Datos y descargas

Dificultad:
Fácil. La excursión transcurre por carretera rural exceptuando algún tramo en que hay que ir a pie por caminos de tierra.

Duración:
3 horas aproximadamente.

Longitud:
47 Km. Desde el punto 1 al punto 7

De interés:
Son Real, la necrópolis más extensa de Mallorca. Destacan varias tumbas de diferentes tipologías.

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Introducción

Este recorrido abarcará un destacado conjunto de yacimientos arqueológicos situados en la zona Nordeste de la isla de Mallorca que ilustrarán la cultura talayótica y baleárica. Los restos más antiguos que encontraremos en esta área se remontan al 1700 a.C (Dolmen de s’Aigua Dolça).

Visitaremos diversos poblados talayóticos como el de s’Heretat, Ses Païses, que es uno de los más grandes de Mallorca, o Es Figueral de Son Real que es el único poblado excavado donde se puede apreciar la transición de la cultura pretalayótica a la talayótica; varios talayots de diversidad de formas: cuadrados y circulares como en Sa Canova; varias tipologías de tumbas con formas cuadradas, circulares y naviformes como en el caso del Cementeri des Fenicis de Son Real, que constituye la necrópolis de mayores dimensiones de Mallorca; el Dolmen de s’Aigua Dolça que es considerado como uno de los dos monumentos más antiguos de la isla (junto a Son Bauló), etc.

Son Real. Cementeri dels Fenicis

Cada poblado talayótico tenía una gran cueva de enterramiento para sus notables, excepto el poblado de son Real, situado bajo las casas del mismo nombre, en Santa Margalida, recientemente adquiridas por el Gobierno Balear. Este poblado disponía de un cementerio único: el hoy denominado “Cementeri des Fenicis”. En lugar de esconderse en cuevas, quisieron mostrar a los visitantes y vecinos sus mausoleos que imitaban, en pequeño, los talayots cuadrados y redondos que habían sido la señal identificativa de su comunidad. Esta originalidad ha hecho pensar a algunos arqueólogos que se trataba de un cementerio de príncipes de toda la isla.

Para ir a este yacimiento hay que partir del torrente de Son Bauló, en el extremo oriental de Can Picafort y andar por la costa hacia el este, cerca de media hora. También se puede llegar desde las casas de Son Real. El paseo, por una playa virgen en el primer caso, y por un pinar, en el segundo, no cansará a nadie; no tiene tampoco ningún riesgo de pérdida. Casi 80 tumbas nos sorprenderán y originalmente todavía había más, hasta que el mar las destruyó, según se puede ver en las marcas que han dejado en las rocas cerca del mar.

Hay varios tipos: las más grandes son las más antiguas, las que imitan talayots cuadrados y redondos. Otras imitan santuarios o navetas y por esto se los suele denominar “micro-navetas”.

En las paredes de muchas tumbas hay pequeñas ventanas. No se sabe cuál era su función, pero podían ser entradas de luz o de ofrendas depositadas de tanto en tanto. Llama la atención que las orientaciones de las tumbas y las ventanas sean constantes, en un eje sureste-noroeste, o bien, en menor medida, a la perpendicular.

La necrópolis fue excavada en los años cincuenta del pasado siglo y, más recientemente, en los noventa, y los resultados dados a conocer en monografías muy esmeradas. Así conocemos que la necrópolis empezó sobre el siglo VI a.C. y estuvo en uso hasta la conquista romana. También sabemos que los enterrados, al comienzo, eran más hombres que mujeres, con tendencia a equilibrar la proporción a lo largo de los siglos y que la esperanza de vida media no superaba los 34 años. En una de las tumbas, conocida como la tumba del guerrero, se encontró el cadáver de un hombre con un can y como ajuar una espada, un pasador para él y vasijas, pero en la mayoría de tumbas había muchos enterrados, revueltos con un ajuar de joyas y armas, de bronce y hierro.

También se encontraron dos cráneos trepanados, o sea, perforados en vivo, uno de ellos con 4 orificios. A pesar de hacer estas perforaciones con un taladro de piedra, hay constancia de que, en ocasiones, sobrevivían a la operación.

