Datos y descargas

Dificultad:
Fácil. Paseo urbano.
Duración:
2-3 horas aproximadamente
Longitud:
2-3 kilómetros, aproximadamente.
De interés:
Recorreremos una serie de lugares y edificios que nos evocarán la historia de la ciudad de Eivissa a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Podremos observar la huella de los historicismos, el protagonismo del estilo colonial así como la leve influencia del Modernismo.
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Introducción

La ciudad de Eivissa, transcurrido algún tiempo de la finalización de las murallas renacentistas, presentó dos zonas claramente diferenciadas: Dalt Vila, la zona intramuros, y el barrio de La Marina, situado extramuros. La diferencia sociológica fue uno de los rasgos distintivos más característicos. Mientras La Marina acogía a marineros, artesanos, pescadores y comerciantes, y Dalt Vila era habitada por los militares, el clero, propietarios y rentistas. Esta diferente realidad social dio lugar a diversas tensiones y, sobre todo, a mucha rivalidad.

Los primeros planos del Barrio de La Marina son del siglo XVIII. Desde el poder se fueron tomando medidas para conseguir que el crecimiento del barrio fuese controlado o inexistente. En el año 1724 se prohibió que en esta zona viviesen quienes no fuesen marineros así como que pudiesen instalarse mercados. Pero el freno definitivo a la expansión sería la construcción de “s’Estacada”: un muro de poca altura (de 3 o 4 metros, consistente en dos paredes paralelas rellenas en el espacio interior con piedras y tierra) desde el baluarte de Sant Joan hasta el mar y que tenía una sola puerta de acceso: “sa Creu”, que coincide con el inicio de la actual calle de sa Creu. Esta estacada servía para proteger y separar este flanco del barrio de la zona noroeste de la ciudad, todavía pantanosa, así como medida de control fiscal de todos los productos que llegaban a la ciudad desde el campo ibicenco. Incluso llegó a estar previsto un derribo del barrio en el año 1755 que no llegó a producirse. A finales del siglo XVIII la población de la Marina era de más del doble que la de Dalt Vila.

A pesar de todos los intentos de acabar con el barrio, su crecimiento fue imparable, lo cual comportó la decisión de derribar la primera estacada y construir otra ganando terreno al campo, aproximadamente a una hectárea de la anterior. Pero, paradójicamente, durante diez años coexistieron ambas y entre las dos estacadas se levantó, entre los años 1865 y 1890, el llamado Poble Nou, con una trama ortogonal para sus calles y con unas viviendas de tres pisos de altura.

La Marina

El barrio de La Marina de la ciudad de Eivissa se encuentra situado al pie de la vertiente norte del Puig de Vila y limita con el mar, Dalt Vila y el paseo de Vara de Rey.

Esta barriada fue edificada sobre antiguos terrenos pantanosos fundamentalmente a partir del siglo XVII, y se irá consolidando en los últimos cuatro siglos. La actividad primero corsaria y después comercial (siglos XVII al XIX) conseguirá desplazar hacia el barrio la vida económica de la ciudad.

Segunda estacada

El itinerario se inicia en la calle Comte del Rosselló, esquina con la calle Aníbal (más conocida como calle de las Farmacias). Todo el recorrido de la calle Comte del Rosselló, que en su continuación a partir del Paseo de Vara de Rey se denomina Bartomeu Ramon, se corresponde con el trazado de la mencionada segunda estacada. En el año 1820 el ayuntamiento solicitó permiso al Gobierno central para ensanchar el barrio de la Marina y derribar la primera estacada, pero ello no fue posible hasta el año 1857 en que se pactó con el estamento militar que el deseado derribo sería posible si se levantaba otro nuevo muro. Hacia 1860 la segunda estacada estaba casi finalizada y la primera estaba a medio derribar. Pero a finales del siglo XIX ya se planea su derribo.

Teatro Pereira

Al principio de la calle se encuentra el primer edificio construido fuera del límite de la segunda estacada: el Teatre Pereira. Fue finalizado en el año 1899 y supuso la introducción en Eivissa de un estilo ornamental de inspiración clasicista y colonial. Los introductores de esta estética fueron maestros de obra de formación autodidacta que retornaron a la ciudad después de haber estado en las colonias americanas. Se concibió como un teatro (fue el primero que hubo en Eivissa), luego pasó a ser un cine, durante unos años fue la sede de la Conselleria d’Educació i Cultura hasta que finalmente se convirtió en un café con música en vivo. Desde el 2001 está declarado como Bien de Interés Cultural.

