Datos y descargas

Dificultad:
Fácil. La excursión transcurre por carretera rural exceptuando para llegar al punto 4  en el que hay que saltar una pequeña pared.

Duración:
5 horas aproximadamente.

Longitud:
64,6 Km. Desde el punto 1 al punto 8

De interés:
La gran importancia del yacimiento de Son Fornés es que es el único que posee un museo monográfico dedicado a su estudio, el Museo Arqueológico de Son Fornés.

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Introducción

Esta ruta se desarrollará en torno a un significativo conjunto de yacimientos arqueológicos situados en la zona del pla de la isla de Mallorca que nos instruirán sobre las culturas talayótica y baleárica.

Visitaremos diversos poblados talayóticos como el de Son Fred o Es Turassot; varios talayots de diversidad de formas: cuadrados y circulares como en Son Corró, donde se encontraron las tres cabezas de toro, o en Son Fornés, donde se encuentra el talayot circular más grande de Mallorca; varias cuevas de enterramiento de la época baleárica como en Cas Canar; una impresionante muralla como la de Es Pou Celat (o Salat).

Podremos vislumbrar con claridad la estrecha relación que existía entre los poblados y los centros ceremoniales, especialmente a través de Es Racons. Además, podremos completar el itinerario con la visita del Museo en el Molí d’en Fraret donde podremos contemplar objetos y elementos extraídos de los yacimientos prehistóricos mallorquines.

Son Fred

Para llegar hasta este yacimiento arqueológico tomaremos la carretera Sencelles-Inca. Pasado el cementerio de Sencelles, a unos 200 metros, veremos un camino asfaltado a la derecha con la indicación “talayot Son Fred”. Después de recorrer unos 300 metros en línea recta, el camino termina en una bifurcación que deberemos tomar a la derecha e iniciar una ligera pendiente. A unos 200 metros veremos a la derecha el talayot situado en un terreno público.

Este majestuoso edificio, de planta circular de unos 12 metros de diámetro, formaba parte de un poblado, del que queda otro talayot hoy completamente enmascarado y un tramo de la muralla. Este poblado fue intensamente ocupado hasta época tardorromana, pero el talayot es muy anterior: fue erigido en el siglo IX antes de nuestra era y, como han demostrado las recientes excavaciones, tuvo un final abrupto unos siglos después

En su interior se puede apreciar la que fue una poderosa columna que sostenía un techo de ramas. Una base de losetas planas servía para situar el fuego que iluminaba los actos que allí dentro se celebraban, seguramente reuniones de los líderes de la tribu. Posiblemente también tenía una función de seguridad, como torre del poblado, más como señal de poder que como recinto defensivo, ya que su entrada está a nivel del suelo.

Es peculiar su corredor de acceso, en zig-zag, que seguramente perseguía ocultar su interior a miradas indiscretas.

En el año 2006 este talayot fue excavado, y sus resultados están todavía en estudio.

Desde su parte superior se divisa una amplia panorámica de la llanura de los alrededores de Inca con el fondo de la Sierra, la misma que contemplaron los talayóticos hace 2.800 años.

Es Turassot

Junto al observatorio astronómico de Costitx se encuentra este magnífico poblado de naviformes, de época pretalayótica. Al llegar al Observatorio hay que seguir por el camino y muy pronto serán visibles los restos, para los que se ha habilitado un paso.

El conjunto, que no ha sido excavado, comprende media docena de grandes naviformes, cada uno con su cerca para guardar el ganado. En algunos casos la planta es difícil de ver, pero en otros se puede entender bien como eran estos edificios típicos de la vida en Mallorca hace 3.000 años.

Son Corró

En la carretera que sale de Costitx hacia Sencelles, a la altura del Km 2,8 de la carretera, hay que ir mirando a la derecha. El acceso al yacimiento está muy bien indicado con paneles. A unos 100 metros de la carretera podremos ver las columnas del santuario. No hay que atravesar el sembrado. Siguiendo unos 300 metros encontraremos a la derecha una pequeña entrada donde se podrá dejar el vehículo, y desde aquí hay que seguir un camino que sale y que nos llevará al santuario.

Una reciente y polémica reconstrucción lo representa como un edificio de planta rectangular y 3 naves separadas por columnas, pero otros investigadores sostienen que no había tales columnas, sino pilares rituales monolíticos que aparecieron en desorden y no alineados como en la actualidad.

Fue descubierto en el año 1894, cuando el payés, al arar la tierra, tropezó con tres cabezas de toro, en bronce, la mayor de las cuales pesaba 38 kilos. Al lugar pronto acudieron eruditos que promovieron una recolecta popular para pagar las 3.500 pesetas que pedía el descubridor, pero no se halló el adecuado eco. Cuando ya casi estaban en camino del Louvre, al fin se pudo persuadir a la reina Isabel II y a Cánovas del Castillo para que compraran las testas, razón por la cual ahora se encuentran en el Museo Arqueológico Nacional, en Madrid.

Mucho se ha discutido sobre la función de estas cabezas de toro, aunque posiblemente eran símbolos de divinidades asociadas a la ganadería, a la fecundidad o a la guerra. También se discute sobre su origen: si fueron fabricadas en la isla por los baleáricos o importadas de centros más refinados. De momento no hay pruebas de que los baleáricos alcanzaran tan alto nivel técnico, pero podría haber sorpresas.

Junto a las cabezas, se encontraron varios cuernos de toro, un cetro rematado por una paloma, discos de bronce, cuernos de cabra, colmillos de cerdo, restos de los festines rituales que allí se celebraban.

