Datos y descargas

Dificultad:
Moderada.
Duración:
3 horas.
Longitud:
Aproximadamente 6 kilómetros a pie, si se visita el arrabal de Santa Catalina.
De interés:
Gran Hotel. Can Rey. Almacenes El Águila. Can Barceló. Caja de Ahorros y Monte de Piedad. Museo de Mallorca.
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Introducción

A inicios del siglo XX surgen en Europa movimientos artísticos renovadores. En Bélgica y Francia florece el art nouveau, de líneas onduladas y exuberante decoración floral, con símbolos iconográficos recurrentes como lirios, nenúfares, dragones, leones y mariposas. En Austria triunfa el Secesionismo austero, lineal y geométrico. Y en muchos lugares se reviven los historicismos, que evocan el pasado y el exotismo colonial y recogen elementos de otros estilos precedentes como el neomudéjar, neogótico y neobarroco. Todos ellos son frecuentemente etiquetados como modernismo, pues, de hecho, al hablar de modernismo no debemos hacer referencia a un estilo sino a una actitud de renovación, que rompe con el pasado y busca nuevas formas de expresión, que recupera el valor de la artesanía a la vez que aplica nuevos materiales, como hierro, vidrio y cemento, y a la vez es una nueva forma de entender el arte, de pensar, vestir, creer.

El Modernismo en Mallorca se enmarca entre 1901, año en que se inicia la construcción del Gran Hotel, y 1914, fecha en que el arquitecto catalán Antoni Gaudí abandona las obras de la Catedral. Coincide con los años de gestación y aprobación del Plan Calvet y se caracteriza por la realización de edificios innovadores, como el Gran Hotel, la Estación del Tren de Sóller, el Matadero Municipal y, viviendas y comercios burgueses. Conviven en la isla proyectos ejecutados por arquitectos catalanes como Gaudí y Lluís Domènec y Montaner -que aportan el modernismo catalán de tendencia próxima al Art Nouveau- con arquitectos locales, de tendencia secesionista e historicista por sus estancias en Madrid y en las capitales europeas, como son Gaspar Bennàssar, Jaume Alenyar, Josep Alomar, Francesc Roca y Guillem Reynés.

La introducción del Modernismo en las Baleares

En la última década del siglo XIX, ni Mallorca, ni el conjunto de las Baleares, contaron con un contexto socioeconómico apropiado, al contrario que Cataluña, para acoger e implantar el nuevo movimiento artístico. La industria textil y del calzado había sufrido un fuerte revés a causa de la pérdida de mercados en Cuba, Filipinas y Puerto Rico. Tampoco la agricultura, concretamente la producción de vinos, tuvo más suerte a causa de la filoxera. El proceso de industrialización no se dio aún, por lo que tampoco existía una burguesía fuerte capaz de financiar la nueva arquitectura floreciente.

Sin embargo, el Modernismo balear sí se desarrolló al margen de esta realidad. Al igual que en el caso de la arquitectura renacentista y barroca, la modernista también afectó mayoritariamente a la decoración de fachadas (salvo excepciones).

El principal canal difusor del Modernismo en Mallorca fue Barcelona, la corriente más ondulante y floral (Gaudí, Puig i Cadafalch y Domènech i Montaner), aunque también recoge la influencia del Art Nouveau belga y francés (Guimard, Horta, Van de Velde, etc.).

La mayor parte de los edificios modernistas siguen la corriente decorativa catalana. Muchos de sus arquitectos vinieron a las islas para realizar algún proyecto, como Gaudí en la catedral, Rubió, Domènech…, cuyas obras mallorquinas no suponen ninguna novedad respectos a sus obras catalanas.

Por otra parte, hubo arquitectos isleños que se afiliaron a esta corriente como Bennássar, Roca, Reynés, que aceptaron el nuevo estilo para responder a unos gustos muy puntuales dentro de la sociedad balear.

A pesar de la adscripción de estos artistas oriundos, el Modernismo en las islas fue básicamente epidérmico, aplicando decoración Art Nouveau a estructura arquitectónicas tradicionales.

Gran Hotel

El recorrido empieza en el Gran Hotel situado en la plaza Weyler, nº 33, enfrente de la plaza del Mercat.

Es la primera muestra importante del modernismo en la isla y establecimiento que marca el inicio del turismo en la isla. El edificio fue realizado entre 1901 y 1903 por el catalán Lluís Domènech y Montaner (1850-1923), autor también del Palacio de la Música Catalana. Al acto de inauguración asistió el obispo Campins y la flor y nata de la sociedad mallorquina. Desde su apertura y hasta el inicio de la guerra civil, cuando el hotel cerró sus puertas definitivamente, se alojaron los más ilustres y ricos visitantes y se llevaron a cabo los principales actos culturales y sociales de principios de siglo. A partir de 1942 se llevaron a cabo trabajos de reforma e instalación de la sede del Instituto Nacional de Previsión. A principios de la década de los noventa del pasado siglo se realizó una completa restauración y desde 1993 se destina a centro cultural.

