Datos y descargas

Dificultad:
Fácil
Duración:
Excursión de un día (seleccionando uno o dos de los itinerarios propuestos)
Longitud:
Puerto- celler: 2 kilómetros (ida y vuelta)
Celler – Bellamiranda: 2,5 kilometros (ida y vuelta)
Sa platgeta – Far de n´Ensiola: 8 Km (ida y vuelta)
Sa platgeta – Na Picamosques: 8 Km (ida y vuelta)
De interés:
La visita a la isla no es libre y actualmente sólo se pueden visitar algunos puntos del recorrido, desde el puerto hasta es Celler. Para acceder al resto del itinerario, y de la isla, hay que solicitar una visita guiada en las oficinas del parque, situadas en el puerto, en el momento de la llegada.
Dada la imposibilidad de realizar la visita completa en un solo día, proponemos un itinerario básico, que se iniciaría en el puerto y finalizaría en es Celler. Las siguientes rutas serían a elección del visitante, teniendo en cuenta el grado de dificultad y la lejanía: desde es Celler hasta Bellamiranda, desde sa Platgeta hasta el Far de n´Ensiola o desde sa Platgeta hasta Na Picamosques.
Es muy importante respetar las señales y normas que nos indicarán los guías a nuestra llegada.
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Introducción

La isla de Cabrera es el primer parque nacional marítimo y terrestre del Estado español. Tanto su litoral, como su interior guardan una riqueza natural, geológica y paisajística de primer orden, hecho que fue constantemente admirado por los numerosos visitantes ilustres que pasaron por la isla entre los siglos XVIII y XX.

La ocupación humana de la isla es muy antigua: se han encontrado restos de cerámica y otros vestigios del período talayótico así como restos de los púnicos ebusitanos y de los romanos. Recientemente se ha podido constatar la presencia de comunidades cristianas primitivas, gracias a los restos encontrados en sa Platgeta y en la zona de la Olla. Es verosímil la existencia de una basílica o monasterio paleocristiano en la zona del Clot des Guix, a juzgar por la abundancia de restos de este período. Conocemos la existencia de un documento, datado hacia el año 590, en que el papa Gregorio Magno amonestaba a los monjes de Cabrera por su comportamiento disoluto.

De la ocupación árabe no se tiene constancia. Tras la conquista de Mallorca, Cabrera correspondió al Paborde de Tarragona y posteriormente pasó a las familias Saragossa, Berard, Malferit, Sureda y Font i Roig. A lo largo de la historia, la isla fue un foco de constantes luchas entre sus habitantes y los corsarios. Durante esta etapa hubo una destacable actividad agrícola y ganadera.

En el siglo XIX, con motivo de la Guerra del Francés, entre los meses de mayo y junio del año 1809 llegaron a Cabrera unos 9.000 prisioneros franceses, procedentes básicamente de la batalla de Bailén, que tuvo lugar el mes de julio de 1808. La suprema Junta Central decidió el traslado de los prisioneros a las islas Baleares, a pesar de las reticencias de la Junta Superior de Mallorca. Ante las protestas y el miedo de las islas mayores, la Junta Central decidió enviar a los prisioneros a Cabrera. Durante cinco años, la pequeña isla se convirtió en una prisión militar, penosa por las duras condiciones del lugar. A menudo los alimentos no llegaban a tiempo y los prisioneros se vieron forzados a alimentarse de hierbas, lagartijas o ratas. En mayo de 1814, una vez acabada la guerra, barcos franceses liberaron a los supervivientes, que sólo eran 3.600. Más de treinta años después, en 1847, una escuadra francesa levantó un monumento conmemorativo en homenaje a sus compañeros cautivos.

En 1878 Pere Morell i Font i Roig hizo donación de la isla a Miquel Humbert. En 1890, la propiedad de la isla pasó a manos de Jacint Feliu i Ferrà de la Mola, quien murió en la isla en 1903. Fue heredado por Sebastià Feliu Fons, último señor de Cabrera. El Gobierno Español expropió la isla hacia el año 1916. El 12 de abril de 1991 el Congreso de los Diputados declaraba el archipiélago de Cabrera Parque Nacional Marítimo-Terrestre.

Según el Archiduque Lluís Salvador, hacia 1880 Cabrera contaba con 31 habitantes y había una cabaña ganadera compuesta por 400 cabras, 95 ovejas, 40 cerdos y 4 mulos. Se cultivaban los campos de cala Ganduf, la Miranda, el comellar des Mal Nom, el comellar de ses Figueres y s’Espalmador.

