Datos y descargas

Dificultat:
Moderada.
Durada:
2 horas, incluyendo la visita al Museu de Mallorca.
Longitud:
1,5 Km a pie aproximadamente.
De interés:
Muralla romana y Museu de Mallorca.
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Introducción

Una vez visitados el núcleo urbano de Pollentia y su museo, la basílica de Son Peretó y el Museo de Manacor, poca cosa más se puede disfrutar de la Mallorca de época antigua. Estamos, por tanto, en la región española (exceptuando Canarias donde nunca se asentaron los romanos) con el bagaje más pobre en yacimientos arqueológicos antiguos excavados y, por supuesto, con el menor número de yacimientos visitables y musealizados.

Se podrían visitar los restos de la villa romana de Sa Mesquida (Santa Ponça, Calvià) si no se encontrasen absolutamente abandonados, convertidos en un auténtico basurero y sin ningún tipo de señalización ni cartel explicativo.

Dentro de este panorama desolador llegamos a la ciudad de Palma. Ésta tuvo el mismo esplendor que Pollentia. Desgraciadamente, no corrió la misma suerte por lo que respecta a las épocas medieval, moderna y contemporánea, dado que las poblaciones humanas de Palma siguieron ocupando el mismo solar, mientras que las de Pollentia se trasladaron a una loma cercana que recibiría el nombre de Alcudia. Tenemos, por tanto, que los posibles restos de época romana, vándala y bizantina de Palma se encontraban ya en 1900 mucho más deterioradas que las de Pollentia.

Las ciudades romanas

Debemos tener en cuenta que no todas las ciudades que iban fundando los romanos eran iguales ni desde el punto de vista administrativo, ni del jurídico. Con la progresiva e imparable conquista de territorios, Roma iba estableciendo diferentes relaciones con los habitantes y territorios incorporados. Los habitantes de Roma disfrutaron desde los primeros momentos de todos los derechos (derecho romano), a los cuales podían aspirar los ciudadanos. Al principio se fundaron ciudades dentro de Italia, las cuales disfrutaban del derecho romano y se dividían en dos categorías: municipios y colonias. Los primeros tenían una constitución y magistrados propios; las colonias se fundaban para descongestionar Roma y éstas se concedían a ciudadanos romanos bajo una forma legal determinada.

Más adelante, el Imperio se fue expandiendo y, se comenzaron a fundar colonias y municipios fuera de Italia. Los habitantes de estas colonias disfrutaban del derecho romano. Los municipios, en cambio, podían ser de derecho romano o de derecho latino. Ambos tenían su origen en una concesión de la administración romana a ciudades indígenas. La diferencia estaba en que los de derecho latino no gozaban de los mismos derechos que los del romano; Roma les concedía una constitución donde se regulaban y estipulaban sus derechos, el más importante de los cuales era el de la concesión de ciudadanía a los magistrados, que se transmitía a sus descendientes.

A medida que Roma se fue debilitando y perdiendo poder a partir del siglo III d.C., el Imperio fue concediendo el derecho romano a todas las ciudades.

La Palma perdida

No ha sido hasta bien entrado el siglo XX, cuando se ha podido comprobar que la Palma romana se encuentra en el solar de la actual capital balear. Hasta entonces, diversos autores fueron planteando que se encontraba en Santanyí, en la zona de Sa Carrotja, dado que allí se encontraban numerosos hallazgos de época romana, entre ellos, lápidas funerarias, construcciones, cerámicas y monedas. En cambio, los hallazgos arqueológicos efectuados durante la segunda mitad del siglo XX — a raíz de obras públicas, reformas de edificios actuales o prospecciones como las realizadas en el subsuelo de la Catedral y del Palacio Episcopal— han permitido comprobar que la Palma romana se encontraba en el mismo sitio que la Palma actual.

Muchas veces las fundaciones urbanas romanas se situaban cerca de importantes poblados indígenas precedentes. Esto es lo que parece que aconteció con Palma y el asentamiento de Son Oms, el poblado prehistórico más grande documentado en Mallorca, miserablemente destruido por el estado español en la década de 1970 para la ampliación del aeropuerto. En cambio la destrucción casi sistemática de gran parte de lo poco que nos quedaba de la Palma antigua ha sido mucho más reciente. Respecto a esta destrucción, el caso mejor documentado ha sido el de la Calatrava, en el lugar donde se encontró, entre muchas otras cosas, una preciosa cantera de época tardorrepublicana con epigrafía, una necrópolis de los años próximos al cambio de era, y unas habitaciones seguramente destinadas a almacenes o tal vez un mercado de época bajoimperial. En cambio, el caso peor documentado ha sido el del parquin de la avenida Antoni Maura, lugar donde se encontraba el puerto romano de la ciudad. Allí se padeció el atentado al patrimonio arqueológico mallorquín más grave de las últimas tres décadas, con el agravante de que fue promovido por la administración local.