Se trata de una estructura de cinco plantas, haciendo esquina, con una planta baja porticada que facilita las funciones originales de hotel pues aportaba luz al vestíbulo, a los salones y al restaurante. El resto de la fachada muestra el claro ritmo alternante de las oberturas de las habitaciones. Contaba además con un sótano dedicado a las dependencias de servicio y dormitorio del personal. Contaba con 150 camas, y diez de sus habitaciones contaban con salón particular y cuarto de baño. Entre las novedades del hotel destacan el ascensor, calefacción de vapor y electricidad. Denota una clara adscripción al art nouveau por la presencia de decoración naturalista vegetal y animal en arcos, capiteles, molduras y ventanales. También destacan: la gran iluminación interior, que se consigue por la eliminación de muros y la utilización de columnas; las cerámicas policromadas de influencia hispano-árabe y las representaciones escultóricas de carácter prerafaelita.

Forn des Teatre

Se encuentra justo enfrente del Gran Hotel y al lado del Teatro Principal a mano derecha. Es una obra anónima de principios del siglo XX y testigo de la aplicación del modernismo art nouveau a la decoración exterior de un comercio. Una serie de paneles de madera que combinan epigrafía, líneas ondulantes y motivos vegetales enmarcan la puerta y las ventanas. En el centro, llama la atención un dragón alado.

Casasayas

Muy cerca del Forn des Teatre, a la derecha, en la plaza del Mercat números 13 y 14, se sitúan las Casasayas. También son conocidas como edificio Casasayas y pensión Menorquina.

Se construyeron entre 1908 y 1911 a instancia de Josep Casasayas Casajuana, propietario de la pastelería Can Frasquet. El proyecto es de Francesc Roca, quien dirigió las obras en una primera fase, pero fueron acabados bajo la dirección de Guillem Reynés. Son edificios simétricos, de idéntica factura, separados por la calle de Santacília, aunque fueron planeados con la intención de unirse, pero dicho proyecto nunca se llevó a cabo. El tratamiento ondulante de la fachada favorece el dinamismo y plasticidad del edificio. Aparecen representadas estilizaciones de helechos, acantos y mariposas, especialmente en las balaustradas y en el hierro forjado de los balcones. Las plantas bajas interiorizan los elementos constructivos, como las columnas metálicas. Sin embargo, para algunos, el edificio puede encuadrarse en el estilo secesionista, por la presencia de líneas rectas, sin decoración floral, animal o antropomorfa clara.

Can Rey y Almacenes El Águila

Una vez contempladas las Casasayas, giraremos a la derecha y seguiremos la calle Riera hasta encontrarnos con las escaleras de la Costa del Teatre. Las subiremos y giraremos por el tramo de la derecha. Nos encontraremos en la calle del Forn del Racó que nos llevará a la plaza del Marquès del Palmer donde se encuentran, a mano derecha, los dos edificios en cuestión.

Ambos edificios comparten parte de la estructura metálica del cuerpo inferior. De Can Rey, vivienda plurifamiliar de cinco plantas, destacamos una cara fantástica entre dragones alados situada en el mirador del segundo piso, que realiza la función de eje central de distribución de toda la fachada. También sobresalen los platos cerámicos y un trencadís de baldosas polícromas fragmentadas, de fuerte influencia gaudiniana. El portal de entrada, en la calle de las Monjas, ofrece un arco parabólico. El techo de la entrada tiene mosaico de trencadís y la barandilla de la escala de hierro forjado acaba en forma de serpiente. El edificio vecino, los Almacenes El Águila, fue proyectado en 1908 por Gaspar Bennàssar, pero firmó el proyecto Jaume Alenyar. Para conseguir una mayor iluminación natural interior se utilizó el hierro, también presente como decoración de las dinámicas barandillas de hierro ondulado. Destacan las cerámicas polícromas y una profusa decoración vegetal y floral que sigue la tendencia modernista del art nouveau. Remata el conjunto un arco decorativo de medio punto.

Taller de Forteza-Rey

Muy cerca, a la izquierda, en la calle Colom nº 11, se encuentran algunos ejemplos de modernismo aplicados a establecimientos comerciales, como la original fachada con una peculiar ondulación y un original revestimiento de cerámicas de colores. En la misma calle podemos observar tres modestos ejemplos de comercios modernistas, la Mercería Colón, La Gruta y Casa Banqué, de tendencia art nouveau como adoptaron otros locales de la isla.