Aunque a primera vista el santuario se encuentra aislado en mitad del campo, no era así en la prehistoria. Cerca están los restos de un talayot circular y, algo más lejos, otro cuadrado. Si tenemos en cuenta que se encuentra, además en el punto intermedio entre tres poblados, podemos pensar que el lugar fue, durante todo el primer milenio a.C., un lugar ritual de varias comunidades.

Cas Canar

Esta preciosa aldea se encuentra en la carretera que conduce de Sencelles a la carretera de Sineu, a unos 2 kilómetros del primero. Al llegar a él y en medio de una cerrada curva a la derecha en pendiente de bajada, encontramos un cruce con caminos a la derecha e izquierda: el primero, conduce a los talayots que ahora trataremos, mientras que el de la izquierda lleva, directamente, al talayot de Binifat, que más adelante también visitaremos.

Si seguimos, pues, el camino a 200 metros veremos, a la izquierda, un gran talayot cuadrado. Oculto tras él veremos otro más, en estos momentos en curso de excavación por la asociación Arqueobalear.

Nos encontramos ante un centro ceremonial formado por dos talayots cuadrados y unas cuevas de enterramiento cercanas (de época baleárica), todo ello relacionado con el poblado que se encuentra bajo las casas de la aldea y cuya muralla puede intuirse en la pared seca que bordea el camino por el que hemos venido.

En este poblado de las casas no se han hecho excavaciones, pero desde tiempo inmemorial, cuando el payés cavaba para plantar árboles descubría hallazgos, entre ellos, enterramientos y un molde para fabricar una especie de gran cuchilla.

Volviendo al centro ceremonial, el primer talayot se conserva bastante entero, con la puerta adintelada, aunque está prácticamente relleno de piedras. El segundo, más alejado, conserva menos altura, especialmente en su fachada, pero las excavaciones en curso permiten ver su planta completa.

Ambos tienen el corredor de entrada en zig-zag y ambos están orientados en la misma dirección: sus puertas se abren al sudoeste, hacia la puesta del sol en el solsticio de invierno, lo cual es extraño en los talayots cuadrados, cuyas puertas se suelen abrir al sudeste.

Tras perder su uso original, este talayot sirvió como refugio ocasional de algún payés baleárico, que construyó sobre él una caseta. Ya en época romana se instaló una casa en su costado sudeste. Restos de estas dos ocupaciones se han encontrado en las excavaciones.

Binifat

Talayot situado en el término municipal de Sencelles, muy cerca del límite con Costitx. Debemos salir de Cas Canar, aldea que se encuentra en la carretera que conduce de Sencelles a la carretera de Sineu, a unos 2 kilómetros del primero. Al llegar a él, y en medio de una cerrada curva a la derecha en pendiente, encontramos un cruce con caminos a la derecha e izquierda. Cogeremos el camino de la izquierda y seguiremos dicho camino hacia el llogaret de Son Vispó. Poco antes de llegar se encuentran las casas de Binifat, en cuyas inmediaciones -y visible desde el camino- se encuentra el talayot.

Se trata de un precioso talayot circular de unos 15 metros de diámetro, que conserva su entrada y una altura de unos 4 metros. El interior no dispone de columna, seguramente porque fue demolida para ganar espacio para el uso moderno como aprisco.

Este talayot formaba parte de un poblado del que apenas quedan restos. Muy cerca, aunque perdidos en la espesura, dispone de un centro ceremonial con un talayot circular y otro cuadrado.

Es Racons

Para llegar a Es Racons, debemos salir desde Llubí por la calle Sineu, para alcanzar un camino que conduce a la carretera de Sineu. A medio kilómetro del pueblo encontraremos, a mano izquierda, los restos de la muralla del poblado talayótico, que por lo demás está completamente arrasado. Un poco más adelante se encuentra el gran centro ceremonial de este poblado, del que destacan, a ambos lados del camino, dos grandes talayots circulares, que se miran desde hace siglos a través de sus entradas afrontadas. El más grande de los dos alcanza los 5 metros de altura.

En estos talayots no se han realizado excavaciones, aunque sí se limpiaron de piedras y matas.

Cien metros más allá, junto a la casa del Molí d’en Blanc, el centro ceremonial continua y se pueden ver restos de otros talayots, santuarios y cuevas.

Este conjunto de Es Racons es uno de los mejor conservados de la isla, donde se puede apreciar con claridad la relación existente entre los poblados y sus centros ceremoniales próximos, compuestos éstos por talayots cuadrados, circulares, túmulos, a los que posteriormente se les añadieron santuarios y otros edificios.

Son Fornés

El poblado talayótico de Son Fornés se encuentra en la carretera de Montuïri — Pina, a la derecha del km. 3,6, muy cerca del cruce con la carretera de Algaida — Sant Joan. Se encuentra indicado por un panel. La finca en la que se encuentra fue adquirida recientemente por el ayuntamiento de Montuïri. Una barrera da acceso al camino que nos conduce hacia el montículo donde se encuentra el yacimiento.

Actualmente se encuentra en curso de excavación por lo que es posible que pronto haya estructuras a la vista. De momento se pueden ver tres talayots circulares unidos por diversas casas y una muralla, y en la cima del montículo, otra muralla. Todo el conjunto constituye un complicado poblado talayótico, con diferentes etapas de crecimiento que son investigadas en estos momentos, pero que incluyen desde principios del primer milenio antes de Cristo hasta época tardorromana, aunque desde mediados del siglo I d.C. el poblado talayótico desapareció.

