Datos y descargas

Dificultad:
Fácil, el recorrido de punto a punto debe realizarse en coche.
Duración:
El itinerario debe realizarse en dos etapas, ya que una parte transcurre en la isla de Eivissa y la otra en Formentera. Equivaldría a dos días.
Longitud:
57 kilómetros de recorrido por Eivissa; y 13 kilómetros desde Sant Francesc Xavier hasta Nostra Senyora del Pilar, en Formentera.
De interés:
Esta ruta se realiza únicamente por las iglesias rurales de la Ilustración. Cabe indicar que todos los puntos están perfectamente señalizados desde la carretera.
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Introducción

El siglo XVIII es un siglo de importantes cambios en Eivissa y Formentera provocados por dos cuestiones trascendentales: los Decretos de Nueva Planta de Felipe V y la presencia en Eivissa de personajes, tanto en el ámbito político como en el religioso, influenciados de manera determinante por el pensamiento ilustrado.

En el año 1782 el Papa Pio VI promulgó una bula según la cual se creaba el obispado de Eivissa. Este hecho supuso que se hubiese de conceder el título de ciudad a Eivissa. El documento que recogía la citada concesión fue firmado por el rey Carlos III el 22 de octubre de 1782. La creación del nuevo obispado tuvo como consecuencia la presencia en la isla del obispo Manuel Abad y Lasierra, ilustrado que dejó una importante huella de su estancia en islas. Nada más ocupar el Obispado, en febrero de 1784, visitó las dos islas en las que debía llevar a cabo su tarea como obispo con el objetivo de comprobar cual era el estado en que se encontraba el territorio y la población. Redactó los estatutos del capítulo de la catedral y publicó el decreto del plan parroquial. Con la presencia de Abad y Lasierra en Eivissa y Formentera llegó, también, la lengua castellana a los documentos de la Iglesia, en lugar de la catalana que se empleaba hasta entonces. A su trabajo como obispo se añadieron sus ocupaciones de gobierno de las islas, ya que, en poco tiempo, el fallecimiento del gobernador y del asesor lo convirtieron durante un tiempo en la máxima autoridad en las Pitiüses.

Desde su llegada al obispado, en 1784, su gran preocupación fue la creación de pueblos que pudiesen poner fin a la ocupación diseminada de la población por el territorio, que por aquel entonces era, según el propio Abad y Lasierra, de unas quince mil personas. La creación de nuevas parroquias fue la solución prevista por este obispo ilustrado que pretendía así poder tener un mayor acceso a la población, haciendo de las iglesias rurales los núcleos a partir de los cuales se desarrollasen los pueblos. El plan diseñado comportó la creación de nuevas iglesias que han dado nombre a muchos de los pueblos que hoy podemos visitar. En el itinerario de Formentera las dos iglesias del siglo XVIII fueron proyectadas con anterioridad a la llegada del obispo.

Sant Rafel de sa Creu

El itinerario se inicia abandonando la ciudad de Eivissa en dirección a Sant Antoni de Portmany, a siete kilómetros, se llega al pueblo de Sant Rafel, donde se encuentra la iglesia que da nombre al pueblo.

Como cuestión general referida a todas las iglesias rurales cabe decir que su construcción parte de una nave de planta rectangular, a partir de la cual se realizan diferentes agregaciones como espacios porticados, patios de entrada, casas parroquiales y capillas. Las primitivas iglesias de después de la conquista catalana presentan unos rasgos muy influenciados por el carácter defensivo que debían asumir los templos. Las iglesias del s. XVIII no se encuentran marcadas por este imperativo pero, todo y con ello, se integran dentro del conjunto constituido por las iglesias precedentes. No puede hablarse de un estilo histórico claro y rotundo en estas iglesias, pero sí que se hallan presentes reminiscencias, más o menos sutiles, de las épocas en que fueron erigidas.

No queda claro cuando se iniciaron las obras de la iglesia de Sant Rafel de sa Creu. Llevaron a la disputa entre dos familias por la ubicación del templo, pero hacia 1795 ya estaba finalizada porque el obispo Climent Llocer, cuando llegó a Eivissa en ese año, dijo que era el único templo nuevo que se había finalizado. Posee dos pórticos construidos en 1877 (en el empedrado se encuentra esta fecha). En una de las vigas del pórtico aparece la fecha de l863 año en que éste debió construirse. El porxet de delante de la puerta del templo es posterior y no debía estar previsto, ya que casi no permite ver el nicho con la imagen del santo. El campanario sufrió diversas transformaciones en el siglo XX. El aspecto actual se debe a la reforma efectuada en 1956.

