Datos y descargas

Dificultad:
El grado de dificultad es mediano. Requiere un equipo mínimo de excursionismo (botas, mochila, ropa adecuada en la época del año, agua y comida).
Duración:
3 h. (tiempo aproximado de marcha, sin las paradas)
Longitud:
8.5 Km. Desde el punto 1 al punto 3
De interés:
Para conocer la Trapa, debemos efectuar una excursión a pie, una ruta clásica del senderismo en Mallorca. Es recomendable partir con un mínimo de experiencia y entrenamiento en senderismo.
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Introducción

La Trapa, situada al extremo de poniente de la Sierra de Tramuntana, en el municipio de Andratx, constituye un punto paisajístico de primera magnitud. Este valor se completa con un referente histórico, arquitectónico y etnográfico de gran interés. Es, por tanto, un lugar ideal para combinar historia y paisaje, un espacio para gozar de una interpretación integradora del medio.

Los referentes históricos son ciertamente muy concretos: una comunidad monástica trapense, integrada dentro de la religiosidad cisterciense, que a principios del siglo XIX padece los cambios de aquella época: el paso del antiguo régimen al mundo burgués y liberal y la inseguridad producida por la guerra del Francés. La desamortización iniciada en el Trienio Liberal, concretamente en el año 1820, acabó con la experiencia casi ermitaña de esta comunidad, nacida en Mallorca sólo 10 años antes. Nos ha llegado, de todo esto, una herencia patrimonial, con una arquitectura austera y muy degradada por el paso del tiempo, un gran espacio agrícola caracterizado por los bancales y un potente sistema hidráulico. La conversión de este monasterio de montaña en posesión o finca de aprovechamiento rural, es también un tema interesante.

Los monjes trapenses

La orden de la Trapa es una orden monástica católica, caracterizada por su austeridad, cuyos miembros son popularmente conocidos como trapenses. Su origen se encuentra en el siglo XII, en Normandía, en [editar]el monasterio de la Trapa. Fue fundada en el siglo XII por Rotron, conde de Perche, y reformada en 1664 por Armando Juan Boutiller de Rance.

Una vez que fue nombrado un abad regular consolidó en aquel monasterio la primitiva observancia y regla del patriarca San Benito de Claravall, más los usos y costumbres de los padres del Císter.

Esta reforma hecha por Armando se mantuvo hasta 1791 en Francia. En esta fecha, a los trapenses se les impuso abandonar su vida monástica debido a los acontecimientos revolucionarios franceses. Algunos de ellos se fueron a Suiza y otros se quedaron a esperar a si los acontecimientos se calmaban por los territorios franceses. Sin embargo, estos últimos fueron expulsados del lugar.

Estos monjes expulsados se dirigieron a Friburgo (Suiza) y el rector del monasterio trapense suizo les abrió las puertas. Pero viendo imposible acogerlos por mucho tiempo por falta de espacio y de recursos, se enviaron dos monjes comisionados a España, el padre Gerásimo y el padre Juan, para suplicar al rey Carlos IV (1788-1808), la cesión de un trozo de tierra para instalar su monasterio.

En Madrid se colocaron bajo la protección del duque de Hijar, por el cual presentaron al rey un memorial con la citada solicitud. El rey accedió a darles la granja de Santa Inés en Murcia. El abad suizo envió entonces hacia España diez religiosos para la Fundación Española el 2 de Febrero de 1794.

Pero como la granja había pertenecido a los jesuitas y era de gran valor los monjes negociadores dejaron en suspenso la concesión y los monjes llegados a Suiza que se habían instalado en Reus con los padres franciscanos fijaron su residencia en una ermita llamada La Misericordia a poca distancia de Reus al enterarse del suspenso de la concesión.

Las negociaciones para que estos sesenta y cuatro monjes trapenses tuvieran tierras propias para instalarse prosiguieron y el vicario general de Aragón propuso el monasterio de Escarpe la cesión de un priorato que tenía en las inmediaciones de las villas de Maella y Fabara, y el monasterio convino desde luego a la cesión y aunque el edificio estaba en malas condiciones se mandó a gente para arreglarlo y su puesta en funcionamiento el día 4 de enero de 1796.

