Datos y descargas

Dificultad:
Moderada
Duración:
2 horas, si se visita el interior del recinto del cementerio.
Longitud:
2 kilómetros aproximadamente.
De interés:
Poder descubrir una de las joyas del Modernismo mallorquín de clara influencia gaudiniana. Visitar un auténtico museo de esculturas modernistas, el cementerio de Sóller (Son Sang).
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Introducción

Sóller, junto con Palma, es uno de los centros urbanos donde se concentra mayor número de edificios modernistas. Debemos relacionar este fenómeno con el proceso migratorio a partir de 1865 a causa de la filoxera que afectó al cultivo de cítricos, importante fuente de riqueza para la villa. Estos emigrantes volvieron a su tierra natal del Sur de Francia, Bélgica, Suiza… introduciendo muevas ideas de progreso, entre ellas, al estilo artístico imperante entre finales del siglo XIX y principios del XX, el Art Nouveau.

Se construyó un significativo número de edificaciones de tipo residencial de carácter modernista, historicista y regionalista, que transformaron considerablemente el aspecto urbano de Sóller, dotando al municipio de la especificidad que lo caracteriza en la actualidad, testimonio de una época próspera. Sus dueños e impulsores pretendían mostrar su nuevo estatus social y su modernidad al resto de la población.

El modernismo en Sóller se caracteriza por seguir la tendencia floral de un Art Nouveu francés o de un estilo Sezession vienés y de un estilo claramente gaudiniano. Una línea caracterizada por su ritmo orgánico, ondulante y ornamental siguiendo los caprichos de la naturaleza. Todo esto lo veremos reflejado en un arte total que afecta tanto al conjunto del edificio, como a cada uno de los detalles que alberga, como la cerámica vidriada, baldosas, jardines, rejas, escultura aplicada, etc., dotando a la villa de un gran colorismo y viveza.

Situación socioeconómica de Sóller en los siglos XIX y XX

El municipio de Sóller toma su nombre del topónimo de origen árabe Sûlyâr. Se encuentra en un profundo valle en la serra de Tramuntana, muy fértil y con abundancia de agua para el cultivo de huertas y árboles frutales, especialmente los cítricos (naranjos). A causa de su entorno montañoso, estuvo aislado durante mucho tiempo, siendo el mar su única vía de comunicación.

Entre 1820 y 1870 Sóller conoció un importante crecimiento económico gracias a su desarrollo agrícola y comercial, basado en el cultivo del olivo y de los árboles frutales, además de la industria del algodón. Sin embargo, a finales del siglo XIX se produjo un movimiento migratorio, especialmente por la crisis del comercio de naranjas en la década de los 60 y, más tarde, en 1891, la plaga de la filoxera agravó la situación agrícola, unido todo ello a la pérdida de las últimas colonias americanas en 1898, que afectaron a ese comercio. En 1899, 1566 personas habían emigrado a Francia, Suiza, Bélgica, América… de una población 9972 habitantes. Gracias a esto, los sollerics entraran en contacto con Europa, con sus nuevas mentalidades y corrientes, como el Art Nouveau, para el caso que nos ocupa, y, posteriormente, el Art Decó.

Al retorno de los emigrados se inicia una nueva etapa de prosperidad que va desde 1920 a 1940, caracterizada por el progreso técnico y comercial, reflejado en la implantación del primer ferrocarril en la isla, en 1912, con un túnel de 3 kilómetros.

Iglesia parroquial de Sant Bartomeu

Iniciaremos nuestro recorrido en esta iglesia situada en la plaza de la Constitució, nº 22.

La iglesia actual presenta una estructura barroca realizada entre 1688 y 1733, construida sobre un primitivo templo anterior a 1236. La fachada actual es de estilo modernista, proyectada por el arquitecto catalán y discípulo de Gaudí, Joan Rubió i Bellver. El impulsor de la iniciativa fue el rector Sebastià Maimó, gran amigo del obispo Campins, promotor de la reforma de la Catedral, donde trabajaron Gaudí y Rubió. Las obras se iniciaron en 1904, se paralizaron en 1913, con los trabajos ya muy adelantados, y se retomaron el 1946 con la construcción del atrio, acabándose definitivamente en 1947.

