La población: tiempo de peste

La acentuada inestabilidad social y económica que fue consecuencia de los episodios bélicos relacionados con la reincorporación del reino de Mallorca a la Corona de Aragón (1343-1349), fue seguida por el latigazo de la gran epidemia de peste negra de 1348, que afectó a casi toda Europa occidental. La disminución de la recaudación del morabatí —tributo que pagaban la mayoría de familias- puede resultar indicativo de los efectos de la peste: en 1350, la recaudación de Ciutat había menguado —respecto de 1343- en un 4,4% y la de la Part Forana en un 23,5%. Pero esa sólo fue la primera embestida pestífera. Durante toda la segunda mitad del siglo la población de Mallorca vio reducir sus efectivos como consecuencia de diferentes pestes y de otras enfermedades contagiosas, que la documentación suele denominar genéricamente como morbo; especialmente virulentas resultaron las epidemias de 1362 y de 1375. El miedo y la presencia de estas enfermedades pasaron a formar parte de la experiencia vital de la población mallorquina de la época. En la memoria colectiva, la gran peste de 1348 pasó a ser sólo “la primera mortalitat”, una de las tantas epidemias que diezmaron la población mallorquina en la Edad Media. Por otra parte, la mengua de la población también se vio favorecida por las frecuentes carestías alimenticias y, en general, por la crisis económica por la cual atravesaba el Reino de Mallorca. De hecho, las fuentes institucionales coinciden en señalar la reducción de los efectivos demográficos a fines del siglo XIV: en 1382, las autoridades mallorquinas afirmaban que el día “el dia d’avui [Mallorcha] no és així copiosa de poble com solia”, y en 1392 que “la ciutat e Regne sien al present molt buides de gent!”. Esta tendencia se agravó todavía más como consecuencia de la Revolta Forana de 1450, y de la represión que la siguió. La disminución del morabatín recaudado con posterioridad a ese movimiento social constituye una muestra palpable de la mengua de población motivada, directamente o indirectamente, por las contiendas bélicas, pero también resulta indicativa del aumento del número de familias pobres, que no tenían suficiente riqueza para contribuir al tributo. A pesar de lo anterior, en la segunda mitad del siglo XV la población mallorquina inició rápidamente su recuperación, que se interrumpió —aunque sólo temporalmente- como consecuencia de la peste de 1493-1494. Los efectos de la epidemia, aunque significativos, no impidieron la reanudación del crecimiento, que situó la demografía isleña en niveles próximos a los alcanzados en la primera mitad del siglo XIV. Pero esa dinámica ascendente volvió a interrumpirse de manera inesperada. En esta ocasión, a consecuencia de la Germanía.

Los grupos sociales

En la sociedad mallorquina de la Edad Media coexistieron diferentes grupos sociales, definidos tanto por el origen como por la religión. Una coexistencia marcada por la segregación social a qué sometía el grupo mayoritario -la población cristiana, de origen mayoritariamente catalán- a las dos minorías que también integraban la sociedad mallorquina, los esclavos y los judíos. Estos últimos disponían de una organización autónoma -laAljama- reconocida por el rey. En cambio, la situación de los esclavos -de origen no mallorquín, una vez extinguida la población musulmana autóctona, a finales del siglo XIII- era ciertamente diferente, ya que venía definida por su condición jurídica, concretada básicamente en la privación de libertad y la sumisión a las órdenes del propietario. Tanto los judíos como los esclavos fueron objeto de una severa legislación discriminatoria y de control, que los convertía como grupos aparte de la mayoría cristiana vieja o “denatura”.

Los cristianos viejos o “de natura”

La población de origen catalán constituía en la sociedad mallorquina nacida con la conquista del 1229 el grupo predominante, tanto culturalmente como socialmente y demográficamente. Esto explica que, durante la Edad Media, el apelativo catalán se convirtiese en Mallorca en un sinónimo de cristiano viejo —o de natura, usando la terminología mallorquina de la época- y que fuera empleado, conjuntamente con el genérico cristiano, para distinguir a los cristianos de natura de los esclavos, de los libertos (esclavos que habían conseguido la libertad), de los judíos, los conversos y por los descendientes de todos ellos. Así puede apreciarse en las ordenanzas y capítulos de los gremios, en las disposiciones y órdenes de ámbito general y en documentación de diversa índole. Por ejemplo, en 1384 se mandó que “alcuna filla de cativa e de català o de altre home franc (…) no gos portar draps de seda” y en 1420 se prohibió que el oficio de curtidor fuera ejercido por “negun catiu ne que sia estat catiu, o fill de catiu o cativa, si doncs no era fill de cativa e de català”. En este contexto, esta afirmación onomástica no conllevaba ninguna vindicación de catalanidad política. Simplemente, remitía a una condición social, asociada a un origen mayoritario y a la profesión del catolicismo romano, mediante la cual la mayoría cristiana de natura pretendía remarcar que su condición de grupo social dominante y mayoritario tenía sus raíces en la conquista de Mayûrqade Jaime I.