Además de fundarse el monasterio de Valle Santa en Friburgo (Suiza), se establecieron: uno en España, otro en Westfalia, otro cerca de Turín, dos en Valais y otro en el ducado de Norfolk en Inglaterra.

Más tarde se fueron fundando otros monasterios en el territorio español como: San Isidro de Dueñas (Palencia), Osera (Orense), Viaceli (Cantabria), San Pedro de Cardeña (Burgos) i La Trapa (Mallorca).

De Sant Elm a la Trapa

Partimos de Sant Elm, junto el pequeño muelle de Sa Dragonera y la plaza de na Caragola. Por la calle denominada de Cala en Basset, pasamos un puente sobre el torrente d’en Marcó y llegamos a la plaza de Mn. Sebastià Grau. Continuamos por el vial de la derecha, llamado Avenida de la Trapa, una calle asfaltada de la urbanización que constituye una prolongación del área urbana de Sant Elm, hacia Can Tomeví. Cinco o seis minutos más adelante, se acaba el asfalto y continúa un camino de carro, que es amplio y llano.

Diez minutos después, ya con vistas sobre Can Tomeví, llegamos a una intersección que seguimos hacia la derecha, en dirección a estas casas cercanas, que se encuentran actualmente muy descuidadas. Poco después, nos encontramos con un importante cruce de caminos. Recto, discurre el camino llamado de la Punta de sa Galera, que enlaza con el camino del Puig d’en Farineta y con el camino de s’Arracó; a la derecha, observamos una casa. Giramos hacia la izquierda, en dirección a Cala en Basset, por camino llano y entre pinos. Cuatro minutos después, dejamos el camino llano, con unos pequeños pilones al lado, y empezamos a subir por la derecha, por el camino que asciende a la Trapa.

La subida es muy directa, en pendiente muy inclinada, con pinos y ejemplares de palmito. El ascenso salva un importante desnivel y a cada metro nos ofrece una panorámica más amplia. Al cuarto de hora de subida, contando algún minuto para recuperar el aliento, atravesamos un pequeño collado que nos permite ver la cala en Basset, mientras que a nuestra derecha se alza un muradal rocoso. El camino serpentea hasta un cercano collado, que cuenta con aliagas. Continuamos por un tramo llano, con pared de piedra seca a la izquierda. A seis o siete minutos del anterior collado, llegamos a un punto en el que el camino atraviesa un paso entre rocas y acantilados. En este lugar quedan aún las actuaciones de Foment de Turisme, que ya hace décadas arregló este camino, en forma de escalones que permiten superar las rocas.

Esta subida, entre escalones y acantilados, que realizamos con la máxima atención, nos sitúa sobre un mirador natural que nos muestra, hacia el sur, el núcleo urbano de Sant Elm y, más cerca, cala en Basset con su valle. La torre d’en Basset se puede ver ahora con más detalles, con la Dragonera como telón de fondo. Además, al otro lado del collado, continuando por el camino, se nos abre ya la vista sobre la Trapa. Desde aquí, es como un valle de Josafat, como una Hesperia mítica, en manos de un voluntarioso y luchador grupo ecologista.

Queda la última parte del recorrido antes de llegar al antiguo monasterio, tramo que presenta un descenso corto, con buena visión sobre la Trapa. Seis minutos más abajo, nuestro sendero enlaza con el camino ancho que proviene del collado de les Ànimes. Ahora por camino ancho, hacia la izquierda, inmediatamente llegamos a la Trapa.

La Trapa

La finca tiene una extensión de 104 cuarteradas y las casas se encuentran a una altura de unos 270 metros, aproximadamente. La cota máxima de altitud viene dada por el monte de la Trapa, de 472 metros. Actualmente la finca es propiedad del Grup Ornitològic Balear, que trabaja por la conservación de este espacio natural.

