Datos y descargas

Dificultad:
Fácil. Se debe ir a pie a lo largo de todo el recorrido.
Duración:
1 hora y 30 minutos.
Longitud:
1 km aproximadamente desde el desembarque hasta el punto 2, el Museo de Cabrera.
De interés:
El Museo de Cabrera, con los aspectos más interesantes de la arqueología, etnografía y naturaleza de Cabrera.
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Introducción

La carta que el Papa Gregorio Magno dirigió al defensor Johannes en el 603 d. C. (Gregorio I, Epístola XIII, 47) nos informa sin ningún tipo de duda de que hubo un monasterio en la Cabrera balear. A nuestro entender, el hecho de que la máxima autoridad cristiana de Occidente se preocupara por dicha comunidad, nos estaría mostrando que ésta debió de ser de cierta relevancia. Ninguna otra fuente literaria fiable ha llegado a nuestros días de aquellos monjes del archipiélago de Cabrera.

Gracias a diversas fuentes escritas sabemos que en la segunda mitad del siglo IV d.C. y, sobre todo, durante los siglos V y VI, fue frecuente la instalación de comunidades eremíticas, cenobíticas, o de ambas clases, en muchas de las islitas del Mediterráneo occidental y del Atlántico. Paralelamente, los trabajos arqueológicos que se han venido realizando en algunas de aquellas islas nos han servido para poder empezar a conocer como fueron aquellos cenobios (lugar donde habitaban los monjes en comunidad) y los eremitorios (lugar donde habitarían uno o unos pocos monjes eremitas).

Desde el año 1999 un equipo de arqueólogos del Ajuntament de Palma de Mallorca, viene realizando diversos trabajos dentro del proyecto Recuperació, consolidació i musealització del monestir bizantí de l’illa de Cabrera, cuyo objetivo principal es conocer mejor cómo fue aquella comunidad de monjes cabrerense.

La isla de Cabrera

En esta isla, la más grande del archipiélago de Cabrera, son abundantes los lugares donde se encuentra material cerámico correspondiente a la Antigüedad tardía. Este hecho se debe a dos causas muy diferentes y que no tienen nada que ver una con la otra. La primera en el tiempo es la instalación de la citada comunidad monástica en los siglos V-VII d.C., la cual generó muchos restos. La otra es el confinamiento, entre 1809 y 1814, de más de 9.000 prisioneros franceses en un espacio tan pequeño como Cabrera. Leyendo los testimonios de los supervivientes de ese campo de concentración y la literatura que sobre ellos se ha ido publicando, queda evidenciado que aquellos cautivos construyeron sus cabañas a partir de restos preexistentes en la isla. De hecho, también se dedicaron a realizar excavaciones para recuperar ciertos elementos, como capiteles y monedas, para intercambiarlos por alimentos con sus vigilantes. Las carencias de estos prisioneros eran tan grandes que parece que también se aprovecharon otros utensilios, como las cerámicas antiguas más bien conservadas. Por todo lo que se ha visto hasta ahora, no hay duda que este enorme contingente de prisioneros franceses debió causar una mayor dispersión de materiales de época antigua y, por lo tanto, se ha de ser muy prudente a la hora de extraer conclusiones de los estudios sólo basados en trabajos de prospección.

El yacimiento del Pla de ses Figueres

Partiendo de los trabajos arqueológicos, y de prospección realizados por todo el archipiélago de Cabrera, se planteó la posibilidad de haber identificado el cenobio de la comunidad monacal en un llano de las inmediaciones del puerto cabrerense (Pla de ses Figueres) y un eremitorio en el interior de la isla (Clot des Guix).