Los esclavos y los cautivos

Si algo caracterizó la sociedad mallorquina medieval en relación a otras sociedades cristianas de la actual Europa occidental, fue sin duda la importancia que revistió la esclavitud: se ha estimado que la población esclava pudo constituir entre el 10 y el 30% de la población total de Mallorca durante el siglo XIV. Es por lo anterior que la historiografía europea ha llegado a calificar Mallorca como “el centro de la elaboración de la esclavitud moderna” —en palabras de Henri Bresc- o que se ha afirmado —así lo hizo Charles Verlinden- que la situación del reino de Mallorca en la segunda mitad del siglo XIV evoca “aquella que se produce a menudo en las colonias de plantación de América algunos siglos más tarde”. De todas maneras, y en relación a lo anterior, debe tenerse en cuenta que la esclavitud era un hecho habitual en el mundo mediterráneo, tanto en la Cristiandad como en el Islam. La importancia de la esclavitud en el Reino de Mallorca probablemente debe relacionarse con la facilidad existente para el aprovisionamiento de esclavos, que se derivaba de la posición estratégica de la isla en las rutas dedicadas a ese comercio humano. El término con que eran designados normalmente los esclavos —“catius”, es decir, cautivos- resulta indicativo de como se convirtieron en esclavos la gran mayoría: mediante la captura. Pero la esclavitud podía tener además otro origen: el nacimiento. O, más concretamente, tener padres esclavos o ser un “bord” (bastardo) hijo de un padre libre y de una madre esclava. Profesar una religión diferente al cristianismo era uno de los factores que permitían y, en ciertos contextos, hasta propiciaban la esclavitud. En principio los cristianos no podían esclavizar ni ser esclavos de otros cristianos, pero esto no fue óbice para que un gran número de griegos y de sardos, todos ellos cristianos, fueran esclavizados, ni tampoco lo fue para que los esclavos convertidos al cristianismo continuasen privados de libertad. Por lo que respecta al origen de los esclavos, este fluctuó considerablemente:en el siglo XIV predominaron los griegos, los sardos y los musulmanes; en el siglo XV, según el historiador Onofre Vaquer, pueden diferenciarse con claridad dos períodos; a saber: la primera mitad de la centuria, caracterizada por el predominio de esclavos procedentes deEuropa oriental y Asia; y la segunda, que lo fue a su vez por el de los musulmanes norteafricanos negros y turcos.

En la Part Forana, los esclavos solían trabajar en las explotaciones agrícolas de sus propietarios, que normalmente eran terratenientes adinerados, poseedores de alquerías y rahales; en la ciudad, solían trabajar en la artesanía, como trajineros y, especialmente las mujeres, en el servicio doméstico de la aristocracia y de personas acomodadas. La situación de los esclavos conocía una amplia diversidad de situaciones, que comprendían desde lasemilibertad hasta el padecimiento de todo tipo de malos tratos. Buena parte de los esclavos —a excepción de aquellos que ya eran cristianos- se convirtieron al cristianismo, o eso es lo que se desprende del hecho de que adoptasen una onomástica procedente del santoral cristiano.

El propietario podía liberar el esclavo en su testamento o concederle la libertad cuando lo hubiera servido durante un cierto tiempo. Pero las liberaciones voluntarias no eran una cosa habitual. Normalmente, para poder liberarse, el esclavo tenía que establecer con su propietario —que debía prestar su consentimiento previo- un contrato de talla o de setmana. Estos contratos conocían varias modalidades, pero todos coincidían en lo esencial: fijaban un precio para su liberación y lo situaban en una condición de semilibertad, lo que le permitía alquilar bienes inmuebles, trabajar por cuenta ajena y negociar, normalmente haciendo préstamos, con las ganancias que hubiera obtenido mediante el ejercicio de estas actividades. No es de extrañar, por tanto, que las ansias de libertad propiciasen la autoexplotación de la mano de obra esclava.