La construcción de este teatro en la zona del ensanche simboliza el triunfo y el inicio de la ciudad comercial, ya plenamente burguesa, frente a la ciudad de Dalt Vila.

Bar Can Pou

El barrio conserva su carácter comercial y algunos establecimientos son negocios iniciados en el siglo XIX. Es el caso del Bar Can Pou, a donde se llega después de recorrer el tramo de la primitiva segunda estacada, girar hacía la fachada marítima y tomar la calle de Lluís Tur i Palau. El bar se creó hacía el año 1870 y era el punto de encuentro de marineros y pescadores, pero también de payeses que se desplazaban a Vila. Tenía servicio de barbería.

Comidas Bar San Juan

Desde este punto cogeremos la calle de Guillem de Montgrí, cuyo trazado se corresponde con el de la mencionada primera estacada. En esta calle se encuentra “Comidas Bar San Juan”, local fundado en 1870, año en que se inauguró el edificio en que se encuentra emplazado. El nombre del establecimiento se debe a que el constructor del inmueble era del pueblo de Sant Joan.

Es Mercat Vell

La calle de Montgrí nos lleva a la calle de las Farmacias que desemboca en la Plaça de la Constitució, donde se encuentra lo que se conoce con el nombre de “es Mercat Vell”, y es el primer mercado cubierto que se construyó fuera de las murallas. Fue promovido por el Ayuntamiento en un lugar donde ya existían paradas de venta de fruta y verdura. El edificio es de inspiración neoclásica y copia la planta de un templo griego. Su creación se debe al maestro de obra Jaume Riera Torres. El expediente de construcción fue aprobado por una Real Orden de 21 de abril de 1870 y fue adjudicada conjuntamente con la Peixeteria i la Carnisseria. Fue inaugurado en el año 1872 y desde entonces está en funcionamiento. Entre 1994 y 1997 el arquitecto Raimon Torres dirigió una restauración que incluyó la peatonización de la plaza.

Antes de la construcción del Teatro Pereira estaba proyectado un teatro municipal en el primer piso del Mercat.

La Peixeteria

Prácticamente al lado, junto al Portal de ses Taules, se encuentra el edificio de la Peixeteria, construido en el año 1875, en la antigua Plaça des Carbó, y que presenta una peculiar planta octogonal. Actualmente, prácticamente no quedan tiendas abiertas. Esta obra fue realizada conjuntamente con el Mercat Vell y se terminó en 1872. Ese mismo año se hizo el sorteo para adjudicar las paradas. Desde 1872 hasta principios del siglo XXI ha estado en funcionamiento. Actualmente, perdida ya su función inicial, se le buscan otras funciones.

Monumento a los corsarios ibicencos

Volviendo de nuevo a la calle de las Farmacias (que en esta altura se denomina calle de Antoni Palau), cogiendo la segunda calle a mano derecha, encontramos el carrer del Mar, que desemboca en la plaza de Antoni Riquer, donde se encuentra el monumento a los corsarios ibicencos.

La construcción del monumento fue idea de Isisdor Macabich quien, mientras estaba realizando un trabajo sobre el corso en el año 1905, se percató que al año siguiente se cumplían cien años de la gesta del corsario ibicenco Antoni Riquer, quien capturó en el año 1806 el barco inglés Felicity capitaneado por el corsario italiano Miguel Novelli conocido como “el Papa”.

Dado que el enfrentamiento naval se produjo a la vista de los ibicencos, situados sobre las murallas, la acción de la captura del Papa siempre se había considerado como la hazaña más importante de la historia del corsarismo pitiuso. Macabich creyó que era oportuno conmemorar ese aniversario y así lo manifestó en un artículo publicado en la prensa. La propuesta recibió la aceptación popular y pronto se creó una comisión para ocuparse del asunto. Fue así como se decidió impulsar una suscripción popular para erigir un obelisco en homenaje a Riquer y a todos los corsarios ibicencos. La primera piedra fue colocada en julio de l906 durante una fiesta multitudinaria, pero el proyecto quedó estancado hasta el año 1914 en que se encarga al taller de los escultores catalanes August y José María Font.

El monumento fue inaugurado el 6 de agosto de 1915. La placa de uno de los lados del monumento tiene una representación del barco Verge del Rosari, llamado también Sant Antoni i Santa Isabel, que gobernaba el capitán Riquer cuando abordó al barco enemigo. Los otros tres lados tienen diferentes inscripciones.

