Datos y descargas

Dificultad:
Media. La excursión transcurre por carretera rural exceptuando algún tramo en el que hay que ir a  pie por caminos de tierra. También cabe destacar la pequeña cuesta que nos encontraremos para llegar al Puig de Sa Morisca.

Duración:
5 horas aproximadamente.

Longitud:
94,8 Km. Desde el punto 1 al punto 8.

De interés:
En el Puig de Sa Morisca podremos disfrutar de un agradable paseo con valores naturales, arqueológicos y etnológicos, que ha sido acondicionado para las visitas.

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Introducción

Esta ruta recorrerá una destacada serie de conjuntos arqueológicos de la época  talayótica, baleárica e, incluso, pretalayótica, situados en la zona Noroeste de la Isla de Mallorca cuya datación se remonta a 3.000 años, en plena Edad del Hierro e incluso anterior, en la Edad de Bronce, en el caso de los pocos restos de la cultura pretalayótica que encontramos.

Podremos visitar santuarios destinados a ofrendas y libaciones a los dioses como en el caso de Son Oms y Son Mas; restos de recintos amurallados como en Son Oms Vell, talayots como el Claper del Dimoni o el de Son Miralles; túmulos como el de Son Ferrer; necrópolis como la de Son Sunyer (donde encontramos ocho cuevas excavadas de tipologías simples y complejas con su distribución interior completa); algunos torreones y torres como en el Puig de Sa Morisca donde podremos realizar un paseo por sus valores naturales, arqueológicos y etnológicos.

Podremos apreciar la importancia de los rituales y cultos de estos primeros pobladores de les Illes Balears e intentaremos descifrar sus vestigios patrimoniales.

Son Sunyer

Desde la autopista de Palma al Arenal, debemos tomar la salida número 10, en dirección a S’Aranjassa y Manacor. Poco antes del desvío que sale a la izquierda hacia Manacor veremos, a nuestra izquierda y a unos 100 m. de la carretera, las casas de la antigua posesión Son Oms Vell. Unos 350 metros más allá veremos un camino que pasa por encima de un pequeño puente y se dirige a esas casas. Cogeremos el camino que sale justo enfrente de éste, a nuestra derecha (llamado Camí de Muntanya). Ya en el camino nos dirigiremos a una colina, sobre la que se encuentran, más o menos a 1 kilómetro de nuestra posición, las casas de otra posesión, Son Sunyer. Nos dirigiremos hacia allí. Cuando el camino llegue a una pared que no nos deje seguir recto, giraremos a nuestra izquierda y debemos pedir permiso en la primera casa blanca con dos arcos a la izquierda. Las cuevas se encuentran en el terreno de enfrente de la casa. Tras pasar por el portal, veremos, a unos 50 m., ligeramente a nuestra izquierda, una caseta para palomas. Debemos pasar por el lado derecho de la caseta, ascendiendo por la pendiente unos 50 metros más.

La necrópolis se encuentra a media ladera, bastante cubierta por la vegetación. Comprende ocho cuevas excavadas por el hombre, de época naviforme (1600-1200 a.C.), situadas muy próximas entre sí, excepto dos de ellas (una es la más espectacular y está situada al extremo del cercado más cercano al camino).

Las cuevas son de diferentes tipos, desde simples oquedades absidales, hasta formas complejas, con corredor, cámara, nichos laterales y banco corrido en su interior. Desgraciadamente, sólo una de ellas conservaba parte del yacimiento, recuperándose ocho cráneos y parte del ajuar, lo que prueba que eran lugares de enterramiento colectivo, seguramente de alguna familia extensa que viviría en alguno de los naviformes que se extienden por la llanura circundante.

La colina se empleó como cantera de marès desde tiempo inmemorial, por lo que algunas cuevas están dañadas, cortadas como por un cuchillo gigantesco. En el museo del castillo de Bellver se conserva la planimetría de las cuevas y los hallazgos.