En su interior sigue el esquema de una nave única, con la capella fonda o del Sant Crist adosada en el lado del Evangelio (izquierda). Por la sencillez de sus formas y la belleza de su entorno, esta parroquia es una de las más bellas de toda Eivissa.

Santa Agnès de Corona

Desde Sant Rafel existe una carretera que conduce a Santa Agnès de Corona. El recorrido permite atravesar el llamado Pla de Corona caracterizado por la abundancia de un elemento habitual en el paisaje de Eivissa: el almendro, cuyo cultivo, de manera generalizada, cabe atribuir a la iniciativa de un gobernador ilustrado: el conde de Croix. Sus acciones para favorecer el cultivo del almendro fueron coercitivas, contraviniendo la orden de plantarlo penalizando con multas.

Las obras de la Iglesia de Sant Agnès se iniciaron en 1786 y se concluyeron en los primeros años del siguiente siglo. El retraso probablemente tenga su explicación en los desacuerdos sobre la idoneidad de su emplazamiento. Incluso cuando ya estaba prácticamente acabada, estuvo a punto de ser derruida para cambiarla de lugar. Es una de las iglesias más pequeñas de la isla. El Archiduque Luis Salvador en 1867 la describía así: “Es pequeña, blanca y con un pórtico con arcos de medio punto a modo de entrada, mientras que otros dos hacen de soporte en el interior. Sobre este pórtico se extiende una terraza sobre la cual se abren las pequeñas ventanas que iluminan la iglesia. El interior es simplemente una nave con bóveda de cañón, a ambos lados se abren tres capillas. La segunda de la derecha ha estado aprovechada para practicar una entrada lateral al recinto. En este mismo lado, y muy cerca de la puerta principal, se encuentra la pila bautismal. La casa rectoral queda adosada al templo y tiene un pequeño huerto con membrillos, bellos limoneros y almendros además de vigorosas viñas”.

Sigue el modelo tradicional de una sola planta y con un pórtico lateral. En el lado de la Epístola (a la derecha) se abre la capella fonda, con una imagen de la Mare de Déu del Roser del siglo XIX. El templo tiene dos puertas, una frontal y otra lateral. La primera estuvo condenada muchos años a causa de un crimen cometido en ella, motivo por el cual se abrió la que da a la plaza. A causa de los desacuerdos citados sobre su emplazamiento, presenta algunas formas escalonadas y añadidos, fruto de las rectificaciones hechas sobre la marcha.

Esta Iglesia tiene una talla de madera del siglo XIX representando a San Roque. La devoción a este santo arranca de una epidemia de peste acaecida en el año 1652. En agradecimiento a la supuesta intercesión de San Roque en la erradicación de la epidemia, la Universidad declaró festivo el día 16 de agosto, hecho que motivó su culto en las iglesias ibicencas, en donde diez capillas llegaron a tener imágenes de este santo francés que, según la tradición, cuidaba de los apestados y que él mismo contrajo la peste.

Sant Mateu d’Aubarca

Continuando por la misma carretera se llega a Sant Mateu d’Aubarca.

Las obras de la iglesia se iniciaron en 1785 y finalizaron en 1796. El característico pórtico de entrada fue construido con posterioridad a la visita del Archiduque Luis Salvador, de lo cual es prueba la ilustración de esta iglesia, correspondiente a la lámina realizada a partir de los apuntes del propio Archiduque, quien la calificó como una de las iglesias de “mejor corte”, aunque la descripción que proporciona del lugar sea siniestra a causa del mal estado de conservación del cementerio: ”Justo cerca del templo se encuentra el cementerio, en un estado de abandono igual que todos los de las otras parroquias de la isla (…). En el interior, en medio de hierbas secas y espigadas, aparecen algunas cruces de madera, casi todas rotas a trozos. También se ve el osario, donde se juntan todos los huesos y las calaveras que salen a la superficie cuando debe moverse la tierra, a cusa del poco espacio disponible. No es fácil imaginar nada más siniestro y abandonado que este cementerio.”

Santa Gertrudis de Fruitera, Sant Llorenç de Balàfia i Sant Carles de Peralta

Desde Sant Mateu una carretera nos conduce a Santa Gertrudis de Fruitera. La construcción de esta iglesia tuvo lugar en 1786 y fue finalizada en 1796. El pórtico de entrada y la actual espadaña fueron realizados con posterioridad. La campana de la iglesia realizada en Barcelona presenta la inscripción “Die ac nocte non cessabo laudare nomen Domini MDCCCXCIX” (“Ni de día ni de noche dejaré de alabar el nombre del Señor 1899”). Posee una configuración atípica dentro de la serie de iglesias rurales ibicencas. Parece más una casa payesa que un templo. Además, resulta singular el empleo del color y el tamaño proporcionalmente grande de la espadaña. En su interior posee también una nave única, con un pórtico delantero con las típicas tres cruces de las iglesias de Ibiza. En el lado del Evangelio se sitúan la capella fonda y la capilla del Roser.

