Datos y descargas

Dificultad:
Moderada
Duración:
2 horas
Longitud:
2 Km a pie, aproximadamente, del punto 1 al punto 5.
De interés:
Sanisera es la única ciudad romana de Menorca que se puede excavar en su totalidad. Es aconsejable visitar el Ecomuseu del Cap de Cavalleria y pedir información sobre como llegar a los diferentes puntos. Podremos dejar el coche en el aparcamiento y disponer de un folleto para guiarnos por todo el recorrido de la ruta. La entrada general al museo cuesta 3 €.
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Introducción

Mallorca y Menorca han estado siempre relacionadas entre sí (no así con Ibiza y Formentera) hasta el punto que muchos autores de época antigua las denominaban con un mismo término: Choirádes (llamadas así en la obra de carácter geográfico de Timeo de Tauromenio en el siglo IV a.C.), Gymnesia (nesónimo muy utilizado por los antiguos y con un origen aún desconocido) o Baliarídes (atestiguado por primera vez en fuentes de época helenística, a finales del siglo III a.C.). Este término fue aceptado rápidamente por los romanos, transformándose en Baleares. En su afán por distinguir entre las dos islas, las adjetivan, denominándose así Baliares Maior y Baliares Minor, términos que luego pasarán a convertirse en Maiorica y Minorica.

Las primeras noticias que tenemos tanto de Menorca como de Mallorca hacen referencia sobre todo a los honderos baleares y a los diferentes reclutamientos que se llevaron a cabo para las distintas batallas de la época antigua. Se los conoce especialmente luchando en el bando cartaginés, en primer lugar, y en el bando romano después. Durante la II Guerra Púnica, Tito Livio (Livio XXVIII, 37, 5-10), nos relata que en el año 206 a.C. el ejército de Magón, el último que queda del bando cartaginés, se ve obligado a salir de la península para dirigirse a Italia. Durante el trayecto pasa por la Pitiusa, último reducto púnico, donde recibe víveres, combatientes y armas, y luego se dirige a las Baleares, donde pretende pasar el invierno. En Mallorca los habitantes se oponen a su llegada, usando las hondas y el ejército se dirige a Menorca. Una vez allí, colocan el campamento sobre un puerto, se apoderan de una ciudad y reclutan a dos mil varones en edad militar que son enviados a Carthago. Se supone que esta ciudad donde se asentaron es Mago (Mahón), aunque es algo que todavía no se ha podido comprobar ya que tanto Mago como Iamo (Ciutadella) han sido habitados continuamente y han imposibilitado su investigación.

Las principales fuentes literarias que hacen referencia a Menorca se caracterizan por ser escasas y con poco contenido, por lo que, respecto a la agricultura y la ganadería, tenemos una visión algo confusa. La mayoría de las veces hablan de las Baleares en general, sin especificar la isla, lo cual imposibilita saber si se trata de las dos o solamente de una de ellas. Estos autores mencionan la fertilidad de las tierras de las Baleares y Plinio nos habla de su excelente trigo y sus exquisitos vinos. Con respecto a la ganadería, centrándose ya en Menorca, Diodoro, en el siglo I a.C., elogia sus mulos por su fuerza, mientras que Plinio nos comenta la abundante caza que se encuentra en las Gymnesias (vuelve a referirse a las dos islas).

En cuanto al mundo rural después de la conquista romana, tenemos muy poca información, ya que todavía no se ha excavado ninguna villa romana que se haya podido identificar como tal. También sabemos del hallazgo de dos miliarios aparecidos entre Maó y Alaior, con lo que se refuerza la hipótesis de la existencia de una o varias calzadas que debieron mejorar la circulación por el interior de la isla.

Se sabe que muchos de los yacimientos prehistóricos menorquines continúan siendo utilizados en momentos posteriores a la conquista romana, por lo que esta llegada no supone una ruptura del modelo tradicional de hábitat aunque se ve, en diferentes excavaciones realizadas en Iamo y Mago, que en el cambio de era fueron ganando en entidad y población, llegando al momento de máximo esplendor en el sigo II d.C. Este hecho coincide con una clara decadencia de los principales núcleos de época prerromana, como son Trepucó, Torre d´En Galmés y Son Catlar.

Esta situación de decadencia de las zonas rurales vuelve a cambiar durante el Bajo Imperio (siglos III y IV d.C), apareciendo gran cantidad de materiales en todos los yacimientos prehistóricos de la isla, además de los tres centros urbanos. De esta época se han recuperado gran cantidad de monedas y cerámicas en Iamo, Sanisera y algunos yacimientos rurales, lo que ha llevado a pensar a algunos autores en una cierta reactivación de la economía de la isla.

Sanisera fue el tercer núcleo habitado más importante de Menorca en época antigua. Al contrario que Iamo y Mago, su solar fue abandonado hace siglos y, por tanto, los trabajos de excavación que allí se puedan realizar son mucho más fáciles y agradecidos, siendo, sin ninguna duda, uno de los grandes tesoros arqueológicos de la isla. Las excavaciones científicas en Sanitja se iniciaron en el año 1979 y, aunque con frecuentes interrupciones, han ido continuado hasta nuestros días.

La única referencia literaria clásica a Sanisera es del siglo I d.C. concretamente de Plinio el Viejo (Nat. Hist. III, 78), quien la menciona junto a Iamno y Mago como civitates.

Estos tres núcleos habitados estaban situados en los tres principales fondeaderos de la isla. Sanisera no tenía un puerto natural tan bueno como las otras dos ciudades, pero sí que era el mejor refugio de toda la costa norte menorquina. Todas ellas se convirtieron en focos de entrada de la nueva cultura romana, eminentemente urbana, jugando el papel de centros económicos, lugares para la promoción política y social, y bases para el control fiscal y la seguridad del territorio.

Ecomuseu de Cap de Cavalleria

Para llegar al ecomuseo desde el Mercadal, debemos tomar la carretera en dirección a Fornells. Aproximadamente a cuatro kilómetros encontramos una bifurcación perfectamente señalizada a la izquierda que nos lleva al Cap de Cavalleria. En el camino, en dirección al faro de Cavalleria, encontraremos a la derecha una señalización del ecomuseo. Podemos meternos con el coche y dejarlo en el aparcamiento. Desde allí se iniciará todo el recorrido siguiendo el folleto guía.

El ecomuseo está gestionado por la Associació Sanitja, entidad sin ánimo de lucro, que tiene como objetivos principales el estudio, la conservación y la divulgación del patrimonio natural y cultural de la zona.

Empezando la ruta por este museo el visitante podrá introducirse en la historia de Sanisera a través de diversos detalles de las excavaciones del yacimiento. Podrá apreciar una muestra de los materiales aparecidos durante los trabajos arqueológicos. Desde aquí podrá percatarse de que el yacimiento se encuentra en el fondo de un magnífico puerto, incluso hoy en día, en un marco natural incomparable.

Debe decirse que el primer historiador que planteó la ubicación de Sanisera en el puerto de Sanitja fue Joan Ramis i Ramis ya en 1784, partiendo simplemente de las semejanzas toponímicas. Pero no fue hasta los años setenta del pasado siglo XX, cuando se iniciaron, primero las prospecciones, y luego las excavaciones que permitieron corroborar tal localización. Fue entonces cuando se pudo observar que el yacimiento arqueológico de Sanitja ocupaba un mínimo de 6 hectáreas terrestres. Gracias a hallazgos casuales y a prospecciones arqueológicas subacuáticas también se ha podido constatar la riqueza arqueológica del fondo del puerto, lugar donde aparecen sobre todo gran cantidad de ánforas que son una buena muestra de la actividad comercial que debió tener Sanisera.

El Castellum

Los materiales más antiguos documentados en Sanisera son de época tardo-republicana y por tanto, no se discute su fundación romana (al contrario que Iamo y Mago donde se han planteado unas fundaciones urbanas anteriores a la conquista romana). En su solar no se ha encontrado ningún tipo de construcción talayótica, aunque cabe remarcar que a poca distancia se encuentra el importante poblado prehistórico del Pujol Antic. En dicho yacimiento se encontró hace unos años una de las mejores figuras de bronce de las Baleares. Se trata concretamente de la representación del dios Marte, de estilo helenístico, pero ya muy probablemente de producción romana.

