Datos y descargas

Dificultad:
Fácil. En coche para llegar a cada municipio y a pie por dentro de poblado.
Duración:
Un día si se visitan todos los puntos.
Longitud:
70 Km aproximadamente desde el punto 1 hasta el punto 3, los cuales son los lugares más distantes.
De interés:
Poder realizar un recorrido histórico por uno de los conflictos más relevantes que vivió la isla y que implicó a toda la sociedad mallorquina. Esta revuelta, sucedida durante el reinado de Carlos I, supuso claramente un antes y un después en la historia de Mallorca.
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Introducción

La Germanía (1521-1523) fue el conflicto social más violento que ha vivido la sociedad mallorquina en los últimos quinientos años. Inicialmente, sus objetivos fueron: poner fin a la corrupción del gobierno del Reino, dominado por la aristocracia; resolver el acuciante problema de la deuda pública, que asfixiaba la economía mallorquina; y reformar, haciéndolo más justo, el sistema contributivo. Pero lo que en principio fue un movimiento reformista, acabó por convertirse en la práctica en una forma de gobierno alternativa que, aunque seguía reconociendo la autoridad de Carlos I, hizo caso omiso de sus órdenes de restablecer la legalidad vigente y se dedicó a perseguir —no faltaron los asesinatos- a los disconformes con la Germanía que, como resultaba previsible, acabó siendo ilegalizada por el emperador, que restituyó su autoridad por la fuerza de las armas, enviando a Mallorca un ejército que desencadenó la peor matanza jamás vivida en Mallorca desde la conquista del rey Jaime I en 1229.

La revuelta, gestada en la ciutat de Mallorques, se extendió a toda la isla y, en consecuencia, abrazó toda la geografía mallorquina. En consonancia, este itinerario se ha construido de manera cronológica y espacial en forma de relato, aunque refiriéndonos únicamente a los sucesos que se han considerado más relevantes.

La interconexión con la Germanía Valenciana

Carlos V, portador de la idea imperial, se orientó hacia una monarquía más autoritaria, más centralista. Esto provocó diferentes levantamientos populares que en Castilla recibieron el nombre de Comunidades y en la Corona de Aragón de Germanías. Ésta última se dio en Valencia y en el reino de Mallorca.

Se sabe que las germanías mallorquina y valenciana estuvieron relacionadas: la rebelión se inició en el reino de Valencia, y desde aquí Mallorca recibió información y consejo.

La estructuración institucional mallorquina, llamada la Tretzena, fue calcada de la valenciana. El agermanado Joanot Colom, una vez estallado el levantamiento, se desplazó a Valencia para reunirse con el caudillo Sorolla y conocer así el funcionamiento y reivindicaciones valencianas, con la finalidad de que sirviera de modelo a la Germanía mallorquina.

La plaza de Cort

Iniciaremos el recorrido en esta plaza donde se encuentra el Ayuntamiento de Palma. Es el lugar idóneo para iniciar un itinerario dedicado a la Germanía, tanto por su significación intrínseca como en calidad de escenario de los primeros tiempos del movimiento social.

Nos remontaremos hasta el seis de febrero de 1521, día en que el gobernador mandó encarcelar a una serie de conspiradores, que planeaban un levantamiento similar a la Germanía valenciana, con los objetivos descritos en la introducción. Al día siguiente, los artesanos de la ciudad se presentaron en la plaza de Cort, exigiendo y consiguiendo la liberación de los presos. Entre estos se encontraban Joan Crespí y Joanot Colom, principales líderes del movimiento. Una de las primeras iniciativas de los agermanats fue iniciar los trámites para la supresión de la deuda pública y la confección de un catastro. Los acontecimientos se precipitaron: el emperador Carlos I declaró la ilegalidad de la Germanía, lo que no fue óbice para que, mediante una argucia legal, el gobernador Miguel de Gurrea fuese destituido de su cargo. La Germanía, por su parte, se radicalizó paulatinamente; Joan Crespí fue desplazado del poder y finalmente asesinado (seguramente por los mismos agermanats), de manera que la dirección del movimiento quedó en manos de Joanot Colom, que pasó a controlar las riendas del movimiento y de la administración pública.

Castillo de Bellver

A continuación, nos dirigiremos al Castillo de Bellver al que podemos llegar de varias maneras desde el centro de Palma. Desde el Paseo Marítimo (Avenida de Gabriel Roca), tomaremos la calle Monsenyor Palmer (donde está la cafetería Cappuccino en la esquina) y, en el semáforo giramos a la izquierda, hacia la calle del Marquès de la Sénia. Continuamos recto y accederemos a la Avenida de Joan Miró. La segunda a la derecha, que es la calle Camilo José Cela, nos llevará a las puertas de entrada del recinto del castillo.

