Datos y descargas

Dificultad:
Moderada
Duración:
2 horas
Longitud:
2 Km a pie, aproximadamente, del punto 1 al punto 5.
De interés:
Sanisera es la única ciudad romana de Menorca que se puede excavar en su totalidad. Es aconsejable visitar el Ecomuseu del Cap de Cavalleria y pedir información sobre como llegar a los diferentes puntos. Podremos dejar el coche en el aparcamiento y disponer de un folleto para guiarnos por todo el recorrido de la ruta. La entrada general al museo cuesta 3 €.
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Introducción

Mallorca y Menorca han estado siempre relacionadas entre sí (no así con Ibiza y Formentera) hasta el punto que muchos autores de época antigua las denominaban con un mismo término: Choirádes (llamadas así en la obra de carácter geográfico de Timeo de Tauromenio en el siglo IV a.C.), Gymnesia (nesónimo muy utilizado por los antiguos y con un origen aún desconocido) o Baliarídes (atestiguado por primera vez en fuentes de época helenística, a finales del siglo III a.C.). Este término fue aceptado rápidamente por los romanos, transformándose en Baleares. En su afán por distinguir entre las dos islas, las adjetivan, denominándose así Baliares Maior y Baliares Minor, términos que luego pasarán a convertirse en Maiorica y Minorica.

Las primeras noticias que tenemos tanto de Menorca como de Mallorca hacen referencia sobre todo a los honderos baleares y a los diferentes reclutamientos que se llevaron a cabo para las distintas batallas de la época antigua. Se los conoce especialmente luchando en el bando cartaginés, en primer lugar, y en el bando romano después. Durante la II Guerra Púnica, Tito Livio (Livio XXVIII, 37, 5-10), nos relata que en el año 206 a.C. el ejército de Magón, el último que queda del bando cartaginés, se ve obligado a salir de la península para dirigirse a Italia. Durante el trayecto pasa por la Pitiusa, último reducto púnico, donde recibe víveres, combatientes y armas, y luego se dirige a las Baleares, donde pretende pasar el invierno. En Mallorca los habitantes se oponen a su llegada, usando las hondas y el ejército se dirige a Menorca. Una vez allí, colocan el campamento sobre un puerto, se apoderan de una ciudad y reclutan a dos mil varones en edad militar que son enviados a Carthago. Se supone que esta ciudad donde se asentaron es Mago (Mahón), aunque es algo que todavía no se ha podido comprobar ya que tanto Mago como Iamo (Ciutadella) han sido habitados continuamente y han imposibilitado su investigación.

Las principales fuentes literarias que hacen referencia a Menorca se caracterizan por ser escasas y con poco contenido, por lo que, respecto a la agricultura y la ganadería, tenemos una visión algo confusa. La mayoría de las veces hablan de las Baleares en general, sin especificar la isla, lo cual imposibilita saber si se trata de las dos o solamente de una de ellas. Estos autores mencionan la fertilidad de las tierras de las Baleares y Plinio nos habla de su excelente trigo y sus exquisitos vinos. Con respecto a la ganadería, centrándose ya en Menorca, Diodoro, en el siglo I a.C., elogia sus mulos por su fuerza, mientras que Plinio nos comenta la abundante caza que se encuentra en las Gymnesias (vuelve a referirse a las dos islas).

En cuanto al mundo rural después de la conquista romana, tenemos muy poca información, ya que todavía no se ha excavado ninguna villa romana que se haya podido identificar como tal. También sabemos del hallazgo de dos miliarios aparecidos entre Maó y Alaior, con lo que se refuerza la hipótesis de la existencia de una o varias calzadas que debieron mejorar la circulación por el interior de la isla.

Se sabe que muchos de los yacimientos prehistóricos menorquines continúan siendo utilizados en momentos posteriores a la conquista romana, por lo que esta llegada no supone una ruptura del modelo tradicional de hábitat aunque se ve, en diferentes excavaciones realizadas en Iamo y Mago, que en el cambio de era fueron ganando en entidad y población, llegando al momento de máximo esplendor en el sigo II d.C. Este hecho coincide con una clara decadencia de los principales núcleos de época prerromana, como son Trepucó, Torre d´En Galmés y Son Catlar.

Esta situación de decadencia de las zonas rurales vuelve a cambiar durante el Bajo Imperio (siglos III y IV d.C), apareciendo gran cantidad de materiales en todos los yacimientos prehistóricos de la isla, además de los tres centros urbanos. De esta época se han recuperado gran cantidad de monedas y cerámicas en Iamo, Sanisera y algunos yacimientos rurales, lo que ha llevado a pensar a algunos autores en una cierta reactivación de la economía de la isla.