Según los actuales excavadores de Sanitja, las construcciones situadas en el lado sureste de la bahía corresponderían a un centro militar, de planta regular, construido justo después de la conquista romana de la isla (123 a.C.). Sería, pues, un auténtico campamento militar o, más probablemente, un castellum, es decir, un pequeño núcleo habitado dotado de elementos defensivos. La orientación de sus estructuras siempre se adapta a la mejor opción del terreno, es decir, Noroeste-Sureste en la parte del promontorio, y Norte-Sur en las otras. Todo apunta a que corresponderían a este momento los abundantes proyectiles de plomo para el tiro con honda (glandes plumbeae) encontrados en diversos sitios del yacimiento. En algunos de ellos se han encontrado marcadas las letras [S. CAE.] o [S. S. (C?)], las cuales se han querido relacionar con el cónsul Quinto Cecilio Metelo Pío, militar que se enfrentó a Sertorio. En este sentido cabe destacar que en una de las habitaciones se halló un auténtico almacén de proyectiles de plomo y lo que parece ser la punta de un pilum (es decir, una jabalina pesada de punta fina). Muy recientemente también se ha propuesto que este “campamento militar” habría servido para el reclutamiento y el adiestramiento de una parte de los famosos honderos baleares, y que habría estado en uso entre el 123 a.C. y un momento cercano al 45 a.C. Serían tal vez, y siempre siguiendo las palabras de los directores actuales, honderos que habrían luchado en la guerra de Yugurta, la guerra Civil o de los Aliados, las guerras Sertorianas y, la guerra entre César y Pompeyo.

La extensión geográfica cada vez mayor que Roma iba obteniendo con sus victorias hacía que se fueran abriendo muchos frentes. De ahí que tuvo que reestructurar su ejército, que se había quedado obsoleto ante la complejidad militar del momento. Esta reorganización comportó el continuo reclutamiento de hombres procedentes de los colectivos vencidos a consecuencia de su sumisión a Roma y en virtud de los pactos regulados con ellos. Esta práctica fue una constante que duró hasta el final del Imperio Romano de Occidente.

En el caso que nos ocupa, respecto a la utilización por parte del ejército romano de los honderos baleáricos como fuerzas auxiliares (a excepción de la guerra de las Galias), no se sabe seguro si César o Pompeyo las utilizaron o si el campamento militar de Sanitja perduró hasta el 45 a.C. En las campañas por la conquista del territorio galo, las fuentes citan la participación de honderos, pero sin indicar su procedencia. Sólo en la batalla de Bribax, en el año 57 a.C., se especifica que los honderos baleáricos formaban parte del ejército de choque entre la caballería de Numidia y los arqueros de Creta. Poco tiempo después, durante la guerra entre César y Pompeyo, las Gimnesias (Baleares) vuelven a ser un punto estratégico entre los dos contrincantes, las cuales siempre se decantaron más por el bando pompeyano. Éste contaba en Hispania con el apoyo de siete legiones, distribuidas en torno a dos centros principales: Lleida (Ilerda) y Córdoba (Corduba). Sin embargo, César consiguió la victoria. El hijo del derrotado, Cneo Pompeyo, preparó en las Islas Baleares una expedición para desembarcar en la Península para recuperar el control de Hispania. Pero César volvió a triunfar definitivamente en la batalla de Munda en el año 45 a.C.

Los restos arqueológicos encontrados en el campamento militar de Sanitja, denotan una remodelación constructiva fechable entre los años 75 y 45 a.C, constituyendo la fase final de su ocupación. Esta etapa podría coincidir precisamente con la preparación en las islas de la expedición organizada por Cneo Pompeyo, en la cual seguramente participaron los honderos baleáricos. El abandono del Castellum pudo producirse perfectamente en el 45 a.C. En este año las Gimnesias quedaron en un momento de paz.

Se han encontrado en el yacimiento proyectiles de plomo de los honderos, testimonio de la actividad bélica y de la utilización de fuerzas auxiliares oriundas de la zona. Estos objetos se ubicaban mayoritariamente en las afueras del poblado, en pendientes abruptas y en zonas periféricas, y se han datado durante las guerras sertorianas.

Tal y como se puede observar desde el lugar, la localización del campamento se beneficiaría del hecho de encontrarse sobre una cima plana en una colina que se alza discretamente a una altura de entre 15 y 20 metros sobre el nivel del mar. Sería, por tanto, un lugar relativamente fácil de defender e ideal para vigilar y controlar el puerto, dado que desde aquí se tiene una buena visibilidad de su ensenada y de una parte amplia del horizonte norte de Menorca.

De Sanisera todavía no se conocen estructuras fechables con seguridad en tiempos del Alto Imperio. De todas formas, la abundancia de material recuperado correspondiente a este período nos muestra que debió de ser uno de los momentos de máxima ocupación del asentamiento. Parece que sería de esta época el fragmento de una lápida de mármol jaspeado donde aparecen las letras RIA, que pertenecería a un epígrafe monumental. También lo serían muchos de los fragmentos de la cerámica típica romana de vajilla de barniz rojo (terra sigillata) que se encuentra por gran parte del yacimiento. Los porcentajes de material posterior al siglo III d.C. son considerablemente menores, cosa que hace entrever que Sanisera se habría convertido en un punto de población residual.

El Sector Oeste. Edificio C

La inexistencia de referencias literarias a Sanisera posteriores al siglo I d.C. y el hecho de que Severo, a principios del siglo V, no la mencione, parecen un claro síntoma de que hacía años, o más bien siglos, que su población había pasado ya a un segundo plano. De todas formas, la arqueología nos demuestra que continuaba habitada, tanto por los materiales que encontramos en su solar, como por una serie de estructuras que se han ido desenterrando.

En uso en el siglo IV d.C., se ha localizado un edificio situado en el lado occidental del yacimiento. De esta construcción se han excavado un total de ocho habitaciones, todas ellas de planta cuadrada o rectangular. Gracias a los datos obtenidos durante los trabajos arqueológicos se ha podido apreciar que dos de ellas estarían destinadas a vivienda, otras dos a almacenes, una a corral, dos a trabajos industriales y dos a patios. Dicho edificio se pudo relacionar con una explotación agrícola-ganadera, con algunos detalles de carácter productivo. Esta producción queda reflejada, entre otras cosas, por la presencia de dos depósitos interconectados. Desgraciadamente hasta día de hoy no se ha podido determinar que tipo o tipos de productos se elaboraron en el lugar, aunque no puede desestimarse una producción vinícola como la que nos testimonia Severo de Menorca cuando nos habla de unas viñas, una prensa y una cuba localizadas en el campo menorquín. Volviendo a los datos que se tienen de este Edificio C, todo apunta a que dicha edificación estaría funcionando hasta como mínimo el siglo VI d.C.

El Sector Oeste. Necrópolis

A partir del siglo V d.C. se reducen considerablemente los materiales encontrados en los aledaños de Sanitja, aunque siguen apareciendo pequeñas cantidades de materiales de los siglos VI y VII d.C., cosa que evidencia una ocupación humana del lugar presumiblemente continuada.

También en este sector occidental, a unos 20 metros al norte del Edificio C, en medio de una serie de muros y estructuras de diversa índole, aparecieron un mínimo de 21 enterramientos. Estas tumbas eran del tipo cista y/o cubierta de opus signinum. A pesar de que no se pudieron datar con precisión, todo apunta a que han de corresponder a un momento bastante avanzado de la ocupación antigua del yacimiento. Por paralelos, parece ser que estas edificaciones deberían de datarse entre los siglos V y VII d.C., y que serían monumentos funerarios iguales a los encontrados pegados a la basílica de Fornells en Menorca, a la basílica de Son Peretó en Mallorca, y en el centro histórico de Ciutadella. El hallazgo, en este sector de la necrópolis, de un fragmento de mensa de mármol, unos supuestos platos litúrgicos y una serie de muros hechos con sillares, permitieron plantear la posibilidad de la presencia de una basílica en este lugar. Otros autores van más allá y proponen interpretar los restos como pertenecientes a un monasterio. Desgraciadamente, hasta que no se complete la excavación del lugar, será imposible decantarse hacia cualquiera de las dos opciones.