El Pla de ses Figueres comienza en la actual línea de costa y se aleja hasta 150 metros, como mínimo. En este yacimiento, antes de haber iniciado las excavaciones arqueológicas, ya destacaba la enorme cantidad de cerámicas que aparecían en la superficie, cerámicas tanto para cocinar, como de vajilla o despensa, correspondientes a los siglos V a VII d.C. Entre 1999 y 2007 se han venido realizando campañas de excavación en dicho yacimiento, persiguiendo poder certificar la presencia, conocer mejor su organización, sus dimensiones y la cronología del supuesto cenobio. Hasta el momento se han destapado tres pequeñas zonas –el área de dispersión de material cerámico de los siglos V a VII d. C. es de unas 10 hectáreas-, -, la primera de época antigua; otra entre los años 1809 y 1814; y la última del siglo XIX o XX, de la cual proceden una serie de pedreras de donde se extraían sillares de marés de varias medidas. La segunda fase es la más dramática por la estancia de 9.000 prisioneros franceses de la batalla de Bailén, los cuales utilizaron cuatro ámbitos: uno de nueva planta, excavado por ellos mismos, y tres reaprovechando estructuras preexistentes (tres cubetas de época antigua). Estas tres zonas se han denominado “Factoría de salazones”, “Barracas del los prisioneros napoleónicos” y “Necrópolis bizantina y taller de púrpura”.

La “Factoría de salazones”

Saliendo del puerto de Cabrera nos dirigimos, por el camino, hacia la playa situada en el Pla de ses Figueres, a unos 800 metros del puerto. En ella, a unos tres metros de la costa se localiza la zona de la “Factoría de salazones”. Hoy en día se conocen un total de cuatro cubetas, tres de ellas perfectamente alineadas.

Estos depósitos son tres grandes agujeros excavados en la roca, de planta cuadrangular con los extremos redondeados. Las medidas de estos orificios rondan los 2,30 m de largo y 1,80 m de ancho, y conservan una altura máxima de 1,12 m. Por los restos de muros que recrecen las paredes de los agujeros se deduce que las cubetas habrían sido todavía más altas. Las tres presentan un revestimiento interno de opus signinum (mortero impermeable hecho con cal, arena, agua y cerámica triturada) de muy buena calidad, de hasta 6 cm de grosor, que en los ángulos de la parte inferior conforma un cordón hidráulico de 5 a 10 cm de alto. Junto a estas cubetas también se descubrieron restos de un muro al lado del cual había un derrumbe de tejas de tradición romana (tegulae e imbrices). Por tanto, todo indica que allí habría habido una habitación cubierta, que podría haber servido como almacén o lugar de trabajo. Aunque todavía no se ha podido demostrar científicamente que todos estos elementos conformaban una factoría para salar pescado, cabe señalar que validarían dicha función sus características constructivas y su proximidad al mar.

Otra cuestión todavía abierta es la de la datación de la factoría. Los escasos materiales hallados en los niveles fundacionales nos permiten saber que su construcción es posterior al siglo I d. C., aunque cabe señalar que la mayoría de los restos cerámicos encontrados en el lugar corresponden a los siglos V a VII d.C. Desgraciadamente, toda la zona fue fuertemente afectada por los prisioneros franceses que estuvieron recluidos en Cabrera entre 1809 y 1814. Éstos reutilizaron las cubetas como viviendas, despensa o taller, y construyeron una nueva habitación (Ámbito I). Por tanto, ha sido imposible hasta ahora determinar con más precisión en que momento se construyó la factoría y hasta cuándo estuvo funcionando.

Hay que tener en cuenta que este yacimiento se encuentra rodeado por una valla de madera, por lo que hay que respetar las señales y no entrar en él para salvaguardar los restos arqueológicos.

Las “Barracas del los prisioneros napoleónicos”

A la segunda zona excavada se le ha dado el nombre de “Barracas del los prisioneros napoleónicos”, puesto que allí las estructuras identificadas corresponden a diez pequeñas habitaciones que formaron parte del campamento que construyeron los propios reclusos a partir de 1810.

Para acceder a ellas desandamos un poco el camino, hasta el inicio de la playa de ses Figueres, e iniciamos la subida hacia el Museo de Cabrera. En el inicio de esta subida vemos, a mano izquierda, un pequeño camino que nos lleva hasta las barracas de los prisioneros napoleónicos. De todas maneras, tanto este yacimiento como el siguiente se encuentran perfectamente señalizados.