Los esclavos en proceso de liberación (denominados “setmaners” en la documentación) solían trabajar como jornaleros en las explotaciones agrícolas, talleres y otras actividades que requerían mano de obra suplementaria. Pero las diferencias entre los salarios masculinos y femeninos jugaban en contra de las esclavas “setmaneres” y hacían más difícil que pudieran conseguir regularmente la cantidad fijada como pago. Seguramente esto explica que muchas se viesen forzadas a recurrir a la prostitución; de hecho, setmanera y prostituta llegaron a convertirse en términos sinónimos. Esta práctica, que fue prohibida repetidamente, debía de ser una de las pocas posibilidades de qué disponían las esclavas para reunir el importe que debían pagar como precio de su libertad.

Si el esclavo llegaba a pagar el importe fijado en el contrato, obtenía su liberación y pasaba a ser “franc i alforra” (liberto). Una vez libre, tenía dos opciones: regresar a su lugar de origen u optar por establecerse definitivamente en la isla, dedicándose a las actividades características de los estratos más bajos de la población. Jurídicamente, nada diferenciaba al antiguo esclavo o esclava del resto de personas libres. Pero la igualdad jurídica no suponía en realidad el fin de la segregación: haber sido esclavo o ser hijo de esclavos constituía una especie de estigma social, como lo muestra que los antiguos esclavos y sus descendientes fueran privados de ejercer determinados oficios o que, normalmente, los libertos se casaran con libertas.

Los judíos y los conversos

La población judía mallorquina, que vivía organizada en una comunidad regulada según la ley judaica -aljama-, vivía concentrada en el call (judería) de Inca y, en su gran mayoría, en el de Ciutat, aunque se documenta su presencia en numerosas villas. Los judíos, a causa de sus creencias religiosas, fueron víctimas de una segregación que se incrementó paulatinamente y que llegó a obligarlos, por ejemplo, a ir vestidos con una indumentaria o símbolos distintivos. También fueron privados, mediante la ley o por la práctica consuetudinaria, de una parte significativa de los derechos de qué disfrutaba la mayoría cristiana, como el acceso a los cargos administrativos. Además, fueron objeto de frecuentes persecuciones y de continuas prácticas intimidatorias, sobre todo durante la Semana Santa. Al odio y animadversión de qué eran objeto por su religión, se añadía el motivado por una de sus actividades más características, junto con el comercio y los trabajos de la artesanía: el préstamo dinerario. Ciertamente, los judíos se aprovechaban -como lo hacían también muchos cristianos- de las dificultades económicas que asfixiaban los prestatarios, pero no es menos cierto que no eran la causa de esa situación. Las amenazas y las agresiones de tipo esporádico se convirtieron en un alboroto generalizado cuando, en julio de 1391, se propagó en Mallorca la oleada de antisemitismo que, aquel año, se había extendido, como una mancha de aceite, en gran parte de la Europa católica y que solía materializarse en persecuciones y asaltos en las juderías. En agosto de 1391, un gran número de hombres de la Part Forana, a los cuales se unió un buen número de residentes en Ciutat, destruyó el Call deInca y asaltó el deCiutat y, al parecer, también hicieron lo mismo con las viviendas de los judíos del resto de villas de Mallorca. Es cierto que este levantamiento tuvo también una indudable vertiente reivindicativa -sus portavoces solicitaron, entre otras iniciativas, la supresión de los impuestos indirectos y profundas reformas institucionales-, pero no es menos cierto que este episodio no se puede desligar del intenso antisemitismo de la mayoría cristiana “de natura”.

Los asaltos y saqueos causaron el pánico de los judíos mallorquines: muchos huyeron, sobretodo al norte deÁfrica y los hubo también que continuaron residiendo en la isla, convirtiéndose al cristianismo. Aún así, una fracción importante de los judíos mantuvo su residencia en Mallorca. La conversión no libraba a los antiguos judíos de la segregación ya que, tal como afirma el historiador Pau Cateura, el converso continuaba siendo un ciudadano bajo sospecha. Bajo la sospecha de querer huir a África y abrazar de nuevo el judaísmo, o de practicarlo en privado y de relacionarse con los judíos que continuaban habitando en el Call. En 1435, ante el peligro de volver a sufrir un ataque parecido al de 1391, la totalidad dejudíos mallorquines se convirtieron al cristianismo. Una conversión que, muy a menudo, sólo fue nominal lo que motivó, a partir del 1488, las persecuciones de la nueva Inquisición castellana.