Cabe destacar que la mayoría de los elementos cerámicos correspondientes a los siglos V, VI y VII d.C., encontrados en Sanitja, provienen de las zonas cercanas a Cartago, en lo que es, a día de hoy, la actual Túnez. Otros materiales de la época, pero ya en menor número, llegaron de la vecina isla de Ibiza, del sur de la Galia, y del extremo oriental del Mediterráneo.

La mezquita

Nada sabemos de lo acontecido en Sanitja en los siglos VIII al X d.C., pero ello no significa necesariamente que el lugar fuese abandonado por completo. En cambio, la cerámica que aparece por una amplia zona, nos informa de la presencia de una comunidad musulmana de época islámica (siglos X al XIII d.C.), difícil de precisar cronológicamente. Tampoco sabemos a ciencia cierta si habría habido una explotación agrícola o ganadera del tipo alquería, una pequeña zona portuaria, o ambas cosas.

Por ahora, la única construcción atribuible a esta época sería la localizada un poco más a septentrión de la necrópolis, en el lugar llamado la Punta Norte. Allí quedan los cimientos hechos con sillares muy probablemente reutilizados, de un pequeño edificio que se había malinterpretado como posible faro. A día de hoy, gracias a la observación de su orientación y de sus características constructivas (sobre todo por la presencia de un mihrab, es decir, un pequeño ábside localizado en el exterior de su pared sureste), no parece haber lugar a dudas de que se trata de una mezquita.

Datos y descargas

Dificultad:
Fácil. Se debe ir a pie a lo largo de todo el recorrido.
Duración:
1 hora y 30 minutos.
Longitud:
1 km aproximadamente desde el desembarque hasta el punto 2, el Museo de Cabrera.
De interés:
El Museo de Cabrera, con los aspectos más interesantes de la arqueología, etnografía y naturaleza de Cabrera.
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Introducción

La carta que el Papa Gregorio Magno dirigió al defensor Johannes en el 603 d. C. (Gregorio I, Epístola XIII, 47) nos informa sin ningún tipo de duda de que hubo un monasterio en la Cabrera balear. A nuestro entender, el hecho de que la máxima autoridad cristiana de Occidente se preocupara por dicha comunidad, nos estaría mostrando que ésta debió de ser de cierta relevancia. Ninguna otra fuente literaria fiable ha llegado a nuestros días de aquellos monjes del archipiélago de Cabrera.

Gracias a diversas fuentes escritas sabemos que en la segunda mitad del siglo IV d.C. y, sobre todo, durante los siglos V y VI, fue frecuente la instalación de comunidades eremíticas, cenobíticas, o de ambas clases, en muchas de las islitas del Mediterráneo occidental y del Atlántico. Paralelamente, los trabajos arqueológicos que se han venido realizando en algunas de aquellas islas nos han servido para poder empezar a conocer como fueron aquellos cenobios (lugar donde habitaban los monjes en comunidad) y los eremitorios (lugar donde habitarían uno o unos pocos monjes eremitas).

Desde el año 1999 un equipo de arqueólogos del Ajuntament de Palma de Mallorca, viene realizando diversos trabajos dentro del proyecto Recuperació, consolidació i musealització del monestir bizantí de l’illa de Cabrera, cuyo objetivo principal es conocer mejor cómo fue aquella comunidad de monjes cabrerense.

La isla de Cabrera

En esta isla, la más grande del archipiélago de Cabrera, son abundantes los lugares donde se encuentra material cerámico correspondiente a la Antigüedad tardía. Este hecho se debe a dos causas muy diferentes y que no tienen nada que ver una con la otra. La primera en el tiempo es la instalación de la citada comunidad monástica en los siglos V-VII d.C., la cual generó muchos restos. La otra es el confinamiento, entre 1809 y 1814, de más de 9.000 prisioneros franceses en un espacio tan pequeño como Cabrera. Leyendo los testimonios de los supervivientes de ese campo de concentración y la literatura que sobre ellos se ha ido publicando, queda evidenciado que aquellos cautivos construyeron sus cabañas a partir de restos preexistentes en la isla. De hecho, también se dedicaron a realizar excavaciones para recuperar ciertos elementos, como capiteles y monedas, para intercambiarlos por alimentos con sus vigilantes. Las carencias de estos prisioneros eran tan grandes que parece que también se aprovecharon otros utensilios, como las cerámicas antiguas más bien conservadas. Por todo lo que se ha visto hasta ahora, no hay duda que este enorme contingente de prisioneros franceses debió causar una mayor dispersión de materiales de época antigua y, por lo tanto, se ha de ser muy prudente a la hora de extraer conclusiones de los estudios sólo basados en trabajos de prospección.

El yacimiento del Pla de ses Figueres

Partiendo de los trabajos arqueológicos, y de prospección realizados por todo el archipiélago de Cabrera, se planteó la posibilidad de haber identificado el cenobio de la comunidad monacal en un llano de las inmediaciones del puerto cabrerense (Pla de ses Figueres) y un eremitorio en el interior de la isla (Clot des Guix).

El Pla de ses Figueres comienza en la actual línea de costa y se aleja hasta 150 metros, como mínimo. En este yacimiento, antes de haber iniciado las excavaciones arqueológicas, ya destacaba la enorme cantidad de cerámicas que aparecían en la superficie, cerámicas tanto para cocinar, como de vajilla o despensa, correspondientes a los siglos V a VII d.C. Entre 1999 y 2007 se han venido realizando campañas de excavación en dicho yacimiento, persiguiendo poder certificar la presencia, conocer mejor su organización, sus dimensiones y la cronología del supuesto cenobio. Hasta el momento se han destapado tres pequeñas zonas –el área de dispersión de material cerámico de los siglos V a VII d. C. es de unas 10 hectáreas-, -, la primera de época antigua; otra entre los años 1809 y 1814; y la última del siglo XIX o XX, de la cual proceden una serie de pedreras de donde se extraían sillares de marés de varias medidas. La segunda fase es la más dramática por la estancia de 9.000 prisioneros franceses de la batalla de Bailén, los cuales utilizaron cuatro ámbitos: uno de nueva planta, excavado por ellos mismos, y tres reaprovechando estructuras preexistentes (tres cubetas de época antigua). Estas tres zonas se han denominado “Factoría de salazones”, “Barracas del los prisioneros napoleónicos” y “Necrópolis bizantina y taller de púrpura”.

La “Factoría de salazones”

Saliendo del puerto de Cabrera nos dirigimos, por el camino, hacia la playa situada en el Pla de ses Figueres, a unos 800 metros del puerto. En ella, a unos tres metros de la costa se localiza la zona de la “Factoría de salazones”. Hoy en día se conocen un total de cuatro cubetas, tres de ellas perfectamente alineadas.

Estos depósitos son tres grandes agujeros excavados en la roca, de planta cuadrangular con los extremos redondeados. Las medidas de estos orificios rondan los 2,30 m de largo y 1,80 m de ancho, y conservan una altura máxima de 1,12 m. Por los restos de muros que recrecen las paredes de los agujeros se deduce que las cubetas habrían sido todavía más altas. Las tres presentan un revestimiento interno de opus signinum (mortero impermeable hecho con cal, arena, agua y cerámica triturada) de muy buena calidad, de hasta 6 cm de grosor, que en los ángulos de la parte inferior conforma un cordón hidráulico de 5 a 10 cm de alto. Junto a estas cubetas también se descubrieron restos de un muro al lado del cual había un derrumbe de tejas de tradición romana (tegulae e imbrices). Por tanto, todo indica que allí habría habido una habitación cubierta, que podría haber servido como almacén o lugar de trabajo. Aunque todavía no se ha podido demostrar científicamente que todos estos elementos conformaban una factoría para salar pescado, cabe señalar que validarían dicha función sus características constructivas y su proximidad al mar.

Otra cuestión todavía abierta es la de la datación de la factoría. Los escasos materiales hallados en los niveles fundacionales nos permiten saber que su construcción es posterior al siglo I d. C., aunque cabe señalar que la mayoría de los restos cerámicos encontrados en el lugar corresponden a los siglos V a VII d.C. Desgraciadamente, toda la zona fue fuertemente afectada por los prisioneros franceses que estuvieron recluidos en Cabrera entre 1809 y 1814. Éstos reutilizaron las cubetas como viviendas, despensa o taller, y construyeron una nueva habitación (Ámbito I). Por tanto, ha sido imposible hasta ahora determinar con más precisión en que momento se construyó la factoría y hasta cuándo estuvo funcionando.