Sanisera fue el tercer núcleo habitado más importante de Menorca en época antigua. Al contrario que Iamo y Mago, su solar fue abandonado hace siglos y, por tanto, los trabajos de excavación que allí se puedan realizar son mucho más fáciles y agradecidos, siendo, sin ninguna duda, uno de los grandes tesoros arqueológicos de la isla. Las excavaciones científicas en Sanitja se iniciaron en el año 1979 y, aunque con frecuentes interrupciones, han ido continuado hasta nuestros días.

La única referencia literaria clásica a Sanisera es del siglo I d.C. concretamente de Plinio el Viejo (Nat. Hist. III, 78), quien la menciona junto a Iamno y Mago como civitates.

Estos tres núcleos habitados estaban situados en los tres principales fondeaderos de la isla. Sanisera no tenía un puerto natural tan bueno como las otras dos ciudades, pero sí que era el mejor refugio de toda la costa norte menorquina. Todas ellas se convirtieron en focos de entrada de la nueva cultura romana, eminentemente urbana, jugando el papel de centros económicos, lugares para la promoción política y social, y bases para el control fiscal y la seguridad del territorio.

Ecomuseu de Cap de Cavalleria

Para llegar al ecomuseo desde el Mercadal, debemos tomar la carretera en dirección a Fornells. Aproximadamente a cuatro kilómetros encontramos una bifurcación perfectamente señalizada a la izquierda que nos lleva al Cap de Cavalleria. En el camino, en dirección al faro de Cavalleria, encontraremos a la derecha una señalización del ecomuseo. Podemos meternos con el coche y dejarlo en el aparcamiento. Desde allí se iniciará todo el recorrido siguiendo el folleto guía.

El ecomuseo está gestionado por la Associació Sanitja, entidad sin ánimo de lucro, que tiene como objetivos principales el estudio, la conservación y la divulgación del patrimonio natural y cultural de la zona.

Empezando la ruta por este museo el visitante podrá introducirse en la historia de Sanisera a través de diversos detalles de las excavaciones del yacimiento. Podrá apreciar una muestra de los materiales aparecidos durante los trabajos arqueológicos. Desde aquí podrá percatarse de que el yacimiento se encuentra en el fondo de un magnífico puerto, incluso hoy en día, en un marco natural incomparable.

Debe decirse que el primer historiador que planteó la ubicación de Sanisera en el puerto de Sanitja fue Joan Ramis i Ramis ya en 1784, partiendo simplemente de las semejanzas toponímicas. Pero no fue hasta los años setenta del pasado siglo XX, cuando se iniciaron, primero las prospecciones, y luego las excavaciones que permitieron corroborar tal localización. Fue entonces cuando se pudo observar que el yacimiento arqueológico de Sanitja ocupaba un mínimo de 6 hectáreas terrestres. Gracias a hallazgos casuales y a prospecciones arqueológicas subacuáticas también se ha podido constatar la riqueza arqueológica del fondo del puerto, lugar donde aparecen sobre todo gran cantidad de ánforas que son una buena muestra de la actividad comercial que debió tener Sanisera.

El Castellum

Los materiales más antiguos documentados en Sanisera son de época tardo-republicana y por tanto, no se discute su fundación romana (al contrario que Iamo y Mago donde se han planteado unas fundaciones urbanas anteriores a la conquista romana). En su solar no se ha encontrado ningún tipo de construcción talayótica, aunque cabe remarcar que a poca distancia se encuentra el importante poblado prehistórico del Pujol Antic. En dicho yacimiento se encontró hace unos años una de las mejores figuras de bronce de las Baleares. Se trata concretamente de la representación del dios Marte, de estilo helenístico, pero ya muy probablemente de producción romana.

