Datos y descargas

Dificultad:
Fácil. Paseo urbano.
Duración:
1 hora y media.
De interés:
Se puede visitar el interior de la Almudaina (entrada gratuita los miércoles) y los Baños árabes de la calle de Can Serra, previo pago de 1,5 €.
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Introducción

La incorporación de las Islas Baleares al emirato de Córdoba se produce en el año 902-903 de la mano de un personaje llamado Isâm al-Khawlânî, aún poco conocido. Madina Mayurqa es el nombre que recibió la ciudad de Palma durante la ocupación musulmana. Se configurará como un importante núcleo urbano a partir la dominación almorávide. Llegó a albergar más de 25.000 habitantes. Era el lugar de residencia de los walís (gobernadores musulmanes). Las clases dominantes se dedicaban básicamente a la guerra, a la piratería y al comercio, mientras que las clases populares vivían de la agricultura, ganadería y manufactura. Destaca el complejo sistema hidráulico implantado en la ciudad, que la abastecía de agua a través de la Font de la Vila.

La percepción y el grado de comprensión que puede adquirirse de la ciudad islámica que ocupaba el solar del actual centro histórico de Palma son inversamente proporcionales a la cantidad de restos arquitectónicos de aquella época que han llegado a nuestros días. De aquella ciudad se conserva, además de algunos edificios singulares, el trazado de las calles y el emplazamiento aún deducible de sus murallas y su sistema de distribución de agua.

El Al-Andalus

El Al-Andalus es el territorio hispánico dominado por los musulmanes desde su llegada en el 711 d.C. hasta 1492 cuando Granada es reconquistada por los Reyes Católicos. La historia y el arte hispanomusulmán abarca distintas etapas: Emirato (711-929); Califato de Córdoba (s. X); estados Taifas (s. XI); invasiones almorávides y almohades (s. XII); y el Reino Nazarí de Granada (XIII-1492). Es en la Península Ibérica donde el arte islámico encuentra su más perfecta evolución, el cual se llama hispanomusulmán.

El arte hispanomusulmán será la principal manifestación del arte islámico y de aquí se expandirá a zonas lejanas. El campo artístico más importante es la arquitectura, tanto la religiosa (mezquitas) como la civil (palacios), así como también la cerámica y las miniaturas de libros. Las funciones religiosas y civiles no pueden separarse ya que el estado islámico es teocrático. La escultura y la pintura se cultivaron poco al ser básicamente un arte iconoclasta que prefiere no representar la figura humana, aunque hay excepciones como en las arquetas de marfil. Sin embargo, Alá nunca es representable con figura humana, de ahí la profusión de inscripciones reiterativas del Corán.

Madina Mayurqa tardará muchos años en convertirse en un importante núcleo urbano. A partir de la dominación almorávide la ciudad adquirió una gran relevancia. Muchos refugiados que huían de los almohades se instalaron en la isla, llegando a una población de unos 25.000 habitantes (uno de los núcleos más poblados del occidente europeo). Sus pobladores se dedicaban básicamente a la piratería y al comercio.

Entre el campo y la ciudad no solía haber conflictos ya que las clases ciudadanas poderosas no eran las propietarias de las tierras de la part forana. La organización social se basaba en agrupaciones tribales y clánicas en pequeños poblados (alqueries y rafals), a parte de la ciudad de Mallorca.

En cuanto a las actividades económicas, el predominio claro correspondía al cultivo de regadío que producían hortalizas y forrajes, además de arroz o algodón. La isla tenía una importantísima red hidráulica que suministraba a la ciudad y a casi todas las tierras labradas.

Los intercambios culturales entre Oriente, la Península y la isla fueron frecuentes, convirtiendo a esta última en un centro de atracción de filósofos, gramáticos, historiadores y poetas. Muchos maestros mallorquines salían al exterior para transmitir sus conocimientos en las grandes ciudades orientales.

Los walís

Desde la conquista islámica Mayurqa se convirtió en una provincia dependiente del emirato Cordobés -y del califato cordobés a partir del 929-. Los gobernantes de Córdoba adjudicaron el gobierno de Mayurqa a sus representantes, los llamados walís, los cuales dependían de un poder central de la capital andaluza.

Los walís mallorquines pusieron su flota al servicio de sus señores peninsulares, participando en las expediciones musulmanas contra Cataluña y las costas mediterráneas francesas, como el sitio y conquista de Barcelona, en la que la escuadra mallorquina participó.

Cuando el califato se desintegró en los reinos de Taifas, Mallorca pasó a la taifa de Denia, por lo que los walís mallorquines pasaron a depender de ésta.