Plaza de sa Font

La calle de Guillem de Montgrí desemboca en la plaza de sa Font, que recibe este nombre porque en ella se donde se ubica la primera fuente que tuvo Eivissa y que tiene su origen en las mejoras llevadas a término por los ilustrados. Esta fuente llevaba agua desde el Coll de Portmany hasta Sant Rafel. Se encuentra al pie del baluarte de Sant Joan, desde donde partía la primera estacada.

Durante gran parte del siglo XX llevó el nombre de Plaça Canalejas, en recuerdo del presidente asesinado en el año 1912. En 1981 volvió a recobrar su nombre tradicional.

Aquí finalizará el recorrido por la Marina, que en el año 1889 visitó el escritor francés Gaston Vuillier, quien de su estancia en el barrio dejó testimonio escrito en su libro “Las islas olvidadas” con las siguientes palabras: “A menudo, durante el día y también en la tarde, he visto, en plena calle, matar cerdos, cortarlos, hacer butifarras y otros embutidos. La calle es propiedad de todo el mundo, cada uno se instala y ejerce su industria sin preocuparse por los que pasan”.

El paseo de Vara de Rey

Para llegar a este paseo desde la Plaça de sa Font nos dirigiremos, a través de la calle Anibal, hacia la calle Comte de Rosselló, que nos llevará, tras recorrer escasos metros, al paseo de Vara de Rey. En donde están todos los puntos que quedan del recorrido.

A principios del siglo XIX, este paseo era “s’Hort de sa Tarongeta”. En el año 1849 se plantaron 36 árboles procedentes de Barcelona y se convirtió en la zona de paseo de los habitantes de la ciudad de Eivissa. En el año 1867 el Archiduque Luís Salvador lo describe como un paseo limitado por árboles que dan sombra y con bancos de piedra que se conoce como el paseo de “s’Alamera” (para muchos ibicencos éste es aún su nombre). Pero su actual aspecto, así como su nombre, arranca de principios del siglo XX.

Joaquín Vara de Rey y Rubio fue un general muerto en la guerra de Cuba, en la batalla de El Caney, que tuvo lugar el día 1 de julio de 1898, luchando contra los norteamericanos que habían acudido a apoyar el movimiento de la independencia cubana. Su muerte tuvo un gran eco mediático, pero la sorpresa para los ciudadanos de Eivissa llegó cuando el Diario de Ibiza, del día 6 de julio de aquel mismo año, informó que el general Vara de Rey había nacido en la isla. Una vez realizadas las consiguientes comprobaciones quedó esclarecido que el general había nacido, efectivamente, en Eivissa el 14 de agosto de 1841 y que era el hijo de un capitán del ejército destinado en la isla.

Los ibicencos acordaron dedicarle primero una calle y colocar una placa de mármol en el patio des Castell, aunque después, tras la gran acogida de la suscripción popular para colocar la placa, decidieron nombrarle Hijo Ilustre de la ciudad y dedicarle un monumento.

Monumento al general Vara de Rey

El recorrido por el paseo se inicia en el monumento al general Vara de Rey. En el año 1902 se colocó la primera piedra de este monumento en el descampado de Sa Tarongeta, en medio de una gran multitud. El 25 de abril de dos años después se inauguró con la presencia del Rey Alfonso XIII. La obra escultórica fue realizada por el artista catalán Eduard B. Alentorn y el pedestal por el arquitecto, también catalán, August Font, autores ambos de importantes proyectos escultóricos y arquitectónicos entre los que destacan las obras en el cimborrio de la catedral de Barcelona de principios del siglo XX en donde también colaboraron juntos. También fueron instalados en el paseo bancos que aún hoy pueden contemplarse y que presentan un trabajo en forja con reminiscencias modernistas.

Fue así como un coyuntural nacimiento en Eivissa vinculó para siempre, a través del nombre de un paseo, a este general muerto en la guerra de Cuba con la ciudad.

Cas Turs y el edificio de la Mutual

El plan de urbanización de ambos lados del paseo data de 1912-1913. Del año 1916 es el edificio situado en los números 5-7 del paseo que se conoce como Cas Turs. El proyecto y la construcción se deben a Antoni Costa Marí. En su fachada pueden observarse influencias del estilo colonial. Una de sus aportaciones novedosas fue la presencia de baños individuales para cada casa.