Son Oms

El edificio que vamos a visitar es el único superviviente de un gran centro ceremonial ya desaparecido, cubierto por la segunda pista del aeropuerto de Son Sant Joan. Para llegar a este lugar tomaremos la autovía de Levante Ma-19 en dirección a Palma. Nos meteremos en el aeropuerto y en la primera rotonda, cambiaremos de sentido, en dirección a s’Arenal. Recorreremos la carretera en curva y aproximadamente a la mitad, a la derecha, encontraremos la entrada al terreno donde se encuentra Son Oms. Allí podremos dejar el coche aparcado y visitar el monumento a pie.

Se trata de un edificio ciclópeo de planta rectangular de unos 10 metros de lado, con puerta orientada al sudeste y en su interior se pueden apreciar las bases de 6 columnas.

El edificio tuvo una función de santuario, lugar de culto y sacrificio, utilizado al menos desde el final de la cultura baleárica hasta época romana.

Hasta los años 70 del pasado siglo, este santuario estuvo integrado en un centro ceremonial, que comprendía un túmulo, un extraño edificio denominado “el laberinto”, dos talayots circulares y otro cuadrado, algo más alejado. También había una necrópolis de enterramientos infantiles en urnas de piedra y vasijas. Este gran conjunto se encontraba en el fondo de una vaguada equidistante de dos poblados talayóticos situados sobre colinas: uno de ellos puede verse en los alrededores de las casas de Son Oms Vell y conserva la mitad de su recinto amurallado (la otra mitad fue cortada por la zona de respeto del aeropuerto).

Como dijimos, este centro ceremonial tuvo la mala fortuna de estar en el lugar donde 3000 años después se planificó la ampliación del aeropuerto. Para ello, se excavaron los monumentos y se intentó su traslado a otra zona. Sin embargo, el mal estado de las piedras de los monumentos, reacios a moverse de su hogar ancestral, hizo que sólo pudiera trasladarse el santuario que hemos visitado. El resto fue demolido, aunque una maqueta del conjunto puede verse en el Museo del Castillo de Bellver.

Son Matge

La balma de Son Matge une a su valor arqueológico un entorno de paredes rocosas dentro de un bosque de encinas que bien vale un paseo. Se encuentra cerca de la carretera Palma-Valldemossa, justo al salir del desfiladero de s’Estret. Dejaremos el coche cerca de un puente de la antigua carretera en el Km. 14,5 y tomaremos un camino que sale hacia la izquierda. Seguimos unos doscientos metros, atravesando un portillo y después subiremos por una corta pero pesada cuesta hasta la base de una pared rocosa que sobresale del bosque y que recientemente ha sufrido un aparatoso derrumbe.

Lo que encontraremos, entre un caos de bloques, será un gran vacío, fruto de años de excavaciones. De estructuras tan solo queda un cercado ciclópeo talayótico construido cuando el lugar se empleaba para enterrar, hace unos 3.000 años y que servía como límite del espacio mortuorio. Son Matge ha sido, hasta hace poco, el yacimiento de referencia para la primera presencia del hombre en Mallorca porque presentaba una secuencia completa de sus pisadas, pero recientemente está siendo objeto de una profunda crítica y revisión, y su valor ha decaído considerablemente. En cualquier caso, es seguro que por allí estuvieron estos primeros mallorquines y después todos sus sucesores hasta la época romana.

De allí también salió un enterramiento de una cabeza talayótica con una gran espada de bronce, junto con miles de restos humanos talayóticos enterrados, cubiertos con cal viva, y las ofrendas que sus parientes depositaron: vasijas con un contenido desconocido, adornos personales, algunas armas y herramientas.

¿Dónde vivían los enterrados en Son Matge? Recientemente se ha descubierto que bajo las casas de la próxima posesión de Son Brondo había un pequeño poblado talayótico. Por lo tanto, este pequeño y fértil valle donde hay tres posesiones (Son Matge, Son Brondo y Son Salvat) era el lugar de vida y muerte de los talayóticos de Son Matge.

Son Mas

El valle que se extiende a poniente de Valldemossa contiene una variada representación de vistosos yacimientos arqueológicos de diferentes épocas, con el interés añadido de que muchos de ellos han sido excavados recientemente. La visita debe empezar por el santuario de Son Mas, situado al lado izquierdo de la carretera que va al puerto de Valldemossa, a 500 metros del cruce con la carretera Valldemossa- Esporles. Poco antes de llegar a la posesión de Son Mas nos encontraremos, sobre un pequeño cerro, un edificio hecho con grandes piedras, de forma rectangular con fachada cóncava. En este lugar, los talayóticos adoraban a sus dioses con ofrendas de animales y libaciones de líquidos sagrados. Los arqueólogos encontraron también restos de fuegos que quemarían en las ceremonias.