La ciudad romana oculta

Antes de iniciar el recorrido, tenemos que tener en cuenta que muchos de los vestigios de la ciudad romana de Palma no se conservan o están sepultados bajo otras construcciones posteriores, por lo que es difícil trazar e identificar los elementos y los límites de ésta. Primeramente, empezaremos citando los restos de la ciudad antigua que hoy en día no podemos contemplar, pero que han sido documentadas mediante excavaciones, que posteriormente se han vuelto a cubrir.

No ha sido hasta bien entrado el pasado siglo, cuando se ha podido comprobar que la Palma romana fundada por Cayo Cecilio Metelo se encuentra en el solar de la actual capital balear. Hasta entonces, diversos autores fueron planteando que se encontraba en Santanyí, en la zona de Sa Carrotja. Sin embargo, los hallazgos arqueológicos efectuados durante la segunda mitad del siglo XX han permitido comprobar que la Palma romana se encontraba en el mismo sitio que la Palma actual.

Contamos con varios ejemplos donde las excavaciones arqueológicas efectuadas permitieron documentar estructuras, sobre todo de época romana, que posteriormente volvieron a ser cubiertas. Uno de estos casos corresponde a la excavación realizada en el interior de la catedral, donde se halló el que debe ser el muro documentado más antiguo de la ciudad (anterior a c. 50 a.C.) y dos habitaciones, una con un sistema de hipocausto para calentar dicho ámbito, que parecen corresponder a unas termas de época altoimperial. Justo al norte del ábside del edificio catedralicio también se documentaron importantes estructuras monumentales, entre ellas, el podium de un posible templo. Finalmente en los sótanos del actual museo Diocesano, se encontraron varios grandes lienzos muy bien conservados de las murallas de la ciudad antigua. Desgraciadamente, nada de lo expuesto hasta ahora se puede visitar.

Sin que por el momento pueda confirmarse rotundamente esta hipótesis, recientes estudios de carácter urbanístico, geométrico y arquitectónico permiten plantear si la Palma romana contó con un teatro situado en la zona portuaria, al inicio del Passeig des Born, en la manzana comprendida entre las calles Jovellanos, Pelaires y Plaza Juan Carlos I. Concretamente la orientación y las características de un conjunto de paredes medianeras entre edificios que a vista de pájaro conforman una estructura de forma radial —que recuerda a edificios públicos de otras ciudades bajo el influjo de Roma, total o parcialmente destruidos, cuyos cimientos y muros portantes fueron posteriormente reutilizados para edificar viviendas, quedando el rastro fósil de la estructura inicial incrustado en los actuales edificios—, así como la presencia de un patio mancomunadoque mantiene la forma semicircular característica de la orchestra de un teatro romano. La posibilidad de que dichas estructuras correspondan a un teatro romano se apoya además en los criterios marcados por el arquitecto Vitrubio, quién estableció que las ciudades marítimas debían construir este tipo de edificios públicos junto al puerto.

Las murallas de época antigua

El recorrido se realiza por el casco histórico de la ciudad de Palma. Se inicia en el Palacio episcopal, situado frente al mar, detrás de la cabecera de la Catedral de Mallorca, en la calle Mirador, nº 5. A continuación nos dirigiremos por la calle del Palau hasta llegar a la calle de Sant Pere Nolasc. Giraremos a la derecha y a pocos metros veremos a la derecha la puerta de acceso als Jardins del Bisbe. Para ir al Arco de la puerta de la Almudaina, nos meteremos por la calle perpendicular que es la calle Zanglada. La recorremos hasta el final y giramos a la derecha donde a escasos metros encontraremos el Arco. Para seguir la ruta, iremos en la misma dirección, llegando a la calle Morey y girando a la derecha. En el nº 8 está situado Can Alabern, en cuyo interior se encuentra la placa romana.

Pere de Alcántara Peña ya en el año 1887, observando la trama de la ciudad de Palma y sin ninguna excavación arqueológica realizada, fue capaz de entrever un recinto murario que él suponía del siglo V d.C. Dicha fortificación tendría una planta cuadrangular un tanto irregular con una fachada marítima que iría desde el Palacio de la Almudaina hasta el Palacio diocesano. Después giraría hacia el norte por detrás de este último, pasaría entre las calles Morey y Zanglada, y llegaría un poco más a septentrión del arco de la puerta de la Almudaina. Aquí giraría hacia el noroeste hasta sobrepasar el edificio del actual Consell de Mallorca. Finalmente, en algún punto de lo que fue el convento de Sant Domingo, la cerca se dirigiría otra vez al mar, es decir, hacia el Palacio de la Almudaina.