De 1914 es el edificio de la Mutual, que ocupa los números 8-16 del paseo. El ayudante de Obras Públicas Salvador Quetglas Ramon impulsó la creación de una asociación ibicenca para acogerse a unas ayudas del Gobierno Canalejas para la construcción de nuevas viviendas. La asociación se denominó “Mutual constructora” y de ahí proviene el nombre del edificio. El propio Quetglas fue autor del proyecto que constó de cinco escaleras de viviendas adosadas. Las obras empezaron en enero de 1914, a cargo del constructor Vicent Bonet “Carabassó”, y finalizaron en el año 1929. Algunas instituciones, como la Comandancia Militar o la Cruz Roja, tuvieron aquí su sede.

Hotel Montesol

En este paseo se inauguraron dos hoteles en el año 1933, precisamente el año en que en Eivissa se creó el Fomento del Turismo y que es la fecha en que, además de estos dos hoteles, se inauguran el Hotel Portmany en Sant Antoni y el Hotel Buenavista en Santa Eulàlia, que pueden considerarse, junto con los dos hoteles del paseo, como los primeros alojamientos que pretenden dar respuesta a las expectativas de un turismo de calidad substituyendo a las antiguas fondas y a las casas de particulares. Los primeros cruceros procedentes de Barcelona o de Palma ya empezaban a aportar una cantidad importante de turistas a la isla y en el Diario de Ibiza se hacían peticiones para que se desarrollara una industria turística en la isla.

En el número 2 del paseo todavía hoy se encuentra uno de estos dos hoteles inaugurados en el año 1933: el Hotel Montesol, obra de Joan Gómez Ripoll “Campos” nacido en Eivissa en el año 1888. Como muchos ibicencos de su generación, marchó a Cuba de donde volvió en el año 1929. Esta estancia en Cuba le permitió conocer una estética claramente colonial que queda reflejada en la fachada de este hotel que, en la fecha de su inauguración, el 3 de junio de 1933, se denominó “Gran Hotel”.

El hotel se caracterizó, desde un primer momento, por la grandiosidad y el lujo. Inicialmente tenía un gran vestíbulo, comedor, biblioteca y sala de fumadores.

Este hotel se convirtió en el símbolo del inicio de la actividad turística de la isla y fue el primero en adquirir carácter internacional.

El Gran Hotel albergó en los años 30 del siglo XX la primera oficina de información turística de Eivissa, la International Tourist Office, destinada principalmente a gestionar la llegada de cruceros al puerto.

La Guerra Civil se encuentra tristemente relacionada con este hotel. Su constructor, militante del PSOE, fue ejecutado en Palma por sentencia de un tribunal militar, una vez finalizada la guerra.

En este hotel, después de la ocupación franquista de Eivissa, y una vez institucionalizada la represión, se instaló el Juzgado Militar de Instrucción desde donde se coordinaron las acciones represoras encaminadas a la búsqueda y detención de los defensores de la causa republicana.

El Fomento de Turismo d’Eivissa impulsó la reapertura, creando una sociedad que aportara los fondos que el hotel necesitaba para volver a funcionar. Finalmente, el 14 de junio de 1946, se reinauguró el Gran Hotel, ahora con el nombre de Hotel Ibiza. A partir de 1958 pasó a denominarse Hotel Montesol.

En el 2002 el hotel fue declarado Bien catalogado.

Hotel Isla Blanca

Para acabar la ruta, en el número 20 del mismo paseo se encontraba el Hotel “Isla Blanca”, en clara alusión al nombre utilizado por Santiago Rusiñol para la isla de Eivissa. En la fachada, todavía hoy, una pequeña placa recuerda la función primigenia de este edificio. Actualmente, el inmueble está ocupado por una entidad de gran trascendencia en la vida social y cultural de Eivissa: la “Sociedad Cultural, Artística y Recreativa Ebusus”. Esta sociedad fue creada en el año 1927 y supuso la presencia en la isla del modelo de club británico que ofrecía a sus socios (hasta 1954 la entidad no admitió a las mujeres como socias) un local donde pasar los momentos de ocio. Hasta prácticamente los años setenta, fue el foco de buena parte de las actividades culturales de Eivissa a través de la organización de conferencias, exposiciones de pintura, lecturas poéticas, conciertos… La entrada está reservada a los socios y socias, pero merece la pena adentrarse en sus salones porque se experimenta la sensación de haber retrocedido unas cuantas décadas en el tiempo histórico de la isla.