Recinto murario

El paseo por el recinto murario se empieza por el principio de la calle de Sant Miquel, a la altura de la iglesia de Santa Margalida, esquina calle dels Oms. Recorreremos la calle de Sant Miquel en dirección al mar (Cort, Catedral, palacio de la Almudaina), parándonos en los puntos que iremos indicando a través del discurso. Llegaremos y pasaremos por la plaza Mayor, la calle Colón, plazas de Cort y Santa Eulàlia.

Una vez finalizada la conquista de Mallorca, el primer walí de Mallorca, Isam al-Jawlani, se dedicó a la reconstrucción de la ciudad romana edificando posadas, baños y mezquitas, probablemente para favorecer la inmigración de musulmanes desde la Península, que al establecerse en las islas, influyeron intensamente en el cambio de la sociedad mallorquina para hacerla cada vez más parecida al Al-Andalus musulmán. Esta obra supuso la substitución del primitivo recinto romano por una ciudad de planta completamente distinta, según modelos musulmanes. Parece que éstos se basan en un desarrollo radial de las calles, que parten de un centro-origen, distando mucho de la planificación reticular (hipodámica) de las ciudades romanas. En Palma se presume un plano reticular al cual se añadiría la ampliación musulmana. Posteriormente están documentadas dos ampliaciones más: una llevada a cabo por Mubasir Nasir al-Dawla, que los pisanos destruyeron en 1115, y la segunda y última, llevada a cabo durante la época de Banu Ganiya, identificada con el núcleo urbano que encontraron los cristianos en 1229.

Resulta conveniente iniciar el itinerario junto a la Iglesia de Santa Margarita, actual parroquia castrense. A pocos metros de la entrada a la iglesia y sobre la misma acera se colocó en su día una lápida que recuerda la ubicación de la puerta por la que Jaime I entró en la ciudad el 31 de diciembre de 1229, tras tres meses de asedio poniendo fin a la dominación musulmana de la isla de Mayürqa.

La muralla de la ciudad fue construida a partir de un proyecto de finales del siglo XI y presentaba unas características constructivas muy unitarias. Ello permite observar las características de las puertas de la ciudad tanto en fotografías del momento de la demolición de las murallas, como contemplando la puerta parcialmente conservada en la Plaza de la Reina y que forma parte de este itinerario. Las torres se situaban a una distancia aproximada de 35 metros una de otra. Una de éstas ha sido localizada en la manzana limitada por las calles de Sant Pere, Pólvora y la plaza de la Porta de Santa Catalina. Se trata de una torre de planta rectangular de 4,1 metros de lado, bastida con tapial con esquinas de piedra de marés, conservando restos de almenas.

La puerta de Santa Margalida, Bâb al-Kahl en árabe, se situaba en el punto topográfico más alto de la ciudad. Su emplazamiento fue elegido expresamente para hacerlo coincidir con el de la entrada de la acequia del agua de la “Font de la Vila” en la ciudad. No se conserva tal puerta pero se supone, por testimonios como los dibujos de Isasi de 1907, que la puerta estaba formada por un bloque de planta rectangular diferenciado del muro de cerca, con túnel de acceso directo que en su parte medial presentaría un arco subsidiario para albergar el rastrillo.

Continuando el itinerario por la calle de Sant Miquel puede observarse como la línea de trampillas de recogida de aguas pluviales marcan aún hoy el camino que seguía la acequia principal, que por gravedad llevaba el agua hasta el Palacio de la Almudaina.

La iglesia de Sant Miquel de la misma calle se ubica en el mismo solar que una de las mezquitas de la ciudad, precisamente aquella en la que se ofició la primera misa después de la ocupación de la ciudad por el ejército feudal dirigido por Jaime I de Aragón, ya que aún no se habían construido templos cristianos.

Como ocurre en muchas otras mezquitas de la ciudad, en sus inmediaciones se encontraban un cementerio y unos baños. Desconocemos el emplazamiento exacto de la necrópolis pero algunas de sus piedras sepulcrales con inscripciones árabes fueron utilizadas como material de construcción de la puerta de Santa Margalida, muy dañada en el momento de la conquista. Estos restos constituyen la mayor parte de la colección de epigrafía árabe del Museo de Mallorca.

Tampoco puede precisarse el emplazamiento exacto de los baños, si bien, según la documentación escrita, se encontraban junto a la iglesia, en unas casas de propiedad de la familia Bennàssar, que ocupó también, tras la conquista, las tierras de Alfàbia.

