Datos y descargas

Dificultad:
Fácil, a pie.
Duración:
1 hora y media aproximadamente, ya que la visita se efectúa por el centro de Palma.
Longitud:
3,5 kilómetros aproximadamente.
De interés:
Es una ruta que se puede realizar cualquier día, en cualquier momento, ya que es un trayecto corto y rápido por las calles del centro de Palma.
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La Guerra Civil española

Para comprender los acontecimientos que llevaron al estallido de la Guerra Civil, se debe conocer el convulso panorama político español, que se había estado gestando ya desde el siglo XIX (guerras carlistas, I República, etc.) y que llegó a su cénit en la siguiente centuria. El rey Alfonso XIII abandonó España ante la falta de apoyo popular en las elecciones municipales de 1931. Se proclamó la República y se convocaron elecciones en las que triunfaron las izquierdas republicanas y obreras (el PSOE resulta el partido con más diputados en las Cortes): se inició así el Bienio Progresista. Sin embargo, el fracaso en la aplicación de unas nuevas leyes de alto contenido social provocaron una serie de levantamientos anarquistas en 1933, que provocaron la caída del Gobierno y la celebración de elecciones anticipadas en 1933.

La CEDA, partido derechista, ganó estas elecciones, pero el Presidente de la República no les permitió formar gobierno, por lo que lo acabaron formando los radicales de Alejandro Lerroux (presidente de la II República), con el imprescindible apoyo de la CEDA, empezando así el gobierno de centro derecha.

La CEDA exigió su participación en el gobierno. Se nombraron tres ministros de la CEDA, pero este nombramiento (constitucional) no fue aceptado ni por la izquierda ni por los nacionalistas. ERC (Esquerra Republicana de Catalunya) proclamó desde Barcelona el Estado Catalán y UGT declaró una huelga general revolucionaria, lo que provocó la Revolución de 1934 y la proclamación desde Oviedo de la República Socialista Española. La situación quedó rápidamente dominada por el Gobierno, el cual reprimió duramente la sublevación y se inició una fuerte represión.

La mala administración hizo caer al Gobierno y se convocaron nuevas elecciones, que acabaron ganando el Frente Popular. Poco tiempo después, basándose estrictamente en una norma sobre la disolución de las Cortes, fue destituido el Presidente de la República, Alcalá-Zamora.

Durante la Segunda República, la polarización de la política española que se inició a finales del siglo XIX alcanzó su súmmum y convivieron los extremos en todos los campos.

Todo este trasfondo político hizo que, durante la Segunda República, el clima social fuera muy tenso, la inseguridad ciudadana muy alta y los atentados de carácter político o anticlerical una lacra para el país.

Entre febrero y julio de 1936 se produjeron grandes disturbios en la calle. El 14 de abril de 1936 acabó con la muerte del alférez De los Reyes en el desfile de conmemoración del Quinto aniversario de la República, presidido por Manuel Azaña. El entierro constituyó una excusa para que la derecha se echase a la calle para protestar efusivamente; la comitiva acabó por provocar trifulcas, tiroteos. Tras una serie de atentados en los que fenecieron miembros de ambas partes, la madrugada del 13 de julio de 1933, un grupo de guardias, al no encontrar en su casa a Gil-Robles (Frente Popular), mataron a José Calvo Sotelo, quien era miembro de las Cortes y líder de la oposición al Frente Popular.

Este crimen convenció a los militares a dar un golpe de Estado, entre ellos, a Franco. Este golpe de Estado estaba preparado para julio tiempo atrás, contando con el apoyo de la Falange y, de los movimientos conservadores y católicos. El levantamiento acababa de comenzar.

El conflicto asoló el país entre el 17 de julio de 1936 y el 1 de abril de 1939, concluyendo con la victoria de los rebeldes y la instauración de un régimen dictatorial de naturaleza fascista, acaudillado por el general Francisco Franco.