A pocos minutos de Santa Gertrudis, nos encontramos Sant Llorenç de Balàfia, cuya iglesia fue finalizada en l797 y que se encuentra cercana al núcleo de Balàfia, conjunto arquitectónico ejemplo de arquitectura rural tradicional, que merece la pena ser visitado aunque suponga desviarse ligeramente de la ruta. Aquí encontraremos una agrupación de cinco casas payesascon dos torres de defensa. Es un conjunto de gran valor arquitectónico, tanto por el interés que presenta cada una de las casas, como por la manera en que se agrupan, lo que las lleva a constituirse como un auténtico poblado, sin perjuicio de la independencia de cadacasa.La presencia de las torresencuentra su explicación enel hecho que Balàfia era una comarca rica y bien poblada que a menudo era objetivo de las incursiones que realizaban los piratas en las costas de la isla. Por sus características, el poblado de Balàfia es un caso único en Eivissa. De norte a sur, las diferentes casas son: can Fornàs, can Marès, can Vicent Ferrer, can Pere de na Bety can Bellmunt.El término “Balafia” significa “fuentes saludables” y se refiera tal vez a la existencia de una fuente en los alrededores. La primera vivienda que encontramos es can Pere Mosson, con una alta torre defensiva y una fuente con un molino de aceitunas de época romana utilizado como pila de agua. A continuación se halla el conjunto de casas payesas, con dos torres de defensa que atestiguan el peligro que corrían sus habitantes con los desembarcos de piratas turcos y berberiscos, que llegaban hasta el interior de la isla en el curso de sus tropelías. Todavía pueden verse en muchos lugares de la isla unas cruces pintadas en la pared, una costumbre ancestral que tenía por finalidad alejar las influencia de brujas y malos espíritus. Entre las viviendas transcurren unos estrechos callejones y se pueden ver unos hornos de pan de gran belleza.

Desde Sant Llorenç es necesario tomar la carretera que va desde Eivissa a Santa Eulàlia, que continúa hacia Sant Joan y que nos llevará hasta el pueblo de Sant Carles de Peralta. La iglesia se empezó a construir en el año 1785, pero no se sabe con certeza cuando terminaron las obras. El pórtico, la casa rectoral y la espadaña fueron construidas más tarde. A finales de los años noventa fue objeto de una rehabilitación.

Sant Agustí des Vedrà

Aunque alejada del circuito, pues implica tener que regresar a Santa Eulàlia del Riu. De allí dirigirnos a Sant Antoni de Portmany, donde la carretera que conduce hasta Sant Josep de sa Talaia nos llevará a Sant Agustí des Vedrà y a la última iglesia de este recorrido por Eivissa.

De nuevo problemas por la ubicación de la iglesia hicieron retrasar las obras de construcción de este templo del cual tuvo que determinar su ubicación el obispo Eustaquio Azara. En el año l819 ya estaban finalizadas las obras y, al igual que en otros casos, mientras se concluía la edificación, la casa de can Pere Rafal sirvió como templo provisional.

Estas iglesias rurales proyectadas por Abad y Lasierra expresan el convencimiento de los ilustrados por la existencia del progreso entendido como una superación de estadios de desarrollo y que, en el caso de las islas de Eivissa y Formentera, debía concretarse en el abandono de costumbres ancestrales que tenían asegurada su pervivencia en una población disgregada de difícil acceso para la Iglesia y que, desde la mirada ilustrada, suponía un obstáculo para la modernidad y, consiguientemente, para el progreso. Pero la intencionalidad que pretendían, en el sentido de ser el inicio de auténticos pueblos no fue efectiva hasta transcurrido mucho tiempo, hasta bien entrado el último tercio del siglo XX y por motivos históricos bien diferentes.

Formentera: Sant Francesc Xavier y Nostra Senyora del Pilar

Formentera ha tenido una historia difícil, a causa de las invasiones piratas estuvo prácticamente deshabitada durante los siglos XVI y XVIII. Hasta el año 1738, año en que se inauguró la iglesia de Sant Francesc Xavier de Formentera, la Capella de sa Tanca Vella fue la iglesia de los pocos habitantes de Formentera. Una vez en Sant Francesc, merece la pena la visita hasta la antigua capilla de siglo XIV porque pocos edificios llegan a convertirse en testigos tan calificados del pasado. Al contemplarla, se pone de manifiesto cuál era la población de la isla poco más de un siglo después de la conquista catalana. Sus reducidas dimensiones y la ausencia absoluta de cualquier elemento que no sea absolutamente imprescindible no dejan duda alguna que eran muy pocos, muy humildes y fieles cristianos dispuestos a celebrar su ritual por adversas que fuesen las circunstancias.