El incremento de la fiscalidad y la deuda pública

En los últimos decenios de la dinastía privativa de Mallorca, y sobre todo a partir de la reincorporación del Reino de Mallorca a la Corona de Aragón, se asistió a un aumento continuado de la presión fiscal. Ese aumento de la fiscalidad, común a los diferentes territorios de la Corona de Aragón, estaba causado básicamente por dos causas. En primer lugar, por la financiación de la política expansionista de la Corona de Aragón en el Mediterráneo. En segundo lugar, por la voluntad de la monarquía de mantener el volumen de sus rentas, muy menguadas como consecuencia de la crisis agraria y de diferentes epidemias, entre las cuales destaca la Peste Negra de 1348. Esta fiscalidad conoció dos modalidades básicas: la indirecta, que gravaba determinadas actividades y el tráfico de productos, sobre todo de los de primera necesidad, y de las mercancías; y la directa, implantada sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XIV, que consistía en repartir la cuota fiscal asignada a cada población (la talla) entre sus vecinos, en función de la riqueza decada uno de ellos.

La Universidad del Reino de Mallorca, ante la insuficiencia de los mecanismos recaudatorios ordinarios, tuvo que recurrir a la emisión de deuda pública para poder paliar su falta de liquidez. La adquisición de la gran mayoría de esta deuda por acreedores del Principado de Cataluña provocó un problema añadido, la constante sangría de moneda hacia otras entidades políticas. El endeudamiento por este concepto pronto adquirió proporciones alarmantes. En 1372, el pago de los intereses consumía el 90% del total de los impuestos ordinarios. El diseño y aplicación de diferentes planes de reforma de la hacienda del Reino no pudieron impedir su quiebra. En 1405 se acordó el denominado Contrato Santo, mediante el cual todos los ingresos procedentes de los impuestos se dedicaron al pago y la amortización de la deuda. Este Contrato no consiguió solucionar la crítica situación de las finanzas, a causa del desequilibrio existente entre los ingresos y los gastos del Reino y, seguramente, porque la liquidación de la deuda no interesaba a buena parte de la clase dirigente isleña, puesto que iba incrementando paulatinamente su importancia como acreedora del Reino y que pasó a obtener buena parte de sus rentas por este medio.

Esta situación se agravaba todavía más por una constante en la historia del Reino de Mallorca, las frecuentes carestías de cereales, que obligaban a la Universidad del Reino a llevar a término continuas compras de trigo en mercados exteriores para el abastecimiento de la isla. El drenaje de moneda que suponían estas compras sólo era paliado por los ingresos reportados por las dos principales fuentes de ingresos del Reino: en primer lugar, y no necesariamente por orden de magnitud, la actividad mercantil, que mantuvo su importancia, a pesar de la contracción del tráfico comercial en el Mediterráneo; en segundo lugar, laexportación detejidos mallorquinesen diferentes mercados mediterráneos, sobre todo italianos. La manufactura textil mallorquina se benefició de la abundancia de la producción de lana de la isla y del control de determinados mercados por la Corona de Aragón, como el sardo y el siciliano, y experimentó un gran desarrollo en la segunda mitad del siglo XIV, que continuó durante todo el siglo XV. Como consecuencia de ese desarrollo, la actividad manufacturera devino uno de los puntales de la economía isleña, tanto por el volumen de los ingresos que generaba, como por la población que estaba involucrada, directamente o no, en su producción.

La segunda mitad del siglo XIV y el siglo XV serían momentos difíciles para la agricultura mallorquina, puesto que la producción agraria, sobre todo la de cereales, descendió muy por debajo delos niveles alcanzados durante la primera mitad del siglo XIV. Esa disminución, que se enmarca en una tendencia recesiva similar a la que se experimentaba en el resto de economías feudales, no se debía únicamente a la mengua de población que se produjo en Mallorca durante esta época, como se deduce del hecho que las cosechas disminuyesen tanto en magnitudes absolutas como también en lo que concierne a la producción por cápita, que también se redujo significativamente durante la segunda mitad del siglo XIV. Por lo tanto,en esa tendencia recesiva intervenían a la vez diferentes factores, que iban desde la misma crisis demográfica hasta la reconversión de espacios de cultivo en pastos dedicados a la ganadería, ya que esta última actividad se veía estimulada por el incremento de la demanda de lana generado por la manufactura textil mallorquina y, en buena parte, del exterior de la isla, fundamentalmente de las repúblicas italianas.