El primer talayot que encontramos al entrar es el circular más grande de Mallorca, con 17 metros de diámetro y unos muros de 5 metros de grueso, con un volumen calculado de 2.000 toneladas. Nos ha llegado en un buen estado de conservación, especialmente su cámara, donde aún se puede ver un camarín incrustado en el muro, que no se sabe qué función podía tener ya que en su interior no se encontraron restos, y la gran columna central, que alcanza los 4 metros de alzado. Algunas de sus piedras llegan a pesar hasta 10 toneladas.

En la excavación de este talayot se encontraron huesos de toro y cerdo más que de oveja, al contrario de lo que sucedía en las habitaciones cercanas, por lo que, los excavadores piensan que en su interior se celebraba algún tipo de actividad ritual.

El segundo talayot es diferente al primero: es más pequeño y su cámara fue forrada con un muro nuevo que tapa la puerta. Todavía se pueden ver los escalones que darían acceso a la cámara una vez cegada la puerta. En la excavación aparecieron copas pero no los huesos que aparecían en el primer talayot.

Entre los talayots se pueden contemplar casas de diferentes épocas; las más antiguas suelen ser las más próximas al talayot 1, aunque muchas están superpuestas. En alguna de ellas se pueden ver aún cisternas, bancos y estanterías, además de suelos enlosados y escaleras.

La visita al poblado se debe complementar con la del museo existente en el Molí d’en Fraret, a la salida hacia Sant Joan desde Montuïri (abierto de marzo a octubre de 10 a 14 horas y de 16 a 20 h. y de noviembre a febrero de 10 a 14 h., excepto los lunes). Allí se pueden encontrar los objetos que se rescataron de las excavaciones y un bien expuesto resumen de la prehistoria mallorquina.

Es Pou Celat (Salat)

Esta impresionante muralla de un poblado talayótico bien merece una visita pues se encuentra al borde mismo de la carretera. Para llegar a ella hay que tomar la carretera de Porreres a Felanitx, después de poco más de 1 Km. cogeremos la primera carretera que se desvía a la derecha en dirección a Son Mesquida.

Debe su nombre a un antiguo pozo existente cerca del poblado, que sin duda ya existía en época talayótica. En casi todos los poblados de esa época hay algún pozo cercano, pero en cambio no se suelen encontrar en su interior obras para recoger agua, del tipo de cisternas. Parece que las necesidades de agua eran principalmente las del ganado, mientras que las personas pasaban con el agua recogida en tinajas.

La muralla está erigida con grandes losas verticales y cerca de su final se pueden ver los restos de un talayot circular. Recientemente se han realizado excavaciones en una de las habitaciones adosadas a la muralla.

Datos y descargas

Dificultad:
Media. La excursión transcurre por carretera rural exceptuando algún tramo en el que hay que ir a  pie por caminos de tierra. También cabe destacar la pequeña cuesta que nos encontraremos para llegar al Puig de Sa Morisca.

Duración:
5 horas aproximadamente.

Longitud:
94,8 Km. Desde el punto 1 al punto 8.

De interés:
En el Puig de Sa Morisca podremos disfrutar de un agradable paseo con valores naturales, arqueológicos y etnológicos, que ha sido acondicionado para las visitas.

Descargas:

Introducción

Esta ruta recorrerá una destacada serie de conjuntos arqueológicos de la época  talayótica, baleárica e, incluso, pretalayótica, situados en la zona Noroeste de la Isla de Mallorca cuya datación se remonta a 3.000 años, en plena Edad del Hierro e incluso anterior, en la Edad de Bronce, en el caso de los pocos restos de la cultura pretalayótica que encontramos.

Podremos visitar santuarios destinados a ofrendas y libaciones a los dioses como en el caso de Son Oms y Son Mas; restos de recintos amurallados como en Son Oms Vell, talayots como el Claper del Dimoni o el de Son Miralles; túmulos como el de Son Ferrer; necrópolis como la de Son Sunyer (donde encontramos ocho cuevas excavadas de tipologías simples y complejas con su distribución interior completa); algunos torreones y torres como en el Puig de Sa Morisca donde podremos realizar un paseo por sus valores naturales, arqueológicos y etnológicos.

Podremos apreciar la importancia de los rituales y cultos de estos primeros pobladores de les Illes Balears e intentaremos descifrar sus vestigios patrimoniales.

Son Sunyer

Desde la autopista de Palma al Arenal, debemos tomar la salida número 10, en dirección a S’Aranjassa y Manacor. Poco antes del desvío que sale a la izquierda hacia Manacor veremos, a nuestra izquierda y a unos 100 m. de la carretera, las casas de la antigua posesión Son Oms Vell. Unos 350 metros más allá veremos un camino que pasa por encima de un pequeño puente y se dirige a esas casas. Cogeremos el camino que sale justo enfrente de éste, a nuestra derecha (llamado Camí de Muntanya). Ya en el camino nos dirigiremos a una colina, sobre la que se encuentran, más o menos a 1 kilómetro de nuestra posición, las casas de otra posesión, Son Sunyer. Nos dirigiremos hacia allí. Cuando el camino llegue a una pared que no nos deje seguir recto, giraremos a nuestra izquierda y debemos pedir permiso en la primera casa blanca con dos arcos a la izquierda. Las cuevas se encuentran en el terreno de enfrente de la casa. Tras pasar por el portal, veremos, a unos 50 m., ligeramente a nuestra izquierda, una caseta para palomas. Debemos pasar por el lado derecho de la caseta, ascendiendo por la pendiente unos 50 metros más.