Dos hechos fueron claves en la problemática poblacional de la isla de Formentera, por un lado la inseguridad motivada por la piratería norteafricana y, por otro, las terribles epidemias de peste. En el año 1353 el rey Pere el Cerimoniós en una carta se refiere al despoblamiento de la isla y expresa su deseo para que vuelva a ser habitada. En el año 1369 informa que la isla vuelve a estar poblada y se concede permiso para edificar una capilla cerca de la cueva de San Valero y bajo la advocación de este santo. De todos modos, el total despoblamiento se hizo inevitable y obligó a la repoblación de la isla a finales del siglo XVII por parte del ibicenco Marc Ferrer.

A partir del establecimiento de los nuevos habitantes la Capella de Sa Tanca Vella fue insuficiente, por lo que se tuvo que construir la de Sant Francesc Xavier. En 1726 empiezan las obras de esta nueva iglesia que presenta un aspecto absolutamente fortificado para poder servir de refugio a los habitantes de la isla en caso de peligro. La Iglesia fue el único lugar de refugio hasta que en el año 1749 se edificó la torre de defensa de sa Guardiola en s’Espalmador y contó con cañones que acabaron siendo destinados a otras dos nuevas torres de defensa construidas hacia 1762.

La construcción de la iglesia se adjudicó a Batista Garcia pero en 1727 el maestro de obras de Denia instalado en Eivissa, Pere Ferro, por encargo del vicario general, realizó una serie de modificaciones tales como alargar la nave, construir tribunas, capillas, el coro y casa para el rector. Curiosamente, mientras estaba con esta obra tuvo que acometer la reparación del convento de los dominicos en Dalt Vila pues un relámpago cayó en el polvorín del baluarte de Sant Llúcia en el año 1730 (conocido en Eivissa como s’any des tro) y causó importantes daños.

La iglesia de Sant Francesc sigue el modelo de nave única, con cubierta de bóveda de cañón. Presenta exteriormente un doble perfil, a causa de que la casa parroquial fue construida encima mismo de las naves. La campana mayor, que presenta la leyenda “Ihs Nasareno i San Mig(u)el 1805”, procede de una embarcación.

La pila bautismal es una interesante pieza de origen desconocido que ha dado lugar a diferentes hipótesis entre las que se encuentra la posibilidad de que proceda del monasterio que una comunidad de monjes agustinos tuvo en La Mola en el siglo XIII. Se trata de un capitel con unos rostros y bucráneos esculpidos, con una decoración esquemática.

Hay que retomar la misma carretera que desde el puerto de La Savina conduce a Sant Francesc para llegar a La Mola, donde se encuentra la iglesia de Nuestra Senyora del Pilar. Los orígenes de este templo hay de buscarlos en las dificultades que la población instalada en este lugar tenía para acudir a las misas en la Iglesia de Sant Francesc por lo que hicieron saber al arzobispo visitador Juan Lario en el año 1771 la conveniencia de construir en la zona un nuevo templo.

El capitán de la milicia de Formentera Marià Tur “Damià” cedió el solar para la construcción de la iglesia. A su llegada a Eivissa el obispo Abad y Lasierra ya la encontró construida y probablemente los orígenes aragoneses del obispo determinaron la advocación a la Virgen del Pilar.

A lo largo del siglo XX la iglesia fue objeto de diversas reformas que modificaron considerablemente su aspecto original.

Datos y descargas

Dificultad:
Fácil. Trayecto en coche para llegar a los diferentes municipios de la isla.
Duración:
Excursión de un día entero.
Longitud:
40 kilómetros de recorrido, aproximadamente, del punto 1 al 9.
De interés:
El Museo Militar de Menorca, situado en el municipio de Es Castell, está abierto de lunes a viernes de 10 a 13 horas y el primer domingo de cada mes, de 10 a 13. Para visitar el castillo de Sant Carles, conviene concertar la visita llamando al Museo Militar.
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Introducción

Para los menorquines el siglo XVIII es una época singular. Menorca, y en concreto el puerto de Maó, se convierten en un enclave estratégico codiciado por las principales potencias europeas de la época: Gran Bretaña, Francia y España. Los británicos necesitaban la isla para controlar el Mediterráneo occidental; España y Francia, regidas ambas por monarcas de la casa de Borbón, pugnaban por impedírselo.

