Datos y descargas

Dificultad:
Fácil.
Duración:
Excursión de al menos medio día para visitar los puntos de interés en Eivissa y la cova de Santa Agnès.
Longitud:
1,5 Km, aproximadamente, a pie y 17 Km en coche hasta el último punto.
De interés:
Se puede visitar el Museu Arqueològic d’Eivissa i Formentera, que permanece abierto de martes a sábado.
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Introducción

Hasta hace pocos años, era prácticamente imposible realizar un itinerario por la Ibiza islámica por la escasez de datos publicados y contrastados. Actualmente, puede tenerse una visión más completa tanto de la ciudad (d’Alt Vila) como del resto de la isla. Sin embargo, los restos visibles musulmanes no son muy abundantes.

La conquista islámica, por parte del Califato de Córdoba, de la isla de Ibiza se dio hacia el 902 d.C. Anterior a esta ocupación, en el siglo VIII, se detectó una primera presencia musulmana que concordaría con la etapa de la conquista de la Península Ibérica en el 711 d.C. Esta información ha sido aportada gracias a las excavaciones en las necrópolis des Palmer (aún de época bizantina), donde se encontraron enterramientos claramente andalusíes.

La ciudad de Ibiza, cuya parte más antigua recibe el nombre de Dalt Vila, fue fundada tras tomar posesión de la isla a principios del siglo X. En el siglo XI, las Islas Baleares pasaron a depender de la Taifa de Denia y comenzaron un período de independencia. El período taifa finaliza con la cruzada pisano-catalana, la cual marcará el inicio de la época almorávide y, posteriormente, de la almohade. La dominación islámica de la isla de Ibiza finalizará con la conquista cristiana en 1235.

La cruzada pisano-catalana (1114-1115)

La colaboración de pisanos y catalanes para conquistar las baleares quedó fijada en el Conveni de Sant Feliu de Guíxols, el arzobispo Pere, en Girona. Los esfuerzos italianos se ven reforzados por el Conde de Barcelona, Ramon Berenguer III, y súbditos. Este tratado plasman las normas que regirán las futuras relaciones políticas entre Cataluña y Pisa.

Tras una etapa de observación y preparativos, se inició la expedición desde Barcelona. La escuadra estaba compuesta por 500 naves, de las cuales 300 habían sido aportadas por los pisanos. Las otras eran tropas aliadas, que según Alcover y Rosselló Bordoy estaban constituidas por unos 75.000 combatientes y 900 caballos.

El itinerario se inició en dirección al puerto de Salou y desde aquí se dirigieron a Ibiza. Éste era el primer objetivo, por su posición estratégica como entrada al archipiélago. Los refuerzos almorávides, los únicos que podían acudir en su ayuda, necesitaban varios “jornadas” (días) para llegar a las Baleares. Era una oportunidad única para derrotar a sus potentes enemigos catalanes y para ampliar sus dominios con la incorporación de las islas orientales.

Ibiza, ciudad fortificada sobre un terreno elevado, rodeada por tres muros y con sus fuertes defendidos por fosos y una amplia muralla, con doce torres, cayó en poder de los pisano-catalanes tras un mes de asedio. Abu al-Mundir, que dirigía la defensa, desapareció en la contienda. Después de haber destruido las murallas y conseguido este primer objetivo, se continuó el camino hacia Mayurqa.

Poco tiempo después del saqueo de las islas, apareció la escuadra almorávide, dirigida por Wanudin ibn Sir, que se encontró con territorios en ruinas. Volvió a su punto de procedencia después de anexionar las islas a su imperio.

El abandono de las islas por los cristianos tras la invasión demuestran que los intereses estaban dirigidos más hacia derrotar a un enemigo común que entorpecía sus intereses y no a incorporar un territorio.

Gracias a ello, la ocupación almorávide pudo ser relativamente pacífica y la ausencia de un poder constituido en las islas permitió el establecimiento de los nuevos gobernantes. De esta forma se unificaban otra vez los territorios del Al-Andalus bajo un poder único.