La fachada muestra un modernismo Art Nouveau mezclado con el historicismo goticista. El conjunto ofrece un tratamiento rústico de la piedra calcárea de color grisáceo, originaria de Sóller, que consigue una gran plasticidad. Estructuralmente, presenta un esquema simétrico con tres aperturas ojivales en la parte inferior, que configuran la fachada del atrio. Más arriba observamos dos arcos ojivales y un rosetón, enmarcados por un gran arco apuntado; encima hay un coronamento escalonado con nuevas aperturas, destinadas a contener esculturas, y sendos pináculos laterales. Las aperturas del frontis del atrio aparecen coronadas por relieves; el central representa dos ángeles con un cáliz con la sagrada forma; en cada lateral del coronamento del atrio aparece la imagen de un ángel, obra de Joan Alcover. Los vanos del atrio se corresponden con los portales del templo; el central, que es el ingreso principal, se encuentra dividido por un parteluz con la imagen de san Bartolomé, patrón de Sóller, también del escultor Alcover. El interior conserva dos obras del escultor modernista catalán Josep Llimona: en la cuarta capilla de la izquierda, la del nombre de Jesús, y la imagen de Sant Marçal, en el ático.

Por la calle des Born, en el exterior a la derecha del templo, existe un recinto de pared coronado con rejas de hierro que evocan claramente las obras catalanas de Gaudí.

Banco de Sóller

Justo al lado de la iglesia parroquial, a su izquierda, se encuentra el Banco de Sóller (Plaza de la Constitució, 21).

La actual sede del Banco Hispano-Americano ocupa en la actualidad el edificio del desaparecido Banco de Sóller. Fue construido en 1889 con el objetivo de custodiar el capital acumulado de los emigrantes. Fue reformado entre 1910 y 1912. Es obra también del arquitecto Joan Rubió i Bellver, el mismo arquitecto de la fachada de la iglesia vecina, con la cual encaja estilísticamente dentro del modernismo al más puro estilo gaudiniano.

Estructuralmente, el edificio presenta tres plantas y dos fachadas de piedra calcárea convergentes a manera de chaflán; las fachadas muestran la textura rústica de la piedra igual que la iglesia. De la planta baja destacamos el portal de arco de medio punto y, las ventanas de varias dimensiones y tipologías, con rejas de hierro forjado con complicadas formas ondulantes. En el primer piso destaca el balcón con doble peana o tribuna circular separada por una columna de fuste estriado, y con los muros, que en este punto plantean un tramo achaflanado.

Sobre el pilar, un motivo epigráfico recuerda la función de sede del Banco de Sóller, con el sol del escudo de la población, y una cabeza de león en lo alto. Repartidas por el resto de los pisos superiores aparecen varias ventanas caracterizadas por la irregularidad de su diseño. Los remates de las fachadas, inicialmente más atrevidos, en forma de plafones, serían modificados posteriormente, entre 1946 y 1949, a cargo del arquitecto Guillem Muntaner.

Otros casales con elementos modernistas, calle de sa Lluna

Dos calles más a la izquierda del banco, en la calle de sa Lluna, encontramos varios casales con aires modernistas.

El edificio con el número 52, Ca la Nena, presenta una fachada con cerámicas aplicadas. Las ménsulas de los balcones y las rejas con decoración geométrica nos recuerdan a la corriente secesionista del modernismo, más rectilínea.

En el número 69, Can Moiana, tenemos un ejemplo de arquitectura de influencia colonial.

En el número 71, Can Massana, encontramos una casa levantada por Antoni Castanyer Anglada a finales de siglo XIX, tras volver de la emigración, de Puerto Rico; presenta elementos decorativos como el balcón con el escudo de San Juan de Puerto Rico, y motivos vegetales y zoomórficos, como las cabezas de león.

Can Prunera

En la misma calle anterior, en el número 90, encontramos este casal.