Si vuestra visita a Son Real se hace en verano, podéis intentar acercaros al vecino islote des Porros, que es la continuación de la necrópolis. Aquí encontraréis tres cuartos circulares parcialmente excavados en la roca que también sirvieron para enterramientos colectivos (230 personas de ambos sexos) al final de la cultura baleárica. Anteriores a estas cámaras, también se encontraron restos de algunas sepulturas del segundo milenio a.C., lo que prueba que el lugar fue, desde la más temprana ocupación humana, un lugar funerario.

Volviendo a tierra firme, todavía podemos visitar dos cuevas artificiales que se encuentran en los alrededores.

En cambio, hoy ya no se puede ver el santuario de la Punta des Patró, tapado de arena, inmediato al Illot des Porros, y excavado recientemente para evitar su completa destrucción por el mar y el vandalismo. En cualquier caso, todo junto constituye una auténtica ciudad protohistórica de los muertos.

Son Real. Es Figueral

Este yacimiento se encuentra al lado norte de la carretera Can Picafort a Artà, en el Km. 17,7 pero el acceso se puede hacer desde las casas de Son Real, ahora ya de titularidad pública. Se trata de un original poblado de cabañas similares a las naviformes, pero más irregulares y agrupadas, unas contra otras, cubriendo un pequeño cerro. Por estas características, los tipos de vasijas y unos datos de radiocarbono que se hicieron durante sus excavaciones para el Museo de Mallorca, se considera un poblado de transición entre el pretalayótico y el talayótico. De hecho es el único poblado excavado donde se puede seguir este cambio. Original también es un naviforme excavado en la roca que se encuentra en la parte baja, con un banco a lo largo de las paredes.

Este poblado está muy cerca de un poblado de naviformes (que apenas es visible por estar muy arrasado) y cerca también del poblado talayótico y baleárico que se encuentra bajo las casas de la posesión, por lo que es el mejor conjunto para observar cómo fue cambiando el lugar de habitación de nuestros antepasados.

En época musulmana el cerro fue ocupado por una familia que dejó restos de sus cerámicas y de su alimentación.

Son Serra de Marina

Incluimos este talayot, conocido popularmente como la Cova de sa Nineta, por su fácil acceso y visibilidad junto a la carretera Can Picafort a Artà, justo a la entrada de la urbanización de Son Serra de Marina. Se trata de un típico talayot cuadrado perteneciente al poblado que hay en las casas de Son Marí y que debía de marcar el límite de su territorio, ya que está junto a un torrente. Al observar su extraña puerta, debemos tener en cuenta que sufrió una restauración no hace muchos años.

Nos fijaremos en que su portal se abre al sudeste y que tiene el horizonte despejado y también que sus costados miden casi 11 metros, características ambas típicas de los talayots cuadrados. La explicación de la orientación es objeto de debate, pero no hay duda de que sigue algún tipo de norma astronómica.

En la parte norte de este talayot se extiende un amplio conjunto de restos de monumentos, razón por la que algunos piensan que se trataba de un poblado, pero parece clara su dependencia, como lugar ritual, del poblado de Son Marí, que está rodeado de otros talayots como el que ahora visitamos.

Sa Canova

Para llegar a este yacimiento debemos dejar el coche a la altura del Km 1 de la carretera que baja hacia la Colonia de Sant Pere desde la carretera de Can Picafort-Artà. Hay un “botador”, escalera hecha con ramas para saltar por encima de la verja, y al lado izquierdo nos encontraremos un talayot cuadrado aislado. Es uno de los monumentos que forman parte del centro ceremonial del poblado que después visitaremos y del que también forman parte un túmulo y otro talayot circular sitos al lado derecho (este) de la carretera.