Almudaina o Castell d’Eivissa

A pesar de la insistencia histórica en señalar que la ciudad de Ibiza tenía tres recintos urbanos concéntricos de origen medieval, la ciudad islámica sólo ocupaba la parte más alta, conocida con el nombre de “Castell d’Eivissa” y “Almudaina”. Este recinto se iniciaba en la esquina sudoeste del “Castell” hacia el ábside de la Catedral, Museu Arqueològic, Mirador, Curia, línea de construcciones hasta Sa Portella, Can Balanzat, Can Comasema, Capilla de Sant Ciriac y hacia la mencionada esquina del castillo.

Tenemos que tener en cuenta el significado del término “Almudaina”, que significa ciudadela, definiendo la ciudad administrativa, de residencia de funcionarios y cargos relacionados con el Estado islámico.

Las fuentes árabes se refieren a Ibiza como “una ciudad pequeña, bonita, que disfruta de la ventaja de los núcleos urbanos”, aunque hasta el siglo XVII no tuvo esa consideración de ciudad, sino de recinto amurallado, de “castell d’Eivissa” a Real Fuerza de Ibiza.

El recinto amurallado encerraba alrededor de 125 casas, una mezquita situada en el solar de la Catedral y algunos servicios urbanos. Fuera de la ciudad se encontraba un arrabal de unas cincuenta casas. El recinto contaba con un total de doce torres que actualmente se encuentran en un estado de conservación muy diverso. Son mucho más visibles desde fuera del recinto amurallado, especialmente desde el barrio de la Marina y desde el descampado del Soto.

En cuanto a la evolución urbana de la ciudad en la época islámica, las excavaciones realizadas en Dalt Vila, -en la Catedral, Museo Diocesano, Castell y Almudaina, y Sala de la Universitat- están dando datos al respecto, como el hallazgo, por vez primera, de niveles de ocupación asociados a estructuras arquitectónicas de tapia, de época califal (s. X), documentadas bajo la Catedral de Eivissa. También se han detectado niveles de destrucción e incendio, coincidentes con la invasión pisanocatalana del siglo XII, que arrasaron la ciudad y las murallas. Está documentado por escrito que los almorávides reconstruyeron la ciudad tras tal destrucción, pero las pocas excavaciones realizadas no han detectado tales acciones, pero sí las reformas posteriores de la última oleada de pueblos islámicos, los almohades, que llevaron a cabo en el primer recinto urbano, sobre todo en las defensas urbanas.

Aún quedan muchos aspectos importantes por documentar, como la delimitación, identificación y cronología de las transformaciones estructurales de la fortificación a lo largo del tiempo.

Actualmente, se conserva una única puerta de acceso a este recinto fortificado, la conocida con el nombre de “Sa Portella”, situada en la calle del mismo nombre y a la que se accede desde la Calle Mayor.

En esta zona de la Almudaina y también en otros lugares de Dalt Vila, se encontró un conjunto de cerámica andalusí de época anterior a la conquista del siglo X (902 d.C.), lo que denota una presencia islámica en época del Emirato de Córdoba. Se encontraron también en diversas partes de la isla, varias monedas de esta primera época, que aportaron datos muy interesantes para el estudio de estos contactos iniciales entre el Al-Andalus y la isla. El estudio de este material numismático incluye dos ejemplares de cobre encontrados en la zona de sa Coma, de los cuales sólo uno es legible y data del primer cuarto del siglo VIII. Su aparición se ha relacionado con la expedición militar musulmana dirigida contra Hispania que acabó con su anexión a la media luna en el 711 d.C. También se encontró una moneda de plata en Es Puig des Molins acuñada en el 811. En cualquier caso, todos estos hallazgos testimonian esta primera presencia y, las relaciones políticas y fiscales de la isla a mitad del siglo VIII.

Museu Arqueològic d’Eivissa i Formentera

Situado en Dalt Vila, en la plaza de la Catedral, en el número 3.

