Introducción

El estilo renacentista no es precisamente el más abundante de la ciudad de Palma. Si algo caracteriza a la Ciutat es su pasado medieval y su arquitectura gótica, por una parte, y por otro, los patios señoriales de época barroca. Pero entre uno y otro estilo, florecieron en Palma numerosas casas señoriales con ventanas renacentistas y algunas viviendas sobrevivieron al espíritu renovador de los siglos XVII y XVIII.

Esta ruta nos acerca a los principales edificios religiosos, defensivos, civiles y administrativos de la Palma del siglo XVI, desde la Catedral hasta el Consolat de la Mar, pasando por las murallas y diversos casales señoriales.

La introducción del Renacimiento en Mallorca

Este movimiento nace en Italia en el siglo XV. Se extenderá a Mallorca hacia principios del siglo XVI, concretamente vinculado a la ejecución del retablo mayor de la Cartuja de Valldemossa, en 1512, realizado por dos exponentes del Renacimiento español: Damià Forment y Ferrando de Coca.

A partir de la fecha citada, el desarrollo de este estilo es desigual: primero afectará a las artes plásticas religiosas (pintura y escultura), extendiéndose un poco más tarde a la decoración arquitectónica. El primer mecenas de este arte será la Iglesia y, más tarde, será continuada esta promoción por la nobleza mallorquina, que querrá implantar la nueva moda en las fachadas de sus casales como forma de propaganda y prestigio, con un gran desarrollo de la heráldica (ya desde el siglo XV). Sin embargo, cualquier corriente artística pasa al principio por una fase de transición o inicial, que en el caso del Renacimiento, el historiador Santiago Sebastián llama Protorrenacimiento.

La irrupción de la nueva corriente está relacionada con una serie fenómenos que se están dando en Europa ya desde el siglo XV: el desarrollo del Humanismo y del coleccionismo, como distintivo social. Además, la influencia valenciana será uno de los principales influjos del arte renacentista mallorquín, sobre todo artistas como Yáñez de la Almedina, Juan de Juanes, Vicenç Massip, etc.

También se da un acontecimiento importantísimo en la ciudad de Palma, que es la visita del emperador Carlos V a Mallorca en 1541. Para ello, la Universitat de Ciutat se plantea la metamorfosis de la ciudad para darle una nueva imagen más moderna y transmitir la idea de ciudad ideal, de carácter clásico y mítico, para rendir honores al emperador. Para ello se prepararon una serie de arquitecturas efímeras con características clásicas, como arcos de triunfo, órdenes clásicos (dórico, jónico, corintio, compuesto y toscano), guirnaldas…, colocados en diversos puntos de la ciudad recordando el estilo de la Antigüedad Clásica (uno de los principios del Renacimiento, ya que éste es un “Renacer de la Antigüedad”).

Sin embargo, no podremos hablar de un Renacimiento puro en Mallorca, sino que éste será epidérmico, superficial, afectando especialmente a las artes plásticas y, en el caso de la arquitectura, mayoritariamente a la decoración arquitectónica de fachadas, patios, etc.

Casa de l’Almoina

Empezaremos la ruta por la Casa de l’Almoina levantada al fondo de la fachada de l’Almoina de la Catedral (lado izquierdo exterior), situada perpendicularmente al muro lateral del templo. Constituye la entrada turística a la sede catedralicia.

La palabra “Almoina” significa limosna; el nombre de la casa hace referencia a la tradición de lanzar monedas a los pobres que mendigaban en la vecina puerta del templo. La Casa de l’Almoina es una obra de transición al renacimiento, como muestra la simetría arquitectónica y decorativa de la fachada. La planta noble todavía conserva un artesonado policromado de estilo renacentista. El relieve de la peana del balcón, sobre la dovela central del portal, presenta la fecha de 1529. Del Museo Catedralicio podemos destacar la Custodia Mayor, del siglo XVI, obra de Josep Nicolau.

Fachada de la Almudaina de la Catedral de Mallorca

Continuaremos la ruta, dirigiéndonos a la fachada principal de la Catedral en la calle del Palau Reial (fachada de la Almudaina).