Si dejamos a la izquierda el talayot cuadrado y nos alejamos de la carretera 500 metros, encontraremos los restos del poblado, del que sobresale el gran talayot redondo. Pero para disfrutar de su majestuosidad deberemos observarlo desde el otro lado, de poniente, o, dicho de otra manera, desde fuera del poblado, que es como debía de impresionar a sus vecinos, puesto que se trata de uno de los talayots más grandes de Mallorca. Hace falta subir a este talayot para darse cuenta de sus dimensiones, del grueso de sus muros o de la medida de su columna central; alguna de sus piedras llega a pesar hasta 10 toneladas, cosa que nos permite especular sobre cómo hacían los talayóticos para moverlas.

A partir de este talayot podremos seguir la muralla del poblado, conservada a tramos y muy enmascarada por la vegetación. De este modo nos daremos cuenta que este poblado era pequeño y, pese a esto, sus talayots eran verdaderamente colosales. Este poblado todavía disponía de más talayots en sus alrededores, además de los que indicaban los límites con los vecinos: cerca de las casas de Sa Canova, unos 500 metros al sur del poblado hay un gran centro ceremonial con un talayot redondo y un túmulo, y justo en la entrada de esta posesión, la carretera ha cortado otro túmulo.

Dolmen de s’Aigua Dolça

Para ir a s’Aigua Dolça debemos dejar el coche en la punta de Ca los Camps (Colònia de Sant Pere) y seguir el camino de la costa hacia Betlem unos 200 metros, hasta el Caló des Marés. En seguida nos encontramos con un cercado en el que se encuentra el dolmen.

Aunque sea un monumento que apenas se alza unos 20 cm del suelo, el dolmen de s’Aigua Dolça es visita obligada para los interesados en la prehistoria mallorquina porque, juntamente a su vecino de Son Bauló (situado en una rotonda del polígono industrial del mismo nombre, en Can Picafort) son los monumentos más antiguos de Mallorca, con aproximadamente 3.700 años de antigüedad.

Las losas que ahora quedan son una sombra de lo que fue este monumento: un túmulo de piedras y tierra que contenía en su interior una caja de piedra donde se depositaban los muertos y a la que se accedía por un pequeño pasillo también hecho de losas. Hoy se puede ver el anillo de piedras que delimitaban el túmulo y la parte baja de la cámara y el pasillo. Observamos que a la cámara se accedía por una losa con un agujero central, un detalle típico de la arquitectura megalítica que se encuentra por toda Europa Occidental.

En el interior del dolmen se encontraron 8 cráneos, 6 de los cuales estaban apartados en un rincón. También se encontraron otros huesos, pero no esqueletos enteros, por lo que se cree que los cadáveres se traían de una sentina. También se encontraron herramientas sencillas, botones de hueso y objetos metálicos, como un cuchillo de cobre y agujas.

A un kilómetro del dolmen se encuentra un poblado de naviformes que, posiblemente, era el lugar donde vivían sus constructores.

Ses Païsses

El poblado talayótico de ses Païsses se encuentra en la salida de Artà a Capdepera. Sin dejar el pueblo, en una rotonda, ya nos encontraremos un cartel indicador a la derecha. Siguiendo menos de un kilómetro por esta carretera local, llegaremos al recinto, que se encuentra abierto al público de noviembre a marzo de 9 a 13 horas y de 14 a 17 horas, de lunes a viernes (sábados, domingos y fiestas, cerrado) y de abril a octubre de 10 a 13 horas y de 14,30 a 18,30 horas, de lunes a sábado (incluidos los días festivos).

Sin duda, lo primero que nos llamará la atención de este yacimiento es el bosque en el que se encuentra. La combinación de encinas y piedras milenarias nos evocará un mundo perdido y misterioso, al que podremos acceder a través de una puerta trilítica que es el símbolo más conocido de la prehistoria mallorquina.

Mientras atravesamos esta puerta, debemos fijarnos en el grosor de la muralla, que alcanza los 4 metros. Demasiado gruesa para las ondas, espadas y lanzas de bronce y hierro que tenían los baleáricos y que, por tanto, debe poder explicarse más por razones de mostrar la fortaleza y poder del poblado a los forasteros.