El edificio principal acogió, entre los años 1810 y 1820, el antiguo convento de monjes trapenses. Los trapenses son una de las familias de la orden Benedictina, y más concretamente de la comunidad del Císter, muy característica por la dureza de su vida: observaban la norma del silencio, la comunicación era por gestos y sólo se hablaba en caso de total necesidad y delante del abad; no comían ni carne, ni pescado, ni huevos y la leche les estaba prohibida en muchas ocasiones; dormían vestidos sobre una dura cama, trabajaban y rezaban mucho y no podían relacionarse con gente externa a la comunidad.

Con la Revolución Francesa de 1789 comenzó el éxodo de los trapenses, unos hacia Suiza y otros hacia España. Los trapenses del monasterio de Santa Susanna de Maella, frente a la guerra del Francés, llegaron a Mallorca en el año 1810 y, gracias al canónigo Pere Roig ocuparon estas tierras. Un año más tarde, por disposición testamentaria del Dr. Roig, pasaron a ser los propietarios.

Felipe Ximénez de Sandoval cuenta el éxodo trapense a Mallorca, cuando a finales de 1809, los monjes pensaban trasladarse a Mallorca: “Como en el maravilloso suelo mallorquín no habían puesto pie los invasores – por tener Napoleón todas sus fuerzas navales dedicadas al bloqueo de las Islas Británicas y no querer exponerse a los riesgos de un desembarco -, los trapenses sin hogar soñaban con la isla Dorada como con una nueva tierra de promisión para sus espíritus indómitos y sus cuerpos maltrechos. El reverendo Padre Fructuoso, que había sustituido a Don Ildefonso en la máxima autoridad abacial, encomendó a don Pedro Roig, canónigo doctoral de la catedral palmesana, la compra de un terreno en lugar solitario y despoblado donde refugiarse. Recibida la noticia de haberlo hecho en el valle de San José de la Palomera y obtenida la promesa de las autoridades y el vecindario de Maella de proteger en cuanto les fuera posible las instalaciones de Santa Susana, el padre Fructuoso dejó a algunos donados sin hábito con el encargo de defender los derechos de la Comunidad sí llegaba el caso, y al frente de ocho sacerdotes y treinta y dos conversos, emprendió el 4 de febrero de 1810 una peligrosa marcha a través de un territorio accidentado por el que pululaban guerrillas españolas y destacamentos franceses del Cuerpo de Ejército de Suchet, para buscar un puerto de la costa valenciana en donde fletar un barquichuelo que les condujera a la soñada isla. Su intención era entregarse con mayor rigor que nunca a la contemplación y la penitencia por los pecados de una humanidad envenenada de crueldad y odio, y aguardar el final de la guerra. El 15 de mayo de 1810 llegaban al puerto de Palma de Mallorca los trapenses. En el mes de junio se trasladó la Comunidad al lugar elegido por el canónigo Roig. El valle de San José de la Palomera era un lugar solitario y muy a propósito para un monasterio de la Estrecha Observancia cisterciense. El paraje era muy pintoresco y abrupto, pero difícil para el cultivo y labor. No obstante, los trapenses proscritos considerarían el ostracismo en Mallorca como la última etapa hacia el cielo, ya que, sin dejar de ser tierra, Mallorca tiene ya mucho de paraíso”.

La comunidad fue formada por 8 monjes presbíteros y 32 laicos, y pronto comenzaron las obras de adaptación del lugar a sus necesidades: construyeron la capilla y los talleres, los bancales y las minas de la fuente. Mientras duraban las obras, vivían en parte de la caridad de los núcleos de población, relativamente alejados. Para tal actividad se instituyó la figura del captador de limosnas, conocido con el nombre de “fraile del pan”, que era el único que entraba en contacto con la otra gente, y por este motivo debía vivir en una cabaña solitaria, lejos del monasterio, entre el collado de les Ànimes y Ca la Sanutges.