Caja de Ahorros y Monte de Piedad de las Baleares

Seguimos hasta el final de la calle Colom, giramos a la derecha por la calle Cadena, atravesamos la plaza de Santa Eulàlia y recto llegamos a la calle del Convent de Sant Francesc. Ésta nos llevará a la plaza de Sant Francesc donde, a mano derecha, se encuentra el edificio.

Proyectada por Gaspar Bennàssar y construida entre 1904 y 1906, muestra un estilo a caballo entre el modernismo y el historicismo. La plasticidad de su fachada, rematada por un tejado curvo de tejas rojas; el tratamiento de las superficies de piedra, los forjados en hierro; los motivos antropomórficos en el cuerpo central y el coronamiento del edificio; y el escudo central que simboliza las Baleares entrelazadas entre la boca de un león, las hojas de palma y el murciélago son los detalles más destacados.

Can Barceló

A la izquierda de la plaza, veremos la fachada de la iglesia de Sant Francesc. Cogeremos la calle de Can Troncoso, a la izquierda, que nos llevará a la plaza Josep Maria Quadrado, nº 9 (flanco derecho), donde se encuentra la casa.

Bartomeu Ferrà proyectó un edificio plurifamiliar de cuatro plantas y azotea con balaustrada, construido sobre el solar de la antigua fábrica de tejidos de Bartomeu Barceló Mir. La fachada presenta un sistema de ventanas y balcones articulados a partir del eje de simetría que marca el portal central. En el piso superior, ventanas geminadas y dobles combinan con composiciones cerámicas que representan estilizadas alegorías de las artes, de la artesanía y de la economía (artesanía textil, cerámica, ciencia, arquitectura, música, pintura y comercio), en consonancia con el espíritu burgués que rodea al Modernismo. De inspiración igualmente modernista son el uso del hierro forjado y los detalles ornamentales vegetales y zoomórficos.

Museo de Mallorca

Volvemos atrás hasta la plaza de Santa Eulàlia. Cuando llegamos nos adentramos por la calle a la izquierda, la calle Morey. La seguimos hasta el final donde nos encontraremos en una bifurcación y seguiremos por la calle de la izquierda, de la Portella, donde se encuentra el museo en el nº 5.

Podemos contemplar, entre sus colecciones, realizaciones de la fábrica de cerámica La Roqueta (1897-1918), la empresa de baldosas y mosaicos de Pere Aguiló Cetre. Sus realizaciones modernistas se pueden contemplar en Can Forteza-Rey, en los Almacenes El Águila, en Can Barceló, en la centenaria chocolatería y heladería Can Joan de s’Aigo, en la tienda de Sa Capelleria, en Can Cetre de Sóller, en Can Quetglas en Santa Catalina, y en el vía crucis del castillo de Alaró, entre otros lugares. La fábrica se encontraba en Son Espanyolet, zona que a finales del siglo XIX concentraba gran parte de las industrias.

Can Marquès

Volvemos atrás hasta el final de la Portella y nos adentraremos en la calle a la izquierda de Sant Pere Nolasc. Giramos por la primera a la derecha que es la calle de Zanglada y en nº 2 nos encontraremos con el casal, en el que destacamos los detalles modernistas de la decoración del patio y de la escalera.

Parlament balear

Seguimos hasta el final de la calle Zanglada y daremos a la calle Almudaina. Giraremos a la izquierda y daremos a la calle del Palau Reial, donde a la izquierda encontraremos el Parlamento.

La fachada de la calle del Conquistador en el nº 11 es ligeramente modernista. El edificio se erigió tras la Desamortización de Mendizábal de 1835 en los terrenos del demolido convento de Santo Domingo. Esta fachada, fue posteriormente ejecutada, entre 1913 y 1918, por el arquitecto catalán Miquel Madorell, con la colaboración de Pasqual Sanz y Lluís Callú. Se estructura en tres plantas articuladas por un eje marcado por el acceso principal, el balcón central y el arco superior, que enmarca un escudo de Mallorca rodeado de decoración vegetal y las letras correspondientes al Círculo Mallorquín. La decoración modernista se concentra en las puertas, las ventanas y las columnas, que presentan capiteles ornamentados con flores.

Finalmente, podríamos destacar también el estilo neomudéjar de Can Corbella (Plaza de Cort, 6), que se enmarca en las modas historicistas medievalistas de finales del siglo XIX. Este edificio plurifamiliar de cinco plantas fue diseñado por Nicolau Lliteres a instancias de la familia Corbella. Destacan los arcos de herradura con cristaleras de colores y los plafones con temática referida a las artes plásticas de la planta baja, destinada originariamente a comercio. Las tres plantas superiores presentan altas ventanas con decoración lobulada separadas por columnas ornamentales de madera. La planta superior, más hendida en relación con el resto de la fachada, se encuentra coronada por una torre octogonal.