Continuaremos por la calle de Sant Miquel, conocida por la calle de la acequia en época islámica. En aquel momento era una vía flanqueada por tiendas y talleres que unía el centro de la ciudad con las carreteras de Valldemossa y Bunyola. En los diferentes mercados de ciudad se vendían carne, hortalizas, plata, carbón, cerámica (utilitaria y de lujo, con la técnica de verde y manganeso, y reflejo metálico, que luego utilizaron los cristianos), zapatos de esparto, etc.

Al avanzar hacia la Plaza Mayor encontramos a la izquierda algunas calles estrechas: Moliners, Can Gater, can Tamoner… cuyo trazado sigue una curva muy pronunciada. Este trazado nos indica cómo estas calles, cuya anchura no ha variado desde la Edad Media, se trazaron siguiendo las curvas de nivel que permitirían ubicar los distintos ramales de la acequia de la ciudad. La Plaza Mayor y la calle Colón obedecen a reformas urbanas del siglo XIX que alteraron totalmente el aspecto original de la zona.

Las plazas de Cort y Santa Eulàlia son muestra de un amplio espacio libre público que separaba la zona urbana edificada de los muros de la antigua ciudad romana de Palma.

Esta muralla continuó en uso hasta el momento de la conquista de 1229 y en época islámica cerraba la alcazaba o Almudaina de la ciudad. Este término, almudaina, que significa ciudadela, definía la ciudad administrativa, de residencia de funcionarios y cargos relacionados con el Estado islámico. Restos de esta muralla son visibles aún en la calle Almudaina y en el jardín del Palacio Episcopal.

El espacio público al que anteriormente hacíamos mención se utilizaba como huerto y estaba parcialmente ocupado por una gran necrópolis que se extendía desde el solar de los actuales edificios traseros del Ayuntamiento de Palma hasta mitad de la calle Argentería.

El solar de la iglesia de Santa Eulàlia no corresponde al de ninguna mezquita, si bien había una en la zona, en la antigua calle de la Ferreria dels Llums, y, por lo tanto, mucho más próxima a la plaza de Cort.

Palacio de la Almudaina

Desde Cort continuaremos por la calle del Palau Reial, llegando al Palacio de la Almudaina. Debe entenderse que el actual palacio no constituía la Almudaina, tal y como hemos señalado antes, sino que su nombre deriva del hecho de encontrarse en el interior de la ciudadela.

La Almudaina era la sede de los gobernadores musulmanes, que se reconstruyó siguiendo el estilo gótico con la conquista cristiana. Ha sido siempre el lugar de residencia del jefe del Estado o de su representante en las Islas Baleares. En época islámica residieron en él los valíes o, durante el corto período de independencia política de Baleares, fue la residencia de sus cabezas, Al-Murtada y Mubassir Nasir al-Dawla.

Las obras de restauración del siglo XX destaparon algunos restos de la época musulmana como los baños, las torres y el conjunto conocido con el nombre de arc de Drassana. También aparecieron durante las excavaciones varias conducciones residuales de la canalización de la ciudad islámica: tubos de barro cocido, bocas de distintos diámetros, etc., conjunto que permitía la existencia de fuentes en la superficie. Gracias a estos trabajos se han elaborado varias reconstrucciones de cómo debía ser el edificio en su época originaria y también se han establecido hipótesis sobre su cronología. La planta debía contar con una estructura rectangular con una torre de planta cuadrangular en cada uno de los extremos y otras dos, más estrechas (una de las cuales se ubicaba en el lugar que hoy ocupa la torre de l’Àngel). Se trata de construcciones levantadas con la técnica denominada de soga y tizón, muy común durante los siglos X y XI. En cuanto a la datación, el núcleo del edificio, el qasr, puede datarse en el siglo X, del que se conservan actualmente pocos restos (como las bases de las torres situadas en la fachada frente a la Catedral), con una serie de modificaciones realizadas entre finales de esta centuria y el siglo XI: la construcción de la torre de l’Àngel, varias dependencias y el levantamiento de un muro de tapia de 18,25 metros de altura, entre otras.

La Aljama

Frente a la Almudaina se encuentra la Catedral de Palma, ubicación donde se encontraba la mezquita.

Su gran solar cubre lo que fue mezquita, con sus patios y minarete, y parte de una necrópolis recientemente descubierta. Se sabe que esta mezquita también había sido construida sobre una basílica romana. Esta mezquita era la aljama y probablemente la más antigua de la ciudad. Se denominan mezquitas aljamas aquellas en las que teóricamente puede reunirse toda la población para la oración de los viernes.

Este templo musulmán fue substituido por la construcción de la actual catedral cristiana sobre su emplazamiento. Restos del templo musulmán se mantuvieron dentro de la catedral hasta el siglo XVI y, actualmente, pese a los esfuerzos arqueológicos realizados, no ha sido posible localizar sus restos. La parte más antigua que se conserva es el zócalo de la torre-campanar.