Nos fijaremos en el portal mayor de la Sede, en la denominada fachada de la Almudaina. Si bien la fachada actual fue realizada por Joan Baptista Peyronnet a raíz del terremoto de 1851, se conserva el portal de la fachada original, empezada a mediados del siglo XVI y que contaba con dos torres laterales, tres rosetones y el portal mayor, flanqueado éste por otros dos de menores dimensiones. El portal mayor se inserta en el estilo de transición del Renacimiento al Manierismo, se levantó entre 1594 y 1601. Está dedicado a la Inmaculada Concepción de acuerdo con la iconografía contrarreformista y fue concebido como un gran arco triunfal, coronado de decoración vegetal, con una bóveda. Las jambas se apoyan sobre pedestales con ménsulas manieristas. Dos cuerpos superpuestos de columnas estriadas y con espumillones enmarcan nichos que contienen las imágenes de San Gregorio y San Jerónimo (izquierda), de San Ambrosio y San Agustín (derecha) y, de San Juan Bautista y San Juan Evangelista (superior). Preside el tímpano una imagen de la Inmaculada Concepción rodeada de los quince símbolos de la letanía mariana. El parteluz es una columna corintia sobre pedestal y el dintel contiene un escudo del obispo Joan Vich y Manrique, patrocinador de las obras del portal.

Palacio Episcopal

Situado detrás de la cabecera de la Catedral, podemos acceder a él recorriendo el lado derecho exterior del templo y, al fondo, veremos la puerta de acceso del palacio.

Este edificio, que alberga el Museo Diocesano, fue empezado con la creación de la diócesis mallorquina en el año 1238. De las numerosas reformas destacamos la nueva fachada, de estilo manierista, encomendada por el obispo Simón Bauzá y acabada en el año 1617. Muestra una cuadriculación de trazos verticales y horizontales conformada a partir de grandes pilastras y de una doble línea de impostas. El portal es de estilo denominado rústico, con bloques de roca enmarcados a lo largo de las jambas y del dintel. En la parte superior se observan dos pirámides con bola. Junto al edificio se conserva el Oratorio de San Pedro, de estilo gótico, que actualmente forma parte del Museo Diocesano.

La zona de las murallas: La Portella

Continuaremos paseando por la explanada exterior del lateral derecho de la Catedral (fachada del Mirador) y estaremos caminando junto a las murallas medievales. Bajaremos por las escaleras que encontraremos a la derecha al final (al lado del Palacio de la Almudaina) del paseo. Llegaremos al Parque del Mar y a la izquierda, incrustada en la muralla, nos encontraremos con la puerta de la Portella.

Continuamos el recorrido paseando sobre las denominadas murallas renacentistas, de gran envergadura y potencia defensiva. Se trata del quinto y último recinto fortificado de Palma, que se inició hacia el año 1560 sobre un proyecto posiblemente del ingeniero de fortificaciones milanés Giambattista Calvi, si bien la forma y el impulso definitivos son obra del lombardo Giacomo Paleazzo, conocido como Fratín. Básicamente se debía acoplar al perímetro del viejo y caduco cuarto recinto musulmán, que había sido reutilizado tras la conquista catalana, y que era una mezcla de sillares de marés y de segmentos de tapia. El recinto era evidentemente inútil por los adelantos de la técnica militar, especialmente por la generalización del uso de la artillería. Los antiguos paramentos rectilíneos fueron sustituidos por una serie de ángulos y de rectas que mutuamente se cubrían y auxiliaban en caso de ataques. Las nuevas murallas aportaron un complicado sistema de baluartes, puertas, puentes, valles y hornabeques que se fueron construyendo a lo largo de más de doscientos años. A pesar de que todos podamos pensar que el recinto debía proteger fundamentalmente la ciudad de los peligros que pudieran surgir por vía marítima, en primer lugar se hicieron las murallas que se orientan hacia el interior. Posteriormente se emprendieron las que dan al mar, concretamente entre los años 1715 y 1801. Paradójicamente, este avanzado y completo recinto defensivo no se mantuvo completo durante muchos años, puesto que en el año 1873 se empezó a destruir, concretamente por la zona de la Lonja. Nos detenemos ante la Portella, un arco de medio punto rematado por un frontón curvado, con un escudo borbónico en el centro, fechado en 1785. Unos pasos más allá se encuentra la homónima puerta medieval.