La necrópolis se encuentra a media ladera, bastante cubierta por la vegetación. Comprende ocho cuevas excavadas por el hombre, de época naviforme (1600-1200 a.C.), situadas muy próximas entre sí, excepto dos de ellas (una es la más espectacular y está situada al extremo del cercado más cercano al camino).

Las cuevas son de diferentes tipos, desde simples oquedades absidales, hasta formas complejas, con corredor, cámara, nichos laterales y banco corrido en su interior. Desgraciadamente, sólo una de ellas conservaba parte del yacimiento, recuperándose ocho cráneos y parte del ajuar, lo que prueba que eran lugares de enterramiento colectivo, seguramente de alguna familia extensa que viviría en alguno de los naviformes que se extienden por la llanura circundante.

La colina se empleó como cantera de marès desde tiempo inmemorial, por lo que algunas cuevas están dañadas, cortadas como por un cuchillo gigantesco. En el museo del castillo de Bellver se conserva la planimetría de las cuevas y los hallazgos.

Son Oms

El edificio que vamos a visitar es el único superviviente de un gran centro ceremonial ya desaparecido, cubierto por la segunda pista del aeropuerto de Son Sant Joan. Para llegar a este lugar tomaremos la autovía de Levante Ma-19 en dirección a Palma. Nos meteremos en el aeropuerto y en la primera rotonda, cambiaremos de sentido, en dirección a s’Arenal. Recorreremos la carretera en curva y aproximadamente a la mitad, a la derecha, encontraremos la entrada al terreno donde se encuentra Son Oms. Allí podremos dejar el coche aparcado y visitar el monumento a pie.

Se trata de un edificio ciclópeo de planta rectangular de unos 10 metros de lado, con puerta orientada al sudeste y en su interior se pueden apreciar las bases de 6 columnas.

El edificio tuvo una función de santuario, lugar de culto y sacrificio, utilizado al menos desde el final de la cultura baleárica hasta época romana.

Hasta los años 70 del pasado siglo, este santuario estuvo integrado en un centro ceremonial, que comprendía un túmulo, un extraño edificio denominado “el laberinto”, dos talayots circulares y otro cuadrado, algo más alejado. También había una necrópolis de enterramientos infantiles en urnas de piedra y vasijas. Este gran conjunto se encontraba en el fondo de una vaguada equidistante de dos poblados talayóticos situados sobre colinas: uno de ellos puede verse en los alrededores de las casas de Son Oms Vell y conserva la mitad de su recinto amurallado (la otra mitad fue cortada por la zona de respeto del aeropuerto).

Como dijimos, este centro ceremonial tuvo la mala fortuna de estar en el lugar donde 3000 años después se planificó la ampliación del aeropuerto. Para ello, se excavaron los monumentos y se intentó su traslado a otra zona. Sin embargo, el mal estado de las piedras de los monumentos, reacios a moverse de su hogar ancestral, hizo que sólo pudiera trasladarse el santuario que hemos visitado. El resto fue demolido, aunque una maqueta del conjunto puede verse en el Museo del Castillo de Bellver.

Son Matge

La balma de Son Matge une a su valor arqueológico un entorno de paredes rocosas dentro de un bosque de encinas que bien vale un paseo. Se encuentra cerca de la carretera Palma-Valldemossa, justo al salir del desfiladero de s’Estret. Dejaremos el coche cerca de un puente de la antigua carretera en el Km. 14,5 y tomaremos un camino que sale hacia la izquierda. Seguimos unos doscientos metros, atravesando un portillo y después subiremos por una corta pero pesada cuesta hasta la base de una pared rocosa que sobresale del bosque y que recientemente ha sufrido un aparatoso derrumbe.

Lo que encontraremos, entre un caos de bloques, será un gran vacío, fruto de años de excavaciones. De estructuras tan solo queda un cercado ciclópeo talayótico construido cuando el lugar se empleaba para enterrar, hace unos 3.000 años y que servía como límite del espacio mortuorio. Son Matge ha sido, hasta hace poco, el yacimiento de referencia para la primera presencia del hombre en Mallorca porque presentaba una secuencia completa de sus pisadas, pero recientemente está siendo objeto de una profunda crítica y revisión, y su valor ha decaído considerablemente. En cualquier caso, es seguro que por allí estuvieron estos primeros mallorquines y después todos sus sucesores hasta la época romana.

De allí también salió un enterramiento de una cabeza talayótica con una gran espada de bronce, junto con miles de restos humanos talayóticos enterrados, cubiertos con cal viva, y las ofrendas que sus parientes depositaron: vasijas con un contenido desconocido, adornos personales, algunas armas y herramientas.

¿Dónde vivían los enterrados en Son Matge? Recientemente se ha descubierto que bajo las casas de la próxima posesión de Son Brondo había un pequeño poblado talayótico. Por lo tanto, este pequeño y fértil valle donde hay tres posesiones (Son Matge, Son Brondo y Son Salvat) era el lugar de vida y muerte de los talayóticos de Son Matge.

Son Mas

El valle que se extiende a poniente de Valldemossa contiene una variada representación de vistosos yacimientos arqueológicos de diferentes épocas, con el interés añadido de que muchos de ellos han sido excavados recientemente. La visita debe empezar por el santuario de Son Mas, situado al lado izquierdo de la carretera que va al puerto de Valldemossa, a 500 metros del cruce con la carretera Valldemossa- Esporles. Poco antes de llegar a la posesión de Son Mas nos encontraremos, sobre un pequeño cerro, un edificio hecho con grandes piedras, de forma rectangular con fachada cóncava. En este lugar, los talayóticos adoraban a sus dioses con ofrendas de animales y libaciones de líquidos sagrados. Los arqueólogos encontraron también restos de fuegos que quemarían en las ceremonias.