La guerra del francés o de la independencia española

Fue un conflicto surgido en 1808 por la oposición armada a la pretensión del emperador francés Napoleón I de instaurar y consolidar en el trono de España a Joseph Bonaparte, en detrimento del rey Borbón Fernando VII, desarrollando un modelo de estado inspirado en los ideales napoleónicos, y que, sumada al enfrentamiento precedente francés con Portugal y el Reino Unido, convulsionó toda España hasta 1814.

1808 es una época convulsa para la isla, con diferentes revueltas ante la mala situación económica y el aumento de la presión fiscal. A principios de abril llegan las noticias de la abdicación de Carlos IV (padre de Fernando VII) y la caída de su primer ministro, Manuel Godoy, después de los sucesos del motín de Aranjuez. Hubo revueltas en Mallorca y personajes como Gaspar Melchor de Jovellanos, encarcelado en el castillo de Bellver por órdenes de Godoy, fue liberado y aclamado por la multitud. A finales de mayo llegó a la isla la noticia de las sublevaciones de regiones mediterráneas españolas contra los franceses. El 30 de mayo el capitán general Vives constituyó la Junta Suprema de Gobierno como principal soberana del archipiélago balear, la cual declaró la guerra a Francia y negoció la paz con Inglaterra, mientras procedía a la movilización y organización de tropas.

La ocupación de la mayor parte de la Península por el ejército napoleónico, hizo llegar a las Baleares miles de refugiados que se establecían mayoritariamente en Palma y Maó. Tras la costosa derrota francesa en la batalla de Bailén el 19 de julio de 1808, los oficiales franceses fueron confinados a Menorca, Mallorca y Eivissa, mientras que tropa fue confinada en la isla de Cabrera, sin ningún tipo de auxilio a causa de la gravedad de la situación de las autoridades mallorquinas del momento. El hambre, la falta de agua y las enfermedades afectaron a esos 9.000 presos, de los que sólo quedaron 3.600 supervivientes.

El puerto

El puerto es el núcleo de más actividad y de más concentración humana de la isla. Está formado por un conjunto de construcciones de arquitectura austera y funcional.

Encontramos la Comandancia (actual oficina de información del parque), los almacenes y sa Cantina, abierta hacia el año 1925 por los mismos payeses de la isla.

Llegamos a él por vía marítima y es el primer punto de nuestro recorrido.

Detrás, encontramos un pequeño conjunto de bancales conocido como las marjades de sa Cantina. Se trata de un cercado con tres bancales dedicados a huerta, con algunas higueras.

La cova des Teatre

Iniciamos el recorrido hacia Sa Platgeta. Poco después, giramos a la izquierda, por el camino del castillo, hacia donde nos dirigimos. Unos metros más allá, mirando hacia la derecha, justo encima del camino, se localiza la Cova des Teatre, que fue usada con finalidades ganaderas. Presenta la parte de la derecha de la entrada cerrada con un muro de piedra seca irregular. Dicen que tiene este nombre porque servía de escenario para representaciones teatrales que los prisioneros franceses realizaron.

No podemos acceder a la Cova des Teatre, sólo la podemos contemplar desde el camino.

Cementerio

Continuamos la subida hacia el castillo y allí, un poco antes de llegar a éste encontramos el cementerio, de reducidas dimensiones. Tiene portal adintelado, deteriorado, con una cruz de piedra en la parte superior. Contiene la tumba del aviador alemán Joannes Bochler, caído con su avión en aguas de Cabrera el 1 de abril de 1944 en plena Segunda Guerra Mundial.

El Castell

En la cima del peñasco, presidiendo toda la bahía, se levanta la construcción con más interés patrimonial de todo Cabrera: el castillo.

La fortaleza se sitúa a una altitud de 72 metros. El acceso al piso superior se realiza a través de una escalera de caracol de 34 peldaños. Todavía quedan en las paredes del edificio grafitos de los prisioneros franceses, como los que hay en la escalera exterior que sube al piso superior.

El castillo fue levantado en el siglo XIV para repeler los continuos ataques de los piratas. En 1534, Miquel Anglada, señor alodial de la isla, cedió el castillo a los jurados de la Universitat de la Ciutat y del Reino de Mallorca, institución que detentó el castillo hasta 1716, momento en que pasó a ser dirigido por el gobernador militar de Cabrera.