Cuando se produjo el golpe de estado contra la República, Mallorca quedó en el bando que apoyó a las fuerzas sublevadas. Este golpe en la isla fue liderado por el general Goded. El 19 de de julio de 1936 éste publicó un bando que declaraba el estado de guerra en las Islas, que destituía a todas las autoridades republicanas y que amenazaba a los posibles rebeldes con la pena de muerte. Los soldados y falangistas fueron ocupando las principales instituciones: Govern Civil, Ajuntament, Diputació, Casa del Poble, centros de telecomunicaciones, estaciones de ferrocarril, etc. También en los pueblos sucedió lo mismo, los sublevados ocuparon los principales cargos dirigentes e instituciones pertinentes. En pocos días el “Movimiento” quedó consolidado con éxito, sin que, en un principio, hubiera tantos enfrentamientos como en otros lugares de la Península. Sin embargo, la población no era consciente de lo que sucedería después. Ante algunos focos de oposición contra los insurgentes y, especialmente, después del desembarco de Bayo, se emprendió una acción represiva muy dura que marcó los acontecimientos hasta 1939.

Palacio de la Almudaina

Empezamos el itinerario en el Palau de l’Almudaina, antigua sede de la Comandancia Militar de Baleares. Situado enfrente de la Catedral de Mallorca.

La madrugada del 19 de julio, el General Goded dio por escrito a los jefes militares la orden de salir a la calle, “según está ordenado”, a las 7 ’30 h. El general partió en avión hacia Barcelona, a las 10′ 30 h, para hacerse cargo de la rebelión a la capital catalana, pero fue derrotado y ejecutado poco después.

El oficial de artillería Tejada explica que recibió la orden de actuar a las 7 y que reunió a la tropa y la arengó con éxito. Una escena parecida debió tener lugar en los otros cuarteles. A las 7’30 de la mañana, un piquete de Infantería, comandado por el capitán Ramon Fortuny, leyó delante de Capitanía -entonces denominada Comandancia Militar- el bando del General Goded, por el cual declaraba el estado de guerra en las Islas Baleares. En el manifiesto se incluían las siguientes disposiciones:

Artículo 1º.- Se declara el estado de Guerra en todo el Archipiélago Balear.

Artículo 2º.- En defensa de la patria asumo el Mando absoluto en todo el Archipiélago quedando destituidas todas las autoridades civiles.

Artículo 3º.- Resuelto a mantener inflexiblemente mi autoridad y el orden, será pasado por las armas todo aquel que intente en cualquier forma, de obra o de palabra, hacer la más mínima resistencia al movimiento salvador de España.

Con igual ejemplaridad se castigará el más ligero intento de producir huelgas o sabotajes de cualquier clase y la tenencia de armas, que deben ser entregadas inmediatamente en los cuarteles.

Artículo 4º.- Todos los soldados que disfruten permiso deberán incorporarse inmediatamente. Asimismo se incorporarán inmediatamente a sus puestos todos los soldados (…) pertenecientes a los reemplazos de 1931 a 1935, ambos inclusive…

Palma de Mallorca, 19 de julio de 1936

El Comandante Militar de Baleares: Manuel Goded

Plaza de Cort

Por la calle del Palacio Real, nos dirigimos hacia la plaza de Cort, donde se sitúa en Ayuntamiento de Palma.

En el edificio de la Casa Consistorial o Ayuntamiento, un pequeño detalle en forma de agujero o impacto de bala testimonia el inicio de la Guerra Civil. El orificio se encuentra en la puerta del portal de la izquierda de la fachada principal del Ayuntamiento; es la señal que ha perdurado de la bala que atravesó la madera de la puerta y continuó dentro del vestíbulo. Éste es un recuerdo del tiroteo que se produjo el 19 de julio de 1936 en la calle de Colom y en la plaza de Cort, en el que resultaron muertos el falangista Joan Barbarà y el capitán de artillería Josep Puig. Como afirma Massot i Muntaner, el día 19 de julio, “los únicos incidentes que tenemos registrados en Palma son un tiroteo en la plaza de Cort, debido a una confusión de los sublevados mismos, que produjo muertos y heridos entre militares y falangistas, y algunas heridas por arma de fuego o por culatazo atendidas en la Casa de Socors”. Los sublevados aprovecharon este episodio para inculpar a las fuerzas del Frente Popular.