Las visitas a los trapenses por parte de la gente externa eran escasas con motivo de su vida retirada del mundo. El clérigo e historiador Josep Barberí Santceloni (1766-1826), visitó la Trapa el 26 de junio de 1811; en la reseña que dejó escrita afirma que es un “paraje muy solitario frente a la Dragonera; todo respira pobreza, silencio, penitencia y mortificación”.

El presbítero e historiador del Pariatge, Josep Ensenyat Pujol, recoge la noticia de un joven sacerdote que quería entrar como novicio en la Trapa; el cura se dirigió al representante de los trapenses en Andratx, Mn. Bernat Terrades, y le pidió instrucciones para solicitar el ingreso en la comunidad, y un guía para acompañarlo al monasterio. Pese a los intentos de disuasión por parte del Dr. Terrades en relación a los proyectos del joven sacerdote, éste insistió y fue acompañado a la Trapa por el joven Bernat Pujol —Juanillo- de Andratx, quien visitaba la Trapa con frecuencia. El guía acompañó al cura hasta el collado de les Ànimes desde donde ya se vislumbra el cenobio trapense. La despedida entre los dos personajes parece extraído de una novela romántica: “No llevando el sacerdote ni dinero ni cosa alguna con que recompensar el servicio que acababa de prestarle el guía, se quitó un medallón de plata con una Vera Cruz que llevaba pendiente del cuello y se lo entregó diciendo que era la recompensa y lo único que le quedaba para dar”.

El abandono definitivo de la Trapa se produjo en el mes de diciembre de 1820, a raíz de una ley del gobierno liberal de Riego que suprimía las órdenes monásticas. Los edificios y las tierras fueron cedidas a la Casa de la Misericordia y con la desamortización de Mendizábal (1835), pasaron a depender de la Diputación Provincial. En marzo de 1853, la Diputación subastó la finca. Fue comprada por Segismund Morey. Algún tiempo después se volvió a vender y la adquirió Gabriel Ros de la Calatrava.

El monasterio abandonado fue convertido en casas de posesión. Por este motivo sufrió grandes cambios y adaptaciones que desvirtuaron el carácter inicial. Con el tiempo, ya entrado el siglo XX, también se abandonó la posesión y la ruina reinó en esta región.

Actualmente el conjunto arquitectónico de la Trapa se encuentra en proceso de reconstrucción y rehabilitación. En las casas se pueden ver restos de las celdas, de los talleres de los monjes (herrería, carpintería y telar), un horno y otras dependencias. La antigua capilla tiene una sola nave, cubierta con bóveda de cañón, actualmente con las obras de restauración muy avanzadas. La iglesia estaba presidida por la imagen de la Virgen de la Trapa, que actualmente se conserva en la iglesia parroquial de s’Arracó.

La explanada de la fachada principal está presidida por un magnífico ejemplar de bella sombra (Phytolacca dioica). Desde el punto de vista de la ingeniería popular, uno de los elementos más notables es el sistema de paredes de piedra seca y bancales que, además, configuran la parte más visible del paisaje humanizado de la Trapa. Todo el valle de Sant Josep se encuentra lleno de paredes de piedra seca, generalmente en forma de “U”, en disposición paralela, para adaptarse a las condiciones geomorfológicas del lugar y aprovechar de esta forma el máximo espacio posible para las labores agrícolas. Se pueden diferenciar las paredes más elaboradas, con piedras cortadas, y unas trabajadas más rudamente, con técnica menos elaborada.