Repararemos en tres tambores de piedra colocados en su interior. A simple vista parecen bases de columnas, pero todavía hoy los investigadores discuten sobre su significado. Para unos, se trata de piedras sagradas, tal vez aras familiares, y se basan en el hecho de que nunca se han encontrado otros tambores de estas columnas. Otros historiadores, en cambio, dicen que sí son la base de columnas de madera.

Éste es uno más de los misterios que quedan por aclarar de estos edificios. En todo caso debemos reparar en que este santuario estaba en las inmediaciones de un poblado del que hoy casi no quedan restos, al lado de las casas que se ven al sur del santuario.

Son Oleza – Son Ferrandell

De Son Mas podemos ir al conjunto arqueológico de Son Oleza-Son Ferrandell, volviendo a la carretera Valldemossa–Banyalbufar y tomando la carretera hacia la derecha, dirección Banyalbufar. Giraremos por el segundo camino a la derecha, donde se encuentra un indicador que pone “Predio Son Oleza”, pasaremos por delante de estas casas y después continuaremos hacia la urbanización del mismo nombre, tomando siempre las calles hacia la izquierda. Dejaremos el coche justo al lado de un transformador de color blanco y andaremos por el pie del Puig de Sa Moneda, coronado por un mirador que parece un minarete, hasta encontrar el yacimiento.

Primero veremos el recinto pretalayótico: un cercado cuadrado de 60 metros de lado con tres cabañas naviformes en su interior. Aquí vivieron varias familias con sus rebaños entre 1600 y 1300 a.C. Es curioso observar la entrada del recinto, situada en el muro sur, con una estrecha garita. También debemos fijarnos en una canal que discurre paralela a una de las cabañas naviformes. Para su excavador era una conducción de agua que venía de un depósito situado fuera del recinto, pese a que no todos los investigadores estén de acuerdo con esta interpretación, cosa que deja campo libre para hacer la nuestra propia. Más adelante nos encontraremos un precioso talayot conocido como es Claper des Dimoni. Es el primero de una línea formada por cuatro talayots circulares, un túmulo y muchas habitaciones intermedias que se extienden durante casi un kilómetro, en gran parte en la próxima finca de Son Ferrandell. Se trata de un gran centro ceremonial perteneciente a un pequeño poblado talayótico que estaba donde actualmente se encuentran las casas de Son Ferrandell, justo enfrente del lugar donde nos encontramos. Resulta curioso observar la orientación de las entradas de estos talayots porque el primero mira hacia al túmulo próximo, cortado por la pared seca que divide las dos posesiones. Con un poco de imaginación podemos ver a un sacerdote talayótico saliendo del talayot y subiendo al túmulo por la rampa helicoidal que los suele rodear.

Los dos siguientes tienen la puerta mirando hacia un pequeño cerro del otro lado del valle. En lo alto de esta colina hay otro talayot, y su puerta, a la vez, mira a una importante fuente, la fuente des Verger. El cuarto talayot se abre hacia otra fuente, próxima a las casas de Son Ferrandell. Parece que la relación de estos talayots con el agua es bastante evidente. Entre los talayots podemos ver los fundamentos de varios edificios, algunos de los cuales han sido objeto de excavación. Es frecuente que en estos centros ceremoniales haya muchos de estos edificios que tampoco sabemos para que servían, pero dónde es seguro que se hacían muchas funciones: ceremonias de enlaces, paso a la pubertad, entierros, e incluso algunas labores, como el trabajo de metales podían darse en estos lugares. Si queremos aprovechar la excursión por esta zona, podemos visitar el mirador del Puig de Sa Moneda, fijándonos en una ciclópea muralla que lo rodea, la función de la cual está también en el misterio aun cuando parece más ritual que defensiva. Un poco antes de llegar al aparcamiento desde dónde subiremos al monte hay también restos de dos túmulos talayóticos, abocándose al valle. Todo compone un jeroglífico prehistórico de desconocido significado, pero que podemos resumir en que había, en este valle que desde el mirador se extiende a nuestros ojos, dos poblados talayóticos, cada cual con su centro ceremonial con túmulos y talayots y, seguramente, sus cuevas de enterramiento.