Plaza Joan Carles I

De la plaza de Cort, descendemos las escaleras del Pas d’en Quint, pasamos por la calle de Sant Nicolau y, por la calle Brondo, llegamos a la plaza de Joan Carles I (plaza de las Tortugas).

En la esquina de la plaza con la calle de la Unió, cerca del Bar Bosch y delante del Casal Balaguer, estaba el edificio llamado Can Brondo, hoy desaparecido. En 1936 era la sede del Gobierno Civil. El 18 de julio por la mañana ya llegó a las Islas la noticia del “pronunciamiento” de Marruecos. El Gobierno Civil tomó inmediatamente algunas precauciones, que resultaron inútiles: interrupción de las comunicaciones telegráficas y telefónicas con la Península, alejamiento de los pilotos militares, interrogatorio de Goded, contactos con los jefes militares.

El gobernador civil de las Baleares, el escritor madrileño Antonio Espina -que había tomado posesión de su cargo el día 10- llamó a su despacho al general Goded para preguntarle si el Gobierno de la República podía contar con su adhesión. Goded contestó: “No faltaba más ¡naturalmente”! y Espina se dio por satisfecho. Como dice Josep Massot i Muntaner, los representantes del Frente Popular de las Baleares, inquietos por la marcha de los acontecimientos, acordaron manifestar su adhesión a la República y dirigir un llamamiento a todos los ciudadanos, “a los republicanos y a los obreros, y en general a todos los trabajadores libres” para que estuvieran dispuestos con toda energía y en cualquier terreno a defender el régimen republicano contra un posible intento subversivo y reaccionario de los enemigos de la República y del pueblo. Pidieron armas a Espina, en previsión de un levantamiento de los militares y de las fuerzas de la derecha, pero el gobernador respondió que tenía fuerzas suficientes para garantizar el orden y que Goded le había dado palabra de honor de mantenerse al lado del Gobierno legalmente constituido.

Pocas horas más tarde, estos mismos efectivos, sorprendidos por la declaración de estado de guerra, tuvieron que huir o esconderse. A las 5 de la mañana del 19 de julio, desde su despacho, Espina dio la orden de declarar una huelga general de protesta. Pero poco después de las 7:30 h. fue detenido por los militares y trasladado al fuerte de Sant Carles. Goded recomendó a García Ruiz que respetara la vida de Espina, y fue internado en el Hospital Psiquiátrico, dado por loco.

Gran Hotel

Desde la calle de la Unió nos dirigimos al Gran Hotel por la plaza del Mercat. Los aviadores italianos tenían su cuartel general en este edificio modernista, inaugurado en 1903.

En octubre de 1936 debieron permanecer un centenar de aviadores y mecánicos italianos, instalados en el edificio. Eran los tripulantes de los aparatos bombarderos Savoia Marchetti SM-79, «esparvers» (gavilanes) les llamaban, trimotores. Rapidísimos para aquel tiempo, velocidad de crucero en torno a 400 km por hora, lo cual hacía que, dándose más prisa que los cazabombarderos de la República, sembraran de bombas con impunidad todo el Levante de la Península. Valencia, Cartagena, Tarragona, Barcelona fueron bombardeadas por aviones con base en Mallorca, hecho que causó miles de muertes y enormes destrozos.

La presencia de estos aviadores tuvo un peso decisivo en la derrota de la expedición de Bayo y en el resultado final del conflicto en Mallorca. Según fuentes italianas de la época, nos consta que de enero de 1937 a noviembre de 1938 los aparatos legionarios había realizado 19.191 vuelos con un total de 29.275 horas de vuelo, durante los cuales fueron lanzados 2.843.775 kilos de explosivo, se llevaron a cabo 50 combates aéreos y, realizados 1.207 reconocimientos y 3.187 bombardeos; serían tocados 199 barcos enemigos, 32 aviones republicanos abatidos en combates aéreos y 22 destruidos durante el bombardeo de campos de aviación.