Entre los pocos restos visibles de la muralla, podremos contemplar en el patio de la casa Alabern, por donde también pasaba la muralla, un epígrafe de época romana donde se pueden leer las letras MENLIAE C·F SEVERAE, es decir dedicada a Manlia Severa, hija de Cayo.

En el avance de nuestra ruta podremos observar un tramo de la muralla localizado en los jardines del Palacio episcopal. Allí se puede apreciar un lienzo bastante largo y lo que parece ser una de sus torres. Se conserva otro tramo de muralla con parte de una torre en el edificio que hace esquina entre las calles Morey y Sant Pere Nolasc, pero para poder hacer la visita debe solicitarse permiso a los dueños del edificio.

La ruta por la supuesta muralla “romana”, siguiendo el mapa trazado, acabaría en el arco de la puerta de la Almudaina. Dicho arco no es ni mucho menos el original, sino que es el resultado de múltiples reparaciones de época medieval, a tenor de las reducidas dimensiones de la flecha del arco y de la tosquedad de sus dovelas. A su derecha, mirando desde el exterior, se puede apreciar un buen lienzo de la muralla y parte de otra de sus torres. La parte de esta construcción defensiva que correspondería a época antigua está hecha con grandes sillares bastante bien escuadrados, colocados a veces a soga y tizón. Sus torres son de planta cuadrada y se encuentran siempre en la cara externa de la muralla.

Un tema ciertamente controvertido para la historiografía de la historia de Palma es el de la datación de este recinto murario. Varios autores lo han querido situar en el momento de la fundación de la ciudad (Siglo II a.C.) pero lo cierto es que todos los datos arqueológicos recogidos en tres excavaciones distintas, nos indican que debe situarse en un momento muy avanzado del imperio romano (siglos IV o V d.C.) o ya de época vándala o bizantina. Sería pues una reducción de los límites defendidos de la ciudad que abarcaría sólo el barrio de la Almudaina. La ciudad romana, en cambio, sería más grande, abarcando parte de los barrios de Monti-sion y de la Calatrava en su lado oriental, y hasta el Borne en su lado occidental.

El foro: la plaza pública y centro de la ciudad

Para ir a este punto deberemos dar un rodeo en nuestro recorrido. Volveremos a la calle Zanglada y la recorreremos hasta topar con la calle de Sant Roc. En la esquina con la calle Estudi General encontremos el Estudi.

El foro en las ciudades romanas era su centro neurálgico. Allí se encontraban las principales instituciones cívicas de la urbs: el templo o templos, para rendir culto a los dioses y al emperador; la basílica, con las funciones de tribunal de justicia y comercial; el comitium, formado por el Senado, con funciones electorales y legislativas; el tesoro; el archivo; y las curias (funciones legislativas). A día de hoy parece muy probable que el foro de Palma debió de estar en la parte más alta de la ciudad, justo detrás de la actual Catedral. Esto lo sabemos sobre todo gracias al estudio de la trama urbana fosilizada en las actuales calles del centro de Palma, al hallazgo de los restos de una edificación monumental encontrada en el Estudi General Lul·lià, a las edificaciones ya expuestas al norte del ábside de la catedral, y a la calle con plintos para estatuas documentados en las dependencias anexas también al lado norte de la Catedral.

Las calles que rodean el edificio del Estudi General formaban parte de la trama urbana romana, estructurada rígidamente en cuadrícula. La calle de Sant Roc, de clara orientación norte-sur, sería heredera del cardo máximo romano, mientras que la calle Estudi General ocuparía el lugar del decumano mayor, orientado de este a oeste. La intersección de ambas calles determinaría igualmente la ubicación del foro. Paralelas a éstas, discurrían las calles secundarias que reforzaban esta trama urbana de tendencia ortogonal.

El Museo de Mallorca

Para finalizar el recorrido, iremos hasta el final de la calle Sant Roc, giraremos a la izquierda por la calle Capiscolat. Continuaremos y daremos a la calle de Sant Pere Nolasc. Seguiremos recto hasta encontrar la intersección de las calles Morey, Miramar, Puresa y Portella. Nos meteremos por esta última donde encontraremos el Museo de Mallorca en el número 5.

En el Museo de Mallorca —instalado en el inmueble conocido como Ca la Gran Cristiana- se puede ver una pequeña selección de gran parte de los mejores materiales de época antigua encontrados en Mallorca y sus aguas.