Puig de Sa Morisca

Se trata de una colina fácil de identificar desde Santa Ponça, dado que domina la ensenada. Para llegar hasta ella entramos a Santa Ponça desde la carretera Palma-Andratx por la Avenida del Rei Jaume I que conduce a la playa. En la primera rotonda tomaremos la tercera salida denominada Avenida de Santa Ponça, a la altura del hipermercado. Seguimos por esta avenida atravesando rotondas. En la última de éstas, se sube una cuesta muy pronunciada y nos encontraremos otra rotonda donde, a la izquierda, en la tercera salida, se encuentra la calle Puig de Sa Morisca. Como referencia, encontraremos aquí un colegio. Dejaremos el coche en el aparcamiento que se encuentra frente a la escuela y nos dirigiremos a la entrada al parque. Junto a la entrada encontraremos un panel indicativo en el que se explica todo el recorrido y la situación de los yacimientos.

El Puig de Sa Morisca es un agradable paseo con valores naturales, arqueológicos y etnológicos, que ha sido acondicionado para las visitas. Tiene, además como culminación, una vista espléndida sobre la ensenada de Santa Ponça.

El Puig de Sa Morisca acoge un poblado talayótico y baleárico, que fue reutilizado por los árabes. Mientras ascendemos, podemos ver un doble cinturón amurallado y, en los bordes acantilados, los restos de dos torreones, uno de ellos ya excavado. En la parte superior encontramos una torre circular de época talayótica (no es un talayot) y restos de cabañas de época árabe. En las inmediaciones de este poblado se encuentra otro talayot circular, denominado de Son Miralles.

El poblado del Puig de Sa Morisca tuvo un momento de florecimiento cuando los fenicios de Ibiza comenzaron a comerciar con Mallorca. Su estratégica posición, dominando la ensenada de Santa Ponça, le convertía en un punto idóneo para controlar los intercambios. Más tarde, esta función fue directamente asumida por los ibicencos, que establecieron una factoría en la costa sureste de la isla.

La visita se puede completar con el yacimiento denominado Santa Ponça 6, que se encuentra en el complejo residencial Kings Park, saliendo de la calle Na Morisca. Es una habitación aislada, sin duda relacionada con el poblado que hemos visitado. Las excavaciones que se llevaron a cabo localizaron materiales desde el siglo III a.C. al III d.C., incluido un lote de monedas romanas. Sin embargo, no quedó clara su función que bien pudiera ser ritual o doméstica.

Son Ferrer

Este monumento se encuentra hacia la mitad, y en el costado derecho de la carretera Magalluf -Son Ferrer, en el término municipal de Calvià, en lo alto de un montículo dentro de la zona urbana de Son Ferrer.

Se trata de un túmulo escalonado, edificado sobre una cueva artificial de la cultura naviforme. Además, al otro lado de la carretera hay otra cueva funeraria.

Recientemente el túmulo ha sido objeto de excavación y adecentamiento, por lo que es de fácil visita.

La cueva situada bajo el túmulo es un magnífico ejemplo de las cuevas funerarias del segundo milenio antes de Cristo, porque permaneció sellada desde época romana. Sin embargo, no ha proporcionado apenas hallazgos de su uso primigenio porque fue saqueada ya en la antigüedad.

El túmulo edificado encima consiste en una acumulación de piedras y tierra con una serie de anillos o escalones. En la parte superior había una estructura cuadrada, que apenas se conservó porque en época moderna se instaló una era para aprovechar la elevación. Posiblemente fue edificado en la época de los talayots, como un lugar relacionado con los muertos, siguiendo la tradición que iniciaron las cuevas del lugar. Aunque la cultura talayótica dio paso a la baleárica, el lugar siguió utilizándose como necrópolis hasta época romana, momento en que depositaron enterramientos infantiles metidos en urnas.