El Reino de Mallorca, parte de la Corona de Aragón

Tras su reintegración a la Corona de Aragón (1343), el Reino de Mallorca conservó sus instituciones, hasta que fueran abolidas por el Decreto de Nueva Planta. En consecuencia, su única vinculación con el resto de territorios de la Corona fue compartir el mismo rey y la asistenciaa las Cortes Generales. Los reyes, como también era habitual en tiempo de la dinastía privativa de Mallorca, no residían en Mallorca, sino que delegaban sus atribuciones en un gobernador o en un lugarteniente, que gobernaba el Reino en su nombre. La Universidad de la Ciudad y Reino de Mallorca y su consejo -posteriormente denominado Gran i General Consell- se convirtieron en el máximo organismo del Reino, con unas atribuciones parecidas, pero de menor rango, a las que tuvieron las cortes en los otros territorios de la Corona. En el Consejo estaban representados los diferentes estamentos de la Ciudad (los caballeros, los ciudadanos, los mercaderes, los menestrales) y el conjunto de los habitantes delaPart Forana (forans o pagesos). El sistema de representación distaba mucho deser proporcional. Ninguno de los jurados era forà yel número de los consejeros de la Ciutat —aunque estaban divididos en estamentos- rebasaba ampliamente a los dela Part Forana, que sólo constituían, aproximadamente, una tercera parte del total. Las continuas quejas de los forans no pudieron impedir que se primasen los intereses de la Ciudad. La gente de las villas veía cómo la Part Forana era objeto, globalmente, de una fiscalidad que no estaba acorde con la riqueza de sus vecinos. Y los forans también se daban cuenta que una parte significativa de la aristocracia ciudadana, particularmente la que tenía un origen forà, conseguía eludir la fiscalidad mediante diversas artimañas. Por otra parte, la mayoría de inversiones y gastos se concentraban en la Ciudad. Los forans también se quejaban de las continuas malversaciones de los fondos públicos que protagonizaban los diferentes bandos o facciones que luchaban por el control de la Universidad del Reino de Mallorca. Se había sembrado la semilla del conflicto armado entre la Part Forana y las clases dirigentes de laCiutat, que brotó por primera vez en 1391, y que estalló de manera estrepitosa en la Revolta Forana de 1450.

La Revolta Forana

LaRevolta Forana enfrentó la mayoría de la población de las villas con las clases dirigentes de laCiutat y con una parte de los payeses acomodados (recatxats). Tal y como explica el historiador Guillem Morro, sus causas, a excepción del antisemitismo, fueron básicamente las mismas que habían causado la primera revuelta de 1391: poner freno al incremento de la fiscalidad, conseguir la redistribución de la carga fiscal entre la Ciudad y la Part Forana, y acabar con la corrupción administrativa del Reino de Mallorca, que se había agravado todavía más debido a la lucha de bandos que enfrentaba la oligarquía ciudadana.

La chispa que encendió definitivamente los ánimos de los forans fue la exigencia, en 1450, de un capbreu (declaración de posesiones) sobre los bienes de realengo. El capbreu comportaba, para los poseedores de los bienes, la obligación de presentar los instrumentos notariales que pudieran demostrar sus derechos sobre la tierra que poseían y que muchos no tenían o habían perdido. En Manacor y Petra los encargados de la confección del capbreu fueron apedreados ytuvieron que refugiarse en Ciutat. Poco tiempo después, forans armados, procedentes de diversas poblaciones, empezaron a reunirse y a prepararse para el combate.

Día 26 de julio se concentraron enInca hombres de diferentes villas. Al día siguiente se presentó ante las murallas de Ciutat un ejército de unos 5.000 pagesos (es decir, payeses, término con el cual eran conocidos también los forans), que sitiaron Ciutat, cortando el agua de la acequia de la font de la Vila, que abastecía la población. Los forans, que contaban con las simpatías de buena parte de los artesanos deCiutat, no se retiraron hasta el 1 de agosto, gracias a la mediación del obispo deUrgell. Antes de retirarse, entregaron al gobernador un memorial de 31 capítulos que contenía sus reivindicaciones. En estos capítulos se solicitaba la supresión o reforma de diferentes cargas fiscales, se denunciaba la corrupción de la administración del Reino y los excesos que cometían en la Part Forana diferentes cargos y oficios reales, como también el hecho que en la Universidad del Reino se ignoraban diferentes privilegios concedidos a la ruralía mallorquina. Pero, sobretodo, los capítulos cargaban contra la oligarquía ciudadana, a la cual acusaban de haber causado la ruina del Reino como consecuencia de las luchas de bandos y de haberse apropiado de más de 112.000 libras procedentes de los caudales públicos. Los forans exigían la restitución al erario público de las cantidades de qué se habían apropiado los que habían ejercido los cargos, demandando además que se cumpliera la legislación vigente en materia de pago de la deuda pública.