Can Catlar

Entramos por la puerta de la Portella. Giramos la primera a la derecha por Can Formiguera, pasaremos progresivamente la calle de Can Serra, Santa Clara y Pont i Vich. Al finalizar ésta, giraremos en la segunda calle a la derecha por la calle Sol. Y en esta calle, en el número 7 encontraremos el casal.

También es conocido con el nombre de Cas Marquès del Palmer o Can Descatllar. Es producto de la reforma llevada a cabo a mediados del siglo XVI por Pere Abrí-Descatlar y Valentí sobre el viejo edificio gótico de los Lloscos, barones de Bunyolí, y que ya en el año 1429 había pasado a la familia de los Catlar. Antes de la reforma, desde 1442, se ubicaba en este casal la Ceca, casa de acuñación de la moneda mallorquina, privilegio que concedió a sus moradores el rey Alfonso V junto con el título de señor de la Bolsa de Oro a Pere Abrí-Descatllar i de Santacoloma. Esta actividad se mantuvo en este lugar y fue realizada por la misma familia hasta el año 1787. Quien después sería primer señor de la Bolsa de Oro obtuvo en el año 1438 la concesión del título de marqués de Llucmajor, cosa que provocó el levantamiento del pueblo de Llucmajor, puesto que sus habitantes consideraban que este nombramiento iba en contra de las franquezas otorgadas por el rey Jaume I.

La fachada se encuentra estructurada en tres pisos desiguales. De la planta baja destaca el gran portal adovelado y en situación asimétrica y las dos ventanas renacentistas, encontrándose mutilada la que se vislumbra en la izquierda, donde también figura, entre ángeles, el escudo de la familia Descatlar. En la ventana de la derecha hay un curioso y enigmático relieve de una figura femenina que se clava una espada, probablemente en referencia a la leyenda romana de Lucrecia. La planta noble presenta un magnífico conjunto de grandes ventanas de estilo renacentista, tienen división interior cruciforme, con mainel y larguero. Sobre cada ventana hay un medallón artísticamente trabajado, en los que se representan alegóricamente las virtudes atribuidas al caballero: fortaleza, prudencia, piedad, caridad y templanza. Las jambas cuentan con figuras antropomorfas de fantasiosa factura. El desván presenta arcos conopiales, de tradición gótica, lo cual da idea del valor que los ciudadanos otorgaban a este tipo de ventanas pues no sucumbieron a la irrupción del barroco. El patio es de planta irregular, con arcos rebajados y vestíbulo con artesonado de madera, y dos portales renacentistas que dan acceso a los estudios.

Can Oleza

Retrocederemos por la calle Sol, girando en la calle Pont i Vich hasta la bifurcación con la calle Puresa. Giramos a la derecha y en la siguiente esquina volvemos a girar a la derecha por la calle Morey. El casal se sitúa en el número 9.

Esta calle aloja también varias ventanas renacentistas pero recomendamos una parada en el casal de Can Oleza, cuya fachada fue realizada en el siglo XVI cuando todavía era propiedad de la familia Descós. Dicha fachada presenta la tradicional división en tres plantas y muestra una rica ornamentación renacentista, que se señala bajo la influencia estilística de Joan de Salas. El portal principal es de arco de medio punto adovelado y está situado asimétricamente en relación con el conjunto de la fachada. Las ventanas de la planta baja tienen columnas renacentistas, con anilla en el tercio inferior, y sobre ellas podemos observar medallones que contienen el escudo heráldico de los primeros propietarios, los Descós — con un poco de atención se puede distinguir un oso con una flor de lis- flanqueados por grifos y otros seres fantásticos. Las ventanas de la planta noble presentan mayores dimensiones que las ubicadas en la planta baja. Sobre ellas encontramos un arco decorativo en forma de pechina. El desván se articula mediante una secuencia de arcos conopiales.

Can Bordils

Seguimos por la calle Morey y giramos a la izquierda por la calle de la Almudaina; después del arco de la Almudaina, en el número 9 se encuentra este casal.

También conocido como Can Villalonga-Escalada o Can Sureda-Zanglada, es uno de los casales más antiguos que se conservan en Palma. Fue reconstruido en el siglo XIII sobre fundamentos y elementos de época musulmana. Las ventanas renacentistas de la fachada corresponden a una profunda reforma realizada en el año 1554 por los Sureda-Zanglada. Sobre ellas destacan los escudos de los Sureda-Zanglada y de los Sureda-Moyà, autores de dicha reforma.