Los ingleses desembarcaron en Menorca en septiembre de 1708 como aliados de Carlos de Austria durante la Guerra de Sucesión. Como compensación, el tratado de Utrecht (1713) les cedió la soberanía sobre la isla, juntamente con Gibraltar. El dominio británico se prolonga formalmente hasta 1783, cuando el tratado de Versalles entrega Menorca a Carlos III de España. En el ínterin, se produce la ocupación militar francesa durante la guerra de los Siete Años (1756-1763) y la conquista española de 1781-82. Pero todavía los ingleses volverían a ocupar la isla durante casi cuatro años, entre 1798-1802. El tratado de Amiens (1802) supuso la salida definitiva de los británicos, quienes tenían ya un nuevo enclave estratégico en el Mediterráneo: Malta.

Durante casi un siglo los menorquines tuvieron que convivir con británicos, franceses y españoles. La relación no siempre sería cordial, pero dejó una huella indeleble en la memoria colectiva de los isleños. Pero no sólo en la memoria: Menorca conserva todavía muchos vestigios de una época en que la isla fue uno de los más importantes enclaves geoestratégicos de Europa.

Plaza de la explanada de Es Castell

Empezamos el itinerario en la Explanada del pueblo de Es Castell. La actual población fue construida a partir de 1771 sobre los planos del ingeniero militar británico Patrick McKellar. En realidad, el Gobierno británico mandó derribar la antigua población, ubicada en el emplazamiento del actual cementerio, puesto que dificultaba la defensa del castillo de San Felipe, tal como se había demostrado durante el asedio francés de 1756. La nueva población, bautizada con el nombre de Georgetown por los británicos en honor del rey Jorge III, fue rebautizada posteriormente por los españoles como Real Villa de San Carlos (en honor ahora de Carlos III de España). Por ello, todavía se la conoce también como Villa-Carlos.

Es Castell es un excelente ejemplo del urbanismo de la Ilustración, caracterizado por el trazado ortogonal de sus calles. El centro de la población es la Explanada. Originalmente era una plaza de armas rodeada por cuarteles en tres de sus cuatro costados; en el cuarto destaca el edificio del Ayuntamiento, también de finales del siglo XVIII. Se conservan todavía los edificios de tres de los cuarteles, todos ellos de época británica, que mantienen buena parte de su fisonomía original. Uno de ellos –el antiguo cuartel de Cala Corb– es visitable, ya que alberga el Museo de Militar. En él hay una interesante colección de maquetas, planos y mapas antiguos, así como de armamento de diferentes épocas.

El Museo militar de Menorca contiene una exposición histórica de gran interés, al contener una parte importante de los avatares de los siglos XVIII y XIX.

La primera sala que encontramos es el antiguo despacho del coronel del regimiento de artillería de costa, con muebles del siglo XIX. A continuación, la sala Almirante Miranda, dedicada al puerto de Maó y a la marina de guerra española, contiene siete maquetas o modelos navales: cuatro de ellas, regalo del Coronel Amengual al Museo. Éstas son: el Navío Santana, que combatió contra Nelson en Trafalgar; el Navío San Pascual, buque insignia de la escolta de la Marina de Guerra al convoy de transporte de tropas españolas del desembarco en 1781; la Fragata blindada Numancia, primera embarcación a hélice que dio la vuelta al mundo; y la Falúa que Maó regaló a la reina Isabel II con ocasión de su visita a Menorca el año 1860. Otro gran modelo naval es la galera Real de Don Juan de Austria, desde la que dirigió la batalla de Lepanto, que acabó con la derrota turca en el siglo XVI. Otra maqueta naval es la fragata Diana, construida en el puerto de mahón en 1796, obra y obsequio del Sr. Catchot. Pueden observarse también antiguas imágenes de Maó y del Lazareto, además de una pieza de artillería del siglo XVI, llamada “verso” que fue rescatada de los navíos de la Armada Invencible. En el pasillo encontramos algunas piezas de cerámica.

Le sigue la sala Grillón, dedicada al duque Grillón, que es la sala de conferencias y proyecciones de vídeo sobre el museo, La Mola, Sant Felip, y el tiro de alguna batería y el transporte de los cañones Munaiz-Arguelles desde Fornells por medio de helicópteros pesados.

A continuación, encontramos la sala Felipe II, dedicada al arrabal del castillo de San Felipe, Georgetown, Villa Carlos y, ahora, Es Castell, donde en sucesivas maquetas se ve el pueblo en sus distintas etapas y desarrollo, en su época española del siglo XVI y XVII, y, después, la inglesa en sus dos versiones, a principios y fines del XVIII respectivamente.