El paseo de Vara de Rey finaliza en el inicio de la avenida de Ignasi Wallis, donde un gran reloj electrónico, que es también un barómetro, se ha convertido en el punto de encuentro de muchos ibicencos e ibicencas, especialmente adolescentes.

Datos y descargas

Dificultad:
Fácil. Paseo urbano.
Duración:
1 hora y media.
Longitud:
1 Km aproximadamente a pie.
De interés:
Podremos conocer el panorama arquitectónico balear del siglo XIX, centrándonos en la ciudad de Palma, y, admirar su riqueza y heterogeneidad.
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Introducción

A partir de la disolución del Barroco en Mallorca en la primera década del siglo XIX empiezan a introducirse los academicismos. Se dará un pensamiento ilustrado con su reflejo correspondiente en las artes a través del Neoclasicismo, pero éste no será puro sino que presentará heterodoxias propias del panorama isleño e incluso de estilos anteriores como el Tardobarroco o el Renacimiento. Serán cruciales las aportaciones del Cardenal Despuig, que reflejará el cambio de mentalidad en la isla, y la presencia del arquitecto neoclásico español Isidoro González Velázquez, entre otros, que condicionarán las directrices artísticas durante este período con arquitectos como Joan Sureda y Ripoll, y Llorenç Abrines.

A partir de los años 40, la arquitectura insular sufrirá una cambio de orientación que se manifestará en dos tendencias que durarán hasta finales del XIX: la línea clasicista como continuación del Neoclasicismo de Isidoro González con artífices como Miquel Rigo Clar; y la línea historicista vinculada a las corrientes románticas europeas que se traducirá en varias tendencias como la neogótica, de gran relevancia en Mallorca y dotada de una gran libertad compositiva, con exponentes como Antoni Sureda y Villalonga o Bartomeu Ferrà con una clara inclinación hacia el Gótico mediterráneo.

A finales del siglo XIX se introducirá el Modernismo, como un estilo uniforme con el objetivo de poner fin a todo el eclecticismo anterior, que durará hasta a la primera década del siglo XX.

Este itinerario mostrará algunos de los edificios más representativos de la ciudad de Palma de todas las tendencias arquitectónicas citadas.

Seminari Vell

Iniciaremos nuestra ruta en el Seminario sito en la calle del Seminario, nº 4, entre el colegio Monti-sion de Palma y la plaza de Sant Jeroni.

El Seminario Conciliar de San Pedro fue creado en 1699 por el obispo Pedro de Aragón. La institución se localizó en este lugar cuando se acabaron las obras del actual edificio en el año 1772. En 1954 se hizo el traslado al denominado Seminario Nuevo, situado en Son Gibert. Nuevamente, desde finales de los años setenta, el Centro de Estudios Teológicos de Mallorca vuelve a estar ubicado en este edificio. También aloja las instalaciones de la Casa de la Iglesia. En 1993 se reinauguró el Museo Bíblico Diocesano, proveniente del Seminario Nuevo, y que actualmente ocupa la tercera planta. El edificio también cuenta con la Biblioteca Diocesana.

El edificio es básicamente de estilo tardobarroco mezclado con algunos elementos neoclásicos, típico de la arquitectura de transición del siglo XVIII al XIX. Presenta una planta rectangular con tres patios interiores y un alzado dividido en cuatro pisos. La fachada es muy sencilla, con líneas de imposta que separan las distintas plantas y con ventanas molduradas rectangulares. Toda la decoración se concentra en el portal con un entablamento con el busto de San Pedro rematado por un frontón roto con el escudo del Seminario.

La iglesia se sitúa en plena época de hegemonía del neogótico en Mallorca durante la segunda mitad del siglo XIX. La fachada principal comunica con uno de los patios del Seminario y, tiene un pórtico de tres arcos ojivales y cubierta con bóveda de crucería. En la parte inferior hay una galería con ventanas rectangulares y, en la superior un rosetón calado y tres ventanas ojivales. Corona el conjunto un campanario central y pináculos laterales. Preside el portal mayor una imagen de San Pedro, obra de Lluís Font i Martorell. El interior de nave única con capillas laterales presenta un alzado interior dividido en tres cuerpos: arcadas apuntadas que dan paso a las capillas (entre las cuales figuran las imágenes de los apóstoles); un triforio con arcos apuntados; y una cubierta de bóveda de crucería. El retablo mayor dedicado a San Pedro también es de estilo neogótico, obra de Guillem Galmés. Actualmente, el templo se encuentra fuera de culto.