Creu dels Sunyer

Volvemos a bajar el camino por el que hemos llegado hasta el castillo y, en el cruce de caminos, nos dirigimos hacia Sa Platgeta, girando a la izquierda. Unos metros más allá, se encuentra la cruz de los Sunyer. Recuerda el episodio de la muerte del arrendatario de la isla, Damià Sunyer Mascaró y de sus dos hijos, Joan y Gaspar, cuando el día el 1 de agosto de 1936, la dotación de un submarino republicano procedente de Maó desembarcó en el puerto y los detuvo. Más tarde, serían fusiladas en Menorca. La cruz es de piedra y muestra el escudo de la isla de Cabrera.

La casa del Rei

Seguimos este mismo camino y, a unos 300 metros, entre el puerto y la playa, encontramos la antigua casa señorial de Cabrera, actualmente conocida con el nombre de la casa del Rei; cuenta con el pequeño oratorio de Santa Peronella. El edificio, que fecha de finales del siglo XIX, fue restaurado en la década de 1980. Antes de la Guerra Civil Española el oratorio tuvo un uso continuado, ya que tenía asignado un capellán.

La casa es visible desde el camino, pero tiene un acceso restringido y no se puede acceder hasta ella.

Cas Pagès

Abans d’arribar-hi, es poden contemplar les barraques militars construïdes a la dècada dels quaranta del segle XX, que actualment serveixen per albergar els treballadors i investigadors del parc.

Cas Pagès es troba a uns 100 metres de la casa del Rei. Es una casa tradicional, amb un alçat d’una planta, amb portal d’entrada a llinda, fou el centre de l’explotació agrícola i ramadera de l’illa des de principis del segle XX. El molí de tracció animal per moldre el blat cultivat a l’illa, ocupa part de l’estada situada a l’esquerra de la casa. Es conserva complet, amb arbre i roda de ferro i penjarobes de fusta.

Davant Cas Pagès, hi ha un petit moll amb una plataforma de planta rectangular, empedrada, amb dos pilons llisos per subjectar les embarcacions. En la part posterior de la casa, es troba l’era de trillar.

Pou de sa Platgeta

Un poco más adelante se alza el pozo de sa Platgeta. Se encuentra situado cerca de sa Platgeta, a la derecha del camino, junto al mar.

Presenta un brocal circular con un sistema de pilas y abrevaderos, que en total suman siete elementos. Las dos pilas más antiguas se sitúan encima de la pared, a la izquierda del pozo. Son de piedra viva y están comunicadas entre ellas.

Es Celler

A la izquierda del pozo nace el camino que sube hasta Es Celler, actualmente el Museu de Cabrera, dentro del valle conocido como ses Quatre Quarterades.

Es un testimonio de la colonia Vila Cristina, de la época de Jacinto Feliu. Tiene planta rectangular con tres pisos, comunicados por espacios que dejan ver toda la altura del edificio. Hasta la declaración de Parque Nacional, el edificio estaba en ruinas y prácticamente sólo se utilizaba como almacén; fue restaurado entre los años 1993-94 y desde el 30 de abril de 1996 aloja el Centro de Visitantes de Cabrera, donde se muestra una exposición de carácter histórico y etnográfico, de gran interés y con un enfoque didáctico muy acertado.

Su objetivo es mostrar la naturaleza y la huella humana en la isla. El pequeño museo está dividido en tres secciones: Historia, Etnología y Recursos Naturales.

De la primera sección, destacamos la colección de cerámica púnica y romana. La sección de Etnología tiene tres apartados: la pesca, los usos culturales y las actividades humanas. Los contenidos de los recursos naturales explican el agua, el suelo, la vegetación, la fauna, el paisaje, los recursos marinos y el Parque Nacional de Cabrera.

Monument dels Francesos

Desde es Celler, y por un camino propio muy corto, se accede al cercano Monumento de los Franceses.

Fue levantado en 1847 por la escuadra francesa comandada por el Príncipe de Joinville, en memoria de la estancia trágica en la isla de los prisioneros de Bailén, entre los años 1809 y 1814. Tiene zócalo cuadrado, que aparece cerrado a manera de protección por una barandilla de hierro, con elementos ornamentales. Encima del zócalo se levanta el obelisco. Éste tiene una base cúbica, de la cual arranca propiamente la columna piramidal, rematada por una cruz de hierro. El Archiduque describe el monumento como un obelisco de piedra de Santanyí, de 7,23 m de altura.