Can Armadans

Al salir de Can Bordils, encontramos el inicio de la calle Zanglada. La recorremos hasta la primera calle a la derecha por la calle del Estudi General, donde en el número 4 se ubica este casal.

Su fachada conserva elementos decorativos del siglo XVI, una Virgen María sobre la puerta de entrada y escudos de la familia en las ventanas. El casal es de origen medieval y conserva el patio de esta época.

Ses Carasses

Seguimos por la calle del Estudi General hasta llegar a la calle del Palau Reial. Al llegar a ésta podemos divisar las escaleras de la Costa de la Seu. Las recorremos hasta el final, llegando a la plaza de la Reina. En este punto giramos a la derecha en el Paseo del Born y a la mitad de éste a la izquierda por la calle de Sant Feliu, donde en el número 10 (lado derecho) nos encontraremos con el casal.

La casa también es conocida como Can Pavesi o Can Belloto. Su nombre popular hace referencia a dos de sus propietarios, el jurista genovés Joan Francesc Pavesi, que la ganó en un pleito, y Domenico Belloto, mercader enriquecido con el comercio de trigo. Es un buen modelo de fachada manierista, con influencias genovesas, realizada en una fecha anterior a 1620. Las jambas de puertas y ventanas se configuran en forma de columnas almohadilladas de clara tendencia renacentista. Son además destacables las máscaras monstruosas y la cara que saca la lengua a los transeúntes, y que sin duda dieron lugar al nombre popular de la casa y a toda la calle de Sant Feliu, durante mucho tiempo conocida también con el nombre popular de calle de Ses Carasses. Estas caras parecen inspiradas en el tratamiento iconográfico del palacio Zuccaro de Roma. Bajo el escudo de los Pavesi y sobre la cara principal se puede observar la inscripción EUNDO, que ha sido objeto de controvertidas interpretaciones. Una primera interpretación relaciona el mensaje epigráfico con el origen extranjero y viajero del propietario. Una segunda versión plantea el carácter arisco del nuevo señor y las desavenencias con los vecinos. Una tercera interpretación da a la palabra EUNDO un sentido imperativo, equivalente a “vete, márchate” en referencia al antiguo propietario de la casa, perdedor del pleito, y que puede relacionarse además con el signo de befa de la cara con la lengua sacada y las armas de los Pavesi, triunfantes. Pero al fin y al cabo, no tiene porque ir más allá de una ornamentación concordante con las modas de principios del siglo XVII.

Puerta Vieja del Muelle

Volveremos unos metros hacia atrás y nos meteremos por la calle a la izquierda, calle de Montenegro. Recorreremos esta calle y la calle de Sant Joan de Malta, llegando a la plaza de la Llotja. La atravesamos, llegando al Paseo de Sagrera, dirección derecha, donde podremos observar la puerta citada entre el edificio de la Llotja y el Consolat de la Mar.

Antiguamente integrada en el quinto recinto de murallas, se encontraba originalmente al final de la avenida Antoni Maura, poco antes del monumento a Ramón Llull, y constituía el principal acceso a la ciudad por vía marítima. Cuando las murallas fueron derribadas se trasladó a la actual situación y actualmente sólo se puede observar el arco de entrada, pues han desaparecido las dos torres cilíndricas que la enmarcaban. Constituye un elemento arquitectónico situado dentro de la estructura defensiva del quinto recinto de murallas que se inspira en los arcos triunfales clásicos.

Estilísticamente se puede situar dentro el Manierismo y se data hacia 1620. Es obra de Antoni Saura i del escultor Jaume Blanquer. La estructura de la puerta se encuentra constituida por dos jambas y un arco de medio punto almohadillados. El perímetro exterior se encuentra definido por dos pilastras laterales y un entablamento superior que contiene una inscripción muy deteriorada. En la clave del arco se distingue una imagen de la Inmaculada Concepción, que responde a la iconografía contrarreformista de la época. En las pechinas laterales se encuentran sendos relieves de ángeles portadores de filacterias.

Consolat de la Mar

A la izquierda de la Puerta Vieja, en mismo Paseo de Sagrera, se encuentra el Consolat.