Es un edificio construido entre los años 1909 y 1911. Fue mandado realizar por Joan Magraner —Prunera-, enriquecido con un negocio de mayorista de frutas a Belfort (Alsacia, Francia), y la construcción se atribuye indistintamente a Joan Rubió i Bellver y a Antoni Gaudí, pero no hay ningún documento que así lo registre.

Presenta una impresionante fachada de piedra calcárea, de tres plantas de alzado, con profusión de relieves vegetales y aperturas parabólicas y ondulantes. La planta baja muestra un portal adintelado, con jambas almohadilladas, una cornisa rectilínea como entablamento y un frontón floral; la puerta es de madera ricamente tallada; dos ventanas balconeras se abren en los laterales, con barandilla de hierro forjado. En el primer piso destaca un balcón corrido con una trabajadísima reja de hierro, con florones y otros motivos vegetales; se abren tres ventanas balconeras coronadas con el correspondiente frontón. En el segundo piso se hallan tres ventanas onduladas, de las cuales la central es geminada, con un motivo floral en la enjuta. El coronamiento de la fachada se remata con un arco triunfal, donde aparece la fecha de 1911, centralizada en una cartela. El interior muestra igualmente muchos elementos decorativos, como la ornamentación pictórica de las paredes, con motivos vegetales y zoomórficos, las baldosas polícromas y el tratamiento artístico de la madera y de los vitrales. Destaca una elegante y ligera escalera interior, de trazado helicoidal. El diseño orgánico de los muebles y otros objetos domésticos demuestran la consecución del arte total anhelada por el estilo modernista en todas sus variantes.

Zona de la Gran Via

Volvemos a la plaza de la Constitució. Desde aquí, mirando hacia el Ayuntamiento, nos metemos en la calle de la derecha, por la calle Bauçà. Seguimos por la calle Rectoria y giramos a la derecha, dando a la Gran Via.

Constituye una importante avenida del ensanche sollerense de principios de siglo XX, nacida a causa de la gran actividad comercial y económica iniciada a finales del siglo XIX. Se localizan interesantes casales muchos de los cuales son muestras del modernismo y del regionalismo.

Destacamos la Rectoría (Casa parroquial), en el nº 1, con reforma datada el 1896, en época del párroco Miquel Bennàssar. Tiene un alzado de tres plantas, con portal adintelado con ménsulas laterales; en lo alto hay un escudo con un ángel y moldura neogótica. En el interior se conserva el proyecto original de la fachada de la iglesia, de Joan Rubió.

Can Magraner, en el nº 9, es un casal modernista atribuido a Joan Rubió; remarcamos el balcón con el apellido Magraner esculpido.

Destacamos también Can Dolç, en el nº 15 (antiguo Can Cera), actualmente dedicado a la sede de l’Associació Sollerica de Cultura Popular. Es de estilo regionalista, con portal de arco escarzano y un balcón central.

Otro casal a destacar es Can Cremat, en el nº 10, llamado también Ca Dona Paula Casesnoves; se construyó en 1922 según diseño de Francesc Roca Simó, como aparece escrito en la parte derecha de la fachada. Su estilo ha sido definido como colonial, mientras M. Seguí lo señala como un edificio de soluciones eclécticas con elementos del barroco italiano y del clasicismo francés. Destacamos un pórtico integrado por diez columnas de capitel de tradición corintia y fuste con el tercio superior estriado, además de una balaustrada inferior; encima del pórtico hay una terraza con balaustrada calada y bolas ornamentales.

Can Rebassa, en el nº 27, presenta una fachada con el tramo central y el portal retranqueados desde la calle; el alzado muestra ladrillos rojizos y las ventanas inferiores muestran hierros modernistas. La reja de hierro fraguado presenta motivos florales y el acceso, una escalera con cuatro escalones y hidrias.

Cas Batlet, en el nº 29, destaca por sus rejas con ornamentación vegetal.

En la confluencia de la Gran Via con la plaza de América se encuentra Can Cetre, edificio que ha pasado por varios usos y transformaciones; muestra un balcón con seis ménsulas y, en el interior, destaca la aportación de plafones cerámicos de la Roqueta, de 1904, con escenas que representan niños alrededor de la cocina o del comedor.