Repararemos en tres tambores de piedra colocados en su interior. A simple vista parecen bases de columnas, pero todavía hoy los investigadores discuten sobre su significado. Para unos, se trata de piedras sagradas, tal vez aras familiares, y se basan en el hecho de que nunca se han encontrado otros tambores de estas columnas. Otros historiadores, en cambio, dicen que sí son la base de columnas de madera.

Éste es uno más de los misterios que quedan por aclarar de estos edificios. En todo caso debemos reparar en que este santuario estaba en las inmediaciones de un poblado del que hoy casi no quedan restos, al lado de las casas que se ven al sur del santuario.

Son Oleza – Son Ferrandell

De Son Mas podemos ir al conjunto arqueológico de Son Oleza-Son Ferrandell, volviendo a la carretera Valldemossa–Banyalbufar y tomando la carretera hacia la derecha, dirección Banyalbufar. Giraremos por el segundo camino a la derecha, donde se encuentra un indicador que pone “Predio Son Oleza”, pasaremos por delante de estas casas y después continuaremos hacia la urbanización del mismo nombre, tomando siempre las calles hacia la izquierda. Dejaremos el coche justo al lado de un transformador de color blanco y andaremos por el pie del Puig de Sa Moneda, coronado por un mirador que parece un minarete, hasta encontrar el yacimiento.

Primero veremos el recinto pretalayótico: un cercado cuadrado de 60 metros de lado con tres cabañas naviformes en su interior. Aquí vivieron varias familias con sus rebaños entre 1600 y 1300 a.C. Es curioso observar la entrada del recinto, situada en el muro sur, con una estrecha garita. También debemos fijarnos en una canal que discurre paralela a una de las cabañas naviformes. Para su excavador era una conducción de agua que venía de un depósito situado fuera del recinto, pese a que no todos los investigadores estén de acuerdo con esta interpretación, cosa que deja campo libre para hacer la nuestra propia. Más adelante nos encontraremos un precioso talayot conocido como es Claper des Dimoni. Es el primero de una línea formada por cuatro talayots circulares, un túmulo y muchas habitaciones intermedias que se extienden durante casi un kilómetro, en gran parte en la próxima finca de Son Ferrandell. Se trata de un gran centro ceremonial perteneciente a un pequeño poblado talayótico que estaba donde actualmente se encuentran las casas de Son Ferrandell, justo enfrente del lugar donde nos encontramos. Resulta curioso observar la orientación de las entradas de estos talayots porque el primero mira hacia al túmulo próximo, cortado por la pared seca que divide las dos posesiones. Con un poco de imaginación podemos ver a un sacerdote talayótico saliendo del talayot y subiendo al túmulo por la rampa helicoidal que los suele rodear.

Los dos siguientes tienen la puerta mirando hacia un pequeño cerro del otro lado del valle. En lo alto de esta colina hay otro talayot, y su puerta, a la vez, mira a una importante fuente, la fuente des Verger. El cuarto talayot se abre hacia otra fuente, próxima a las casas de Son Ferrandell. Parece que la relación de estos talayots con el agua es bastante evidente. Entre los talayots podemos ver los fundamentos de varios edificios, algunos de los cuales han sido objeto de excavación. Es frecuente que en estos centros ceremoniales haya muchos de estos edificios que tampoco sabemos para que servían, pero dónde es seguro que se hacían muchas funciones: ceremonias de enlaces, paso a la pubertad, entierros, e incluso algunas labores, como el trabajo de metales podían darse en estos lugares. Si queremos aprovechar la excursión por esta zona, podemos visitar el mirador del Puig de Sa Moneda, fijándonos en una ciclópea muralla que lo rodea, la función de la cual está también en el misterio aun cuando parece más ritual que defensiva. Un poco antes de llegar al aparcamiento desde dónde subiremos al monte hay también restos de dos túmulos talayóticos, abocándose al valle. Todo compone un jeroglífico prehistórico de desconocido significado, pero que podemos resumir en que había, en este valle que desde el mirador se extiende a nuestros ojos, dos poblados talayóticos, cada cual con su centro ceremonial con túmulos y talayots y, seguramente, sus cuevas de enterramiento.

Puig de Sa Morisca

Se trata de una colina fácil de identificar desde Santa Ponça, dado que domina la ensenada. Para llegar hasta ella entramos a Santa Ponça desde la carretera Palma-Andratx por la Avenida del Rei Jaume I que conduce a la playa. En la primera rotonda tomaremos la tercera salida denominada Avenida de Santa Ponça, a la altura del hipermercado. Seguimos por esta avenida atravesando rotondas. En la última de éstas, se sube una cuesta muy pronunciada y nos encontraremos otra rotonda donde, a la izquierda, en la tercera salida, se encuentra la calle Puig de Sa Morisca. Como referencia, encontraremos aquí un colegio. Dejaremos el coche en el aparcamiento que se encuentra frente a la escuela y nos dirigiremos a la entrada al parque. Junto a la entrada encontraremos un panel indicativo en el que se explica todo el recorrido y la situación de los yacimientos.

El Puig de Sa Morisca es un agradable paseo con valores naturales, arqueológicos y etnológicos, que ha sido acondicionado para las visitas. Tiene, además como culminación, una vista espléndida sobre la ensenada de Santa Ponça.