Según los actuales excavadores de Sanitja, las construcciones situadas en el lado sureste de la bahía corresponderían a un centro militar, de planta regular, construido justo después de la conquista romana de la isla (123 a.C.). Sería, pues, un auténtico campamento militar o, más probablemente, un castellum, es decir, un pequeño núcleo habitado dotado de elementos defensivos. La orientación de sus estructuras siempre se adapta a la mejor opción del terreno, es decir, Noroeste-Sureste en la parte del promontorio, y Norte-Sur en las otras. Todo apunta a que corresponderían a este momento los abundantes proyectiles de plomo para el tiro con honda (glandes plumbeae) encontrados en diversos sitios del yacimiento. En algunos de ellos se han encontrado marcadas las letras [S. CAE.] o [S. S. (C?)], las cuales se han querido relacionar con el cónsul Quinto Cecilio Metelo Pío, militar que se enfrentó a Sertorio. En este sentido cabe destacar que en una de las habitaciones se halló un auténtico almacén de proyectiles de plomo y lo que parece ser la punta de un pilum (es decir, una jabalina pesada de punta fina). Muy recientemente también se ha propuesto que este “campamento militar” habría servido para el reclutamiento y el adiestramiento de una parte de los famosos honderos baleares, y que habría estado en uso entre el 123 a.C. y un momento cercano al 45 a.C. Serían tal vez, y siempre siguiendo las palabras de los directores actuales, honderos que habrían luchado en la guerra de Yugurta, la guerra Civil o de los Aliados, las guerras Sertorianas y, la guerra entre César y Pompeyo.

La extensión geográfica cada vez mayor que Roma iba obteniendo con sus victorias hacía que se fueran abriendo muchos frentes. De ahí que tuvo que reestructurar su ejército, que se había quedado obsoleto ante la complejidad militar del momento. Esta reorganización comportó el continuo reclutamiento de hombres procedentes de los colectivos vencidos a consecuencia de su sumisión a Roma y en virtud de los pactos regulados con ellos. Esta práctica fue una constante que duró hasta el final del Imperio Romano de Occidente.

En el caso que nos ocupa, respecto a la utilización por parte del ejército romano de los honderos baleáricos como fuerzas auxiliares (a excepción de la guerra de las Galias), no se sabe seguro si César o Pompeyo las utilizaron o si el campamento militar de Sanitja perduró hasta el 45 a.C. En las campañas por la conquista del territorio galo, las fuentes citan la participación de honderos, pero sin indicar su procedencia. Sólo en la batalla de Bribax, en el año 57 a.C., se especifica que los honderos baleáricos formaban parte del ejército de choque entre la caballería de Numidia y los arqueros de Creta. Poco tiempo después, durante la guerra entre César y Pompeyo, las Gimnesias (Baleares) vuelven a ser un punto estratégico entre los dos contrincantes, las cuales siempre se decantaron más por el bando pompeyano. Éste contaba en Hispania con el apoyo de siete legiones, distribuidas en torno a dos centros principales: Lleida (Ilerda) y Córdoba (Corduba). Sin embargo, César consiguió la victoria. El hijo del derrotado, Cneo Pompeyo, preparó en las Islas Baleares una expedición para desembarcar en la Península para recuperar el control de Hispania. Pero César volvió a triunfar definitivamente en la batalla de Munda en el año 45 a.C.

Los restos arqueológicos encontrados en el campamento militar de Sanitja, denotan una remodelación constructiva fechable entre los años 75 y 45 a.C, constituyendo la fase final de su ocupación. Esta etapa podría coincidir precisamente con la preparación en las islas de la expedición organizada por Cneo Pompeyo, en la cual seguramente participaron los honderos baleáricos. El abandono del Castellum pudo producirse perfectamente en el 45 a.C. En este año las Gimnesias quedaron en un momento de paz.

Se han encontrado en el yacimiento proyectiles de plomo de los honderos, testimonio de la actividad bélica y de la utilización de fuerzas auxiliares oriundas de la zona. Estos objetos se ubicaban mayoritariamente en las afueras del poblado, en pendientes abruptas y en zonas periféricas, y se han datado durante las guerras sertorianas.

Tal y como se puede observar desde el lugar, la localización del campamento se beneficiaría del hecho de encontrarse sobre una cima plana en una colina que se alza discretamente a una altura de entre 15 y 20 metros sobre el nivel del mar. Sería, por tanto, un lugar relativamente fácil de defender e ideal para vigilar y controlar el puerto, dado que desde aquí se tiene una buena visibilidad de su ensenada y de una parte amplia del horizonte norte de Menorca.

De Sanisera todavía no se conocen estructuras fechables con seguridad en tiempos del Alto Imperio. De todas formas, la abundancia de material recuperado correspondiente a este período nos muestra que debió de ser uno de los momentos de máxima ocupación del asentamiento. Parece que sería de esta época el fragmento de una lápida de mármol jaspeado donde aparecen las letras RIA, que pertenecería a un epígrafe monumental. También lo serían muchos de los fragmentos de la cerámica típica romana de vajilla de barniz rojo (terra sigillata) que se encuentra por gran parte del yacimiento. Los porcentajes de material posterior al siglo III d.C. son considerablemente menores, cosa que hace entrever que Sanisera se habría convertido en un punto de población residual.