Como hemos indicado, el recinto amurallado se halla en un estado de conservación que presenta múltiples variaciones y, seguramente, el tramo de época islámica mejor conservado y de más fácil acceso es el que se encuentra en el interior del Museu Arqueològic, situado frente a la Catedral. En el Museu Arqueològic puede contemplarse, también, parte de las colecciones de arqueología islámica del Museu d’Eivissa i Formentera. Proceden de la propia ciudad, del Puig des Molins, de la cueva de Santa Agnés de Portmany y de diversos asentamientos rurales.

El contenido de la actual exposición permanente del Museu Arqueològic abarca más de 3000 años de historia de las Pitiüses: desde los primeros pobladores hasta la conquista cristiana de 1235. Se encuentra dividido en seis áreas: prehistoria, colonización fenicia, época púnica, época romana del Alto Imperio, época romana del Bajo Imperio, antigüedad tardía y, finalmente, de la época medieval islámica, situada en las salas quinta y sexta.

Entre las piezas de época islámica que podemos observar, destacan una serie de vajillas del período califal (siglo X), de procedencia desconocida, y nueve recipientes de vidrio de época emiral-califal, que se cedieron al museo como procedentes de Es Puig des Molins.

En la cultura islámica la cerámica es una de las manifestaciones artísticas más importantes, la cual experimentó un desarrollo prodigioso a partir del siglo VIII (época emiral). La cerámica omeya continuó con la tradición de las técnicas bizantina y oriental e ideó pronto nuevas formas de ornamentación mediante el uso de la caligrafía. En el siglo IX se elabora en Bagdad un tipo de loza vidriada (que recibiría más tarde el nombre de mayólica o fayenza) y se revolucionan los procedimientos de la cerámica gracias al uso de pastas porosas y la doble cocción a una temperatura variable. Este es el contexto de aparición de la llamada “cerámica verde y manganeso” que se consigue mediante la aplicación de óxido de cobre para conseguir un verde azulado y óxido de manganeso, que da un color morado. Los motivos iconográficos de estas cerámicas son variados, desde imágenes de un naturalismo mágico, vivas y llenas de movimiento, como el ataifor (plato) de la gacela, el del caballo, o el de la liebre; o en posiciones hieráticas (rígidas), de una gran delicadeza y ternura, como la de la llamada dama de Sabra, en el Museo de Artes Islámicas de Raqqada.

Los principales motivos decorativos en el arte islámico son las inscripciones religiosas (dedicada a Alá y al Corán), la decoración vegetal y la zoomórfica (animales). Se dice que las artes plásticas y decorativas musulmanas no representan a la figura humana. Sin embargo, aunque este motivo no sea algo predominante, sí aparece en varios casos. Hallamos también las llamadas por los especialistas, inscripciones pseudoepigráficas, que consiste en decorar la superficie cerámica con letras árabes pero sin llegar a conformar palabras. No se puede separar el arte islámico de la religión, por lo cual todos estos motivos ornamentales presentan un simbolismo, a veces evidente y otras no. Los motivos zoomórficos más comunes son: la gacela, símbolo de la tímida presencia de Dios en los jardines del alma; el pavo real, símbolo de lo permanente, de lo inmortal e incorruptible, ave del paraíso que representa en la simbología islámica al príncipe; la liebre simboliza la vida y su fertilidad; el caballo, los peces, etc.

La cerámica musulmana, durante la época omeya y el primer siglo abbasí, dispuso tanto de las obras de tradición grecorromana, con decoración en relieve, como las de origen persa. Sin embargo, muy pronto los artesanos iraquíes realizaron las primeras modificaciones técnicas, ya que al imitar manufacturas chinas, aplicaron barnices (vidriado transparente) y esmaltes (vidriado opaco, que también puede colorearse) a los tiestos, de tal manera que, además de hacerlos impermeables, pudieron darles policromía con diversos óxidos metálicos; con estos expedientes, además de la producción de lujo, los musulmanes dispusieron de cerámica vistosa y barata, de producción local, en la que destacaban los colores verdes, negruzcos amoratados y melados, en diversas combinaciones de dibujos o letreros, animados con incisiones, relieves, estampillados, etc., que en Al-Andalus se expandió bajo el tipo llamado verde y manganeso.