La sala gobernador Kane, dedicada a las dominaciones extranjeras de Menorca durante el siglo XVIII, contiene testimonios de la larga dominación británica con retratos de gobernadores y personajes de la época, pinturas bélicas con al fondo del castillo de San Felip. Un pequeña parte está dedicada al breve dominio francés.

La sala María Luisa Serra, eminente arqueóloga menorquina, se dedica a Menorca antigua desde los primeros tiempos hasta la época medieval. Hay una serie de maquetas, entre ellas destaca la de las murallas de Son Catlar (Ciutadella); la naveta de enterramientos de Es Tudons (Ciutadella), el talayot y recinto de Taula de Trepucó (Maó), el recinto costero de Caparrot de Forma (Maó) y un gran plano de Menorca con la situación de los monumentos talayóticos.

Pasamos por la biblioteca del museo, que contiene más de seis mil libros de temática histórica y militar, que nos llevará a la sala Carlos III, dedicada a la reconquista de Menorca. Preside la sala un gran cuadro del Rey Carlos III de España, copia del Mengs que figura en el Museo del Prado de Madrid. En la pared de la derecha, un cuadro con el obelisco conmemorativo de la conquista y una curiosa historia sobre la mujer soldado.

La siguiente estancia es la sala La Mola o de Isabel II, se dedica a la fortificación y artillado de La Mola del puerto de Maó. Sus paredes están cubiertas de planos levantados desde 1847, en que se inician las obras de la fortaleza, hasta los planos de los cañones Krupp, los primeros de acero, instalados en 1889. Hay también cuadros de Font que recuerdan la inauguración de la fortaleza y un retrato de la reina Isabel II.

Finalmente se encuentra la sala del General Bayarte, artillero ilustre, que fue gobernador de Menorca dos veces a finales del siglo XVII. Esta sección consta de seis dependencias: pasillo central, sala de óptica y cálculo, sala de dirección de tiro de la batería de Llucalary, sala de municiones, sala de maquetas y materiales y capilla.

El pasillo central recoge aspectos generales de la Artillería española. La sala de óptica y cálculo muestra una abundante colección de aparatos de medida para el cálculo de puntería, precisos para el tiro de las baterías. La sala de dirección de tiro de la batería de Llucalary disponía de la batería Vickers de 38,1 cm de Llucalary (la original que montó la casa inglesa Vickers en 1932). La sala de municiones, donde se exponen las municiones de todos los materiales artilleros que hubo en Menorca, tanto los de costa y campaña, como los antiaéreos. La sala de maquetas y materiales expone desde una reproducción de una bombarda del siglo XV, cuyo original se encontró en el castillo de Bellver, hasta un radar de exploración antiaérea de mediados del siglo XX. La capilla exhibe una serie de imágenes de Santa Bárbara de las baterías de Menorca.

Castillo de Sant Felip

Salimos de Es Castell en dirección a la bocana del puerto de Maó para visitar el castillo de San Felipe. Esta fortaleza empezó a construirse a partir de 1554 para defender el puerto de Maó, sobre todo de los ataques de turcos y berberiscos. Después del ataque de Barbarroja a Maó en 1535, Felipe II ordenó la construcción de esta fortaleza que defendiera la entrada al puerto. El primer proyecto fue obra del ingeniero Cessane, aunque sería Juan Bautista Calvi quien realizaría los planos definitivos, escogiendo su emplazamiento. Éste estuvo en Menorca en 1555 dirigiendo las obras, que serían continuadas por los hermanos Fratín. La construcción duró más de veinte años, quedando acabada hacia el año 1580.

Su planta era cuadrada, con un baluarte en cada ángulo. Al posesionarse los británicos de Menorca, el castillo fue enormemente ampliado con lunetas y revellines unidos mediante galerías subterráneas que configuraron su forma estrellada. Durante el agitado siglo XVIII Sant Felip fue objeto de tres asedios. El primero, muy breve, sucedió en septiembre de 1708 cuando el general Sir James Stanhope tomó Menorca en nombre del archiduque Carlos de Austria. El segundo tuvo lugar en 1756, cuando tras duros combates y meses de asedio la guarnición británica capituló ante el ejército francés comandado por el mariscal duque de Richelieu. Finalmente, el tercer asedio se realizó entre 1781 y 1782, cuando las tropas españolas a las órdenes del duque de Crillón forzaron la capitulación de la guarnición británica.

Lamentablemente, hoy el visitante no puede ver lo que fue una de las mayores fortalezas del momento, puesto que fue volada por orden del Gobierno español en 1782. Muchos de los sillares del castillo fueron transportados en barcas al otro lado de la bocana del puerto, donde fueron utilizados para la construcción del gran lazareto que todavía puede contemplarse en la isla homónima. No obstante, pueden visitarse las ruinas y parte de las galerías subterráneas del castillo, todavía lo suficientemente impresionantes para dar una idea de lo que fue San Felipe en sus momentos de esplendor.