El sistema hidráulico constituye un complejo sistema de filtración y captación de agua. Partiendo de la zona de los bancales de mayor superficie, que tienen mayor capacidad de absorción de las aguas de lluvia o de correntía, estas se filtraban hacia las minas de captación que se habían realizado bajo los bancales. El agua llegaba a la mina inferior como si de una fuente viva se tratara. Frente al edificio principal, al otro lado de las paredes de piedra seca que bordean la coma, se localiza un molino de sangre (molino de tracción animal), movido por la fuerza de una mula. Más adelante, continuando por el mismo camino del molino, se encuentra una enorme era. Junto a la era encontramos un mirador que nos ofrece un paisaje magnífico. Desafía un alto acantilado, con una pequeña pared de protección, que da directamente al mar. La isla de la Dragonera domina la panorámica. Al fondo podemos ver cala en Basset. Su nombre se encuentra ya documentado en el año 1252 y proviene de Bernat Basset, propietario de la alquería de la Palomera. Sobre la cala, en el cabo rocoso, denominado punta de sa Galera, se distingue la torre de defensa, que fue construida en el año 1583.

De la Trapa a s’Arracó

Desde la Trapa, salimos hacia s’Arracó, por el valle de la Palomera y el collado de les Ànimes. Es un camino de carro o pista forestal que sube con un fuerte desnivel. Un poco más arriba, a unos once o doce minutos de la Trapa, dejamos a la izquierda el camino de ses Basses y de la carretera de Estellencs (Ma-10) y continuamos subiendo por la pista. En cinco o seis minutos más de ascenso, alcanzamos el collado de les Ànimes, también llamado collado de la Trapa, con parte del camino cimentado y con el vecindario de las peñas alterosas. La vista sobre la Trapa y la Dragonera es espectacular. Comenzamos a bajar hacia la zona llamada Cala Sanutges y el valle de la Palomera, por la misma tipología de pista forestal, incómoda para ir a pie.

Unos diez minutos más abajo del collado, llegamos a un punto interesante, la denominada caseta del Frare des Pa (fraile del pan), el único trapense que podía tener contacto con la gente, porque captaba comida; tiene cubierta de una crujía y portal de dintel de madera. A la izquierda, hay una presa para retener el agua del torrente. Más abajo, a la izquierda según gira el camino, engolada dentro del torrente, observamos otra presa. La zona llamada Cala Sanutges nos muestra difíciles laderas repletas de bancales con alguna barraca. Camino abajo, a unos doce minutos de la caseta, aparecen los pinos y franqueamos una cadena que cierra el acceso a la Trapa en coche. Vamos bajando, ahora más pausadamente, mientras los pinos van dominando el escenario. A unos dieciocho minutos de la cadena, el camino se dota de doble pared de piedra seca para franquear la torrentera, mientras aparece una casa a la izquierda. Tres minutos después, ya con la bajada finalizada, llegamos al denominado collado dels Cairats, que acoge una bifurcación importante; observamos el rótulo que nos indica que por donde hemos descendido discurre el camino del Coll des Cairats. Dejamos a la derecha el camino de la Punta de sa Galera que conduce a Can Tomeví y giramos a la izquierda, por el camino de la Font des Morers.

Dos minutos después de la intersección, observamos a la izquierda una caseta, seguida del camino del collado dels Coloms. A la izquierda se alzan también las peñas altísimas del monte d’en Farineta, con interesantes aspectos geológicos. Por el camino plano, avanzamos con pinos a la izquierda y almendros a la derecha. Algunos minutos más adelante, atravesamos un torrente, en una zona sombría con cañas y murtas. En el próximo cruce, dejamos a la derecha el camino de Can Bolei y vamos por la izquierda. Después de una pequeña subida, llegamos al acceso de las casas de la Font des Morers, que quedan a la izquierda. Dos minutos después, dejamos a la izquierda un caminito que permite subir al monte d’en Farineta y continuamos por el camino ancho y llano y, a diez minutos de la Font des Morers, tras dejar una casa a la izquierda, llegamos a la carretera principal (de Andratx a Sant Elm), con un cartel indicador de las rutas a la Trapa. Otro cartel anuncia: “S’Arracó 1,6 km. Sant Elm 2,4 km”. Por la izquierda, alcanzamos el collado de la Palomera y, en dos minutos de descenso, comparece el cementerio de s’Arracó, a poco más de un kilómetro de la población.