Pero las demandas iban más allá, puesto que los forans propusieron que laPart Forana se separara administrativamente deCiutat y que, en caso de que se perjudicase de forma notoria a los intereses del rey o de que se contraviniesen los capítulos, los payeses se pudieran reunir y actuar defendiendo, según su argumentación, los intereses de la monarquía, “per exaltació de la dita corona reial o morir tots temps en defensió d’aquella”.

Los sublevados, por tanto, siempre se presentaron como súbditos fieles del rey y como defensores de los intereses de la Corona. Una imagen, o una actitud, que las clases dirigentes deCiutat trataron de contrarrestar convirtiéndola en una subversión política. La oligarquía ciudadana afirmaba que los forans pretendían entregar el Reino de Mallorca a Renato de Anjou, rival del rey de Aragón, Alfonso el Magnánimo, puesto que el mencionado Renato era el sucesor de los derechos hereditarios de la hija de Jaime IV sobre el Reino de Mallorca.

El 20 de enero de 1451 el rey se pronunció sobre lo acontecido durante el levantamiento forà, de manera totalmente contraria a los intereses de los sublevados: en la práctica, los capítulos restaron derogados y se obligaba a la Part Forana a indemnizar a los ciudadanos por los daños causados durante el asedio. Estas decisiones del rey debieron decidir al gobernador, Berenguer d’Olms, a iniciar la represión. El rey le había concedido poder extraordinario para que dictaminase en su nombre sobre los hechos del alzamiento. El gobernador impuso durísimas condiciones a los payeses a cambio de su absolución: que renunciasen, a favor del monarca, al cobro del dinero del cual se consideraban deudores, y que las villas, en concepto de servidumbre perenne e irredimible, pagasen 2.000 libras cada año. Lo anterior, la condena a muerte de dos dirigentes foráneos, y que se tuviera en cuenta la acusación según la cual los forans querían entregar el Reino a Renato de Anjou, propició que se volviera a producir un nuevo levantamiento forà, esta vez dirigido por los elementos más radicales de la ruralía.

El 18 deabril, el ejército payés, esta vez encabezado por en Simó Tort Ballester, volvió a asediar Ciutat. No se retiró hasta día 24 de abril, tras haber conseguido que el gobernador les otorgase el perdón por todos los crímenes que les eran imputados y la condonación de todos los daños que los labradores hubieran causado en las haciendas y bienes de los ciudadanos y de los forans contrarios al levantamiento (recatxats). A partir de entonces, el gobernador puso en práctica otra estrategia: enfrentar a los forans contrarios al levantamiento con los partidarios de la revuelta. Trataba, en definitiva, de convertir el levantamiento en una guerra civil. Con este objetivo el 29 de abril el lugarteniente del gobernador, Jaume Cadell, se dirigió a diferentes villas, llegando a reunir un ejército de unos 1.500 payeses. Cuando los dos ejércitos se encontraron en las proximidades de Muro, los hombres de Cadell no hicieron caso de sus arengas y la gran mayoría se unieron a los sublevados.

Seguramente con la moral alta por este hecho, el 5 de mayo los forans se volvieron a presentar ante las puertas de Ciutat, iniciando un nuevo asedio, el más largo y efectivo. En esta ocasión cortaron el abastecimiento de agua y consiguieron bloquear el abastecimiento de víveres de la población. También habían establecido tratos con un grupo de artesanos de la ciudad, dirigidos por el pelaire Pere Mascaró, que el 12 de mayo debía abrirles las puertas de la muralla. Pero estos artesanos fueron traicionados y algunos de ellos fueron detenidos y ejecutados. Fracasado este intento, los sublevados construyeron una especie de ariete, con el cual querían derrocar una parte de la muralla.

Mientras esto sucedía, tanto los ciutadans como los forans remitían continuas embajadas a la Corte de la reina en Barcelona. Una iniciativa que, en principio, resultó favorable a los forans, puesto que la monarca decidió enviar a Mallorca dos comisionados para negociar la firma de un tratado de paz, juntamente con el gobernador y una comisión negociadora integrada por un miembro de cada municipio de la Part Forana. Atendiendo al éxito, cuando menos aparente, de los tratos con la reina, los forans empezaron a levantar el asedio día 3 de junio. Desgraciadamente para ellos, las negociaciones no tuvieron otro efecto que el gobernador, Berenguer d’Olms, fuese destituido por la reina.