Cogemos la primera calle a la derecha de la plaza de América y llegaremos a la calle de sa Mar, donde en el nº 174, nos encontraremos Can Querol (o Can Rotger), construido por el maestro de obras Francesc Bujosa, de Esporles, a principios de siglo XX. En este palacete de estilo modernista destaca el balcón sostenido por cuatro columnas con capiteles de tradición corintia, reja de hierro forjado y ménsula vegetal de grandes dimensiones bajo el balcón, además de las aperturas con decoración vegetal.

Además de estos exponentes de arquitectura religiosa y civil modernista, podemos encontrar muchos más exponentes arquitectónicos de los siglos XIX-XX, de varias tendencias (modernista, colonial, historicista, ecléctica, regionalista, etc.). En Sóller encontramos otros:

– Can Penya, Ca na Isabel y Cas Fideuer, en la plaza España, tres ejemplos de las típicas rejas que delimitan los jardines de numerosas casas de Sóller, muestra del buen trabajo de la forja de los artesanos del primer tercio del siglo XX.

– Sa Bleda, situada en calle Joan Marquès Arbona, 1, es una casa construida en 1914, rodeada por un elegante jardín.

– Can Bell Esguard (conocida popularmente como Ses Torretes), situada en la calle Can Vives, es un edificio excepcional, levantado sobre un molino fortificado, reformado en 1898, caracterizado por un estilo ecléctico de tendencia neomedieval (por su aspecto fortificado) y neomudéjar.

– Can Baltasar, ubicada en calle Pastor 32, es una casa decorada con aplicaciones de cerámica vidriada de motivos geométricos en la fachada.

– Ca s’Americà, en la misma calle en el núm. 57, ataviado con una reja de forja modernista, de clara influencia gaudiniana. El nombre recuerda a los habitantes de Sóller que emigraron a América, llamados a la vuelta “indianos”.

– Can Cambuix, localizado en la calle Bisbe Mateu Colom, 17, construida según criterio colonial americano.

– Ca na Lluïsa, en la calle Ozonas, 1, es una casa de ladrillo rojo, con decoración cerámica aplicada en puertas y ventanas.

– Can Moratal o Can Nou, en la calle Cristòfol Colom, 4, forma un conjunto unitario en el que el edificio, el jardín y las rejas conforman un sutil y armonioso ejemplo del Modernismo (arte total).

– Gran Hotel, en la calle Romaguera, 18, de tendencia historicista, proyectado por el prestigioso arquitecto Joaquín Pavía Birmingham (ejecutor también de la traza del edificio del Consell de Mallorca, de ahí la similitud de estilos entre ambos edificios).

También, aparte de lo puntos de interés introducidos en el recorrido, podemos visitar la estación de Ferrocarril de Sóller, situado en la plaza España, 6.

En ésta se destinan varias salas dedicadas a dos artistas de renombre: Joan Miró (Sala Miró) y Picasso (Sala Cerámica Picasso). La Sala Miró está compuesta por un conjunto de grabados originales del artista, entre los que se encuentran los que hacen referencia al contacto del artista con Sóller por influencia de su abuelo materno, natural de esta villa. También destacamos la serie Gaudí y la serie Lapidari. La Sala Cerámica Picasso expone cincuenta obras originales del artista malagueño, realizadas entre 1948 y 1971, en las que se muestran las diferentes etapas y temáticas que Picasso reflejó en sus cerámicas: faunos, rostros femeninos, tauromaquias, naturalezas muertas y animales sobre platos, jarras y jarrones.

El cementerio de Sóller (Son Sang)

Para finalizar el recorrido, nos dirigiremos hacia el cementerio de Sóller. De la calle de Sa Mar, nos volvemos a acercar hacia la plaza de la Constitució (pasaremos por la calle Bauçà). Desde Constitución, avanzaremos por la calle des Born (calle de la derecha de la iglesia parroquial). Giraremos a la izquierda hacia la calle de Santa Bàrbara y después en la primera esquina a la izquierda, por la calle Pastor. Seguimos unos 20 metros hasta el comienzo de la calle de Pau Noguera, donde en el nº 86 nos encontraremos el cementerio de Son Sang.