Actual sede de la Presidencia del Gobierno de la Comunidad Autónoma, fue antaño tribunal de la jurisdicción de los hombres y de los asuntos de la mar.

El estilo de la edificación se considera de transición del Renacimiento al Manierismo y fue acabada en el año 1669. Consta de una planta irregular, producto de la adición de varios volúmenes. La fachada presenta una división en tres plantas, tradicional en Mallorca: la planta baja hace la función de zócalo de la planta noble, que presenta una galería de cinco arcos rebajados sobre columnas anilladas y una balaustrada, que se abren a la galería cinco portales con frontones triangulares interrumpidos por esculturas. El trabajo escultórico se atribuye a Pere J. Piña y Antoni Carbonell. En el interior destaca la sala con artesonado de madera.

Datos y descargas

Dificultad:
Fácil. En coche para llegar a cada municipio y a pie por dentro de poblado.
Duración:
Un día si se visitan todos los puntos.
Longitud:
70 Km aproximadamente desde el punto 1 hasta el punto 3, los cuales son los lugares más distantes.
De interés:
Poder realizar un recorrido histórico por uno de los conflictos más relevantes que vivió la isla y que implicó a toda la sociedad mallorquina. Esta revuelta, sucedida durante el reinado de Carlos I, supuso claramente un antes y un después en la historia de Mallorca.
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Introducción

La Germanía (1521-1523) fue el conflicto social más violento que ha vivido la sociedad mallorquina en los últimos quinientos años. Inicialmente, sus objetivos fueron: poner fin a la corrupción del gobierno del Reino, dominado por la aristocracia; resolver el acuciante problema de la deuda pública, que asfixiaba la economía mallorquina; y reformar, haciéndolo más justo, el sistema contributivo. Pero lo que en principio fue un movimiento reformista, acabó por convertirse en la práctica en una forma de gobierno alternativa que, aunque seguía reconociendo la autoridad de Carlos I, hizo caso omiso de sus órdenes de restablecer la legalidad vigente y se dedicó a perseguir —no faltaron los asesinatos- a los disconformes con la Germanía que, como resultaba previsible, acabó siendo ilegalizada por el emperador, que restituyó su autoridad por la fuerza de las armas, enviando a Mallorca un ejército que desencadenó la peor matanza jamás vivida en Mallorca desde la conquista del rey Jaime I en 1229.

La revuelta, gestada en la ciutat de Mallorques, se extendió a toda la isla y, en consecuencia, abrazó toda la geografía mallorquina. En consonancia, este itinerario se ha construido de manera cronológica y espacial en forma de relato, aunque refiriéndonos únicamente a los sucesos que se han considerado más relevantes.

La interconexión con la Germanía Valenciana

Carlos V, portador de la idea imperial, se orientó hacia una monarquía más autoritaria, más centralista. Esto provocó diferentes levantamientos populares que en Castilla recibieron el nombre de Comunidades y en la Corona de Aragón de Germanías. Ésta última se dio en Valencia y en el reino de Mallorca.

Se sabe que las germanías mallorquina y valenciana estuvieron relacionadas: la rebelión se inició en el reino de Valencia, y desde aquí Mallorca recibió información y consejo.

La estructuración institucional mallorquina, llamada la Tretzena, fue calcada de la valenciana. El agermanado Joanot Colom, una vez estallado el levantamiento, se desplazó a Valencia para reunirse con el caudillo Sorolla y conocer así el funcionamiento y reivindicaciones valencianas, con la finalidad de que sirviera de modelo a la Germanía mallorquina.

La plaza de Cort

Iniciaremos el recorrido en esta plaza donde se encuentra el Ayuntamiento de Palma. Es el lugar idóneo para iniciar un itinerario dedicado a la Germanía, tanto por su significación intrínseca como en calidad de escenario de los primeros tiempos del movimiento social.