Una vez traspasada la muralla nos encontraremos con las excavaciones realizadas los últimos años. Podremos ver las escaleras monumentales que subían a las murallas, una a cada lado de la puerta. También podremos ver los restos de un gran edificio talayótico, anterior a la muralla que en el siglo XIV de nuestra era sufrió un gran bocado por obra de un horno de cal. A este edificio, y a la muralla, se adosan algunos muros de habitaciones de época baleárica, distinguibles porque se hicieron con los restos de edificios anteriores, con piedras de diferentes tamaños.

Después nos encaminaremos hacia el núcleo central del poblado, subiendo al talayot central. Este talayot tiene un trazo peculiar: un corredor lo atraviesa de parte a parte, conectando con una gran sala de la cual todavía se pueden ver las columnas que sostenían el tejado, pero con una altura que obliga a hacerlo en cuclillas. Como en otros casos, observando sus adentros nos preguntaremos sobre su significado: no cabe duda que este talayot era una marca visible en kilómetros a la redonda, pero su función concreta se nos escapa; quizás un almacén de carne o un lugar de ceremonias…

El talayot central está rodeado por cabañas, en forma de riñón las más próximas, y rectangulares las más alejadas, como si hubiera habido una evolución de las construcciones domésticas, porque de hecho, las rectangulares son más modernas, de forma que el poblado fue creciendo a partir del núcleo central como las capas de una cebolla. Las excavaciones recientes han dejado al descubierto diversas construcciones que se van superponiendo unas encima de otras. La superior y, por tanto, más moderna, era el santuario de época baleárica, donde, al final, enterraron a algún personaje importante, con todo su armamento.

Si descendemos del talayot hacia la parte de atrás del poblado nos encontraremos unas grandes habitaciones hechas con piedras ciclópeas, de factura similar a una próxima a la puerta principal. Todavía no sabemos cuál era su función: para algunos podrían ser las viviendas de los jefes, mientras que para otros podrían ser viviendas comunales. Por esta zona, y siguiendo los indicadores, llegaremos a la puerta que hemos utilizado para entrar al poblado. Esta puerta está cerrada por un muro moderno, pero conserva, caídas, las losas de cubierta.

El poblado de Ses Païsses es uno de los más grandes de Mallorca, con algo más de una hectárea. También es uno de los mejor conservados, dado que desde su abandono definitivo, a mediados del siglo I d.C. no fue reocupado, excepto ocasionalmente: junto a la puerta central se localizó una cabaña árabe y también alguna actividad de carboneros y como horno de cal, ya en época catalana. En realidad la vida del poblado se cortó bruscamente con la conquista romana en el 123 a.C., pero un pequeño núcleo pervivió hasta que los romanos fundaron un nuevo asentamiento en la actual villa de Artà, bajo el monte de Sant Salvador, donde, por cierto, también se puede ver una muralla talayótica utilizada como fundamento de la muralla medieval. Ses Païsses cayó, finalmente, en el olvido, pero hoy en día es uno de los yacimientos fundamentales para comprender el modo de vida de los talayóticos y baleáricos.

S’Heretat

Para llegar a este poblado talayótico debemos tomar la carretera que va de Capdepera hacia Son Servera. Encontraremos un desvío que sale hacia las cuevas de Artá, que pasa al lado de un campo de golf. En el Km. 7 debemos tomar el último camino a la izquierda antes de la entrada al club de golf. Dejamos el vehículo en una explanada al lado de la possessió Son Cabila. Continuaremos por un camino, dejando la casa a nuestra derecha. Poco después nos encontramos un portal que debemos atravesar y un sendero nos lleva hasta el poblado.

Primeramente nos encontramos con el talayot conocido como “Es Claper des Gegants”, que forma parte de la muralla del poblado, de 300 metros de longitud y con tres puertas. La superficie de ruinas se extiende en casi 5000 metros cuadrados, destacando un “cuarto cubierto” o subterráneo con techo sostenido por columnas y, sobre todo, el talayot citado, que conserva cuatro metros de altura y un corredor que, en lugar de salir al exterior, como es normal, comunica con otra habitación.

En la parte baja del poblado se pueden ver varios sitjots o depósitos excavados en la roca, que podían servir para almacenar grano o agua. Este poblado no ha sido objeto de ninguna campaña de excavaciones.