De todas estas habitaciones, las que disponen de chimenea estarían destinadas al uso de vivienda (Ámbitos II, III, VII y VIII). En cambio el Ámbito IV parece ser que sería una despensa. Bajo estas edificaciones, en un pequeño sondeo realizado en 2005, se pudieron documentar estratos de sedimentación del tiempo de la Antigüedad Tardía e incluso de época pre-romana. Ciertamente, la instalación de una parte importante del contingente napoleónico justo encima de lo que debió de ser el cenobio, significó una importante destrucción de los restos existentes. Esta destrucción viene detallada en las memorias de los prisioneros supervivientes, quienes cuentan como habiendo encontrado restos <>, reutilizaron columnas, sillares y losas. También narran la realización de excavaciones para recuperar material de construcción para sus cabañas, u otros elementos como monedas, para intercambiarlos por comida. Finalmente también describen el hallazgo de tumbas cubiertas con losas que recuerdan mucho a las que se expondrán a continuación.

La “Necrópolis bizantina y el taller de púrpura”

En la tercera zona excavada destaca una necrópolis que, gracias a la estratigrafía del lugar y a una serie de fragmentos cerámicos hallados en el interior del relleno de las fosas de las tumbas, sabemos que debió funcionar sobre todo durante el siglo VII d. C.

Ésta se encuentra en el mismo caminito que las barracas, a unos 10 o 15 metros hacia la izquierda, aunque hay que desviarse un poco hacia la derecha y abandonar momentáneamente el camino.

De dicha necrópolis tenemos identificadas hasta el momento un total de cinco tumbas, tres de las cuales ya han sido completamente excavadas. Estas tres son de fosa de tipo bañera (planta trapecial con los extremos redondeados), con las paredes verticales, paralelas, y con un retranqueo para encajarlas en la cubierta. Sus cubiertas están compuestas por cuatro o cinco losas de marés (piedra arenisca del lugar) colocadas planas. En cada una de las tumbas se encontró un solo esqueleto en posición de decúbito supino, con las piernas estiradas, y con los brazos al lado del cuerpo, o ligeramente plegados apoyándose sobre la pelvis. Los tres esqueletos correspondían a adultos de sexo masculino. Ninguno de los enterramientos presentó ajuar, ni tampoco se encontraron elementos que permitiesen intuir la presencia de algún tipo de caja funeraria. Finalmente conviene remarcar que no todas las tumbas tenían la misma orientación. Dos de ellas presentaban una orientación sureste (pies) / noroeste (cabeza), mientras que la tercera tenía los pies en el nordeste y la cabeza en el suroeste.

Debido a la datación de los enterramientos, y gracias a las características de las tumbas y de los individuos de su interior, pensamos que la necrópolis se puede poner en relación con la comunidad monástica masculina que habitó el archipiélago de Cabrera en el siglo VII d. C.