Hort del Rei

Desde la catedral nuestro itinerario puede tomar dos caminos totalmente opuestos: a la izquierda hacia los baños árabes de la calle de Can Serra y a la derecha hacia l’Hort del Rei. Continuaremos por este último.

Descendiendo hacia la plaza de la reina, por la calle Conquistador, puede contemplarse la fachada Este del Palacio de la Almudaina y los jardines de l’Hort del Rei, antiguamente utilizado para abastecer a los habitantes del Palacio. Junto al huerto se extendía un brazo de mar que enlazaba con el torrente de la Riera, que entraba en la ciudad por la Rambla y el Borne.

Los actuales jardines de la Glorieta dedicada al poeta Joan Alcocer ocupan el solar del antiguo convento de San Francisco de Paula y éste el de una mezquita y unos baños públicos muy citados en la documentación medieval. Los baños eran los de la porción de Nunó Sanç, cerca del puente Jusà. Parece que éstos tomaban el agua de una cenia y de la acequia de Ayn al-amir, ya que cerca se encontraban dos estanques unidos a los baños por la acequia.

Por la calle Antonio Maura y dando entrada a la calle del Mar se encuentran los restos de una puerta de la muralla islámica recientemente restaurada. Saliendo por ella podemos imaginar una zona libre de edificaciones que se entendía entre la muralla y el mar, en la que sólo se desarrollaban actividades relacionadas con la navegación, en torno a los muros de la atarazana.

Baños árabes

Desde la Catedral, y partiendo en dirección Este se llega a los baños árabes, situados en la calle de Can Serra, cerca del edificio del Colegio Oficial de Arquitectos (calle de la Portella, 14). Es seguramente la construcción de época islámica mejor conservada de las islas Baleares.

Este edificio, que puede fecharse durante la primera mitad del siglo XII, fue construido reutilizando materiales procedentes de edificios destruidos durante el ataque a Palma de 1114-1116. Junto a los baños se encontraba una mezquita, que no debe identificarse con la iglesia de Santa Clara, y una necrópolis que se extendía hasta la calle Miramar.

De los cinco baños que se citan en el Llibre del Repartiment, éstos son los únicos que se han conservado hasta nuestros días. De ellos se conserva una sala de acceso, la sala de baños calientes y parte de un huerto en el que aún se mantiene el pozo de una noria. El acceso se realiza a través de un estrecho corredor empedrado que desemboca en una terraza elevada, ajardinada, perteneciente a la casa de Can España-Morell. Las dependencias están conformadas por un espacio central destinada a los baños calientes y una estancia anexa de planta rectangular y bóveda de cañón. La sala principal es de planta cuadrada y está cubierta por una cúpula central semiesférica, en la que se abren una serie de claraboyas que proporcionan una suave luminosidad a la estancia. A su alrededor se distribuyen doce columnas con arcos de herradura, con capiteles de diferentes tamaños y morfologías, probablemente reaprovechados de otros edificios que fueron destruidos tras la incursión pisana de principios del siglo XII. Los muros se encuentran ennegrecidos por el uso, probablemente, de antorchas para iluminar los interiores. Se distinguen restos de chimeneas. En el pavimento todavía se aprecian las marcas de las conducciones de agua, que debía de proceder de la Font de la Vila, y de una noria localizada en el jardín, ahora reconvertida en un pozo.

El Temple

Siguiendo hacia el Este y cruzando un antiguo barrio de alfarerías islámicas, llegaremos al edificio conocido como “El Temple”, cerca de la plaza de la Porta des Camp, al principio, a la izquierda, de la Avenida Gabriel Alomar i Villalonga (por el lado que da al mar).

Se trata de una parte de un recinto fortificado que se construyó para defender la zona más endeble de la fortificación de la ciudad de manera que, para entrar a la ciudad, debía cruzarse una puerta, un recinto rectangular con torres y una segunda puerta, la que actualmente podemos ver.

Durante la época musulmana la ciudad de Madina Mayurqa amplió el perímetro de su fortificación con un segundo y tercer recinto amurallado. Adosada al tercer cinturón de murallas se hallaba una Almudaina o fortificación, llamada Gumara, con sus propios muros y flanqueada por doce torres de defensa. La fecha de construcción se remonta al siglo XI, en plena época taifa. El edificio debía ser del mismo tipo que la Almudaina de la calle del Palau Reial, con muros robustos y torres de argamasa con esquinas de cantería. Era un pequeño castillo con un patio interior, que defendía la entrada cercana, la Porta del Camp.