Can Mulet y Can Salas

Bajaremos la calle del Conquistador y llegaremos a la plaza de la Reina, donde a la izquierda se encuentran los jardines del Hort del Rei, zona donde se encontraba el teatro Lírico (hoy desaparecido), construido por Gaspar Bennàssar y Jaume Alenyar en el año 1900. Era de planta semicircular con ornamentación hispano-árabe y utilizaba el hierro con funciones estructurales y ornamentales. Seguiremos por la Avenida Antoni Maura (calle a nuestra izquierda desde la plaza de la Reina) donde nos encontraremos dos edificios de corte secesionista, obras de Gaspar Bennàssar: Can Mulet (núm. 24), si bien la parte baja se modificó en la década de los treinta del siglo XX, pero mantiene el trabajo de piedra a la fachada y ornamentos geométricos y florales en el coronamiento del edificio; y Can Salas (Antoni Maura, núm. 28) esquina con el paseo Sagrera, que recoge elementos de la vertiente floral y vienesa del modernismo en los vidrios del portal, la piedra cortada de la fachada y el diseño de las rejas del exterior y de la escalera interior.

Can Coll

Al final de Antonio Maura, cogeremos la calle de la derecha, el paseo Sagrera, y en el número 4 nos encontraremos con este edificio, construido entre 1906-1907, también obra de Gaspar Bennàssar y Jaume Alenyar, que destaca por el trabajo ornamental de las tribunas vidriadas y las barandillas.

El arrabal de Santa Catalina

Para llegar a Santa Catalina, seguiremos el paseo Sagrera hasta el final. Cogeremos la calle de la derecha, Avenida de l’Argentina. A nuestra izquierda nos encontraremos con las calles que componen la barriada de Santa Catalina.

Algunas de sus fachadas ofrecen ejemplos del denominado modernismo popular. Destacaremos: el Hostal Cuba (calle de Sant Magí, 1) que presenta un alto minarete, edificio en general muy austero, de líneas historicistas y de inspiración árabe; la fachada de la Ferretería La Central (calle de Sant Magí, 37), obra de 1908 que presenta interesantes detalles modernistas de inspiración vegetal en madera, hierro en las barandillas y, rejas y piedra en los arcos de las ventanas y en los balcones; la fachada de Can Palmer (zona plaza Progrés, esquina calle Quetgles y calle Despuig), datada en 1910, decorada con cerámica de motivos florales y geométricos; la casa situada en la esquina de las calles Caro y Pou, datada en 1907, con una interesante tribuna poligonal con un pilar de piedra con decoración vegetal en la planta baja y, un balcón de madera, vidrio y forja en las barandillas de los pisos superiores; Can Pujol (calle Pou, 24), obra de Gaspar Reynés y Jaume Alenyar con interesantes ornamentos florales y vegetales en piedra en los dinteles de las ventanas, bajo los balcones, en el coronamiento del edificio y en las barandillas de hierro forjado (único elemento tridimensional de la fachada).

La zona del Ensanche: Barriada del Terreno

En la barriada del Terreno también nos encontramos algunos exponentes de estilo modernista. Desde la plaza del Progreso, cogemos la calle de la izquierda, Immaculada Concepció, y seguimos recto pasando las calles Espartero, plaza del Pont y Marquès de la Sènia llegando a una bifurcación. Cogemos la calle más a la derecha, Avenida Joan Miró. Giramos en la quinta calle a la derecha que es la Bellver y, a continuación, cogemos la primera a la derecha donde encontraremos la Villa Schembri en el nº 15. Volvemos a la calle Bellver y cogemos la segunda calle a la derecha, Josep Villalonga, y justo al principio a la izquierda cogemos la calle Drecera que da a la calle de Santa Rita donde se encuentra el Hostal Corona en el nº 13.

La Villa Schembri es una casa de principios del siglo XX, atribuida a Gaspar Bennàssar. Sobresale por su torreta de planta octogonal ubicada en un lateral del edificio, equilibrando la construcción general. El edificio presenta muros de piedra construidos en talud; conserva parte de la decoración original y de los elementos estructurales, como el hierro forjado de las barandillas de los balcones y de la escalera de acceso al edificio.

El Hostal Corona (1908), también llamado Can Quetglas, es una vivienda unifamiliar realizada por Francesc Roca. Resulta interesante por el trabajo de hierro forjado con motivos geométricos y vegetales. En el interior se conservan pinturas y lámparas de estilo modernista.