El Puig de Sa Morisca acoge un poblado talayótico y baleárico, que fue reutilizado por los árabes. Mientras ascendemos, podemos ver un doble cinturón amurallado y, en los bordes acantilados, los restos de dos torreones, uno de ellos ya excavado. En la parte superior encontramos una torre circular de época talayótica (no es un talayot) y restos de cabañas de época árabe. En las inmediaciones de este poblado se encuentra otro talayot circular, denominado de Son Miralles.

El poblado del Puig de Sa Morisca tuvo un momento de florecimiento cuando los fenicios de Ibiza comenzaron a comerciar con Mallorca. Su estratégica posición, dominando la ensenada de Santa Ponça, le convertía en un punto idóneo para controlar los intercambios. Más tarde, esta función fue directamente asumida por los ibicencos, que establecieron una factoría en la costa sureste de la isla.

La visita se puede completar con el yacimiento denominado Santa Ponça 6, que se encuentra en el complejo residencial Kings Park, saliendo de la calle Na Morisca. Es una habitación aislada, sin duda relacionada con el poblado que hemos visitado. Las excavaciones que se llevaron a cabo localizaron materiales desde el siglo III a.C. al III d.C., incluido un lote de monedas romanas. Sin embargo, no quedó clara su función que bien pudiera ser ritual o doméstica.

Son Ferrer

Este monumento se encuentra hacia la mitad, y en el costado derecho de la carretera Magalluf -Son Ferrer, en el término municipal de Calvià, en lo alto de un montículo dentro de la zona urbana de Son Ferrer.

Se trata de un túmulo escalonado, edificado sobre una cueva artificial de la cultura naviforme. Además, al otro lado de la carretera hay otra cueva funeraria.

Recientemente el túmulo ha sido objeto de excavación y adecentamiento, por lo que es de fácil visita.

La cueva situada bajo el túmulo es un magnífico ejemplo de las cuevas funerarias del segundo milenio antes de Cristo, porque permaneció sellada desde época romana. Sin embargo, no ha proporcionado apenas hallazgos de su uso primigenio porque fue saqueada ya en la antigüedad.

El túmulo edificado encima consiste en una acumulación de piedras y tierra con una serie de anillos o escalones. En la parte superior había una estructura cuadrada, que apenas se conservó porque en época moderna se instaló una era para aprovechar la elevación. Posiblemente fue edificado en la época de los talayots, como un lugar relacionado con los muertos, siguiendo la tradición que iniciaron las cuevas del lugar. Aunque la cultura talayótica dio paso a la baleárica, el lugar siguió utilizándose como necrópolis hasta época romana, momento en que depositaron enterramientos infantiles metidos en urnas.

Datos y descargas

Dificultad:
Fácil. La excursión transcurre por carretera rural exceptuando algún tramo en que hay que ir a pie por caminos de tierra.

Duración:
3 horas aproximadamente.

Longitud:
47 Km. Desde el punto 1 al punto 7

De interés:
Son Real, la necrópolis más extensa de Mallorca. Destacan varias tumbas de diferentes tipologías.

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Datos y descargas

Dificultad:
Fácil. La excursión transcurre por carretera rural exceptuando un tramo para llegar al punto 3, que hay que bordear la costa a pie por un camino de 1,8 km.

Duración:
6 horas aproximadamente.

Longitud:
79 Km. Desde el punto 1 al punto 7

De interés:
Capocorb es uno de los escasos yacimientos arqueológicos mallorquines habilitados para la visita turística y el único que lo es por iniciativa privada. Su horario de visita es de 10 a 17 horas. El precio de entrada es de 3 €.

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Introducción

Este recorrido abarcará un importante conjunto de yacimientos talayóticos y pretalayóticos situados en la zona sureste y costa de Levante de la Isla de Mallorca cuya datación se remonta al 2500 en plena Edad del Hierro e incluso anterior en el caso de los restos de la cultura pretalayótica, en la que estaríamos hablando de la Edad de Bronce.

Podremos observar restos de poblados y centros ceremoniales en mejores o peores condiciones pero con un interés y calidad indiscutibles. Encontraremos una considerable cantidad de talayots circulares y cuadrangulares como en el caso de Capocorb, varias edificaciones naviformes como en Es Clossos de Can Gaià, túmulos como en Sa Gruta, santuarios i torres como en S’Illot, murallas como en Es Bauç, la atalaya de Els Antigors, etc.

Se podrá comprobar la gran importancia que daban los primeros pobladores prehistóricos de la isla a los ritos y ceremonias. Además, podremos recrear con un poco de imaginación el carácter de estos restos ciclópeos con funciones religiosas, funerarias y de hábitat.

Cabe destacar que encontraremos el talayot más alto de Mallorca en Capocorb y el único yacimiento pretalayótico que se está excavando.

Además, podremos apreciar a lo largo del recorrido la visión de varias fincas rústicas tan típicas de la arquitectura popular mallorquina.

Prehistoria: introducción

La primera presencia de seres humanos en Mallorca corresponde a los restos hallados en la cueva des Moro (Manacor), que indican que antes del año 2030 a.C. ya había individuos de la especie humana en la isla. También sabemos que en el coval Simó (Sóller) por las mismas fechas había cabras y, por lo tanto, hombres. Parece que vinieron hacia 2300 a.C. del sur de Francia y con ellos se trajeron las tradiciones cerámicas y constructivas que allí tenían y que corresponden al periodo cultural denominado Bronce Inicial.