Cala de Sant Esteve y el fuerte Marlborough

Saliendo del castillo de Sant Felip, a escasos metros a la izquierda, se encuentra el camino que conduce a la cala de Sant Esteve. Desde esta cala se pueden ver algunos restos de la muralla de la fortaleza y visitar una fortificación que cubría Sant Felip de un posible ataque por el sur: el fuerte Marlborough. Se trata de un reducto dotado de un recinto central de planta heptagonal creado a partir de la excavación de un gran foso con una galería en la contraescarpa, también excavada en la roca. Se accede al fuerte a través de una galería que se abre en la cala de Sant Esteve. La galería desemboca en la contraescarpa, que rodea completamente el foso. En ella se abren numerosas aspilleras por las que los defensores podían batir a los atacantes que saltaban al mismo. De la contraescarpa parten cinco contraminas que servían para volar los túneles abiertos por el enemigo.

Fort Marlborough se construyó entre 1724 y 1726, y fue reconstruido durante la última ocupación británica de la isla (entre 1799 y 1801). Rehabilitado a finales del siglo XX, puede visitarse entre los meses de abril y octubre. Durante la visita, que dura unos 45 minutos, se procede al visionado de un vídeo sobre la historia de Menorca en el siglo XVIII.

Marlborough fue concebido como un fuerte para cubrir la zona sur de castillos de Sant Felip. La primera construcción se levantó entre 1710 y 1716, durante la primera dominación británica. Tomo el nombre de sir Jonh Churchill, duque de Marlborough, uno de los militares que participaron en la guerra de Sucesión española.

Iglesia parroquial de Sant Lluís

Al subir de la cala Sant Esteve nos dirigimos a Es Castell y tomamos el desvío de la izquierda, que nos conduce directamente a la población de Sant Lluís. Este pueblo es el vestigio más importante de la breve presencia francesa en la isla, entre 1756 y 1763. Como Es Castell, la trama urbana de Sant Lluís es ortogonal, pero en este caso el centro de la población no está ocupado por cuarteles, sino por la parroquia dedicada a Sant Lluís, en honor de Luis XV de Francia, monarca reinante entonces. Una inscripción en la fachada principal recuerda que el templo fue dedicado por los franceses a San Luis.

Se trata de un edificio neoclásico diseñado por el arquitecto e ingeniero Antoine d’Allemand a petición de su amigo Antoine de Caussan, intendente en Menorca durante la ocupación francesa. El espacio interior del templo es de nave única cubierta con bóvedas de arista y tres capillas en cada uno de los lados, construidas entre los contrafuertes. La iglesia se empezó a construir en 1758 y no se finalizó hasta 1783, muchos años después de que los franceses abandonaran Menorca.

Un paseo por el Maó del siglo XVIII

Tras la visita a Sant Lluís, nos dirigimos a Maó. Esta ciudad se convirtió en la capital de hecho de Menorca durante la dominación británica (de derecho continuaba siéndolo Ciutadella) al instalarse en ella la residencia del gobernador y la sede de los tribunales reales. El activo comercio y la frenética actividad náutica (puerto militar, astilleros, etc.) del puerto de Maó propiciaron la expansión demográfica y urbanística de la ciudad durante el siglo XVIII.

Una descripción prolija del Maó dieciochesco nos ocuparía demasiado espacio. No obstante, algunas visitas son absolutamente imprescindibles. Puede comenzarse la visita en la plaza de la Constitución, donde se halla la parroquia de Santa María; si bien sus orígenes se remontan al siglo XIII, el edificio actual fue levantado entre 1748 y 1788. Es un edificio de nave única cubierta con bóvedas ojivales de crucería, lo que demuestra la pervivencia de las técnicas constructivas del gótico en una época en que triunfaba el neoclásico. Pero lo realmente interesante de Santa María no es el edificio –más bien mediocre– sino el magnífico órgano monumental inaugurado en 1810.

En la misma plaza de la Constitución pueden contemplarse otros dos edificios construidos a finales del siglo XVIII. El Principal de Guardia, como su nombre indica, era un cuerpo de guardia para la tropa; su antigua función militar está simbolizada por las esculturas que representan yelmos y corazas que coronan el edificio. Al otro lado de la plaza se haya el Ayuntamiento, del cual destaca el gran pórtico con tres arcos. Ambos edificios son obra del ingeniero militar español Francisco Fernández de Angulo y fueron construidos durante los años ochenta del siglo XVIII.