Cas Garriguer

En lo alto del Xaragall des Celler y de ses Quatre Quarterades, se encuentran las ruinas de Cas Garriguer, un testimonio más de la época de la explotación agrícola y, especialmente, forestal de la isla, entre finales del siglo XIX y principios del XX.

Esta construcción no es visitable, siendo sólo posible contemplarla desde el camino o desde Es Celler.

Can Feliu y sa Font

Desde es Celler nos dirigimos hasta el camino de bajada hacia sa Platgeta. Desde allí, podemos contemplar Can Feliu, que debe el nombre a uno de los últimos señores de Cabrera. Delante de la fachada principal, en la otra parte del camino, destaca el huerto, cerrado de pared seca y constituido por bancales de buena factura, con rampa lateral de acceso. Es importante señalar que tampoco a esta construcción se puede acceder, aunque se puede pedir permiso en el puerto nada más llegar.

Según Francisca Sunyer, “cerca de la única fuente de la isla, con un agua que manaba sin ninguna prisa, se hacían un par de bancales de huerto…”. Se trata de la fuente de más caudal de toda la isla. J. Vidal i Vaquer escribía, en 1893, que su agua es “muy abundante y tan buena que antiguamente muchas personas la hacían traer a Mallorca para su bebida”. Últimamente se ha transformado considerablemente y han desaparecido los escalones que bajaban hasta la mina, donde muchos prisioneros franceses habían dejado inscritos sus nombres. Presenta mina de pared seca, con cubierta de losas de piedra arenisca en dos vertientes. Tiene un pozo de aireación cerca de la surgencia.

Bellamirada o sa Miranda

El camino que pasa por delante de Can Feliu sube hacia un collado donde está el cruce que, hacia la izquierda, conduce a un punto estratégico, nombrado Bellamirada o sa Miranda, donde está el principal observatorio del parque natural. A él sólo se puede acceder mediante un permiso concedido por el Servei d´Interpretació del Parc, situado en el puerto. Allí nos informarán de los horarios de visita de esta zona.

El camino que desde el cruce avanza más hacia el nordeste es el que llega a s’Olla. Antes, nos introduciremos entre espesos pinares, por la región llamada es Burrí, y pasamos cerca de un horno de cal, el mayor de Cabrera, situado a la derecha del camino. La pared exterior sobresale en la parte de poniente, la más alta, más de 2 metros y medio de altura. La boca, orientada a levante, se encuentra deteriorada y en parte destruida. La cal que se extraía de este horno, y de los otros cuatro que existen en la isla, era transportada a Mallorca para su venta.

Por los alrededores también encontramos dos sitges o carboneras. La primera se sitúa a la derecha del camino de s’Olla y consta de perímetro de piedras encadenadas. La segunda sitja también se sitúa a la derecha del camino de s’Olla, por un sendero propio, que sale después del horno de cal, y es la mayor de Cabrera, con 10’25 metros de diámetro. Separada, hacia el nordeste, hay restos de la barraca de carbonero.

Desde esta cima se puede disfrutar de una inmejorable panorámica del puerto y de gran parte de Cabrera, como l´illa des Fonoll, la Cova Blava, etc.

Far de n’Ensiola

Para llegar al Far de N´Ensiola bajamos el camino hasta sa Platgeta. Desde allí se puede acceder al Faro de n’Ensiola, por un camino asfaltado que pasa por el lado de la cala s’Espalmador y que sube al Coll Roig. Después se desciende hasta el collet de n’Ensiola, se reprende la subida final al faro, con estrechas curvas en zigzag. El camino en este último tramo tiene gran interés constructivo, con marges o muros de sostén lateral.

La belleza paisajística de la región redondea el conjunto. El faro se levantó en 1857 según un proyecto del ingeniero Emili Pou y funcionó, por primera vez, dos años más tarde. Se trata de una réplica del faro de Formentor. El escrito del portal posterior tiene arriba del todo una inscripción que dice: “Reinando Isabel II. Año MDCCCDLVII”. La torre del faro tiene una escalera con noventa peldaños. Hacia 1970 fue automatizado.

La planta ocupa una superficie de 360 m2 y fue construido en piedra de Santanyí. Delante de la fachada del faro está el aljibe, del cual destaca el brocal ubicado en el centro.