Al llegar a la isla, estos primeros hombres se expandieron con rapidez, provocando la rápida extinción de una especie de aspecto similar a la cabra a la que la falta de depredadores había desprovisto de medios para defenderse: el Myotragus, e introduciendo cabras, ovejas, vacas y cerdos, además de cultivos. Esta variedad de productos les permitía evitar el impacto de malas cosechas o epidemias entre los animales, al tiempo que les aseguraba una dieta bastante más completa que la de los pueblos que sólo se dedicaban a la agricultura. Sin embargo, la esperanza de vida no pasaba de los 45 años.

Los primeros edificios que levantaron parece que fueron los conocidos como navetiformes, que siguieron edificándose, con pocos cambios, durante unos mil años. Son viviendas de gran tamaño (hasta 18 metros de largo), fondo curvo, muros de grandes piedras y forma de nave con la quilla hacia el sol. Todavía hoy encontramos varios cientos de ellos diseminados por toda la geografía de las islas, desde la misma línea de la costa, tan cerca que en algunos casos el oleaje los bate, hasta los valles más agrestes de las sierras, y algunos de ellos, 3500 años después de su construcción, todavía se usan hoy para guardar animales en su interior. Son un testimonio de los isleños que explotaron todos los espacios y, seguramente también, de que, hacia el año 1000 a.C., llegó a haber una cierta superpoblación.

Los navetiformes a veces se encuentran aislados, pero normalmente se agrupan en poblados que suelen contener una decena de construcciones. Estos poblados no estaban amurallados ni parece que, salvo alguna excepción, les preocupara buscar lugares con posibilidades defensivas, lo que sumado al hecho de que apenas se han encontrado útiles que pudieran ser utilizados como armas, indica que los conflictos no debían ser importantes.

Otra característica que enseguida salta a la vista es que los navetiformes de cada poblado son muy parecidos en tamaño y tipo de construcción, sin que denoten diferencias sociales. En su interior encontramos un hogar central, una zona de descanso, quizá en literas, mientras que las actividades de preparación de la comida, reparación de herramientas, etcétera, se realizaban cerca de la puerta o bajo un porche de madera que antecedía la puerta. En el exterior se suelen encontrar corrales.

Los ritos funerarios durante estos primeros 1.300 años de poblamiento de Mallorca son variados: a la primera mitad del primer milenio a.C. corresponden los dos dólmenes hallados en la costa norte (Son Bauló, en Can Picafort y S’Aigua Dolça, en la Colonia de Sant Pere). Son sepulcros colectivos realizados con losas de piedra cubiertas, originalmente, por un túmulo de tierra. Se trata de monumentos muy extendidos en la Europa Atlántica que a Mallorca llegaron cuando el fenómeno se extinguía. Además de esta función, también debían servir como delimitadores territoriales, para indicar la pertenencia de un territorio a un grupo humano, puesto que se consideraba que era la morada de los antepasados y eso confería la legitimidad para ocupar un espacio.

Los dólmenes mallorquines se orientan al sudoeste, en torno a 245º, que es la orientación de la puesta del sol en el solsticio de invierno. Es realmente notable esta orientación porque coincide con la de los dólmenes del sur de Francia y Cataluña, pero no con los del resto de la península, que miran al sudeste. Esto nos da una pista de la posible procedencia de las gentes que los levantaron y también de sus creencias, ya que relacionaban la muerte no con la resurrección solar, sino con su declive mayor.

Los mallorquines del primer milenio a.C. también enterraban en cuevas naturales y artificiales, excavadas en las rocas blandas. Al principio eran de formas sencillas, pero al final llegaron a hacer cámaras complicadas, con pasadizos, nichos y bancos. Desgraciadamente, muy pocas de las docenas de cuevas que conocemos han llegado intactas hasta nosotros, por lo que no estamos en condiciones de interpretar estas diferentes formas de las cuevas. Sí sabemos que el ritual que seguían era la inhumación colectiva de personas de todas las edades y sexos, salvo los niños más pequeños, lo que nos vuelve a hablar de una sociedad igualitaria, aunque con un papel creciente del hombre (hay un ligero desfase entre enterrados de ambos sexos, a favor de los hombres). Los ajuares con que acompañaban a los difuntos eran también sencillos: algunos recipientes cerámicos que debían contener alimentos y útiles de bronce. Al cadáver también se le ponía algún collar y un sudario prendido con un botón de hueso.

Uno de los rasgos culturales que mejor conocemos de los primeros habitantes de Mallorca es su cerámica. Al principio, junto con ejemplares no decorados, se usó un tipo peculiar de cerámica denominada campaniforme, por su característica forma de campana y con decoración de rayas y líneas quebradas incisas. Este tipo de cerámica se generaliza en Europa desde mediados del tercer milenio, coincidiendo con la difusión de la metalurgia del cobre y hoy se piensa que eran un tipo de recipientes “de prestigio” que servirían para algún tipo de rituales o para transportar algún preciado producto, tal vez la cerveza o la hidromiel. Hacia 1500 a.C. esta cerámica desapareció y sólo continuó la tradición no decorada.

Junto con la cerámica, usaron puntas, cuchillos, brazaletes y punzones de cobre y bronce y algunos útiles de hueso como botones o unas placas denominadas “brazales de arquero”. También hacían cuchillos con sílex. En general, son objetos sencillos y con una decoración pobre.