Las negociaciones con la corte del rey en Nápoles no siguieron el mismo camino, puesto que el rey decidió apoyar a los ciudadanos, enviando a Mallorca un ejército de mercenarios, compuesto de 1.000 soldados profesionales y de 400 caballeros que día 30 de agosto destrozó la hueste payesa. La derrota de la revuelta era una realidad incontestable, a pesar de que la resistencia de un pequeño grupo de sublevados se prolongase hasta 1453, cuando fueron capturados. Durante la primavera y el verano del 1453 las autoridades llevaron a término una feroz represión que llenó de hombres colgados y ajusticiados los principales cruces de caminos.

A pesar de la derrota y la represión de la revuelta, el rey aún no había dictado sentencia sobre los hechos, que se demoró hasta 1454. La sentencia, en realidad un conjunto de resoluciones reales, restituían, sin ningún tipo de modificación, el estado de cosas anterior al levantamiento. Además, el rey condenó a la Part Forana al pago de una multa de 150.000 libras, a la satisfacción de los impuestos que había dejado de pagar durante la revuelta, que sumaban 100.000 libras, y a pagar a la mitad del coste del mismo ejército que había derrotado a los payeses, y de 24.000 libras más en concepto de daños.

Por consiguiente, el pago de las multas y las indemnizaciones se añadió a los efectos de la represión de la revuelta. La mengua de la recaudación del tributo del morabatín -usado como indicador demográfico- refleja la disminución y el empobrecimiento de la población durante la segunda mitad del siglo XV. Por otra parte, los altos niveles de endeudamiento ahogaban a las economías de los forans acomodados, en su mayoría poseedores de las explotaciones más importantes, las alquerías y rahales. Muchos tuvieron que hipotecarlas y, finalmente, los más de estos se vieron obligados a venderlas a aristócratas de Ciutat oa forans acomodados. Además, buena parte de estos últimos trasladaron su domicilio -el oficial, al menos- a Ciutat, con el fin de rehuir el pago de las indemnizaciones y de la fiscalidad municipal, dado que se contribuía en el lugar de residencia oficial y no en el término en el cual se poseían los bienes. Esas transferencias de dominio y de cambio de residencia acentuaron todavía más el peso de todas las cargas fiscales que recaían en las haciendas municipales de las villas foráneas y, consecuentemente, sobre las espaldas de sus vecinos.

La Germanía

En principio, La Germanía fue primordialmente un levantamiento antifiscal, que pretendía básicamente la consecución de reformas institucionales. Otra cosa es que derivase en una subversión del orden establecido. Aunque resulta evidente que estaba inspirada y relacionada con movimientos coetáneos -las Comunidades de Castilla, y, sobre todo, la Germanía valenciana- parece haber un relativo consenso entre la historiografía a la hora de considerar que la Germanía era básicamente un rebrote de la conflictividad social que ya había estallado en el asalto en Ciutat de 1391 y en la Revolta Forana de 1450. En torno a 1520, la deuda pública absorbía la práctica totalidad de los ingresos del Reino. El peso de la fiscalidadresultaba cada vez menos soportable para los vecinos más humildes de la Ciutat y para la gran mayoría de los residentes en la Part Forana, que soportaban una mayor presión fiscal por cápita. No es de extrañar, por tanto, que los payeses endeudados continuasen viéndose obligados a vender sus haciendas a la aristocracia ciudadana. El problema que suscitaba la forma de contribución parecía haberse resuelto mediante una sentencia de Fernando el Católico, en la cual ordenaba la confección de un catastro, que debía servir de base para que todo el mundo contribuyera a las arcas públicas en función de su riqueza y para que lo hiciese allí dónde poseyera los bienes. Pero años después, finalizado el año 1520, todavía no se habían iniciado los trabajos para la realización del catastro. Según el historiador Josep Juan Vidal, el aragonés Miguel de Gurrea, virrey desde 1512, se enfrentaba continuamente con sus subordinados, cosa que sucedía, por otra parte, cuando se consolidaban oligarquías que controlaban los gobiernos municipales gracias a las manipulaciones del sistema de insaculación. Y, además, las continuas carestías de víveres básicos —trigo, fundamentalmente- y la exagerada elevación de los precios exasperaban los ánimos de la gran mayoría de la población.

