Datos y descargas

Dificultad:
Moderada.
Duración:
1 hora.
Longitud:
aproximadamente 1 kilómetro a pie.
De interés:
Explanada exterior, patio de armas, Museo de Historia de la Ciudad, Capilla de Sant Marc, Sala Jovellanos, plataforma superior.
El precio de la entrada general al castillo cuesta en torno a 2,10 €.
Hay un aparcamiento gratuito en el exterior del recinto.

Todos los puntos de este recorrido transcurrirán en el entorno inmediato y en el interior del castillo de Bellver. Esta fortaleza se encuentra situada a unos tres kilómetros al suroeste de Mallorca, sobre un monte de 112 metros de altura. Tiene vistas panorámicas de Palma, la Serra de Tramuntana y el plano central de Mallorca. Para acceder a él desde la Avenida de Joan Miró, viniendo del centro de Palma, tomaremos la segunda calle a la derecha, Camilo José Cela, la cual nos dirigirá a las puertas de entrada del recinto del bosque del castillo. Traspasamos las grandes puertas y recorremos a pie o en coche todo el camino de curvas hasta llegar a la fortaleza.

Descargas:

Introducción

El castillo de Bellver, joya gótica que domina la bahía de Palma, ha sido testimonio de numerosos acontecimientos y, como fortaleza, residencia real y prisión, ha alojado a ilustres personalidades. Se construyó entre los años 1300 y 1311. La primera acción bélica aconteció en 1343, durante la campaña de reincorporación del reino de Mallorca a la corona de Aragón. Tras un asedio a la fortaleza, comandada por el alcaide Nicolau Marí y una guarnición de ochenta soldados, se rindió a las tropas de Pere el Ceremoniós, rey catalano-aragonés que se coronó como rey de Mallorca en la Catedral. El castillo se convirtió en prisión de muchos fieles al último rey de Mallorca, Jaume III, quién murió en la Batalla de Llucmajor. Violant de Vilaragut, viuda del rey, y sus hijos Jaume e Isabel fueron encarcelados aquí. Entre 1802 y 1808 acogió a su prisionero más ilustre, el político e intelectual Jovellanos.

En cuanto a su función palaciega, en 1394 acogió a la corte catalano-aragonesa de Joan I y su esposa Violant de Bar, quienes, juntamente a un largo cortejo de caballeros y funcionarios reales, huían de la peste que asolaba Barcelona y las tierras continentales. Pero tras este efímero acontecimiento cortesano, la historia del castillo contiene más episodios de prisión y de desgracias que de residencia palatina.

Bellver es uno de los cuatro únicos castillos europeos de planta circular, con el de Restormel (Cornualles), el de Michelstetten (Baja Austria) y el de Montaner (Bearne). El Castel del Monte (1240) es parecido, pues cuenta con una planta poligonal con dos ejes de simetría.

La arquitectura civil y militar en el Reino de Mallorca

En sus orígenes la dinastía mallorquina no disponía de una arquitectura palatina muy destacable en sus territorios: en el Rosselló, la Cerdaña, Montpelier y las Baleares.

En Mallorca contaba con la antigua residencia de los walís musulmanes, l’Almudaina, una ciudadela adecuada a la función de defensa que a la de confort residencial.
Cuando Jaime I decidió hacer del castillo de Perpiñá su residencia habitual, realizó en esta ciudad la primera y más importante de sus obras. A partir de 1276, a la muerte de Jaime I, se iniciaron grandes obras de construcción y reconstrucción en Mallorca, que quedaron plasmadas en la edificación del castillo de Bellver y las modificaciones de l’Almudaina y de otras residencias de la isla.

Todas estas iniciativas tuvieron como consecuencia la introducción del estilo gótico en la arquitectura civil.

El castillo de Bellver

Este castillo es uno de los más originales, no sólo por su planta circular, sino también porque en él se conciliaron las necesidades defensivas y artísticas de los monarcas. El término Bellver (bell veure), que reemplazó a la antigua denominación de Puig de la Mezquita, corresponde a un bello mirador. Su emplazamiento, hoy cubierto por un frondoso bosque de pinos, antes se dedicaba al cultivo de la viña.