En la cerámica de lujo, ya fuese utilitaria o de simple ostentación, fue decisiva la invención el reflejo dorado, gracias al empleo de óxido de plata (que daba reflejos nacarados), pero que se abandonó por su alto costo, o de cobre (de agresivos brillos rojizos) dados sobre la superficie ya vidriada de los tiestos; su intención primitiva consistía en sustituir las vajillas de oro que el Islam había proscrito. Esta técnica, empleada antes en la decoración de los vidrios, requería una segunda y aún una tercera cochura, por lo que el proceso resultaba bastante complejo, y por lo tanto caro. En Al-Andalus se popularizó a partir de Málaga en el siglo XIII, adquiriendo mucha fama en la Granada del XV.

El puerto

Desde muchos puntos de la parte alta de la ciudad puede contemplarse la zona del puerto. Frente a este se sitúa el faro de Botafoc, enclavado en la isla que le da nombre y unida por un muro a s’Illa Grossa, a la vez enlazada con la mayor de las tres, s’Illa Plana. Estas tres islas hace tiempo que dejaron de serlo y, ahora, se han convertido en la protección de la bocana del puerto. Entre las islas y la ciudad se encontraba hasta hace relativamente poco tiempo una zona dedicada a la agricultura intensiva irrigada conocida con el nombre de “Ses Feixes” o “Pla d’Eivissa”. Se trata de un sistema de recuperación de tierras extrayendo agua mediante un complejo sistema de drenaje. Ello da lugar a parcelas largas y estrechas rodeadas de canales de drenaje excavados. A cada una de ellas se accedía por un “portal de feixa” y un puente, puesto que los canales perimetrales hacían también de cierre.

Con este sistema se produjo la ocupación agrícola de la zona de la albufera que se extendía entre el núcleo urbano y el extremo oriental de la playa de Talamanca. En época islámica se construyeron las “feixes” situadas más al interior, dejando la zona más próxima al mar dedicada a pastos y atravesada solamente por los canales de drenaje procedentes de la zona sembrada. Con el paso del tiempo esas primeras “feixes” fueron secándose y convirtiéndose en huertos regados a partir de norias. Desaparecieron los canales perimetrales de cada parcela y sólo se mantuvieron las grandes líneas de drenaje. Por último, fue secándose la zona dedicada originalmente a pastos, que fue ocupada definitivamente en el siglo XVIII.

Los musulmanes aportaron nuevas concepciones en el diseño de cultivo, la ocupación de los cuales estaría basada en una distribución desigual de la tierra entre los diversos grupos que crearon y compartieron las redes agrarias.

Algunas descripciones medievales de la isla de Ibiza indicarían que en ella se producía sal, madera para construcción naval, higueras y uvas pasas, que se dedicaban también a la explotación. Al parecer, la mayor parte de la producción de pasas procedería de vides o parras cultivadas en esta peculiar huerta situada junto a la ciudad de Ibiza.

De la época califal (s. X) se han encontrado tan solo tres ejemplares monetarios, dos acuñados en el Magreb, los cuales podrían indicar supuestos contactos comerciales entre el Norte de África y la isla, de lo cual habla el escritor Al-Zuhri, refiriéndose a la comercialización de la sal ibicenca.

Ya de época de la Taifa de Denia, gozando la isla de una mayor independencia, se han hallado hasta veintidós monedas datadas en el siglo XI. Sus procedencias son de Mayürqa (Mallorca), Denia, Zaragoza, Valencia, Granada, Almería, Sevilla y Málaga, lo que denota un posible aumento de la actividad comercial, además de un incremento de la intervención estatal y fiscal. De la época posterior, la almohade, sólo tenemos una moneda, perteneciente a la ceca de Fes, datada entre 1129-1162, encontrada en el Puig des Molins.

Museu Arqueològic des Puig des Molins

Saliendo de la ciudad por la Avenida de España, se accede al Museu Arqueològic des Puig des Molins.

Se trata de un museo monográfico dedicado a la necrópolis púnica ubicada en aquel lugar. Cerca del Museu, y en los terrenos que se encuentran bajo su conservación y vigilancia, se encontraron restos de una noria y de la alberca a ella asociada, de un edificio aún por definir y de una necrópolis, todos ellos de época califal. También los nueve recipientes de vidrio que se encuentran en Museu Arqueològic, supuestamente, proceden de este yacimiento.