Los primeros habitantes de Mallorca, conocidos como pretalayóticos nos dejan una imagen de un pueblo ganadero sedentario, que apenas utilizaba el comercio ultramarino, poco jerarquizado socialmente, donde aparte de la existencia de tribus o incluso pueblos, parece que la unidad básica era la familia extensa, dotada de todos los elementos para su subsistencia, como los ganados, herramientas, etcétera y representada por las construcciones navetiformes. Una familia donde los ancianos ejercerían un papel dirigente y donde la división de funciones entre hombres y mujeres no implicaría diferencias sociales tajantes. Tampoco se ha constatado que existan especialistas como sacerdotes, artesanos, etc.

Sin embargo, esta sociedad se acercaba al límite de sus posibilidades por la falta de territorio para seguir expandiéndose y la deforestación a gran escala que la sobrepoblación ganadera venía produciendo. Había que optar por una solución: o limitaban el crecimiento por la vía del infanticidio o la emigración o cambiaban su sistema social y económico, y parece que optaron por esta última salida.

En efecto, poco antes del cambio de milenio, tenemos algunas evidencias de que el modelo de poblado de navetiformes es abandonado por un tipo de poblado mucho más agrupado, con igual número de cabañas pero donde se ha perdido ya la independencia de cada navetiforme. Un ejemplo de este tipo de poblados lo tenemos en Son Real (Santa Margalida). Este cambio lleva aparejado el de la forma de las cabañas, que de la regularidad del navetiforme pasan a una planta arriñonada y muros hechos con piedras de menor tamaño. De esta manera, los poblados parecen cohesionarse y jerarquizarse y estos grupos pronto se impondrán a los que decidieran seguir con el viejo sistema. No pasará mucho tiempo sin que Mallorca se llene de poblados de este tipo. Es un período de cambio, mal conocido, que anticipa la eclosión de la cultura talayótica.

Capocorb

En la carretera de Llucmajor a Cap Blanc, y tras pasar el antiguo cuartel del mismo nombre, debemos continuar unos 5 km por la misma carretera. Poco después de pasar el desvío a Cala Pí, en el punto kilométrico 23, veremos el poblado en una curva a la derecha, a la izquierda de la carretera, debidamente señalizado.

A pesar de su monumentalidad, este yacimiento es de interpretación complicada, hasta el punto que tan solo recientemente se han encontrado las claves para descifrar sus enigmas. No conviene perder de vista que lo que vamos a ver es, básicamente, un complejo centro ceremonial anexo a un poblado del que no restan casi signos visibles.

Entrando al recinto nos encontraremos un gran talayot redondo. De acuerdo con los últimos estudios, este talayot, junto con otro descubierto hace poco tiempo al otro lado de la carretera, pertenecía al poblado desaparecido. El resto de talayots que veremos (dos cuadrados y dos circulares, además de decenas de salas y habitaciones) forman parte del centro ceremonial, que también se extiende por la valla vecina ocupando casi un kilómetro.

Dentro del recinto nos detendremos en los majestuosos talayots cuadrados, uno de los cuales es el talayot más alto de Mallorca, con 7 metros de alzado. Observamos que sus interiores son diferentes: uno tiene un cuarto elevado sobre un cuerpo macizo al que se accede por un túnel helicoidal. El otro tiene la puerta tapiada por otras construcciones posteriores. Estas características han creado confusión entre los investigadores, sin que las excavaciones realizadas a comienzos y a mediados del siglo XX hayan aportado la suficiente luz.

Ante el segundo talayot cuadrado hay un considerable número de habitaciones formando un laberinto. Pese a su excavación en los años 20 del pasado siglo, nada se sabe de su función, pero al menos nos podemos dar un paseo por el interior de unos edificios de hace 2500 años o tal vez un poco más.

Entre los dos talayots cuadrados se extienden también un grupo de grandes salas normalmente precedidas por una ante-sala. Tradicionalmente se han considerado habitaciones domésticas pero, debido a su forma y el tipo de muros, más bien parecen almacenes o similares. El lado exterior de estas salas forma una muralla que ha servido para explicar el yacimiento como un poblado, pero de un vistazo se puede ver que esta muralla no tiene nada que ver con la de los típicos poblados talayóticos, sino que parece mucho más reciente, seguramente de los últimos siglos de la cultura talayótica.

Desde el lugar más al norte no debemos dejar de mirar en esa dirección para contemplar el resto de monumentos que por estar dentro de otro cercado no se pueden visitar. Se trata de un túmulo, un monumento cuadrado y otro circular. Con ellos se comprende mejor el carácter de centro ceremonial de gran parte del conjunto.

Saliendo del recinto no debemos dejar de contemplar las casas de las dos posesiones del lugar: Capocorb Vell y Betlem, que eran la alquería islámica Jnjar, con un nombre que tal vez era el mismo que en época talayótica. Esta sucesión de poblamiento en el mismo lugar puede explicarse por la abundancia de agua en contraste con la aridez de los alrededores. De hecho, tras la conquista catalana, Capocorb estuvo a punto de convertirse en un pueblo más.

La visita a Capocorb puede complementarse, por quien desee comprender un poco mejor como era el mundo talayótico, pegando una ojeada al yacimiento vecino de Capocorb d’en Jaquetó, situado a 700 metros, al lado derecho del camino des Palmer (que sale desde la misma entrada de Capocorb) al cruce con el camino de la possessió de s’Aguila.

Se trata de un centro ceremonial alrededor de un túmulo, con decenas de habitaciones de tipo similar a los santuarios. Tras esta visita nos quedará bien clara la importancia que los talayóticos daban a los rituales y las ceremonias y a los lugares dónde se celebraban.