Los trabajos de construcción del edificio comenzaron en 1300, en el mismo momento que l’Almudaina estaba siendo reformada, y para ello se precisaron varias expropiaciones de terreno. Se pueden seguir bien el proceso de construcción a partir de 1309 a través del Libre de Beilver del ayn de MCCCIX, año en el que llegan pintores y carpinteros para trabajar en los espacios interiores del complejo. En 1310 ya estaban realizadas las ventanas, las arcadas de la galería del piso inferior, la torre del homenaje, el portal principal ya disponía de puertas, se trabajaba en las escaleras, la galería superior y se estaban pintando las estancias. Desde 1311 ya disponía el castillo de su propio capellán y se instaló en él una guarnición de soldados hasta la muerte de Jaime II. Su sucesor, el rey Sanxo, residió en el edificio en 1314. En 1330 se documenta la excavación del foso que rodea el castillo. Los trabajos que se fueron realizando durante los siglos XIV y XV fueron de mantenimiento-conservación.

En el siglo XVI se quiso adaptar la construcción a los progresos de la artillería y por este motivo se adaptaron las terrazas a la colocación de cañones y se sacrificaron las almenas, a excepción de las de las torres (actualmente sólo quedan las barbacanas de la torre del homenaje y el matacán que protege la entrada principal). Además, se construyó un muro exterior con la misma forma que el contorno de la planta del castillo.

La planta, muy original y regular, dibuja un círculo perfecto rodeado por tres torres adosadas de base semicircular, y la del homenaje, separada y dividida en cinco pisos, unida originariamente mediante un puente levadizo.

Además de los referentes a la originalidad y posibles influencias sobre la planta circular del castillo que pueden remontarse a la Roma imperial y a los exponentes medievales citados en la introducción (Restormel, Michelstetten, Montaner y el Castel del Monte), podemos destacar la torre cilíndrica del homenaje, que según Marcel Durliat, se pueden encontrar referentes en la arquitectura militar medieval del sur francés, como la tour de Constance o la tour de la Vade. La de Bellver domina especialmente la puerta de entrada del castillo, sirve como elemento defensivo y también actúa como elemento separador de la residencia real y los puestos de guardia.

Podemos encontrar otras influencias en varios detalles del castillo, como las ventanas geminadas, que también encontramos en la Almudaina o en la Torre dels Enagistes (Manacor), las bóvedas de crucería, que son similares a las de la cripta de Sant Llorenç (bajo la cabecera de la iglesia parroquial de Santa Creu, Palma), etc.

Exterior del castillo

Nos situamos ante la puerta exterior del recinto inmediato del castillo. Pasamos el primer foso, poco profundo, por un puente de madera, y la portalada de la fortaleza, de arco dovelado ligeramente rebajado, para entrar en el revellín, recinto exterior del castillo, que consiste en un corredor circular alrededor del foso y los muros de la fortaleza, que presenta 27 troneras para las piezas de artillería y con peldaños para los soldados con armas ligeras.

Este punto nos permite contemplar de cerca el talud y el foso, las saeteras y las aspilleras distribuidas por los muros, las torres y, los diversos baluartes y revellines que conformaban el sistema defensivo de esta fortaleza. Es inevitable ver la imponente torre de l’Homenatge, en talud, planta circular y alzado cilíndrico, que mide 33,37 metros de altura desde la base del foso. Una pequeña puerta de arco de medio punto en la parte norte de la torre, con fecha de 1514, permitía antiguamente acceder al piso inferior por un puente levadizo cuyo inicio todavía está por descubrir.

El castillo ocupa la cima de un montículo en el lado oeste de la bahía de Palma. En el siglo XIII aparece documentado con el nombre de monte de la Mezquita pero no se ha podido comprobar la existencia de ningún recinto religioso musulmán. El topónimo quiere decir ‘bella o buena vista’ y hace referencia a la excelente panorámica que se puede ver desde la cumbre del cerro.

Su construcción se llevó a cabo entre los años 1300 y 1311, en tiempos de Jaume II. El proyecto del maestro de obras reales Ponç Descoll, fue ejecutado por el maestro de obras Pere Salvà, por el maestro albañil Pere Despuig y por diversos carpinteros y pintores que trabajaban simultáneamente en el palacio de L’Almudaina. La decoración y la pintura mural son obra de Francesc Cavaller mientras que Francesc Camprodon llevó a cabo los trabajos de escultura. El rey pudo ver bastante acabada la fortificación poco antes de su muerte, sobrevenida en 1311; nombró al primer castellano, Pere Antic, y dio el visto bueno al primer capellán del oratorio, Julià Fabra. Si bien el rey Sanç ya pudo residir en dicho palacio, las obras se prolongaron hasta 1330, cuando los albañiles Pere Tallada y Francesc Santa Creu completaron la obra del foso.