Hay que tener en cuenta que este yacimiento se encuentra rodeado por una valla de madera, por lo que hay que respetar las señales y no entrar en él para salvaguardar los restos arqueológicos.

Las “Barracas del los prisioneros napoleónicos”

A la segunda zona excavada se le ha dado el nombre de “Barracas del los prisioneros napoleónicos”, puesto que allí las estructuras identificadas corresponden a diez pequeñas habitaciones que formaron parte del campamento que construyeron los propios reclusos a partir de 1810.

Para acceder a ellas desandamos un poco el camino, hasta el inicio de la playa de ses Figueres, e iniciamos la subida hacia el Museo de Cabrera. En el inicio de esta subida vemos, a mano izquierda, un pequeño camino que nos lleva hasta las barracas de los prisioneros napoleónicos. De todas maneras, tanto este yacimiento como el siguiente se encuentran perfectamente señalizados.

De todas estas habitaciones, las que disponen de chimenea estarían destinadas al uso de vivienda (Ámbitos II, III, VII y VIII). En cambio el Ámbito IV parece ser que sería una despensa. Bajo estas edificaciones, en un pequeño sondeo realizado en 2005, se pudieron documentar estratos de sedimentación del tiempo de la Antigüedad Tardía e incluso de época pre-romana. Ciertamente, la instalación de una parte importante del contingente napoleónico justo encima de lo que debió de ser el cenobio, significó una importante destrucción de los restos existentes. Esta destrucción viene detallada en las memorias de los prisioneros supervivientes, quienes cuentan como habiendo encontrado restos <>, reutilizaron columnas, sillares y losas. También narran la realización de excavaciones para recuperar material de construcción para sus cabañas, u otros elementos como monedas, para intercambiarlos por comida. Finalmente también describen el hallazgo de tumbas cubiertas con losas que recuerdan mucho a las que se expondrán a continuación.

La “Necrópolis bizantina y el taller de púrpura”

En la tercera zona excavada destaca una necrópolis que, gracias a la estratigrafía del lugar y a una serie de fragmentos cerámicos hallados en el interior del relleno de las fosas de las tumbas, sabemos que debió funcionar sobre todo durante el siglo VII d. C.

Ésta se encuentra en el mismo caminito que las barracas, a unos 10 o 15 metros hacia la izquierda, aunque hay que desviarse un poco hacia la derecha y abandonar momentáneamente el camino.

De dicha necrópolis tenemos identificadas hasta el momento un total de cinco tumbas, tres de las cuales ya han sido completamente excavadas. Estas tres son de fosa de tipo bañera (planta trapecial con los extremos redondeados), con las paredes verticales, paralelas, y con un retranqueo para encajarlas en la cubierta. Sus cubiertas están compuestas por cuatro o cinco losas de marés (piedra arenisca del lugar) colocadas planas. En cada una de las tumbas se encontró un solo esqueleto en posición de decúbito supino, con las piernas estiradas, y con los brazos al lado del cuerpo, o ligeramente plegados apoyándose sobre la pelvis. Los tres esqueletos correspondían a adultos de sexo masculino. Ninguno de los enterramientos presentó ajuar, ni tampoco se encontraron elementos que permitiesen intuir la presencia de algún tipo de caja funeraria. Finalmente conviene remarcar que no todas las tumbas tenían la misma orientación. Dos de ellas presentaban una orientación sureste (pies) / noroeste (cabeza), mientras que la tercera tenía los pies en el nordeste y la cabeza en el suroeste.

Debido a la datación de los enterramientos, y gracias a las características de las tumbas y de los individuos de su interior, pensamos que la necrópolis se puede poner en relación con la comunidad monástica masculina que habitó el archipiélago de Cabrera en el siglo VII d. C.

Las fosas de todas estas tumbas cortaban los niveles de derrumbe de unas estructuras que podrían haber formado parte de un taller de producción de púrpura. Éstas corresponden a un muro, un pavimento y una cubeta. Dicho muro, de unos 0,50 m de ancho, estaba construido con un zócalo de piedras ligadas con arcilla y con un alzado muy probablemente de tapial. A su lado oriental se le adosaba un pavimento de tierra pisada, y a su extremo nororiental una cubeta. Para la construcción de dicha cubeta se había realizado una fosa de fundación de planta cuadrangular, dentro de la cual se construyeron los cuatro muros del depósito. Su interior se encontraba recubierto por un revoque de mortero de cal, de entre 1 a 2,5 cm de grosor. Inmediatamente al oeste de esta cubeta, y adosado al muro antes descrito, se halló un canalillo creado en la arcilla del terreno por la circulación de algún tipo de líquido. Por la dirección y pendiente que presentaba esta pequeña canalización, parece ser que dicho líquido debía salir de la cubeta. Fue aquí, en el interior del canalillo, donde se encontró lo que parece ser la clave para la interpretación de estas estructuras. Concretamente se trata de 750 fragmentos de caracolas marinas, todas ellas de las especies murex trunculus (95%) y thais haemastoma (5%), y todas partidas con idéntico patrón de fragmentación. A posteriori se han ido documentando caracolas con el mismo patrón de rotura por todo el yacimiento, e incluso se ha localizado un auténtico conchero. El hecho de que las dos especies encontradas sean apropiadas para la producción de púrpura y que, tal y como explica Plinio, éstas debían partirse para poder sacar el animal de dentro de la caracola, son pruebas bastante contundentes para argumentar la presencia en Cabrera de un pequeño taller para la producción del colorante purpurado. Por los resultados de las excavaciones arqueológicas realizadas hasta el momento, parece ser que este taller habría funcionado durante los siglos V y VI d. C, sobre todo durante el tiempo de la pertenencia de las Baleares al Reino Vándalo del norte de África.

Es Clot des Guix

Es un yacimiento con restos vándalos y bizantinos. Recibe esta denominación porque consistía en una explotación para extraer la materia prima para fabricar yeso (guix). Se encuentra en el centro de la península norte de la isla, en un lugar rodeado de escarpados donde hoy se intercalan zonas de garriga y pinar. Los restos arqueológicos las documentó J. Camps en 1962 con las siguientes palabras: Se trata de un poblado amurallado de estructura talayótica con base de bloques pequeños colocados en seco. En el centro del conjunto aparecen unas habitaciones rectangulares de estructura muraría de técnica diferente, a base de fragmentos de arenisca retocados, de tamaño regular y montados también en seco.

Se encontraron varios restos de cerámica de terra sigillata, algunas con decoraciones estampadas. Lo más importante fue poder identificar una serie de producciones de “cocina tardorromana modeladas a mano o a torno lento”, las cuales daban una cronología de los siglos V y VI d.C. (incluso de finales del IV y principios del VII). Se ha demostrado una inexistencia total de material talayótico, por lo que su fundación es posterior.

Las estructuras del yacimiento están hechas con piedra pequeña colocada aparentemente en seco. A pesar del mal estado de los restos, parece intuirse algunas habitaciones de planta cuadrangular y, en su extremo más oriental, hay un muro aparentemente de planta semicircular. Estas estructuras ocupan una superficie de 1.350 m2, pero originalmente tenían que ocupar más, ya que en la edad contemporánea se vieron afectados por el orificio que allí se realizó para sacar el yeso. Posteriormente, otro excavador hizo otro orificio pegado al del guix, el cual dejó al descubierto lo que parece una pequeña cisterna o depósito con las paredes recubiertas con opus signinum.

El museo de Cabrera

Para completar la visita arqueológica del Pla de ses Figueres se debe ir al Museo de Cabrera, caserón situado en el centro de la bahía del puerto de la isla, el viejo celler de Can Feliu, que desde 1996 acoge la sede de este museo. Está situado cerca de las casas de possessió de la familia Feliu, propietarios de la isla hasta 1916, fecha en que fue expropiada por el Estado.

Para acceder a él volvemos al camino e iniciamos el ascenso hasta la desviación que, en dirección a la derecha, nos conduce al actual museo.

En este museo, entre otras cosas, podrá contemplarse un resumen de la historia de la isla, con un apartado dedicado al yacimiento del Clot des Guix. En éste se encontraron materiales de época vándala y bizantina. Los restos arqueológicos de ese yacimiento fueron de los primeros en documentarse gracias a J. Camps y sus descubrimientos publicados en 1962. Se identificaron varios objetos hallados: cerámicas de terra sigillata decoradas con improntas de palmetas, puntillado y cruces bizantinas; cerámicas con incisiones hechas con punzón después de la cochura; y cerámicas de cocina de época bizantina que fueron confundidas con cerámicas de época talayótica.