Vía Roma

Pasamos por la Rambla, denominada desde abril de 1937 Vía Roma, en reconocimiento al régimen mussoliniano. Las esculturas de los dos romanos que presiden el paseo, esculpidos por Horacio de Eguía a partir de unos originales provenientes del antiguo museo de Raixa, recuerdan este hecho.

Por otra parte, la Rambla en la obra de Georges Bernanos (París 1888-1948) titulada Les grands cimetières sous la lune, se menciona esta vía como testimonio del “último viaje” de muchos represaliados: “He visto allí bajo, en Mallorca, pasar por la Rambla camiones cargados de hombres. (…) Los arrestaban cada noche en las aldeas perdidas, a la hora en que volvían del campo; partían hacia el último viaje, con la camisa pegada a los hombros a causa del sudor, con los brazos todavía llenos del trabajo de la jornada, dejando la sopa servida sobre la mesa y una mujer que llega demasiado tarde en el umbral del jardín, muy sofocada, con el hatillo bien apretado dentro del pañuelo nuevo: ¡Adiós! ¡Recuerdos!”

Escuela de Artes y Oficios

De la Rambla, llegamos a la Avenida de Alemania -otro topónimo motivado inicialmente por el homenaje a las potencias del Eje- y, en la plaza del Institut Balear, localizamos la Escola d’Arts i Oficis.

A partir del mes de octubre de 1936 se celebraron gran número de consejos de guerra, que se alargaron durante algunos años después de acabar la guerra. Buena parte de los consejos de guerra se celebraron en la Escola d’Arts i Oficis. Estas actuaciones, por supuesto sin ninguna garantía jurídica, actuaron contra todos los delitos previstos en el bando de declaración de guerra del general Goded y en el bando complementario del coronel Díaz de Freijó del 23 de julio de 1936.

Como dice Massot i Muntaner: “No se liberaron ni los mismos militares sublevados: Díaz de Freijó, Ramos Unamuno y otros jefes y oficiales fueron juzgados por orden de Franco y encarcelados, acusados de poca energía delante de Bayo y de negligencia y desorganización en el mando. La mayoría de consejos, sin embargo, se dirigieron contra las personas acusadas de desafección o de colaboración con los enemigos y siguieron la pauta habitual en toda la España “nacional”, donde, por una pirueta jurídica incalificable, las acciones realizadas durante la República y durante la guerra en defensa del gobierno legítimo, se convirtieron en delitos de rebelión dignos de ser castigados, a menudo con las máximas penas. En Mallorca en concreto, se dieron unas trescientas penas de muerte”.

Uno de los consejos de guerra más destacado acabó el 16 de febrero de 1937 con la condena a muerte y el fusilamiento, en el cementerio de Palma, el 24 de febrero de 1937, de Emili Darder, Alexandre Jaume, Antoni Ques y Antoni Mateu.

Avenida Joan March

Continuamos por las Avenidas y llegamos a la Avenida de Joan March, donde se encuentra el cine Augusta.

Este edificio ocupa el antiguo emplazamiento del almacén de madera llamado Can Mir. Entre septiembre de 1936 y enero de 1941 Can Mir fue la principal prisión de Mallorca. Resulta imposible saber cuántas personas pasaron por este centro -conocido oficialmente como la Presó Estacions-, a causa de su extraordinaria movilidad. D. Ginard calcula el número de detenidos en un millar, como media. Los presos se tumbaban en el suelo o en colchones, dejando, entre las diversas filas, un pequeño pasadizo.

Como recuerda Josep Massot i Muntaner: “En la prisión de Can Mir, las noches de muchos días del primer trimestre de 1937, hacia las 9 era leída una lista alfabética de unos diez presos, que eran conducidos a un centro policial y puestos oficialmente en libertad; de ninguno de ellos no se ha sabido nunca nada más”.