El siglo XVI se caracterizó por diferentes obras derivadas de los adelantos de la tecnología militar; se hicieron obras de fortificación de defensa artillera, una muestra es el revellín, obrado en 1551 por Andreu Pons. También se instalaron piezas de artillería, necesarias para la defensa de la ciudad y del puerto ante el peligro turco. Las modificaciones que se hicieron supusieron la pérdida de las almenas de la azotea superior. En 1567, un rayo afectó a la fortaleza y originó un devastador incendio. Las obras de restauración serían considerables, puesto que se invirtió la suma de 4.000 libras. Parece ser que este rayo derrumbó la torre de mediodía, opuesta a la del homenaje, y los muros vecinos.

Puerta de entrada principal

La puerta principal está rematada con un arco de medio punto dovelado. Conserva las cuerdas del viejo puente levadizo, que en el siglo XV fue sustituido por el actual puente de piedra; está protegido por la saetera y un matacán superior sostenido por cuatro ménsulas o canecillos. Adosada al matacán está la torre o atalaya noroeste.

Planta baja

Del interior del castillo destacamos, en primer lugar, el vestíbulo, rectangular y de bóveda rebajada, con una lápida dedicada a Alexandre Jaume i Rosselló, la puerta de la dirección del castillo (izquierda) y una puerta de arco de medio punto (derecha) que comunica con la planta noble. Podemos dar la vuelta al corredor de la planta baja, donde se hallaban las dependencias del personal de servicio y de los soldados de la guarnición. Nos fijamos en el techo de madera y en la arquería de 21 columnas de madera cuadrada achaflanadas, donde se apoyan arcos de medio punto. La pared medianera cuenta con ventanillos abocinados y quince puertas, cuatro de arco de arco de medio punto y diez adinteladas.

El patio de armas, de planta circular, cubre un inmenso aljibe que se completa con un gran brocal cuadrado. Los elementos más destacables son el pavimento de piedra de Santanyí, la moldura perimetral, y el alero de madera con ménsulas, de casi dos metros de anchura.

En 1931, durante los primeros meses de la II República, el Estado cedió la fortaleza y el bosque al Ayuntamiento de Palma, gracias especialmente a las gestiones de Alexandre Jaume. El año siguiente se fundó el Museo de Bellver, que con el tiempo sería el Museo de Historia de la Ciudad. Las salas de la planta baja alojan actualmente este museo que permite conocer la evolución urbana y histórica de la ciudad de Palma, desde la edad del Bronce hasta la actualidad.

Planta noble

Ascendemos a la planta noble por una escalera de dos tramos, moderna, que sustituye a la antigua escalera de caracol. La cubierta del corredor tiene 21 tramos de bóveda de crucería, como todas las estancias de este piso. La pared medianera tiene trece puertas y once ventanas, nueve de las cuales geminadas, mientras que la galería que se abre al patio tiene un total de 42 arcos apuntados sostenidos por columnas de fuste octogonal, formando tréboles calados o trifolios. La base es diferente según si pertenece a los arcos grandes o a los pequeños: los primeros tienen base de sección cuadrada, con una entalladura en sus ángulos, mientras que los arcos pequeños tienen base octogonal; los fustes son de grosor variable y los capiteles tienen un relieve de plumas u hojas.

Una de las estancias de esta planta es la capilla de Sant Marc, con puerta de arco de medio punto, coronado por una cruz trilobulada; conserva el pavimento original, de azulejos con decoración geométrica de color verde, y restos de pintura mural con representaciones religiosas. El nuevo retablo data de 1718 y fue patrocinado por el gobernador del castillo, Pere de Montellano, y su autor fue Antoni Ventallol. Actualmente, tras el altar se encuentra un palio o frontal bordado que representa el Ángel Custodio de la Ciudad de Mallorca, flanqueado por representaciones de San Gregorio y Santa Práxedes. La sala conserva restos de pintura mural.

En 1408 se designó a los monjes cartujos de Valldemossa como gobernadores titulares de Bellver con derecho a nombrar un lugarteniente y entregarle las llaves del castillo. Una real orden de 1719 disolvió esta potestad, pero el monasterio conservó el señorío, y se percibía una renta anual de 50 libras hasta la Ley de Desamortización promulgada por Mendizábal (1835). El 13 de junio de 1867 fue el último día que se celebró misa en la capilla del castillo; los ornamentos litúrgicos fueran trasladados al oratorio del Hospital Militar.