Las fosas de todas estas tumbas cortaban los niveles de derrumbe de unas estructuras que podrían haber formado parte de un taller de producción de púrpura. Éstas corresponden a un muro, un pavimento y una cubeta. Dicho muro, de unos 0,50 m de ancho, estaba construido con un zócalo de piedras ligadas con arcilla y con un alzado muy probablemente de tapial. A su lado oriental se le adosaba un pavimento de tierra pisada, y a su extremo nororiental una cubeta. Para la construcción de dicha cubeta se había realizado una fosa de fundación de planta cuadrangular, dentro de la cual se construyeron los cuatro muros del depósito. Su interior se encontraba recubierto por un revoque de mortero de cal, de entre 1 a 2,5 cm de grosor. Inmediatamente al oeste de esta cubeta, y adosado al muro antes descrito, se halló un canalillo creado en la arcilla del terreno por la circulación de algún tipo de líquido. Por la dirección y pendiente que presentaba esta pequeña canalización, parece ser que dicho líquido debía salir de la cubeta. Fue aquí, en el interior del canalillo, donde se encontró lo que parece ser la clave para la interpretación de estas estructuras. Concretamente se trata de 750 fragmentos de caracolas marinas, todas ellas de las especies murex trunculus (95%) y thais haemastoma (5%), y todas partidas con idéntico patrón de fragmentación. A posteriori se han ido documentando caracolas con el mismo patrón de rotura por todo el yacimiento, e incluso se ha localizado un auténtico conchero. El hecho de que las dos especies encontradas sean apropiadas para la producción de púrpura y que, tal y como explica Plinio, éstas debían partirse para poder sacar el animal de dentro de la caracola, son pruebas bastante contundentes para argumentar la presencia en Cabrera de un pequeño taller para la producción del colorante purpurado. Por los resultados de las excavaciones arqueológicas realizadas hasta el momento, parece ser que este taller habría funcionado durante los siglos V y VI d. C, sobre todo durante el tiempo de la pertenencia de las Baleares al Reino Vándalo del norte de África.

Es Clot des Guix

Es un yacimiento con restos vándalos y bizantinos. Recibe esta denominación porque consistía en una explotación para extraer la materia prima para fabricar yeso (guix). Se encuentra en el centro de la península norte de la isla, en un lugar rodeado de escarpados donde hoy se intercalan zonas de garriga y pinar. Los restos arqueológicos las documentó J. Camps en 1962 con las siguientes palabras: Se trata de un poblado amurallado de estructura talayótica con base de bloques pequeños colocados en seco. En el centro del conjunto aparecen unas habitaciones rectangulares de estructura muraría de técnica diferente, a base de fragmentos de arenisca retocados, de tamaño regular y montados también en seco.

Se encontraron varios restos de cerámica de terra sigillata, algunas con decoraciones estampadas. Lo más importante fue poder identificar una serie de producciones de “cocina tardorromana modeladas a mano o a torno lento”, las cuales daban una cronología de los siglos V y VI d.C. (incluso de finales del IV y principios del VII). Se ha demostrado una inexistencia total de material talayótico, por lo que su fundación es posterior.

Las estructuras del yacimiento están hechas con piedra pequeña colocada aparentemente en seco. A pesar del mal estado de los restos, parece intuirse algunas habitaciones de planta cuadrangular y, en su extremo más oriental, hay un muro aparentemente de planta semicircular. Estas estructuras ocupan una superficie de 1.350 m2, pero originalmente tenían que ocupar más, ya que en la edad contemporánea se vieron afectados por el orificio que allí se realizó para sacar el yeso. Posteriormente, otro excavador hizo otro orificio pegado al del guix, el cual dejó al descubierto lo que parece una pequeña cisterna o depósito con las paredes recubiertas con opus signinum.

El museo de Cabrera

Para completar la visita arqueológica del Pla de ses Figueres se debe ir al Museo de Cabrera, caserón situado en el centro de la bahía del puerto de la isla, el viejo celler de Can Feliu, que desde 1996 acoge la sede de este museo. Está situado cerca de las casas de possessió de la familia Feliu, propietarios de la isla hasta 1916, fecha en que fue expropiada por el Estado.

Para acceder a él volvemos al camino e iniciamos el ascenso hasta la desviación que, en dirección a la derecha, nos conduce al actual museo.

En este museo, entre otras cosas, podrá contemplarse un resumen de la historia de la isla, con un apartado dedicado al yacimiento del Clot des Guix. En éste se encontraron materiales de época vándala y bizantina. Los restos arqueológicos de ese yacimiento fueron de los primeros en documentarse gracias a J. Camps y sus descubrimientos publicados en 1962. Se identificaron varios objetos hallados: cerámicas de terra sigillata decoradas con improntas de palmetas, puntillado y cruces bizantinas; cerámicas con incisiones hechas con punzón después de la cochura; y cerámicas de cocina de época bizantina que fueron confundidas con cerámicas de época talayótica.