Can España-Serra (Hostal Isabel II)

Situado en la Calle de la Portella, nº 8. Para llegar aquí continuaremos por la calle del Seminari. Daremos a la calle de Monti-sion. Llegamos hasta el final y giramos a la izquierda por la calle Pont i Vic. Seguimos recto y llegaremos a la calle Portella, donde se encuentra el casal.

Este edificio neogótico fue construido entre los años 1892 y 1900 y se encuentra situado en un antiguo casal, propiedad de Pere de Sala en 1576. Durante los siglos XVIII y XIX fue habitado por los Serra. Un miembro notable de esta familia fue Bonaventura Serra y Ferragut (1728-1784), uno de los más destacados exponentes de la Ilustración mallorquina. En 1892 el antiguo edificio pasó por herencia a la familia España e, inmediatamente, fue reedificado y convertido en el Hostal Isabel II. Recientemente ha sido rehabilitado como edificio de viviendas plurifamiliar.

Podemos observar la original ornamentación que cubre su fachada. Cada una de las ventanas se encuentra enmarcada por una moldura que acaba en sendos relieves que representan cabezas de figuras mitológicas, alegorías religiosas y otras iconografías simbólicas. De un total de veintiocho máscaras, destacamos la alegoría de la Fe, de Mercurio y de Medusa, además de representaciones de diferentes obispos y reyes. En la esquina que mira a la calle Portella sobresale un singular reloj de sol, portado por un ángel con un filacteria con el siguiente mensaje: Ultima multis (“La última [hora] para muchos”). El interior tiene un interesante patio neogótico con arcos rebajados y con una notable con una barandilla constituida por dieciséis medallones decorados con relieves.

Consell de Mallorca

Nos dirigiremos desde la calle Portella a la calle Morey. Giraremos en la primera calle a la izquierda, en la calle de l’Almudaina. Seguiremos hasta el final y nos encontraremos en la calle Palau Reial. Giraremos a la derecha y nos encontraremos con el primer edificio que es el Consell.

Es uno de los mejores ejemplos del neogótico isleño. El edificio fue empezado por Joaquim Pavia en 1882 y continuado por Joan Guasp a partir de 1885. La fachada está rematada con cuatro torres octogonales y cuatro pilastras intermedias coronadas por esculturas con los escudos de cada una de las cuatro islas mayores. Los motivos heráldicos del primer piso corresponden a poblaciones importantes de Mallorca: Pollença, Inca, Alcúdia, Felanitx, Llucmajor, Manacor y Sóller. Destacan elementos decorativos como pináculos, molduras, arcos ciegos, almenas, etc. realizados por el escultor Llorenç Ferrer.

La escalera imperial sube a la planta noble y muestra, en el primer rellano, los ventanales con las alegorías de les Illes Balears: Menorca a la izquierda, Mallorca en el centro y las Pitiusas (Ibiza y Formentera) a la derecha. La sala de sesiones se caracteriza por una gran riqueza ornamental, donde destacan el artesonado de madera de roble, obra de Isidre Ripoll, y los vitrales, de temática relacionada con la conquista de Mallorca, de Faust Morell.

Can Corbella

Nos dirigiremos a nuestra izquierda hasta la Plaza de Cort. Cuando entremos en la plaza, a la izquierda, al final, encontraremos Can Corbella haciendo esquina con Calle Sant Domingo (nº 1).

Se basa en un proyecto de Nicolau Lliteras hecho a instancias de la familia Corbella. El edificio se inserta en otra corriente historicista llamada neomudéjar, a imitación del arte musulmán realizado en territorio cristiano. Fue diseñado como un edificio plurifamiliar de viviendas y presenta cinco plantas. En la planta baja destacan los arcos de herradura con cristaleras de colores y elementos decorativos de temática alusiva a las artes plásticas que se acercan a la iconografía art nouveau. Las tres plantas superiores presentan altas ventanas con decoración lobulada, separadas por columnas ornamentales de madera. La planta superior aparece más adentrada en relación con el resto de fachada y está coronada por una torre octogonal.

Banco de España

Desde Can Corbella, en la parte opuesta al inicio de la calle Sant Domingo, encontraremos una bifurcación en dos calles: la de más a la izquierda es la calle de Sant Bartomeu que es donde se encuentra el Banco.