Nos remontaremos hasta el seis de febrero de 1521, día en que el gobernador mandó encarcelar a una serie de conspiradores, que planeaban un levantamiento similar a la Germanía valenciana, con los objetivos descritos en la introducción. Al día siguiente, los artesanos de la ciudad se presentaron en la plaza de Cort, exigiendo y consiguiendo la liberación de los presos. Entre estos se encontraban Joan Crespí y Joanot Colom, principales líderes del movimiento. Una de las primeras iniciativas de los agermanats fue iniciar los trámites para la supresión de la deuda pública y la confección de un catastro. Los acontecimientos se precipitaron: el emperador Carlos I declaró la ilegalidad de la Germanía, lo que no fue óbice para que, mediante una argucia legal, el gobernador Miguel de Gurrea fuese destituido de su cargo. La Germanía, por su parte, se radicalizó paulatinamente; Joan Crespí fue desplazado del poder y finalmente asesinado (seguramente por los mismos agermanats), de manera que la dirección del movimiento quedó en manos de Joanot Colom, que pasó a controlar las riendas del movimiento y de la administración pública.

Castillo de Bellver

A continuación, nos dirigiremos al Castillo de Bellver al que podemos llegar de varias maneras desde el centro de Palma. Desde el Paseo Marítimo (Avenida de Gabriel Roca), tomaremos la calle Monsenyor Palmer (donde está la cafetería Cappuccino en la esquina) y, en el semáforo giramos a la izquierda, hacia la calle del Marquès de la Sénia. Continuamos recto y accederemos a la Avenida de Joan Miró. La segunda a la derecha, que es la calle Camilo José Cela, nos llevará a las puertas de entrada del recinto del castillo.

Es en el Castillo donde se refugiaron un buen número de contrarios a la Germanía, los mascarats. La mayoría de ellos pertenecían a los estamentos privilegiados o eran personas acaudaladas. El día 29 de julio de 1521 el castillo fue bombardeado y tomado por los agermanats, dirigidos por Pascual Rosselló, y asesinaron a la mayoría de los que se encontraban en su interior, entre ellos a mosén Pere de Pacs, al que poco antes habían nombrado gobernador, y su hermano Nicolau. La defensa de la fortificación, al menos en principio, no parecía difícil y quizás los resistentes se rindieron esperando que se respetarían las vidas de todos los refugiados. Pero los asesinatos y el saqueo del castillo confirmaron que la Germanía se había radicalizado, lo que decidió a muchos mascarats a huir de la isla o a buscar cobijo en la población de Alcúdia.

En 1523, al final de la Revuelta, los principales caudillos de los agermanats fueron encerrados en la Torre de l’Homenatge del castillo, y poco después eran ejecutados en la ciudad.

Alcúdia: recinto amurallado

Para ir de Palma a Alcúdia cogeremos la autovía Palma Sa Pobla/Ma 13, en dirección a Inca. Al final de la autovía, cerca de Sa Pobla, continuaremos por la carretera de Inca a Alcúdia/Ma-13, hasta que llegamos a nuestro destino.

El recinto amurallado medieval de Alcúdia, que sirvió de cobijo a los mascarats, fue construido durante el siglo XIV y cuenta con un total de veintiséis torres, cómputo que no incluye las ubicadas en las puertas, situadas como sigue: al oeste, la de Mallorca o de Sant Sebastià; al este, la de Xara o del Moll; al norte, la de Vila-roja. La práctica destrucción de un segundo cinturón de murallas, levantado en los siglos XVI y XVII, después de la Germanía, y del que sólo queda en pie un bastión –convertido en plaza de toros— permite contemplar el recinto fortificado levantado en la Edad media, que fue restaurado durante el siglo XX. Las murallas de este recinto fueron construidas con piedras, sobre todo de marès, unidas con mortero y seguramente procedentes de las obras de excavación del foso perimetral, como también del desmonte de los restos de las torres y otras edificaciones de la antigua ciudad de Pollentia, fundada en el siglo I a.C. Los restos de la ciudad romana se encuentran a los mismos pies de la fortificación medieval. Por lo anterior, no resulta extraño que sus restos constructivos más visibles fueran arrasados, ya que podían convertirse en parapetos de los asaltantes en caso de un eventual asedio.