Debajo del faro, a la derecha del camino, está el denominado avarador de n’Ensiola. Tiene una entrada empedrada, en parte desparecida. Más arriba, bajo una gruta, el avarador, para subir la barca, muestra todavía restos de peldaños de madera y un interesante rodillo de madera, deteriorado, para estirar y recoger la soga de la barca.

Para subir hasta el Far hay que pedir permiso en el puerto a la hora de llegar a la isla. También hay que tener en cuenta que hay un largo camino hasta llegar a la cima, con lo que hay que medir el tiempo para poder bajar y salir de la isla con la barca.

Na Picamosques

Del faro de n’Ensiola, tenemos que volver atrás por el mismo camino, hacia Cas Pagès y al puerto. Cerca de la playa de s’Espalmador, una horcadura que parte hacia la derecha desde el camino del faro, sube hasta la cima más alta de Cabrera, na Picamosques.

El camino pasa por el horno de cal de s’Espalmador y deja a la derecha la cala de sa Coveta Roja. En esta cala, fuera de camino, muy cerca del mar, se encuentra el horno de cal de sa Coveta Roja, en la parte baja de la vaguada. El acceso por mar es más fácil que por tierra. Mide 7 ’45 m de diámetro exterior; la boca se sitúa en la parte sur, mirando a la vaguada. Una subida suave, siempre por camino, conduce a la cima de na Picamosques, a 172 m de altitud, con un vértice geodésico y los restos de la llamada Casamata. En este caso, también hay un acceso restringido y, para realizar la visita, hay que dirigirse a la oficina del puerto, donde nos informarán de los horarios de vivita.

Cuando abandonamos el magnífico parque, la triste despedida que nos dejó J. P. Pierre Péllissier, uno de los supervivientes franceses de 1814, afortunadamente queda muy lejana:

“Adiós peñascos, adiós montañas,
Isla de exilio y esclavitud
Adiós barracas y adiós playas
¡Era bien era hora de dejaros ya!

Ya no tienen más víctimas para vosotros
Sin ninguna pena huimos de este país
este cielo ardiente y tierras descarnadas
Donde dieciséis mil de los nuestros hemos enterrado”

Restos arqueológicos

A través de la prospección arqueológica del Pla de Ses Figueres realizada en la isla de Cabrera, se han determinado tres fases de ocupación: una de época antigua, una de entre los años 1809 y 1814 (prisioneros franceses), y otra en el siglo XIX o XX.

La fase entre 1809 y 1814 es la que corresponde a la utilización de la isla como prisión de los cautivos franceses que hemos tratado a lo largo de este fascículo. Muchas de las construcciones de esta etapa acabaron arrasando niveles antiguos. Si embargo esto contrasta con el buen estado de conservación de los restos muebles e inmuebles utilizados por los franceses, que según Mateu Riera se debe a dos motivos principales: el poco tiempo transcurrido entre el episodio de los prisioneros y las excavaciones arqueológicas; y, el más importante, los prisioneros al conocer la decisión de su liberación, lo incendiaron todo.

Los prisioneros construyeron una habitación de planta rectangular de nueva planta y reutilizaron tres cubetas de época antigua. En estas estancias se han encontrado numerosos objetos en buenas condiciones que nos dan información sobre la funcionalidad de los espacios.

En la habitación de nueva planta se han encontrado: una gran jarra de agua, una escudilla, dos ollas, lo que parecen dos vasos y tres tapadoras de marés fabricadas por los mismos prisioneros. En la cubeta denominada A (Mateu Riera) se hallaron: dos banquitos sobre los cuales se hacía fuego, una paella metálica, una pan de hierros y bronces (reparadas con grapas de hierro o bronce), cuatro ollas y dos greixoneres. Se ha llegado a la conclusión de que la cubeta A era utilizada como taller metalúrgico.

La cubeta C se cree que fue una especie de almacén ya que se encontraron: una gran estantería hecha de piedras y fango, una olla, restos de algún mueble de madera, dos greixoneres más, un posible cuchillo, una cajita de hierro y un botón de hueso o madera, habas carbonizadas, un cepillo de hueso, una hebilla de de bronce y nueve botones de uniformes militares, es decir, el auténtico tesoro de los soldados que lo utilizaban como moneda de cambio.

La cubeta B se ha considerado como un espacio de paso o vestíbulo, ya que sólo se han hallado dos ollas, además de encontrarse cuatro puertas.