Este edificio se enmarca dentro de otra tendencia historicista que es la neogriega, estilo vinculado, en Mallorca, a la figura del Miquel Rigo. Desgraciadamente, ésta fue su única obra realizada ya que murió prematuramente en 1876, y las obras fueron continuadas por Eusebi Estada, en colaboración con el arquitecto neogótico Bartomeu Ferrà. En 1874 el Banco Balear fue absorbido por el Banco de España. El edificio se levantó sobre el solar del antiguo convento de Nuestra Señora de la Misericordia.

Presenta un alzado de tres plantas más un sótano. La fachada principal muestra tres cuerpos. El portal principal está flanqueado por jambas en forma de pilastras jónicas. El primer piso muestra un total de cinco aperturas, dos en los laterales respectivamente con su correspondiente balcón, mientras las tres centrales se abren en un balcón corrido. El desván presenta cinco ventanas geminadas.

Teatro Principal

Seguimos por la calle de Sant Bartomeu y casi llegando al final, giramos a la izquierda. Seguimos recto hasta que se acaba la calle y llegamos a la calle Riera. Giramos a la derecha, seguimos recto y nos encontraremos la gran fachada remata por el frontón triangular del Teatro Principal en el número 7.

Esta obra se engloba en la tendencia clasicista del siglo XIX, también llamado “Revival clásico”. Ocupa el solar del antiguo edificio de la Casa de las Comedias, inaugurado en 1662 y derruido en 1854. El nuevo teatro se construyó entre 1854 y 1857, bajo la dirección de Antoni Sureda. Siete meses después de la inauguración, un incendio destruyó el edificio. La restauración empezó inmediatamente, con los mismos autores y criterios que en la primera construcción, reinaugurándose en 1860. Posteriormente, en 1895 se realizó otra reforma, consistente en la añadidura de otro piso al cuerpo central de la fachada.

La fachada actúa realmente como una pantalla sin correspondencia con la planta, y se distribuye en tres cuerpos. El central tiene mayor importancia por el tratamiento decorativo. Consta de tres pisos rematados por un frontón triangular al estilo de los templos de la Antigüedad clásica, decorado con relieves de temática mitológica, las siete musas, obra de Ricard Anckermann. El piso inferior tiene tres portales con arco de medio punto. El primer piso tiene una hilada de ocho columnas jónicas y el segundo de columnas corintias. Esta superposición de órdenes recuerda ejemplos como El Coliseo de Roma o el interior del Partenón en Atenas.

Destaca del interior la decoración pictórica de la techumbre, obra de Fèlix Cagé, en el cual se representa a dios Helios, sobre una cuadriga de caballos blancos, rodeado de representaciones alegóricas del teatro, la música y la danza.

Fundación Barceló (Can Rul·lan)

Volvemos atrás por la calle de Riera. Seguimos recto hasta el final pasando por la plaza del Mercat y la calle Unió. Al final por la calle de Sant Jaume donde se encuentra la Fundación a la derecha, en el número 4.

Se ubica en la antigua casa de los Zanglada, que se encontraba unida al actual Casal Balaguer. A mediados del siglo XIX la casa pasó a los condes de San Simón, los cuales destruyeron el antiguo edificio y patrocinaron el actual. También fue residencia de la familia Rul·lan y fue conocida con el nombre de Can Rul·lan. Desde 1990 se localiza la Fundación Barceló.

Es un edificio neogótico levantado en 1883 según diseño de Bartomeu Ferrà. La entrada con decoración floral en relieve (reformada) nos introduce en un vestíbulo cubierto por artesonado. A la izquierda se encuentra el portal del antiguo estudio, ricamente decorado con el escudo de los San Simón, leones alados y motivos vegetales, como uvas y hojas de parra. Dos arcos escarzanos comunican con el patio descubierto. La escalera se sitúa a la derecha. Muestra una barandilla de piedra con medallones decorados con tracerías góticas, con pináculos ornamentales y en la base, entre los dos tramos de escalera, una escultura representando a un mono jugando con una tortuga. En la parte superior de la escalera, en la azotea del primer piso, aparece una escultura de un león. Todo el conjunto del patio y el vestíbulo debió influenciarse en modelos como Can Oleo o Can Burgues. La planta baja, dedicada a sala de exposiciones, está cubierta por bóvedas de arista.