Esa eventualidad se convirtió en un hecho cuando, a partir del 11 de noviembre de 1521, Alcúdia fue repetidamente asediada por el ejército agermanat, que no pudo vencer la resistencia de los alcudiencs y de los mascarats. Después de una última tentativa de entrar en la ciudad en 1522, los agermanats se retiraron ante la inminencia de la llegada de un poderoso ejército imperial, que llegó al puerto de Alcúdia el día 13 de octubre. La villa de Alcúdia, convertida en “ciudad fidelísima” por Carlos I, fue premiada por el monarca con diferentes privilegios que incentivaron su desarrollo. Al socaire de esta expansión, y de la concesión del título de ciudad, se levantaron un buen número de casals o se reformaron otros de origen medieval según el gusto renacentista, donde pueden verse también algunos escudos de armas familiares. Recorriendo las calles, el visitante podrá contemplar Can Domènec, Can Canta, Can Torró y Can Fondo, que, por sus dimensiones y el cuidado en su construcción, confieren a la población un aire urbano que remite, salvando las evidentes distancias, al del núcleo antiguo de Palma.

Pollença: plaza mayor e iglesia de Nostra Senyora dels Àngels

Desde Alcúdia nos dirigiremos, por el Port de Pollença, al pueblo de Pollença, hasta llegar a la plaza mayor de la población, en las inmediaciones de la iglesia parroquial, donde podremos retomar el relato.

Pollença, según parece, era una villa decididamente agermanada. Durante el asedio de Alcúdia, los habitantes de Pollença protagonizaron incursiones en el término de la población vecina, aunque también padecieron las de los resistentes en la ciudad fortificada. En una carta de 14 de octubre, Carlos I había ordenado a los agermanats que dejasen las armas. Los representantes de los pollencins se negaron a tal pretensión, alegando que harían tal cosa cuando recibiesen esa orden desde Ciutat. Probablemente esta respuesta decidió al ejército, comandado por Juan de Velasco y por el antiguo virrey Miguel de Gurrea, a someterla por la fuerza. El día 29 de octubre las fuerzas imperiales tomaron fácilmente la población, que fue saqueada sin contemplaciones. La iglesia parroquial de Santa María se convirtió en el improvisado refugio de la población, desde el cual hostigaba a los efectivos del ejército real que se concentraron en la plaza. Los soldados –y seguramente sus dirigentes— no debían estar dispuestos a esperar la rendición, ya que optaron por un método expeditivo y ciertamente brutal para vencer la resistencia. Prendieron fuego a los dos portales de la iglesia, provocando la muerte por asfixia, sin contar los hombres adultos, de unas doscientas personas entre mujeres y niños. El ejército real, una vez conseguido el acceso a la iglesia, se dedicó a asesinar pollencins, mientras el resto de la población huía, despavorida, hacia las montañas. Así se describe en diversas fuentes, algunas de ellas escritas por un mascarat: “E així los soldats veient que els nafraven de l’Eclésia posaren foc als dos portals a les portes, de què s’ofegaren circa [aproximadament] entre dones, nines, arlots i minyons, circa de ·CC· [200] ànimes. E així moriren molts hòmens e lo visrei n’ofegà molts i penjà e l’armada n’hi matà molts e tota la gent de la vila fugí per las muntanyes”. La llegada de refuerzos agermanats, procedentes de Sa Pobla, no sirvió de nada, ya que fueron vencidos sin dificultades y sufrieron numerosas bajas. Poco queda de la antigua iglesia parroquial en que se refugiaron, y murieron asfixiados, tantos pollencins.

Sobre el solar del templo incendiado en 1522 se construyó una nueva iglesia, finalizada en la década de 1570 y substituida a su vez por el templo actual, bajo la advocación de Nostra Senyora dels Àngels, de estilo barroco y levantado durante el siglo XVIII.

Sa Pobla: centro

Desde Pollença nos dirigiremos por la carretera de Palma hasta la rotonda del final de la autovía Palma-Sa Pobla/Ma 13 y cogeremos la carretera que conduce directamente a Sa Pobla.

Los vecinos de la población, seguramente amedrentados por la suerte que había corrido Pollença, aceptaron la oferta de perdón del virrey realizada el 31 de octubre. Cuando éste se presentó con su ejército, fue recibido únicamente por dos hombres y un sacerdote con un crucifijo. El visitante actual puede imaginar la sensación que debían ofrecer esas calles y las llanuras de la Marjal prácticamente desiertas.

El virrey ofreció la misma oferta de perdón a la villa de Muro pero, al parecer, el emisario fue interceptado por los hombres de Joanot Colom antes de poder dar a conocer la propuesta.