Es en el Castillo donde se refugiaron un buen número de contrarios a la Germanía, los mascarats. La mayoría de ellos pertenecían a los estamentos privilegiados o eran personas acaudaladas. El día 29 de julio de 1521 el castillo fue bombardeado y tomado por los agermanats, dirigidos por Pascual Rosselló, y asesinaron a la mayoría de los que se encontraban en su interior, entre ellos a mosén Pere de Pacs, al que poco antes habían nombrado gobernador, y su hermano Nicolau. La defensa de la fortificación, al menos en principio, no parecía difícil y quizás los resistentes se rindieron esperando que se respetarían las vidas de todos los refugiados. Pero los asesinatos y el saqueo del castillo confirmaron que la Germanía se había radicalizado, lo que decidió a muchos mascarats a huir de la isla o a buscar cobijo en la población de Alcúdia.

En 1523, al final de la Revuelta, los principales caudillos de los agermanats fueron encerrados en la Torre de l’Homenatge del castillo, y poco después eran ejecutados en la ciudad.

Alcúdia: recinto amurallado

Para ir de Palma a Alcúdia cogeremos la autovía Palma Sa Pobla/Ma 13, en dirección a Inca. Al final de la autovía, cerca de Sa Pobla, continuaremos por la carretera de Inca a Alcúdia/Ma-13, hasta que llegamos a nuestro destino.

El recinto amurallado medieval de Alcúdia, que sirvió de cobijo a los mascarats, fue construido durante el siglo XIV y cuenta con un total de veintiséis torres, cómputo que no incluye las ubicadas en las puertas, situadas como sigue: al oeste, la de Mallorca o de Sant Sebastià; al este, la de Xara o del Moll; al norte, la de Vila-roja. La práctica destrucción de un segundo cinturón de murallas, levantado en los siglos XVI y XVII, después de la Germanía, y del que sólo queda en pie un bastión –convertido en plaza de toros— permite contemplar el recinto fortificado levantado en la Edad media, que fue restaurado durante el siglo XX. Las murallas de este recinto fueron construidas con piedras, sobre todo de marès, unidas con mortero y seguramente procedentes de las obras de excavación del foso perimetral, como también del desmonte de los restos de las torres y otras edificaciones de la antigua ciudad de Pollentia, fundada en el siglo I a.C. Los restos de la ciudad romana se encuentran a los mismos pies de la fortificación medieval. Por lo anterior, no resulta extraño que sus restos constructivos más visibles fueran arrasados, ya que podían convertirse en parapetos de los asaltantes en caso de un eventual asedio.

Esa eventualidad se convirtió en un hecho cuando, a partir del 11 de noviembre de 1521, Alcúdia fue repetidamente asediada por el ejército agermanat, que no pudo vencer la resistencia de los alcudiencs y de los mascarats. Después de una última tentativa de entrar en la ciudad en 1522, los agermanats se retiraron ante la inminencia de la llegada de un poderoso ejército imperial, que llegó al puerto de Alcúdia el día 13 de octubre. La villa de Alcúdia, convertida en “ciudad fidelísima” por Carlos I, fue premiada por el monarca con diferentes privilegios que incentivaron su desarrollo. Al socaire de esta expansión, y de la concesión del título de ciudad, se levantaron un buen número de casals o se reformaron otros de origen medieval según el gusto renacentista, donde pueden verse también algunos escudos de armas familiares. Recorriendo las calles, el visitante podrá contemplar Can Domènec, Can Canta, Can Torró y Can Fondo, que, por sus dimensiones y el cuidado en su construcción, confieren a la población un aire urbano que remite, salvando las evidentes distancias, al del núcleo antiguo de Palma.

Pollença: plaza mayor e iglesia de Nostra Senyora dels Àngels

Desde Alcúdia nos dirigiremos, por el Port de Pollença, al pueblo de Pollença, hasta llegar a la plaza mayor de la población, en las inmediaciones de la iglesia parroquial, donde podremos retomar el relato.

