Exterior del castillo

Nos situamos ante la puerta exterior del recinto inmediato del castillo. Pasamos el primer foso, poco profundo, por un puente de madera, y la portalada de la fortaleza, de arco dovelado ligeramente rebajado, para entrar en el revellín, recinto exterior del castillo, que consiste en un corredor circular alrededor del foso y los muros de la fortaleza, que presenta 27 troneras para las piezas de artillería y con peldaños para los soldados con armas ligeras.

Este punto nos permite contemplar de cerca el talud y el foso, las saeteras y las aspilleras distribuidas por los muros, las torres y, los diversos baluartes y revellines que conformaban el sistema defensivo de esta fortaleza. Es inevitable ver la imponente torre de l’Homenatge, en talud, planta circular y alzado cilíndrico, que mide 33,37 metros de altura desde la base del foso. Una pequeña puerta de arco de medio punto en la parte norte de la torre, con fecha de 1514, permitía antiguamente acceder al piso inferior por un puente levadizo cuyo inicio todavía está por descubrir.

El castillo ocupa la cima de un montículo en el lado oeste de la bahía de Palma. En el siglo XIII aparece documentado con el nombre de monte de la Mezquita pero no se ha podido comprobar la existencia de ningún recinto religioso musulmán. El topónimo quiere decir ‘bella o buena vista’ y hace referencia a la excelente panorámica que se puede ver desde la cumbre del cerro.

Su construcción se llevó a cabo entre los años 1300 y 1311, en tiempos de Jaume II. El proyecto del maestro de obras reales Ponç Descoll, fue ejecutado por el maestro de obras Pere Salvà, por el maestro albañil Pere Despuig y por diversos carpinteros y pintores que trabajaban simultáneamente en el palacio de L’Almudaina. La decoración y la pintura mural son obra de Francesc Cavaller mientras que Francesc Camprodon llevó a cabo los trabajos de escultura. El rey pudo ver bastante acabada la fortificación poco antes de su muerte, sobrevenida en 1311; nombró al primer castellano, Pere Antic, y dio el visto bueno al primer capellán del oratorio, Julià Fabra. Si bien el rey Sanç ya pudo residir en dicho palacio, las obras se prolongaron hasta 1330, cuando los albañiles Pere Tallada y Francesc Santa Creu completaron la obra del foso.

El siglo XVI se caracterizó por diferentes obras derivadas de los adelantos de la tecnología militar; se hicieron obras de fortificación de defensa artillera, una muestra es el revellín, obrado en 1551 por Andreu Pons. También se instalaron piezas de artillería, necesarias para la defensa de la ciudad y del puerto ante el peligro turco. Las modificaciones que se hicieron supusieron la pérdida de las almenas de la azotea superior. En 1567, un rayo afectó a la fortaleza y originó un devastador incendio. Las obras de restauración serían considerables, puesto que se invirtió la suma de 4.000 libras. Parece ser que este rayo derrumbó la torre de mediodía, opuesta a la del homenaje, y los muros vecinos.