Pero además, también se puede visitar la sala dedicada a los trabajos arqueológicos del Pla de ses Figueres, donde se pueden apreciar fotografías, planos y un audiovisual de dichas excavaciones, así como una recreación a tamaño natural de dos tumbas de la necrópolis y una réplica de uno de los esqueletos de los supuestos monjes de cabrera.

El museo está distribuido en tres niveles para las diferentes secciones que conforman su contenido: arqueología, etnografía y medio natural.

En la planta principal se exhiben algunos hallazgos arqueológicos submarinos procedentes barcos naufragados en el sub-archipiélago cabrerense, sobre todo de los llamados Cabrera III y VII. A la izquierda de la entrada principal podemos observar un conjunto de àmfores del pecio Cabrera III de diversas tipologías, unas para contener aceite de la Bética y de la zona de Túnez, otras de vino de la Galia, y otras de salazones de pescado de la Lusitania. Este barco se hundió a mediados del siglo III d.C., fechado gracias al hallazgo de varias monedas del emperador Valeriano (253-260 d.C.). También encontramos una vitrina que muestra un jarrón púnico (fenicio) con restos de policromía, procedente del Cabrera II, naufragado hacia finales del siglo III a.C. Podremos ver unos lingotes de plomo que gracias a sus sellos podemos saber que procedían de Sierra Morena, y que pertenecieron al pecio del Cabrera V, hundido hacia el siglo I d.C.

En las vitrinas centrales de esta misma sala observaremos objetos hallados en la isla que van desde la época púnica, pasando por la romana, vándala, bizantina, de la Edad Media y del tiempo del confinamiento de los franceses.

En la planta inmediatamente inferior se presentan temas etnográficos como las artes de la pesca con su historia, fotografías y utensilios. En primer lugar se visita el espacio dedicado a la pesca con utensilios como nanses, un gambí, palangres artesanales, redes teñidas con corteza de pino, un tresmall, etc. También podemos contemplar diversas fotografías relacionadas con el pasado reciente de la isla (como expediciones) y el facsímil del dibujo del archiduque Luis Salvador. Varios paneles explican los diferentes usos que se han practicado en la isla: forestal, agrícola, turístico y militar.

La planta inferior está especializada en el medio natural de la isla, donde se muestra todo lo relacionado con la fauna y la flora autóctonas. Cabrera se ha convertido en una verdadera reserva de la vida marina del Mediterráneo. Así podemos contemplar una pequeña sala donde se ha recreado el fondo marino de de la isla, adornado con los restos de un pecio.

La isla de Conillera o dels Conills: Els Corrals

Esta es la segunda isla en extensión del archipiélago de Cabrera, en la que también encontramos yacimientos. Els Corrals fue documentado por primera vez también por J. Camps: Está situado en un enclave llano, bastante extenso, enfrente mismo de la Isla de Cabrera. Se aprecian restos de muralla y la planta de un talayot situado en el borde del acantilado que limita el poblado.

Sin embargo, las prospecciones realizadas por M. M. Riera durante los años 1993 y 1994 ya dejaron en evidencia que todo el material cerámico encontrado en aquella zona correspondía a una cronología bastante más tardía, otra vez centrada entre los siglos V y VII d.C. La cerámica identificada es suficiente para relacionar este yacimiento con los otros citados de la isla de Cabrera.

Los elementos arquitectónicos localizados en este lugar están fabricados con piedra seca, normalmente no muy grande. Desgraciadamente todo el yacimiento está cubierto por una frondosa vegetación de garriga, la cual enmascara mucho los restos, dificultando considerablemente su estudio. Entre los materiales constructivos localizados hay algunos bloques de piedra bien trabajados. Entre ellos destaca uno con decoración esculpida de una cruz dentro de un círculo. Según J. Menchón, esta pieza se asemeja mucho con la cronología tardía del yacimiento y parece ser que habría podido formar parte de una edificación o de una estela funeraria.

Datos y descargas

Dificultad:
Moderada.
Duración:
2 horas.
Longitud:
6 Km con coche desde Manacor.
De interés:
Basílica paleocristiana de Son Peretó y el Museu d’Història de Manacor.
Descargas:

Introducción

El yacimiento paleocristiano de Son Peretó (Manacor) es uno de los hallazgos más importantes de la Mallorca de la Antigüedad tardía, testimonio de la primera arquitectura cristiana mallorquina y símbolo de la implantación del cristianismo en la isla además de un conjunto fundamental para entender los denominados en nuestra historiografía como los “siglos oscuros” de la historia de Mallorca que transcurrieron desde el IV hasta la conquista islámica del X, con el bajo imperio, la época vándala y la bizantina. Son Peretó es además el único conjunto basilical de la isla de Mallorca actualmente visitable.

Este conjunto arqueológico de la antigüedad tardía ocupa una extensión de ocho mil metros cuadrados y consta de una basílica, un baptisterio y una necrópolis de los siglos V y VI d.C. Las investigaciones arqueológicas habían permitido documentar la existencia de otras estructuras de este período, actualmente perdidas, a Cas Frares (Santa Maria) o a Sa Carrotja (Portocristo), así como intuir la existencia de otras dos en los núcleos urbanos de Palma y Pollentia, a las que se ha añadido recientemente la basílica de Son Fadrinet (Campos), con la que comparte características estructurales y la presencia de mosaicos.

El arte paleocristiano

El arte paleocristiano es el realizado por las primeras comunidades cristianas que se expandieron por todo el Imperio Romano, que data desde el siglo III hasta mitad del VIII, por lo que coincide paralelamente con el final del arte romano, el apogeo de Bizancio (V-VIII) y el transcurso del prerrománico (bárbaros). Pasa por dos etapas: la primera entre los siglos III y IV siendo un arte clandestino y perseguido (frescos de las catacumbas romanas). La segunda, la etapa triunfal, marcado por el Edicto de Milán (313) promulgado por Constantino que permitió la libertad de culto convirtiéndose poco más tarde en el primer emperador romano cristiano mandando él mismo construir la primera basílica de San Pedro del Vaticano (320), y por el Edicto de Teodosio (392) convirtiendo el cristianismo en la religión oficial del Imperio. A este arte ya triunfal pertenecen las grandes basílicas, mausoleos, baptisterios, sarcófagos escultóricos y mosaicos que establecieron los primeros modelos de representación de la iconografía cristiana, y que vemos manifestado también en las islas Baleares.

En concreto, la arquitectura paleocristiana se manifestará en las basílicas, los baptisterios y los mausoleos. La basílica demuestra la poca reticencia al utilizar las formas (órdenes clásicos) y tipologías paganas (romanas) para adaptarlas a sus necesidades. Se elige la basílica porque era un lugar amplio apropiado para albergar a la comunidad cristiana. La estructura es prácticamente igual que la basílica romana (destinada a transacciones comerciales y a impartir justicia), presentando algunas variaciones como la no utilización de bóvedas para cubrir las naves, sino que las cubiertas serán artesonadas, es decir, planas de madera, decoradas con casetones, y la introducción en algunas basílicas de un transepto o nave transversal (cuerpo que cruza la nave longitudinal, hacia el altar) aludiendo al símbolo de la cruz donde murió Cristo. Entre estas basílicas destacan la de Santa Sabina, San Pedro del Vaticano, San Juan de Letrán, San Pablo extramuros, de Belén en Jerusalén (cuna del cristianismo), de Son Peretó (Manacor), de Son Bou (Menorca), etc., la mayoría de ellas modificadas estilísticamente a través del tiempo, como la de San Pedro.

La basílica paleocristiana será el paradigma a seguir por las iglesias cristianas hasta bien entrada la Edad Media.

Son Peretó

Son Peretó se encuentra en un entorno rural, a 6 km del centro de Manacor y del Museo de Historia de Manacor. Se encuentra situado en el margen izquierdo de la carretera MA-15 que sale de Manacor en dirección a Sant Llorenç des Cardassar. El yacimiento se encuentra señalizado con un indicador y junto a la carretera. Cuenta con un pequeño aparcamiento junto a la entrada. La visita es gratuita.