El cementerio de Sóller es uno de los más hermosos y enigmáticos de Mallorca. Constituye un auténtico museo de escultura funeraria de estilo modernista con un importante repertorio simbólico. Fue bendecido en el año 1814, aunque no se empezó a utilizar de forma sistemática hasta 1841. El núcleo original sufrió tres ampliaciones más, en 1894, en 1913 y en 1989 respectivamente, las cuales quedan reflejadas en los diferentes niveles que podemos contemplar en el cementerio.

Fruto también de estas ampliaciones, existen tres puertas de acceso al recinto: la más antigua, el portal de baix, se encuentra rematada por un frontón triangular coronado por una cruz, en cuyo tímpano aparece el escudo de Sóller con el sol y la inscripción con la fecha de construcción de 1829, protegiendo todo el conjunto de la lluvia, un alero de tejas; el portal del mig, fruto de la ampliación de 1894, diseñado en 1900 por el arquitecto Joan Guasp, es una apertura de arco de medio punto, sobre el cual aparece un friso con la inscripción “Requiescant in pace”, culminado también con una cruz, flanqueada a ambos lados, sobre las jambas de la puerta, por dos esculturas en forma de ataúd con mantel funerario sobre ellos. La barrera de hierro fue obra de Nicolau Huguet; la tercera puerta, el portal de dalt, en forma de arco de herradura con las letras alfa y omega (en relación al principio y el fin de la vida, nacimiento y muerte) y un sol en la clave. El arco está rematado por un ángel trompetero apocalíptico y por dos copas cuadradas cubiertas por un velo funerario.

Dentro del recinto nos encontraremos un gran repertorio de tumbas, monumentos funerarios y panteones, de diversas tipologías, de los cuales destacan los conjuntos de estilo modernista con sus decoraciones florales, figuras enigmáticas y símbolos… que dotan de un aire de misterio y recogimiento a todo el conjunto. Haremos especial mención al monumento funerario de la familia Morell, en el que se representan la Virgen María, San Juan y Mª Magdalena llorando sobre el cuerpo de Cristo muerto, obra del escultor modernista Josep Llimona. También destacaremos el panteón de la familia Darder Ferrer, donde aparecen representadas las plañideras (mujeres que lloran por el difunto).

Josep Llimona fue uno de los escultores modernistas más destacados del panorama nacional. Nació en Barcelona en 1864 y estudió en la escuela de Llotja, y en el taller de Agapit i Venanci Vallmitjana. Se fue a Roma en 1881, becado por el Ayuntamiento de Barcelona para realizar unos esbozos para la estatua ecuestre del conde de Barcelona, Ramon Berenguer el Grande. También estuvo en París y conoció la obra de Rodin, cuyo simbolismo le influyó mucho. Fundó el Centro Artístico de Sant Lluc con su hermano, el pintor Joan Llimona. Realizó una gran cantidad de obras y participó en muchas exposiciones en Cataluña, Madrid, París, Buenos Aires y Bruselas. Es muy famosa su obra escultórica para monumentos públicos y para cementerios, como en el de Sóller o en el de Comillas, con su famoso Ángel exterminador. Destaca también el famoso friso del Arco de triunfo de Barcelona, realizado en 1888.

La estética modernista del cementerio refleja aún más esa idea de arte total a la que los artistas modernistas aspiraban. Los mismos que se hacían construir un casal de este estilo, también lo seguían para diseñar su hogar tras la muerte. Las tumbas, en su mayor o menor opulencia, reflejan el estatus social conseguido en vida del difunto. En el cementerio de Sóller, las inscripciones de las sepulturas en catalán, castellano y francés son el testimonio del movimiento migratorio que vivió Sóller desde finales del siglo XIX, además de demostrar como los sollerics aspiraban a retornar a su tierra natal para su descanso eterno.