Pollença, según parece, era una villa decididamente agermanada. Durante el asedio de Alcúdia, los habitantes de Pollença protagonizaron incursiones en el término de la población vecina, aunque también padecieron las de los resistentes en la ciudad fortificada. En una carta de 14 de octubre, Carlos I había ordenado a los agermanats que dejasen las armas. Los representantes de los pollencins se negaron a tal pretensión, alegando que harían tal cosa cuando recibiesen esa orden desde Ciutat. Probablemente esta respuesta decidió al ejército, comandado por Juan de Velasco y por el antiguo virrey Miguel de Gurrea, a someterla por la fuerza. El día 29 de octubre las fuerzas imperiales tomaron fácilmente la población, que fue saqueada sin contemplaciones. La iglesia parroquial de Santa María se convirtió en el improvisado refugio de la población, desde el cual hostigaba a los efectivos del ejército real que se concentraron en la plaza. Los soldados –y seguramente sus dirigentes— no debían estar dispuestos a esperar la rendición, ya que optaron por un método expeditivo y ciertamente brutal para vencer la resistencia. Prendieron fuego a los dos portales de la iglesia, provocando la muerte por asfixia, sin contar los hombres adultos, de unas doscientas personas entre mujeres y niños. El ejército real, una vez conseguido el acceso a la iglesia, se dedicó a asesinar pollencins, mientras el resto de la población huía, despavorida, hacia las montañas. Así se describe en diversas fuentes, algunas de ellas escritas por un mascarat: “E així los soldats veient que els nafraven de l’Eclésia posaren foc als dos portals a les portes, de què s’ofegaren circa [aproximadament] entre dones, nines, arlots i minyons, circa de ·CC· [200] ànimes. E així moriren molts hòmens e lo visrei n’ofegà molts i penjà e l’armada n’hi matà molts e tota la gent de la vila fugí per las muntanyes”. La llegada de refuerzos agermanats, procedentes de Sa Pobla, no sirvió de nada, ya que fueron vencidos sin dificultades y sufrieron numerosas bajas. Poco queda de la antigua iglesia parroquial en que se refugiaron, y murieron asfixiados, tantos pollencins.

Sobre el solar del templo incendiado en 1522 se construyó una nueva iglesia, finalizada en la década de 1570 y substituida a su vez por el templo actual, bajo la advocación de Nostra Senyora dels Àngels, de estilo barroco y levantado durante el siglo XVIII.

Sa Pobla: centro

Desde Pollença nos dirigiremos por la carretera de Palma hasta la rotonda del final de la autovía Palma-Sa Pobla/Ma 13 y cogeremos la carretera que conduce directamente a Sa Pobla.

Los vecinos de la población, seguramente amedrentados por la suerte que había corrido Pollença, aceptaron la oferta de perdón del virrey realizada el 31 de octubre. Cuando éste se presentó con su ejército, fue recibido únicamente por dos hombres y un sacerdote con un crucifijo. El visitante actual puede imaginar la sensación que debían ofrecer esas calles y las llanuras de la Marjal prácticamente desiertas.

El virrey ofreció la misma oferta de perdón a la villa de Muro pero, al parecer, el emisario fue interceptado por los hombres de Joanot Colom antes de poder dar a conocer la propuesta.

El día 3 de noviembre, un ejército agermanat, de unos tres mil hombres, y capitaneado por Colom, partió de Muro con la intención de atacar a las fuerzas imperiales. El choque, que tuvo lugar en Son Fornari, evidenció tanto los errores tácticos de los agermanats como la situación de inferioridad en que se encontraban éstos —que no eran otra cosa que artesanos y campesinos armados– ante un ejército profesional y bien pertrechado. El resultado: una derrota estrepitosa en que los agermanats perdieron una tercera parte de sus efectivos —unos mil hombres–, tanto en el campo de batalla como en su huida desesperada hacia Muro, que se salvó del saqueo por la peste que se había desencadenado en la población.

Las matanzas de Pollença y Sa Pobla debieron convencer a los agermanats de las poblaciones próximas de la imposibilidad de hacer frente a un ejército profesional, por lo que los representantes de Inca y Binissalem se apresuraron a ofrecer su rendición. Al día siguiente, el ejército real partió hacia Inca —de donde eran naturales agermanats tan significativos como Blai Reixac y Pau Casesnoves– dejando, como rastro de su paso, ahorcados y restos de hombres troceados en los árboles que, en palabras del historiador José María Quadrado, “servían de horca para los presos”.

Inca: iglesia parroquial y mercado

Siguiendo el itinerario nos dirigiremos a Inca por la autovía Palma-Sa Pobla/Ma 13, hasta llegar a la localidad.

El ejército real se encontró con una gran procesión pidiendo clemencia; el virrey, después de besar el crucifijo que portaban los sacerdotes, perdonó a la población, por lo que, como muestra de agradecimiento, las campanas de la iglesia comenzaron a tocar “faent te deum laudamus”. Nada, o casi nada, queda de aquella iglesia que pudo contemplar el virrey y cuyas campanas sonaron agradeciendo su perdón: el vistoso templo actual data del siglo XVIII y su imponente campanario de la centuria anterior. Días después, el 14 de noviembre, el ejército imperial ocupó Sineu, villa que fue también perdonada por el virrey, y conminó al resto de poblaciones a rendirse. Los efectivos imperiales continuaron la ocupación de la isla dirigiéndose a las villas de Algaida y Llucmajor, que encontraron desiertas. Pero las noticias de que un ejército agermanat procedente de Ciutat de Mallorca había saqueado Sineu y se dirigía hacía Inca resolvieron al virrey a retroceder y a dirigir sus fuerzas hacia esa población. Los efectivos agermanats, inferiores en número, en pertrechos y en preparación al ejército imperial se vieron prácticamente forzados a entrar en batalla, a finales de noviembre, en el Rafalgarcés, en las proximidades de Inca, sufriendo otra vez aparatosas pérdidas, que las fuentes coinciden en cuantificar en unos quinientos hombres, sin contar a los prisioneros que fueron ejecutados.