Este yacimiento descubierto por el padre Joan Aguiló Pinya (Palma 1860-Manacor 1924), quién adquirió los terrenos y en ellos realizó excavaciones en el año 1912. Utilizando las notas de monseñor Aguiló, en el año 1920 Josep Puig i Cadafalch dio a conocer los hallazgos en el anuario del Institut d’Estudis Catalans. La Universitat de les Illes Balears, la Universitat de Barcelona y el Museo de Mallorca llevaron a cabo nuevas excavaciones en los años sesenta y ochenta. En los últimos años, el Museo de Manacor ha realizado un importante esfuerzo de consolidación de las estructuras y restauración y ha reemprendido el estudio de este importante yacimiento del tiempo de la Antigüedad tardía con la esperanza de sacar a la luz reveladores detalles del culto paleocristiano y de la vida en Mallorca durante la tardoantigüedad. Desde 1982, por donación de la sobrina del padre Aguiló, los terrenos pertenecen al Ajuntament de Manacor.

Desde los inicios del cristianismo (s. I d.C.) hasta principios del siglo IV, los cristianos fueron perseguidos durante el Imperio romano y tuvieron que esconderse para poder practicar sus ritos. Esta clandestinidad se manifestó artísticamente a través de la pintura mural de las catacumbas y de los sarcófagos esculpidos con escenas del Antiguo y Nuevo Testamento. La situación cambió cuando en el año 313 d.C. el emperador Constantino el Grande promulgó el Edicto de Milán, que permitía la libertad religiosa. A finales de la misma centuria, el cristianismo se convertía en la religión oficial del imperio por decisión del emperador Teodosio. A partir de ese momento se construyeron las grandes basílicas a las que los cristianos pudieron acudir para reunirse libremente, como es el caso de Son Peretó en Mallorca.

Esta basílica presenta una estructura de planta rectangular, con tres naves separadas por una hilera de columnas que soportarían las respectivas arcadas, además de cuatro pilares en los extremos. La nave central era más ancha que los laterales y se encontraba rematada por un ábside. En dicho ábside, al que se debía de acceder por dos escalones, se recuperó en las antiguas excavaciones un primitivo altar de piedra, que presumiblemente debía de haber alojado un relicario. Las naves laterales acababan en dos recintos que flanqueaban el ábside y parece ser que fueron incorporados con posterioridad a la primitiva construcción.

Precediendo el templo se encuentra un vestíbulo de planta cuadrada, donde se localizó el nártex o baptisterio central. Como hecho excepcional, éste disponía de dos piscinas bautismales que todavía hoy no se sabe si se utilizaron simultáneamente (la grande para los adultos y la pequeña para los niños), o si la grande es más antigua (para el rito bautismal por inmersión) y la pequeña más moderna (para el rito bautismal por aspersión). Dicho espacio podría haberse encontrado cubierto por una pequeña cúpula. Adosadas en el lado meridional del baptisterio se localizaron un conjunto de habitaciones de planta cuadrangular que, a modo de mausoleo, albergaban diversas tumbas en su interior. En cambio, adosadas al lado occidental del edificio bautismal, se encontraron siete habitaciones, utilizadas como vivienda y lugar de trabajo. Cabe señalar que el yacimiento arqueológico de Son Peretó es mucho mayor de lo que hoy en día se puede apreciar, puesto que la parte excavada es muy pequeña en relación a lo que queda sin excavar.

El pavimento del templo se encontraba cubierto por un conjunto de mosaicos con motivos vegetales y geométricos, con representaciones de aves, cenefas, fajas y círculos enlazados. La única representación figurativa se hallaba en la nave central: se trata probablemente de una escena paradisíaca aunque únicamente se conservan restos de palmeras. Entre los otros mosaicos sobresale la lápida sepulcral de una mujer llamada Baleria, que incorpora motivos de simbología cristiana como son las aves y las cráteras. Ésta y otras interesantes aunque fragmentarias lápidas se conservan, como veremos más adelante, en el Museo Arqueológico de Manacor.

Como indican diversos investigadores, la estructura arquitectónica de la basílica parece influida por los cánones sirio-palestinos y norteafricanos de la segunda mitad del siglo V, una tendencia de las basílicas paleocristianas isleñas y signo de los contactos culturales que establecieron con el continente africano. Los mosaicos se incorporaron con posterioridad, en torno al siglo VI, según se desprende de las afinidades itálicas y norteafricanas y también de los repertorios iconográficos de las sinagogas orientales. Este último aspecto señala también la importancia del componente judío en el arte cristiano temprano.

En cuanto a la importancia de Son Peretó en el contexto de la isla, coinciden diversos aspectos: por una parte, aunque diversas investigaciones arqueológicas habían permitido documentar la existencia de diversas estructuras tardoantiguas en Mallorca -como las basílicas actualmente desaparecidas de Cas Frares (Santa Maria) o sa Carrotja (Portocristo), a las que hay que sumar la recientemente aparecida basílica de Son Fradinet (Campos), y la existencia de determinados niveles arqueológicos en los núcleos urbanos de Palma y Pollentia-, el yacimiento de Son Peretó constituye un enclave fundamental para reconstruir la implantación del cristianismo y la situación de Mallorca durante la Antigüedad Tardía, por la información aportada tanto en las excavaciones antiguas como las que recientemente se han iniciado.

La aparición de diversas habitaciones en los alrededores de la basílica, así como de un silo para guardar cereales y un depósito probablemente destinado a vino o aceite, es indicativa de la existencia y proximidad de una comunidad cristiana rural, en línea con la decadencia urbana bajo imperial y el poblamiento del campo, en torno a los latifundios. Al mismo tiempo, la presencia de un edificio religioso en los alrededores de este poblamiento rural indicaría la existencia en la isla de un poder eclesiástico establecido y claramente cristianizador de la población rural del levante mallorquín.

Un eventual tercer rasgo de importancia reside en la adscripción, por parte de algunos investigadores, de una tumba del yacimiento a una figura muy importante del cristianismo de los primeros tiempos, el obispo Osio de Córdoba, figura capital de la historia de la Iglesia entre muchas otras cosas por su participación en el Edicto de Milán. De todas formas hoy en día dicha atribución ya es completamente desechada. En cambio, sí que sería atribuible a un cargo eclesiástico de Roma, la lápida del presbítero Bassus.

En relación a los enterramientos, ubicados tanto en el interior del templo como en los alrededores de la basílica, se datan entre los siglos V a VII d. C. En relación a éstos, hay que recordar que las tumbas cristianas no acostumbran a presentar ajuar, a diferencia de las tumbas paganas, que se localizan en otros yacimientos de la isla, de época anterior, en la que podríamos encontrar un ajuar abundante y diverso según la categoría del difunto, en el que frecuentemente se localizan platos cerámicos, objetos de vidrio, así como rituales de claro carácter religioso como una lucerna con la que iluminar el destino del difunto o una moneda para pagar al barquero que transporta al fallecido hacia la otra vida. Otra interesante diferencia entre una tumba pagana o cristiana reside en la decoración que presenta. Las tumbas romanas incluyen motivos paganos como animales, motivos vegetales y escenas mitológicas, que a menudo incluyen alusiones a raptos o actos de violencia. Por el contrario, las tumbas cristianas presentan escenas de la Biblia, de los Evangelios, retratos del difunto y a menudo líneas onduladas, denominadas strigilae.

Además de Son Peretó en Mallorca, podemos observar otras basílicas paleocristianas en las Baleares como la de Son Bou en Alaior, Menorca, datada en el siglo VI d.C. Presenta una planta rectangular, 25 x 12 metros, dividida en 3 naves separadas por pilares y arcos. Dispone de una nártex a los pies del edificio, con tres entradas (una para acceder a cada nave), una cabecera tripartita: presbiterio central, prótesis y diaconicón —estas dos estancias eran una especie de sacristías-.

Museo de Historia de Manacor

Una vez visitado el yacimiento de Son Peretó y, para su mejor comprensión, se recomienda completar el itinerario desplazándose hasta el Museo de Manacor – ubicado en un edificio histórico conocido como la Torre dels Enagistes-, situado en el margen derecho de la carretera MA-14, a escasos 1,5 km del núcleo de Manacor. Para llegar a éste desde Son Peretó debemos ir hacia el Pueblo de Manacor. Desde la Ronda de circunvalación giramos hacia Cales de Mallorca por la carretera de Son Fortesa. En este punto ya está indicado el Museo de Manacor. En unos 700 metros a la derecha podremos ver este museo que cuenta con un pequeño aparcamiento junto a la entrada. La visita es gratuita.