El día 3 de noviembre, un ejército agermanat, de unos tres mil hombres, y capitaneado por Colom, partió de Muro con la intención de atacar a las fuerzas imperiales. El choque, que tuvo lugar en Son Fornari, evidenció tanto los errores tácticos de los agermanats como la situación de inferioridad en que se encontraban éstos —que no eran otra cosa que artesanos y campesinos armados– ante un ejército profesional y bien pertrechado. El resultado: una derrota estrepitosa en que los agermanats perdieron una tercera parte de sus efectivos —unos mil hombres–, tanto en el campo de batalla como en su huida desesperada hacia Muro, que se salvó del saqueo por la peste que se había desencadenado en la población.

Las matanzas de Pollença y Sa Pobla debieron convencer a los agermanats de las poblaciones próximas de la imposibilidad de hacer frente a un ejército profesional, por lo que los representantes de Inca y Binissalem se apresuraron a ofrecer su rendición. Al día siguiente, el ejército real partió hacia Inca —de donde eran naturales agermanats tan significativos como Blai Reixac y Pau Casesnoves– dejando, como rastro de su paso, ahorcados y restos de hombres troceados en los árboles que, en palabras del historiador José María Quadrado, “servían de horca para los presos”.

Inca: iglesia parroquial y mercado

Siguiendo el itinerario nos dirigiremos a Inca por la autovía Palma-Sa Pobla/Ma 13, hasta llegar a la localidad.

El ejército real se encontró con una gran procesión pidiendo clemencia; el virrey, después de besar el crucifijo que portaban los sacerdotes, perdonó a la población, por lo que, como muestra de agradecimiento, las campanas de la iglesia comenzaron a tocar “faent te deum laudamus”. Nada, o casi nada, queda de aquella iglesia que pudo contemplar el virrey y cuyas campanas sonaron agradeciendo su perdón: el vistoso templo actual data del siglo XVIII y su imponente campanario de la centuria anterior. Días después, el 14 de noviembre, el ejército imperial ocupó Sineu, villa que fue también perdonada por el virrey, y conminó al resto de poblaciones a rendirse. Los efectivos imperiales continuaron la ocupación de la isla dirigiéndose a las villas de Algaida y Llucmajor, que encontraron desiertas. Pero las noticias de que un ejército agermanat procedente de Ciutat de Mallorca había saqueado Sineu y se dirigía hacía Inca resolvieron al virrey a retroceder y a dirigir sus fuerzas hacia esa población. Los efectivos agermanats, inferiores en número, en pertrechos y en preparación al ejército imperial se vieron prácticamente forzados a entrar en batalla, a finales de noviembre, en el Rafalgarcés, en las proximidades de Inca, sufriendo otra vez aparatosas pérdidas, que las fuentes coinciden en cuantificar en unos quinientos hombres, sin contar a los prisioneros que fueron ejecutados.

Pocos días después, el mercado de Inca se convirtió en el escenario de un improvisado y sangriento espectáculo: la ejecución pública de cuarenta prisioneros agermanats. En Binissalem el virrey mandó trocear y ahorcar setenta más, colgando sus restos por todos los árboles de las inmediaciones, de tal manera que, según una fuente coetánea, “tots los arbres e garrovers n’eren plens”.

Carretera general de Palma-Alcúdia

Rememorando este escalofriante paisaje de despojos humanos, desde Binissalem, nos dirigiremos dirección Palma por la antigua carretera general de Inca a Alcúdia/Ma-13A, siguiendo lo que seguramente fue el itinerario del ejército imperial en dirección a la Ciutat de Mallorca, atravesando las actuales poblaciones de Consell y de Santa Maria, hasta llegar a las inmediaciones de Palma, desde donde accederemos al Monasterio de la Real.

Monasterio de la Real

Situado en el Camí dels Reis, giramos a la derecha hacia la carretera de Valldemossa y luego a la izquierda, por el Camí dels Reis. A unos 200 metros a mano derecha nos encontraremos con el desvío hacia La Real.

Convertido, a partir de los primeros días de diciembre, en el campamento del ejército imperial. La ciudad se había convertido en el último bastión de los agermanats, que resistieron hasta que el hambre, la peste y las defecciones terminaron por convencerlos de la inutilidad de la resistencia, rindiéndose finalmente el 8 de marzo de 1523.