A continuación, entre la torre noreste y la torre este, encontramos dos cámaras. La primera cuenta con un hogar relativamente moderno, situado ante el cabezal de la escalera de caracol que sube de la planta baja, y en la pared exterior, se abren dos ventanas. La segunda cuenta con una ventana geminada y un portal de dintel lobulado que comunica con la torre de levante.

En la siguiente estancia encontramos la sala Jovellanos, donde pasó cautiverio entre el 5 de mayo de 1802 y el 6 de abril de 1808 el ilustrado Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811), antiguo ministro de Carlos IV y víctima de la política de Godoy. A pesar de las duras condiciones del confinamiento, Jovellanos escribió diversas obras en el castillo, algunas con la fortaleza misma como punto de partida. En la pared de la izquierda según se entra, se encuentra una lápida dedicada al escritor y pensador, coronada con un busto trabajado por el escultor Jacinto Mateu y una inscripción con letras doradas. En esa misma pared y también en la que mira al exterior hay restos de grafitis murales con versos manuscritos por Jovellanos, ambos enmarcados sencillamente y conservados sobre el estuco antiguo.

A continuación se encuentran las estancias reales, es decir el salón del trono, con un trono con doselete y dos pinturas de K. Krekovic que representan a Jaime I y la muerte de Jaime III, y la sala de la Reina, que conecta por una pequeña puerta con la torre sur.

Le siguen las estancias qua actualmente alojan los fondos de la colección del cardenal Antoni Despuig i Dameto (1746-1813), donde se exhiben lápidas, objetos romanos y copias clásicas del siglo XVIII distribuidas en tres estancias, y finalmente la cocina, muy grande y espaciosa, con una gran campana con revellín situada sobre el antiguo hogar, una pila con un panel cerámico dedicado a San Sebastián y otra pila dedicada a Nuestra Señora de la Merced.

Planta superior

Ascendemos a la plataforma superior o azotea del castillo, que nos ofrece excelentes vistas de la bahía, de la ciudad y de buena parte de la isla. En ella encontramos las puertas de las tres torres albacaras; la mayor de las tres es la torre sur o de la Reina, con puerta redonda, cubierta de bóveda de cañón y tres ventanas rectangulares, una por cada planta. Encima de la ventana superior se distingue el escudo con las cuatro barras con una corona real encima. También se encuentran los accesos a las cuatro torres o garitas semicirculares, también conocidas como guaitells (atalayas) y que originariamente se encontraban almenadas.

Podemos fijarnos en el sistema de recogida de agua de lluvia que, desde la plataforma y las azoteas de las torres, vierte en el aljibe, y podemos buscar los grafitos, entre los que destacamos Vive Napoleón, realizado por un prisionero de la Guerra del Francés y situado entre la torre flanqueante sureste y la torre sur.

Torre de l‘Homenatge

Finalmente, podemos visitar esta torre con cuatro estancias comunicadas por una escalera de caracol de 118 escalones. Las dos estancias superiores tienen ventanas con arco apuntado con poyos de piedra en los laterales; las dos cámaras inferiores se destinaron desde antiguo a prisión y podemos ver el boquete por donde, según se cuenta, se bajaba a los prisioneros. Aún más abajo hay un tercer espacio que ocupa toda la amplia base de la torre que forma el talud, llamada la Olla, de cuatro metros de alto y cubierta de bóveda. Fue concebido como aljibe o depósito de agua, que en caso de sitio permitía a quien defendiera la torre sobrevivir autónomamente; todavía se pueden ver los restos de las conducciones de agua que provienen de la plataforma superior de la torre y el estucado de las paredes interiores. Pero este espacio oscuro y húmedo, sin más entrada que el boquete superior, hasta 1830 fue utilizado también como terrible e inhumano calabozo.

Con motivo de la Guerra Civil (1936-39) el castillo fue habilitado como un enorme presidio, donde llegaron a convivir unos 800 prisioneros republicanos, entre los que estuvieron el diputado Alexandre Jaume y Emili Darder, alcalde de Palma, que más tarde fueron fusilados. Los prisioneros construyeron el camino que une el castillo con el Terreno. En 1978 se celebró el acto de constitución del Consejo General Interinsular, primer organismo autonómico de la Democracia. Actualmente el castillo de Bellver abre las puertas a miles de visitantes y es la sede de actos sociales y culturales de relevancia.