A mediados de 1937 se produjo una cierta normalización, ya que se acabaron las “sacas” que hasta entonces habían tenido lugar en Can Mir o en el castillo de Bellver, y que cada noche causaban diversas víctimas. También existió una prisión de mujeres, situada en las Hermanitas de los Pobres, cerca de la actual biblioteca pública Can Sales.

Calle Reina Maria Cristina

Si del cine Augusta avanzamos por la calle Reina Maria Cristina, en el nº. 15 se localiza uno de los numerosos refugios civiles antiaéreos que se construyeron en Palma para proteger la población de los ataques aéreos. Es un corredor estrecho, que desciende hasta tres metros, con entrada por un portal situado bajo la escalera y un total de 24 peldaños. El interior mide poco más de 70 cm de anchura y hacia 1’90 m de altura. En el fondo, una escalerilla de peldaños de hierro permitía llegar a la salida de emergencia, en el corral de la casa. Según testimonio de la señora Joana Villalonga, hija del constructor del refugio, muchos días, a las 6 de la mañana, ya era habitual oír las sirenas que anunciaban los aviones, y descendían al refugio. Entraban los de la finca, vecinos próximos y gente que pasaba por la calle.

En la misma calle Reina Maria Cristina, esquina con la calle de Sanchis Guarner, está el solar de la antigua Casa del Poble. El edificio fue un donativo de Joan March al Partido Socialista y a las sociedades obreras. El local fue ocupado por los sublevados el mismo 19 de julio y saqueado inmediatamente. Fueron detenidos destacados militantes socialistas y comunistas que se habían refugiado, como Aurora Picornell. El edificio fue convertido en sede de la Falange, de la misma manera que el local de Esquerra Republicana Balear, en el Borne, fue ocupado por la Sección Femenina. Cuando era cuartel general falangista, pasaban por allí los detenidos, que sistemáticamente eran vejados y torturados. El edificio fue derribado el año 1975 y, desde entonces, sólo queda un solar fantasmagórico.

Estación del Tren

Vamos hacia la Estación del Tren, situada en la plaza de España, para recordar la huelga general del 19 de julio. Las organizaciones obreras y de izquierda, como defensa contra el golpe de estado, habían declarado una huelga general, que el día 19 se notó en Palma -aunque era domingo-, y, que Goded y García Ruiz quisieron hacer abortar por todos los medios posibles.

El mismo 19 de julio los soldados del Regimiento de Artillería se ocuparon de vigilar los servicios de autobuses y tranvías, “obligando a los obreros reacios a salir de grado o por la fuerza y consiguiendo dar a las pocas horas la sensación de normalidad en aquellos servicios que, gracias a estos trabajos, no se interrumpieron ni un solo instante”, y se apoderaron de “las cuatro centrales de luz y fuerza, conminando al personal obrero a no hacer resistencia y obligando a la reacción y a reanudar el tráfico, lo que se consiguió después de dominar algunas rebeldías y realizar algunas detenciones, quedando desde aquel momento militarizadas las centrales”.

En días sucesivos, “hasta la completa normalización de la ciudad” continuaron estos servicios de vigilancia, “dominándose algunos focos de rebeldía en fábricas y cocheras, deteniéndose a sospechosos y vigilando especialmente los lugares de posible reunión de los rojos”.

Puerta de Sant Antoni

Por las Avenidas nos dirigimos a la Puerta de Sant Antoni, esquina con la calle de la Herrería.

El bombardeo del 7 de diciembre de 1937 fue uno de los más graves que sufrió Palma. El efecto más demoledor se concentró en la Puerta de Sant Antoni y sus alrededores. Destruyó todo el edificio situado en la esquina de la Porta de Sant Antoni con la calle de la Ferreria, incluida la farmacia de la planta baja. Hubo 7 muertos y 40 heridos. Los aviones republicanos se enfrentaban a un nido de ametralladoras, situado en la finca de Casa Cros (Avenida — Calle de Manacor). En una incursión anterior, el 7 de octubre, intervinieron 16 aviones. Fue tocado el monasterio de Sant Jeroni: destruyó la Sala Capitular y mató a dos monjas.