El Sector Oeste. Edificio C

La inexistencia de referencias literarias a Sanisera posteriores al siglo I d.C. y el hecho de que Severo, a principios del siglo V, no la mencione, parecen un claro síntoma de que hacía años, o más bien siglos, que su población había pasado ya a un segundo plano. De todas formas, la arqueología nos demuestra que continuaba habitada, tanto por los materiales que encontramos en su solar, como por una serie de estructuras que se han ido desenterrando.

En uso en el siglo IV d.C., se ha localizado un edificio situado en el lado occidental del yacimiento. De esta construcción se han excavado un total de ocho habitaciones, todas ellas de planta cuadrada o rectangular. Gracias a los datos obtenidos durante los trabajos arqueológicos se ha podido apreciar que dos de ellas estarían destinadas a vivienda, otras dos a almacenes, una a corral, dos a trabajos industriales y dos a patios. Dicho edificio se pudo relacionar con una explotación agrícola-ganadera, con algunos detalles de carácter productivo. Esta producción queda reflejada, entre otras cosas, por la presencia de dos depósitos interconectados. Desgraciadamente hasta día de hoy no se ha podido determinar que tipo o tipos de productos se elaboraron en el lugar, aunque no puede desestimarse una producción vinícola como la que nos testimonia Severo de Menorca cuando nos habla de unas viñas, una prensa y una cuba localizadas en el campo menorquín. Volviendo a los datos que se tienen de este Edificio C, todo apunta a que dicha edificación estaría funcionando hasta como mínimo el siglo VI d.C.

El Sector Oeste. Necrópolis

A partir del siglo V d.C. se reducen considerablemente los materiales encontrados en los aledaños de Sanitja, aunque siguen apareciendo pequeñas cantidades de materiales de los siglos VI y VII d.C., cosa que evidencia una ocupación humana del lugar presumiblemente continuada.

También en este sector occidental, a unos 20 metros al norte del Edificio C, en medio de una serie de muros y estructuras de diversa índole, aparecieron un mínimo de 21 enterramientos. Estas tumbas eran del tipo cista y/o cubierta de opus signinum. A pesar de que no se pudieron datar con precisión, todo apunta a que han de corresponder a un momento bastante avanzado de la ocupación antigua del yacimiento. Por paralelos, parece ser que estas edificaciones deberían de datarse entre los siglos V y VII d.C., y que serían monumentos funerarios iguales a los encontrados pegados a la basílica de Fornells en Menorca, a la basílica de Son Peretó en Mallorca, y en el centro histórico de Ciutadella. El hallazgo, en este sector de la necrópolis, de un fragmento de mensa de mármol, unos supuestos platos litúrgicos y una serie de muros hechos con sillares, permitieron plantear la posibilidad de la presencia de una basílica en este lugar. Otros autores van más allá y proponen interpretar los restos como pertenecientes a un monasterio. Desgraciadamente, hasta que no se complete la excavación del lugar, será imposible decantarse hacia cualquiera de las dos opciones.

Cabe destacar que la mayoría de los elementos cerámicos correspondientes a los siglos V, VI y VII d.C., encontrados en Sanitja, provienen de las zonas cercanas a Cartago, en lo que es, a día de hoy, la actual Túnez. Otros materiales de la época, pero ya en menor número, llegaron de la vecina isla de Ibiza, del sur de la Galia, y del extremo oriental del Mediterráneo.

La mezquita

Nada sabemos de lo acontecido en Sanitja en los siglos VIII al X d.C., pero ello no significa necesariamente que el lugar fuese abandonado por completo. En cambio, la cerámica que aparece por una amplia zona, nos informa de la presencia de una comunidad musulmana de época islámica (siglos X al XIII d.C.), difícil de precisar cronológicamente. Tampoco sabemos a ciencia cierta si habría habido una explotación agrícola o ganadera del tipo alquería, una pequeña zona portuaria, o ambas cosas.

Por ahora, la única construcción atribuible a esta época sería la localizada un poco más a septentrión de la necrópolis, en el lugar llamado la Punta Norte. Allí quedan los cimientos hechos con sillares muy probablemente reutilizados, de un pequeño edificio que se había malinterpretado como posible faro. A día de hoy, gracias a la observación de su orientación y de sus características constructivas (sobre todo por la presencia de un mihrab, es decir, un pequeño ábside localizado en el exterior de su pared sureste), no parece haber lugar a dudas de que se trata de una mezquita.