Pocos días después, el mercado de Inca se convirtió en el escenario de un improvisado y sangriento espectáculo: la ejecución pública de cuarenta prisioneros agermanats. En Binissalem el virrey mandó trocear y ahorcar setenta más, colgando sus restos por todos los árboles de las inmediaciones, de tal manera que, según una fuente coetánea, “tots los arbres e garrovers n’eren plens”.

Carretera general de Palma-Alcúdia

Rememorando este escalofriante paisaje de despojos humanos, desde Binissalem, nos dirigiremos dirección Palma por la antigua carretera general de Inca a Alcúdia/Ma-13A, siguiendo lo que seguramente fue el itinerario del ejército imperial en dirección a la Ciutat de Mallorca, atravesando las actuales poblaciones de Consell y de Santa Maria, hasta llegar a las inmediaciones de Palma, desde donde accederemos al Monasterio de la Real.

Monasterio de la Real

Situado en el Camí dels Reis, giramos a la derecha hacia la carretera de Valldemossa y luego a la izquierda, por el Camí dels Reis. A unos 200 metros a mano derecha nos encontraremos con el desvío hacia La Real.

Convertido, a partir de los primeros días de diciembre, en el campamento del ejército imperial. La ciudad se había convertido en el último bastión de los agermanats, que resistieron hasta que el hambre, la peste y las defecciones terminaron por convencerlos de la inutilidad de la resistencia, rindiéndose finalmente el 8 de marzo de 1523.

Puerta de la Conquista

En este punto del relato, nos dirigiremos al centro de Palma, bien por la calle 31 de Desembre, bien por la calle General Riera, hasta llegar la calle de Sant Miquel, en su confluencia con las avenidas. Avanzamos algunos metros en dirección a la calledels Oms, hasta el punto en que se encontraba la antigua Porta Pintada o Porta de la Conquesta, cerca de la esquina de la calle Reina Esclaramunda.

Controlada la ciudad, se inició la represión: más de trescientas personas fueron ejecutadas y se impusieron durísimas multas a los vecinos y a los municipios de la isla. Así finalizaremos este itinerario, recordando cuál fue la suerte de Joanot Colom. Como los otros dirigentes de la Germanía, el líder fue objeto de una pena ejemplar: fue torturado y degollado, su cuerpo troceado y sus fragmentos colocados sobre pilares; su cabeza fue colocada en una jaula de hierro en la Porta Pintada; allí permaneció cerca de trescientos años, hasta que fue retirada en 1822. Un gesto simbólico con el que se iniciaba un debate sobre la entidad y la valoración de la Germanía que ha perdurado hasta nuestros días.

Las consecuencias de la Germanía

Esta rebelión, que se había iniciado con el objetivo de reformar la economía pública, acabó con un resultado desfavorable para Mallorca. Una de las consecuencias inmediatas fue, como hemos visto, la fuerte represión contra los agermanados, con la muerte, castigos y/o condenas con la pérdida de sus bienes.

Por el contrario, la ciudad de Alcúdia se benefició de la situación, dotándola con el título de “Fidelísima” y la exención de impuestos. Muchos de ellos recibieron una importante compensación por las pérdidas sufridas.

Las secuelas se manifestaron en tres niveles:

A nivel demográfico, con un descenso de población aproximadamente de un 30% del total (por el levantamiento en sí y por la peste).

A nivel económico, especialmente la imposición de nuevos tributos, que contribuyeron a aumentar el empobrecimiento de la isla. También se dictaron “composicions”, es decir, unas multas colectivas por villas, calculadas en proporción en el grado de participación de cada una en la revuelta y el patrimonio disponible. Nadie pudo librarse ya que por los fallecidos pagaron los herederos y por los fugados sus familias.

La lista de penas y número de personas afectadas fueron las siguientes: 128 procesados y ejecutados; 25 ejecutados sin proceso y 37 condenados a las galeras. A todos estos se les confiscaron los bienes.

Algunas de las “composicions” pagadas por las vilas fueron las siguientes (en libras): Sóller, 16.725; Llucmajor, 12.374; Pollença, 8.499; Inca, 6.450; Felanitx, 4.508; Manacor, 3.749, etc.

Ante la falta de caudales de las administraciones, se fueron creando más impuestos nuevos, que aumentaron las ya pesadas cargas fiscales.

Y, para finalizar, a nivel social hubo un claro aumento del bandolerismo, proveniente de las filas agermanadas en descomposición.