hacía provinciana y las comunicaciones marítimas cada vez más complejas.

Sólo Menorca se halla abierta a las corrientes europeas. Sus jóvenes pasaban a estudiar a universidades del continente y, si volvían a su tierra, ocupaban cargos preeminentes. Menorca seguía dependiendo del Obispo de Mallorca. Por ello surgieron algunas tensiones cuando, con motivo de la libertad religiosa promovida por Inglaterra, se autorizó el culto de las iglesias reformadas y no se dejó actuar el Tribunal de la Inquisición.

En cambio en Mallorca y Eivissa se imponen modelos políticos centralizadores y se impulsa la castellanización. Desde la Iglesia, se reprime el culto a Ramon Llull, cosa que originará algunos altercados entre los estudiantes y profesores partidarios del culto al Beato y sus detractores. Igualmente se reprimieron algunas prácticas de la religiosidad popular, como los cultos a Sant Cabrit y Sant Bassa o la Sibil·la.

El modelo cultural continuaba siendo el del barroco llevado a su último extremo. La erudición vacua y pomposa se impulsaba en frente del análisis y la especulación. En arte, el continuismo es notorio durante la primera mitad de siglo. Si por una parte se imponían modelos italianizantes en la arquitectura civil, en la religiosa se podía llevar al paroxismo decorativo.

El racionalismo y la ilustración llegarán a las islas muy tarde. En Mallorca, se organizará en torno a la Sociedad Económica de Amigos del País durante el reinado de Carlos III. Ésta intentará introducir nuevas técnicas agrarias y artesanales, algunas de ellas con gran éxito. Sin embargo, los beneficios de los nuevos modelos no llegaron al conjunto de la población. Pese a algunos intentos, los índices de analfabetismo crecieron de manera inusitada.

Es durante la Ilustración que se organizan las grandes bibliotecas o gabinetes de curiosidades. Algunas de ellas todavía asombran por las descripciones que nos han llegado e incluso quedan algunos ejemplos que todavía provocan sorpresa. El modelo ilustrado tuvo importantes representantes, algunos nacidos en Mallorca, como el Cardenal Despuig, y otros funcionarios peninsulares destinados en la isla y que trabajaron para mejorar su cultura. Hay que tener en cuenta que será en el siglo XVIII cuando lleguen a las Baleares los primeros viajeros que publicarán sus experiencias e impresiones sobre las islas.

Uno de estos ilustres visitantes, aunque su visita fue obligada, fue Gaspar Melchor de Jovellanos que durante algunos años residió en Valldemossa y Palma como preso político. Su exilio, se puede explicar por la oposición al Príncipe de la Paz Manuel de Godoy. Este valido de Carlos IV incluía como ministro de su gobierno a un ilustre mallorquín, Miguel Cayetano Soler.

Tanto Jovellanos, como Godoy o Soler, fueron devorados de alguna manera por los acontecimientos del 2 de mayo de 1808. Precisamente en estos momentos se hallaba en Mallorca el matemático y astrónomo François Aragó, uno de los encargados de medir el meridiano terrestre. Considerado espía y enemigo, consiguió salvar su vida gracias al dominio que tenía del mallorquín coloquial.