Una vez pasadas las salas de prehistoria y protohistoria, la ruta continua por unas vitrinas donde se puede apreciar parte del cargamento de la nave romano republicana encontrada en la Colònia de Sant Jordi, y que debió naufragar en un momento cercano al 100 a.C. A continuación está expuesta una muestra tipológica de las ánforas romanas más comunes del mar de Mallorca, y una serie de lingotes de plomo encontrados en aguas de Cabrera. En la misma sala se muestran materiales ya de época romana, pero encontrados en santuarios de tradición indígena talayótica. Entre estos destacan sobremanera las figuritas de bronce descubiertas en el santuario de Son Corró de Costitx.

La relación comercial entre Roma y la isla fue intensa, y empezó mucho antes de que la conquista romana. Las principales pruebas de ello son los hallazgos de ánforas, ajuares y otros objetos cerámicos, muchos de ellos marcados con la firma del ceramista, que es muy útil para conocer su datación y procedencia. En el Museo de Mallorca encontramos varios exponentes de estos objetos. La cerámica más común encontrada es la llamada terra sigillata. Ésta era de color rojizo brillante, en ocasiones se decoraba con figuras y elementos estampados, y se fabricaba en Arezzo (Italia). También encontramos más objetos cerámicos de otras zonas de Italia, Hispania, Sur de la Galia y Norte de África. Entre estos, había funcionales (culinarios, lucernas) y suntuarios o de adorno (vidrios, bronces, joyas, telas, etc.). También fruto de estos contactos se han encontrado una gran cantidad de monedas de oro, plata y bronce.

A parte de estas importaciones, debemos señalar que en la ciudad romana debían existir talleres artesanos dedicados a la fabricación de objetos necesarios para el devenir cotidiano, como herramientas, tejidos, muebles y, también, cerámica de fabricación local.

Seguidamente, ya se pasa, dentro del museo a una serie de salas propiamente de época romana, donde se recrea una taberna (es decir, una tienda), parte de una domus (casa señorial) con su atrio y su cocina, y un columbario (lugar donde se depositaban las cenizas de los difuntos). En la taberna y en la cocina de la domus se encuentran numerosos objetos cerámicos de la época, ya sean para cocinar, como servicio de mesa, o de despensa. En el columbario, a parte de algunas urnas que contenían las cenizas de los difuntos, también se pueden apreciar algunas de las lápidas sepulcrales de la necrópolis de Sa Carrotja (Santanyí), lugar donde apareció el conjunto epigráfico romano más importante de la isla.

Dejamos la época romana en el museo, para adentrarnos en la sala dedicada al tiempo de la Antigüedad tardía, que en el caso de Mallorca abarca del siglo V al X d.C. En ella se puede contemplar el escaldasalses de vetrina pesante hallado en Pollentia, una cerámica propiamente bizantina del siglo IX d.C. También se pueden ver diversos plomos funerarios con inscripción hebraica hallados en Les Fontanelles de Son Torrella en Santa Maria del Camí, que se pueden fechar entre el final de siglo IV e inicios del siglo V d.C., y presentan un texto gravado que repite el nombre Semuel Bar Haggay, es decir, ‘Samuel hijo de R. Haggay’. Además se exhiben unos apliques metálicos de Son Oms, una botellita de vidrio de Son Peretó y varias monedas entre las que destacan dos solidus de oro encontrados en la basílica de Son Fadrinet (Campos). Precisamente de esta basílica proceden los mosaicos que cubren gran parte de la superficie de la sala.

Otros núcleos de población

Además de las dos ciudades de nueva fundación citadas en este fascículo y en el anterior, las fuentes escritas nos hablan de dos ciudades más en Mallorca que disfrutaron del derecho latino, llamadas Guium y Tuccis, e, incluso, de otra llamada Bocchorum. La diferencia con Pollentia y Palma podría estribar en que procedían de núcleos de población de época talayótica.

La ubicación de Bocchorum, aunque no se sabe con certeza, podría ser cerca del Puerto de Pollença, por el valle de Bóquer y el Pedret de Bóquer. Se han hallado restos arqueológicos en la superficie como dos placas de bronce. De los otros dos núcleos citados, de momento no se han encontrado pruebas arqueológicas que demuestren sendos emplazamientos. Tan solo se conoce el nombre de un ilustre habitante de Guium.

Sin embargo, el hecho de que los autores clásicos no hablen de más núcleos poblacionales, no significa que no existieran. La causa de su desconocimiento podría ser o que no fueran tan importantes o que no estuvieran ligados a Roma, de ahí que no fueran citados en fuentes clásicas. Los numerosos restos encontrados en Ses Salines, Santa Maria del Camí, Santanyí y otros lugares, hacen pensar en la posibilidad de que en estos sitios hubiera centros de población de cierta entidad.