Pero además, también se puede visitar la sala dedicada a los trabajos arqueológicos del Pla de ses Figueres, donde se pueden apreciar fotografías, planos y un audiovisual de dichas excavaciones, así como una recreación a tamaño natural de dos tumbas de la necrópolis y una réplica de uno de los esqueletos de los supuestos monjes de cabrera.

El museo está distribuido en tres niveles para las diferentes secciones que conforman su contenido: arqueología, etnografía y medio natural.

En la planta principal se exhiben algunos hallazgos arqueológicos submarinos procedentes barcos naufragados en el sub-archipiélago cabrerense, sobre todo de los llamados Cabrera III y VII. A la izquierda de la entrada principal podemos observar un conjunto de àmfores del pecio Cabrera III de diversas tipologías, unas para contener aceite de la Bética y de la zona de Túnez, otras de vino de la Galia, y otras de salazones de pescado de la Lusitania. Este barco se hundió a mediados del siglo III d.C., fechado gracias al hallazgo de varias monedas del emperador Valeriano (253-260 d.C.). También encontramos una vitrina que muestra un jarrón púnico (fenicio) con restos de policromía, procedente del Cabrera II, naufragado hacia finales del siglo III a.C. Podremos ver unos lingotes de plomo que gracias a sus sellos podemos saber que procedían de Sierra Morena, y que pertenecieron al pecio del Cabrera V, hundido hacia el siglo I d.C.

En las vitrinas centrales de esta misma sala observaremos objetos hallados en la isla que van desde la época púnica, pasando por la romana, vándala, bizantina, de la Edad Media y del tiempo del confinamiento de los franceses.

En la planta inmediatamente inferior se presentan temas etnográficos como las artes de la pesca con su historia, fotografías y utensilios. En primer lugar se visita el espacio dedicado a la pesca con utensilios como nanses, un gambí, palangres artesanales, redes teñidas con corteza de pino, un tresmall, etc. También podemos contemplar diversas fotografías relacionadas con el pasado reciente de la isla (como expediciones) y el facsímil del dibujo del archiduque Luis Salvador. Varios paneles explican los diferentes usos que se han practicado en la isla: forestal, agrícola, turístico y militar.

La planta inferior está especializada en el medio natural de la isla, donde se muestra todo lo relacionado con la fauna y la flora autóctonas. Cabrera se ha convertido en una verdadera reserva de la vida marina del Mediterráneo. Así podemos contemplar una pequeña sala donde se ha recreado el fondo marino de de la isla, adornado con los restos de un pecio.

La isla de Conillera o dels Conills: Els Corrals

Esta es la segunda isla en extensión del archipiélago de Cabrera, en la que también encontramos yacimientos. Els Corrals fue documentado por primera vez también por J. Camps: Está situado en un enclave llano, bastante extenso, enfrente mismo de la Isla de Cabrera. Se aprecian restos de muralla y la planta de un talayot situado en el borde del acantilado que limita el poblado.

Sin embargo, las prospecciones realizadas por M. M. Riera durante los años 1993 y 1994 ya dejaron en evidencia que todo el material cerámico encontrado en aquella zona correspondía a una cronología bastante más tardía, otra vez centrada entre los siglos V y VII d.C. La cerámica identificada es suficiente para relacionar este yacimiento con los otros citados de la isla de Cabrera.

Los elementos arquitectónicos localizados en este lugar están fabricados con piedra seca, normalmente no muy grande. Desgraciadamente todo el yacimiento está cubierto por una frondosa vegetación de garriga, la cual enmascara mucho los restos, dificultando considerablemente su estudio. Entre los materiales constructivos localizados hay algunos bloques de piedra bien trabajados. Entre ellos destaca uno con decoración esculpida de una cruz dentro de un círculo. Según J. Menchón, esta pieza se asemeja mucho con la cronología tardía del yacimiento y parece ser que habría podido formar parte de una edificación o de una estela funeraria.