El estallido de la Germanía valenciana debió de decidir a los menestrales mallorquines a poner en marcha un movimiento similar. En diciembre de 1520 ya se conocía la celebración de reuniones secretas, en las cuales los artesanos expresaron sus intenciones de ponerse en contacto con los agermanados valencianos y proceder a la quitación (supresión) de la deuda pública. Día 6 de febrero, el gobernador ordenó la captura de siete de los conspiradores, que el día siguiente mismo, el día del jueves lardero, serían liberados por un levantamiento integrado por artesanos armados. Entre los liberados, se contaban Joanot Colom y Joanot Crespí, los dos principales líderes de los agermanados. Este último, elegido capitán y instador, intentó mantenerse dentro los límites de la legalidad, por lo que solicitó permiso a las autoridades por constituir comisiones, integradas por representantes de los oficios de la artesanía y por las mismas autoridades, que debían revisar los libros de la Consignación, donde constaban las deudas del Reino e iniciar la redención —la quitació o Santa Quitació- de las deudas.El 16 de marzo del 1521, se destituyó el gobernador por el hecho de ser aragonés, ya que según un privilegio del siglo XIV los de ese origen no podían ejercer el cargo. El mismo día, empezaron a llegar, unos tras otros, representantes de todas las villas, a excepción de Alcúdia, con la finalidad de manifestar su apoyo a la rebelión. El 16 de abril se creó la tretzena, una asamblea constituida por trece miembros, encabezada por Crespí, que empezó a ejecutar, entre grandes muestras de entusiasmo popular, la quitación (supresión) de la deuda y la confección del catastro. Muchos de los contrarios a la Germanía -denominados mascarats, que en su mayoría eran personas adineradas y miembros de la aristocracia–, empezaron a huir, unos embarcándose fuera de la isla y el resto en Alcúdia y Menorca. Mientras tanto, una carta del emperador Carlos, recibida el 30 de marzo, declaraba ilegal la Germanía,amenazando los agermanados con un castigo ejemplar si no readmitían a Miguel de Gurrea, refugiado en Eivissa, como gobernador y no le obedecían como tal. Como consecuencia de esta ilegalización, los ánimos de los agermanados se encendieron todavía más, y empezaron a multiplicarse los actos de violencia contra los mascarats. El 29 de julio, los agermanados asaltaron el castillo de Bellver y asesinaron a muchos de sus defensores. El día 23 de septiembre la tretzena desautorizó a Joan Crespí, líder de la facción moderada de los agermanados, que fue sustituida en el control de la Germanía por Joanot Colom, cabeza visible de la facción radical. Poco tiempo después Crespí fue encarcelado y posteriormente asesinado, al parecer por Francesc Colom, hermano deJoanot Colom. Este último, nombrado instador, emprendió una medida todavía más radical, la supresión de los impuestos indirectos. El control agermanado de la isla era casi total. Sólo restaban sin reducir el castillo de Santueri y la villa de Alcúdia, la única población importante amurallada de la ruralía de Mallorca, donde se habían refugiado un gran número de mascarats. No es de extrañar que el objetivo de los agermanados pasase a ser Alcúdia. Día 11 de noviembre, un ejército de entre cinco mil y seis mil hombres de la Ciudad yde la Part Forana hizo acto de presencia junto a las puertas de Alcúdia. Se iniciaba un asedio que, pese a las diferentes tentativas agermanadas, contrarrestadas por incursiones de los antiagermanados desde Alcúdia, duró hasta finales de septiembre de 1522. En esos días, y tras un intento desesperado de tomar la población, los agermanados decidieron levantar el asedio. Tanto los sitiadores como los sitiados sabían que en poco tiempo llegaría a la isla una armada del emperador por reduhir todo lo reino. Aproximadamente el 13 de octubre llegó a Ciutat la armada del emperador, que posteriormente se dirigió a Alcúdia. Un total de trece naves llegaron a esa población y, entre los refugiados yla armada, se reunió un ejército de cerca de 2.500 hombres, que el día 24 de octubre inició la ocupación de la isla. La primera villa en caer fue Pollença, saqueada por el ejército imperial y en donde más de doscientas personas, mayoritariamente mujeres y niños, murieron asfixiadas dentro de la iglesia. Las derrotas —verdaderas sangrías- de los agermanados en Son Fornari y Rafalgarcés no hicieron sino confirmar la superioridad del ejército imperial, que a últimos de año ya había ocupado toda la isla, a excepción de Ciutat, que resistió hasta el marzo del 1523. La Germanía había acabado; empezaba una represión de una dureza inaudita hasta la época.