El Museo de Manacor ejerce las funciones de centro de interpretación del conjunto arqueológico. El inmueble, que ocupa una superficie de mil trescientos metros cuadrados, fue inicialmente una casa gótica rural fortificada, de la que todavía se percibe su torre defensiva, y se convirtió posteriormente en un espacio religioso de la Compañía de Jesús, de donde surge su nombre, una clara deformación del término “ignacista”, en referencia a san Ignacio de Loyola. La fachada muestra un arco conopial y ventanas geminadas. Del interior del edificio destacamos su pavimento, el patio, las ventanas interiores, los grafitos de la primera planta y las trazas del portal del siglo XVI que corresponden a la antigua capilla. En 1925 fue declarado monumento histórico-artístico. Posteriormente fue adquirido por el Ayuntamiento de Manacor para rehabilitarlo y convertirlo en museo.

La institución aloja una colección arqueológica de época prehistórica, romana, tardoantigua e islámica del Levante de Mallorca, así como una colección etnográfica de muebles en miniatura. La colección, declarada BIC desde el año 2005, se empezó a crear en 1912 cuando se descubrieron los restos de la basílica paleocristiana de Son Peretó y monseñor Aguiló inició sus excavaciones. El ilustre presbítero y escritor reunió, a lo largo de su vida, una importante colección de objetos arqueológicos y etnológicos de ámbito local que según estipuló en su testamento no debía salir de Manacor. Fue adquirida por el Ayuntamiento de Manacor en el año 1926 y, ese mismo año, a partir de esta colección se creó el Museo de Historia de Manacor, que desde el año 1991 ocupa la actual sede.

De la sala dedicada a la época tardoantigua destacamos los mosaicos recuperados en las antiguas excavaciones del conjunto de Son Peretó, especialmente, así como diversas piezas de procedencia desconocida.

Las piezas más interesantes de dicha sala son las procedentes de la basílica de Son Peretó, pues constituyen algunas de las escasas muestras del mundo paleocristiano de Mallorca. Destacan especialmente el altar, las columnas, las lápidas y sobre todo un fragmentado conjunto de mosaicos, entre el que destacamos aquel dedicado a una mujer llamada Baleria que según las notas de su descubridor, se ubicaban en las diferentes naves y en los intercolumnios de la basílica. Dichos mosaicos presentan claras similitudes con otras producciones musivaras del área mediterránea que se encuadran temporalmente a mediados del siglo VI d. C. y muestran evidentes conexiones culturales, tanto por su temática como por su disposición, con los centros norteafricanos. Constan de paneles cuadrangulares de diferentes medidas rodeados por cenefas y cada una de las alfombras está dedicada a temas diversos, fruto de la combinación de motivos geométricos y vegetales y, en ocasiones, con representaciones zoomorfas. Estilísticamente destacan su plenitud y frontalidad, la ausencia de volúmenes y sombras, la estilización de los motivos vegetales y la circunscripción de las figuras de animales en los elementos geométricos o florales.

Distribución de las piezas en el el Museo de Historia de Manacor:

Este museo ocupa la parte de la izquierda de la planta baja del edificio. En la primera sala, en forma de ancho rectángulo, hay seis vitrinas que contienen básicamente el fondo de cerámica talayótica procedente del importante poblado del Hospitalet. La primera y la segunda vitrinas exponen restos de cerámica procedentes de las navetas del Hospitalet, del pretalaiòtic final (1800-1400 aC). La tercera vitrina muestra materiales del talayot del Hospitalet, del talayòtico final (400-300 a.C.). La cuarta y la quinta vitrinas contienen cerámica del talayòtic final de diferentes yacimientos. La sexta vitrina presenta piezas del ajuar funerario del talayòtic final, con pulseras, collares, y piezas de bronce.

La segunda sala del museo, con entrada desde la primera por un portal de dintel, es de planta cuadrangular y presenta cubierta de un tramo de bóveda de arista. Contiene cinco vitrinas con material básicamente romano. La primera muestra piezas de cerámica sigillata; la segunda acoge monedas y lámparas de aceite; la tercera presenta una destacable escultura romana del busto de Hermes. La cuarta contiene una pátera de cerámica sigillata africana (del siglo V dC, encuentro en aguas de Portocristo), y, junto con la quinta vitrina, también muestra otras piezas procedentes de yacimientos submarinos, como el llamado peci dels motlles. Del fondo museístico, destacamos los mosaicos procedentes de la basílica paleocristiana de Son Peretó; fechan del siglo V o VI dC. Ocupan la tercera sala del museo, situada a la derecha de la segunda y caracterizada por una planta rectangular y cubierta de bóveda rebajada. El mosaico de Baleria muestra en la parte superior la figura de dos pájaros envolviendo un emblema, mientras que en la parte inferior está la representación de un jarrón; en el medio, aparece la inscripción dedicada al enigmático personaje femenino que le da nombre, que dice así: “Baleria fidelis in pace vixit annis trs de hac vita sd ii kal octo”.

Datos y descargas

Dificultat:
Moderada.
Durada:
2 horas, incluyendo la visita al Museu de Mallorca.
Longitud:
1,5 Km a pie aproximadamente.
De interés:
Muralla romana y Museu de Mallorca.
Descargas:

Introducción

Una vez visitados el núcleo urbano de Pollentia y su museo, la basílica de Son Peretó y el Museo de Manacor, poca cosa más se puede disfrutar de la Mallorca de época antigua. Estamos, por tanto, en la región española (exceptuando Canarias donde nunca se asentaron los romanos) con el bagaje más pobre en yacimientos arqueológicos antiguos excavados y, por supuesto, con el menor número de yacimientos visitables y musealizados.

Se podrían visitar los restos de la villa romana de Sa Mesquida (Santa Ponça, Calvià) si no se encontrasen absolutamente abandonados, convertidos en un auténtico basurero y sin ningún tipo de señalización ni cartel explicativo.

Dentro de este panorama desolador llegamos a la ciudad de Palma. Ésta tuvo el mismo esplendor que Pollentia. Desgraciadamente, no corrió la misma suerte por lo que respecta a las épocas medieval, moderna y contemporánea, dado que las poblaciones humanas de Palma siguieron ocupando el mismo solar, mientras que las de Pollentia se trasladaron a una loma cercana que recibiría el nombre de Alcudia. Tenemos, por tanto, que los posibles restos de época romana, vándala y bizantina de Palma se encontraban ya en 1900 mucho más deterioradas que las de Pollentia.

Las ciudades romanas

Debemos tener en cuenta que no todas las ciudades que iban fundando los romanos eran iguales ni desde el punto de vista administrativo, ni del jurídico. Con la progresiva e imparable conquista de territorios, Roma iba estableciendo diferentes relaciones con los habitantes y territorios incorporados. Los habitantes de Roma disfrutaron desde los primeros momentos de todos los derechos (derecho romano), a los cuales podían aspirar los ciudadanos. Al principio se fundaron ciudades dentro de Italia, las cuales disfrutaban del derecho romano y se dividían en dos categorías: municipios y colonias. Los primeros tenían una constitución y magistrados propios; las colonias se fundaban para descongestionar Roma y éstas se concedían a ciudadanos romanos bajo una forma legal determinada.

Más adelante, el Imperio se fue expandiendo y, se comenzaron a fundar colonias y municipios fuera de Italia. Los habitantes de estas colonias disfrutaban del derecho romano. Los municipios, en cambio, podían ser de derecho romano o de derecho latino. Ambos tenían su origen en una concesión de la administración romana a ciudades indígenas. La diferencia estaba en que los de derecho latino no gozaban de los mismos derechos que los del romano; Roma les concedía una constitución donde se regulaban y estipulaban sus derechos, el más importante de los cuales era el de la concesión de ciudadanía a los magistrados, que se transmitía a sus descendientes.

A medida que Roma se fue debilitando y perdiendo poder a partir del siglo III d.C., el Imperio fue concediendo el derecho romano a todas las ciudades.