En el Puig des Molins se encontró la única inscripción de época Taifa (s. XI). Se trata de un sello o emblema perteneciente a un personaje importante, llamado Al-Hasam ibn Ahmad, y está datado entre 1075 y 1114. En la isla de Formentera se encontraron otras inscripciones epigráficas de esta época.

Capilla subterránea de la Cova de Santa Agnès

Para llegar a este lugar, tomaremos la carretera desde la ciudad de Eivissa a Sant Antoni de Portmany, la C-731. Llegaremos al municipio de Sant Antoni y tomaremos la salida en dirección hacia Cala Salada. A un kilómetro y medio aproximadamente se llega a una colina donde se encuentra la capilla subterránea de Santa Agnès.

Es una cripta que se descubrió en 1907 a raíz de una exploración de la cueva en la que se encuentra. Es de origen paleocristiano, pero fue ocupada y reutilizada a lo largo de las diferentes épocas. Se sabe que fue utilizada en época musulmana, gracias a que en las excavaciones se hallaron varias piezas de cerámica islámica de época califal. Cabe destacar varias ollas y jarras, que presentan similitudes con las encontradas bajo los cimientos de la Catedral.

Presenta una estructura de iglesia catacumbaria que conserva el altar, dos bancos adosados y un bello arco de rajuela. La primitiva entrada del recinto quedó cegada (tapada) por los desprendimientos. El abate Breuil visitó la cripta durante su excavación y dedujo que se trataba de una iglesia anterior a la dominación musulmana, arruinada en esa época y reutilizada como vertedero, de ahí todos los restos cerámicos encontrados.

Conjunto hidráulico de Buscastell (Ibiza)

Para acabar el recorrido se pueden visitar este conjunto que demuestra la destreza y el desarrollo en torno a la gestión del agua por parte de los musulmanes, acostumbrados a las tempertauras del desierto. La fuente des Broll de Buscastell, en Ibiza, alimenta un sistema hidráulico de origen andalusí, aún en funcionamiento en la actualidad. Cerca de la fuente, dos acequias, situadas a ambos lados de la cama del torrente, recogen el agua del pozo de la Font del Broll. El conjunto constaba de un sistema de canalizaciones y terrazas, y de cuatro molinos de agua: de sa Plana, dels Cocons, de Can Costes y d’en Damià. Posteriormente se construyeron el d’en Tià y el de na Peres llegando hasta un total de 6 molinos.

La conquista de Ibiza

A partir de la conquista de Mayuqa por los cristianos en 1229, Ibiza, primero, y, más tarde, Menorca, recogerán la herencia islámica de Mallorca como pequeñas naciones independientes a las luchas contra el afán expansionista de la corona catalano-aragonesa.

El ejército cristiano pudo retardar la conquista de Ibiza tras la de Mallorca, ya que no suponía ninguna amenaza real inmediata (podía esperar). Ibiza pudo alargar su independencia hasta 1235. Sabemos que la corona no participó en la conquista que fue llevada a cabo como una misión particular. El arzobispo Guillem de Montgrí inició las negociaciones con el rey y obtuvo, en Alcañiz, la cesión de la isla de Ibiza, a cambio de conquistarla en un plazo de diez meses. La corona, evidentemente, conseguía beneficios de tal trato: el aumento de sus dominios. El 12 de abril de 1235 fue firmado en Tarragona un convenio, entre el arzobisbo, Nunó Sanç, Don Pere y el infante de Portugal, que regulaba la conquista y el reparto.

La ciudad de Ibiza resistió un sitio que duró cinco meses. La situación estaba agravada porque las murallas de la ciudad aún sufrían vestigios de las consecuencias de la cruzada pisano-catalana y que no habían sido totalmente restauradas.

En 1235 vencieron los cristianos y se repartieron la isla en cuatro partes. Los nuevos dueños quedaron como vasallos de Jaime I.