La Palma perdida

No ha sido hasta bien entrado el siglo XX, cuando se ha podido comprobar que la Palma romana se encuentra en el solar de la actual capital balear. Hasta entonces, diversos autores fueron planteando que se encontraba en Santanyí, en la zona de Sa Carrotja, dado que allí se encontraban numerosos hallazgos de época romana, entre ellos, lápidas funerarias, construcciones, cerámicas y monedas. En cambio, los hallazgos arqueológicos efectuados durante la segunda mitad del siglo XX — a raíz de obras públicas, reformas de edificios actuales o prospecciones como las realizadas en el subsuelo de la Catedral y del Palacio Episcopal— han permitido comprobar que la Palma romana se encontraba en el mismo sitio que la Palma actual.

Muchas veces las fundaciones urbanas romanas se situaban cerca de importantes poblados indígenas precedentes. Esto es lo que parece que aconteció con Palma y el asentamiento de Son Oms, el poblado prehistórico más grande documentado en Mallorca, miserablemente destruido por el estado español en la década de 1970 para la ampliación del aeropuerto. En cambio la destrucción casi sistemática de gran parte de lo poco que nos quedaba de la Palma antigua ha sido mucho más reciente. Respecto a esta destrucción, el caso mejor documentado ha sido el de la Calatrava, en el lugar donde se encontró, entre muchas otras cosas, una preciosa cantera de época tardorrepublicana con epigrafía, una necrópolis de los años próximos al cambio de era, y unas habitaciones seguramente destinadas a almacenes o tal vez un mercado de época bajoimperial. En cambio, el caso peor documentado ha sido el del parquin de la avenida Antoni Maura, lugar donde se encontraba el puerto romano de la ciudad. Allí se padeció el atentado al patrimonio arqueológico mallorquín más grave de las últimas tres décadas, con el agravante de que fue promovido por la administración local.

La ciudad romana oculta

Antes de iniciar el recorrido, tenemos que tener en cuenta que muchos de los vestigios de la ciudad romana de Palma no se conservan o están sepultados bajo otras construcciones posteriores, por lo que es difícil trazar e identificar los elementos y los límites de ésta. Primeramente, empezaremos citando los restos de la ciudad antigua que hoy en día no podemos contemplar, pero que han sido documentadas mediante excavaciones, que posteriormente se han vuelto a cubrir.

No ha sido hasta bien entrado el pasado siglo, cuando se ha podido comprobar que la Palma romana fundada por Cayo Cecilio Metelo se encuentra en el solar de la actual capital balear. Hasta entonces, diversos autores fueron planteando que se encontraba en Santanyí, en la zona de Sa Carrotja. Sin embargo, los hallazgos arqueológicos efectuados durante la segunda mitad del siglo XX han permitido comprobar que la Palma romana se encontraba en el mismo sitio que la Palma actual.

Contamos con varios ejemplos donde las excavaciones arqueológicas efectuadas permitieron documentar estructuras, sobre todo de época romana, que posteriormente volvieron a ser cubiertas. Uno de estos casos corresponde a la excavación realizada en el interior de la catedral, donde se halló el que debe ser el muro documentado más antiguo de la ciudad (anterior a c. 50 a.C.) y dos habitaciones, una con un sistema de hipocausto para calentar dicho ámbito, que parecen corresponder a unas termas de época altoimperial. Justo al norte del ábside del edificio catedralicio también se documentaron importantes estructuras monumentales, entre ellas, el podium de un posible templo. Finalmente en los sótanos del actual museo Diocesano, se encontraron varios grandes lienzos muy bien conservados de las murallas de la ciudad antigua. Desgraciadamente, nada de lo expuesto hasta ahora se puede visitar.

Sin que por el momento pueda confirmarse rotundamente esta hipótesis, recientes estudios de carácter urbanístico, geométrico y arquitectónico permiten plantear si la Palma romana contó con un teatro situado en la zona portuaria, al inicio del Passeig des Born, en la manzana comprendida entre las calles Jovellanos, Pelaires y Plaza Juan Carlos I. Concretamente la orientación y las características de un conjunto de paredes medianeras entre edificios que a vista de pájaro conforman una estructura de forma radial —que recuerda a edificios públicos de otras ciudades bajo el influjo de Roma, total o parcialmente destruidos, cuyos cimientos y muros portantes fueron posteriormente reutilizados para edificar viviendas, quedando el rastro fósil de la estructura inicial incrustado en los actuales edificios—, así como la presencia de un patio mancomunadoque mantiene la forma semicircular característica de la orchestra de un teatro romano. La posibilidad de que dichas estructuras correspondan a un teatro romano se apoya además en los criterios marcados por el arquitecto Vitrubio, quién estableció que las ciudades marítimas debían construir este tipo de edificios públicos junto al puerto.

Las murallas de época antigua

El recorrido se realiza por el casco histórico de la ciudad de Palma. Se inicia en el Palacio episcopal, situado frente al mar, detrás de la cabecera de la Catedral de Mallorca, en la calle Mirador, nº 5. A continuación nos dirigiremos por la calle del Palau hasta llegar a la calle de Sant Pere Nolasc. Giraremos a la derecha y a pocos metros veremos a la derecha la puerta de acceso als Jardins del Bisbe. Para ir al Arco de la puerta de la Almudaina, nos meteremos por la calle perpendicular que es la calle Zanglada. La recorremos hasta el final y giramos a la derecha donde a escasos metros encontraremos el Arco. Para seguir la ruta, iremos en la misma dirección, llegando a la calle Morey y girando a la derecha. En el nº 8 está situado Can Alabern, en cuyo interior se encuentra la placa romana.

Pere de Alcántara Peña ya en el año 1887, observando la trama de la ciudad de Palma y sin ninguna excavación arqueológica realizada, fue capaz de entrever un recinto murario que él suponía del siglo V d.C. Dicha fortificación tendría una planta cuadrangular un tanto irregular con una fachada marítima que iría desde el Palacio de la Almudaina hasta el Palacio diocesano. Después giraría hacia el norte por detrás de este último, pasaría entre las calles Morey y Zanglada, y llegaría un poco más a septentrión del arco de la puerta de la Almudaina. Aquí giraría hacia el noroeste hasta sobrepasar el edificio del actual Consell de Mallorca. Finalmente, en algún punto de lo que fue el convento de Sant Domingo, la cerca se dirigiría otra vez al mar, es decir, hacia el Palacio de la Almudaina.

Entre los pocos restos visibles de la muralla, podremos contemplar en el patio de la casa Alabern, por donde también pasaba la muralla, un epígrafe de época romana donde se pueden leer las letras MENLIAE C·F SEVERAE, es decir dedicada a Manlia Severa, hija de Cayo.

En el avance de nuestra ruta podremos observar un tramo de la muralla localizado en los jardines del Palacio episcopal. Allí se puede apreciar un lienzo bastante largo y lo que parece ser una de sus torres. Se conserva otro tramo de muralla con parte de una torre en el edificio que hace esquina entre las calles Morey y Sant Pere Nolasc, pero para poder hacer la visita debe solicitarse permiso a los dueños del edificio.

La ruta por la supuesta muralla “romana”, siguiendo el mapa trazado, acabaría en el arco de la puerta de la Almudaina. Dicho arco no es ni mucho menos el original, sino que es el resultado de múltiples reparaciones de época medieval, a tenor de las reducidas dimensiones de la flecha del arco y de la tosquedad de sus dovelas. A su derecha, mirando desde el exterior, se puede apreciar un buen lienzo de la muralla y parte de otra de sus torres. La parte de esta construcción defensiva que correspondería a época antigua está hecha con grandes sillares bastante bien escuadrados, colocados a veces a soga y tizón. Sus torres son de planta cuadrada y se encuentran siempre en la cara externa de la muralla.

Un tema ciertamente controvertido para la historiografía de la historia de Palma es el de la datación de este recinto murario. Varios autores lo han querido situar en el momento de la fundación de la ciudad (Siglo II a.C.) pero lo cierto es que todos los datos arqueológicos recogidos en tres excavaciones distintas, nos indican que debe situarse en un momento muy avanzado del imperio romano (siglos IV o V d.C.) o ya de época vándala o bizantina. Sería pues una reducción de los límites defendidos de la ciudad que abarcaría sólo el barrio de la Almudaina. La ciudad romana, en cambio, sería más grande, abarcando parte de los barrios de Monti-sion y de la Calatrava en su lado oriental, y hasta el Borne en su lado occidental.