Un testimonio extraordinario del Maó dieciochesco es la iglesia de la Concepción, situada en el Cos de Gràcia. Este templo, hoy católico, fue construido en 1749 por la colonia griega que se estableció en Maó durante la dominación británica para la práctica del culto ortodoxo. La iglesia, dedicada inicialmente a San Nicolás, tiene planta de cruz griega definida a partir de cuatro pilares exentos que sostienen las bóvedas y la cúpula central.

También son testimonios de este período los conventos de Sant Francesc (hoy Museo de Menorca, con una interesantísima colección de cuadros, mapas y grabados del siglo XVIII) y el del Carme (donde puede visitarse la colección de la Fundació Hernández Sanz-Hernández Mora). La visita debe completarse por las calles Anuncivay, Infanta, Nova, Hannover, Arraval e Isabel II, donde pueden contemplarse las fachadas de las familias burguesas enriquecidas por el comercio y las actividades corsarias.

La torre de Sa Mesquida

Al salir de Maó por el puerto debe tomarse la carretera que conduce a la Mola. Tras andar un par de kilómetros encontraremos el desvío que conduce a la playa de Sa Mesquida, caracterizada por el color casi negro de las rocas. En Sa Mesquida desembarcó el ejército español mandado por el duque de Crillón en agosto de 1782.

Posteriormente, durante su última estancia en la isla (1799), los británicos construyeron allí una de las diversas torres defensivas que levantaron para proteger las costas, puesto que la isla estaba prácticamente indefensa tras la demolición de Sant Felip. Se trata de una torre de planta circular en la que destaca el gran parapeto que protegía parte de la plataforma superior. Se corresponde con las llamadas torres Martello (o Martello Towers), de las que los ingleses construyeron once en Menorca y muchas más en Irlanda y otras zonas bajo su dominio, como Canadá.

El camí d’en Kane (Kane’s Road)

Tomamos la carretera de Maó a Fornells y, tras recorrer un corto trecho, nos encontramos el monumento erigido en memoria de Richard Kane, sin duda el gobernador más famoso del siglo XVIII. Fue este gobernador, originario del Ulster, quien ordenó la construcción de una carretera que debía unir el castillo de Sant Felip con Ciutadella, para facilitar el rápido tránsito de tropas, armamento y suministros entre los dos extremos de la isla.

La carretera se construyó entre 1720 y 1722, y fue objeto de fuertes protestas por parte de los municipios menorquines (universitats), quienes debieron sufragarlo a sus expensas. El primer tramo del Camí d’en Kane coincide con la carretera de Maó a Fornells. Algunos kilómetros más adelante ambas vías se separan; quien quiera continuar por el camí debe tomar un desvío a mano izquierda, debidamente señalizado.

El Camí d’en Kane es actualmente un precioso camino rural, poco transitado por los automóviles, que permite, sin prisas, el disfrute del paisaje. Discurre más o menos paralelamente al norte de la carretera general y llega hasta Mercadal. Es una ruta excelente tanto para pasear en coche como a pie o en bicicleta. Nos llevará directamente hasta Mercadal, nuestra siguiente parada.

El aljibe des Mercadal

La posición de Mercadal, prácticamente en el centro geográfico de la isla, la convertía en parada obligatoria de todos aquellos que atravesaban Menorca. Con el objetivo de aprovisionar a sus tropas en tránsito de agua potable, el gobernador Richard Kane ordenó la construcción del aljibe des Mercadal, en una zona donde prácticamente no hay aguas subterráneas.

Es un gran depósito que recoge el agua de lluvia que cae sobre su terraza, la cual tiene unos 800 m2 de superficie. El depósito tiene una capacidad de 273.500 litros de agua, protegida tras unos gruesos muros construidos en talud. Fue construido por el maestro de obras local Pere Carreras entre 1733 y 1735. Todavía hoy los vecinos de Mercadal lo utilizan para proveerse de agua de lluvia.

Fornells

Nos encaminamos hacia Fornells, última etapa de nuestra ruta, por la carretera que une Es Mercadal con la población marinera del norte de la isla. En Fornells podemos contemplar tres construcciones relacionadas con el siglo XVIII. Podemos observar la primera a distancia, en medio de la amplia bahía, en la Illa de Ses Sargantanes. Se trata de una torre y una batería, con cuatro troneras, construidas por los ingleses hacia 1799-1801 para evitar que buques enemigos fondearan en el puerto.

Mucho más accesibles son los otros dos edificios, también fortificaciones. El primero está junto al mar. Son los restos del castillo de Sant Antoni, construido durante el siglo XVII y utilizado por los británicos durante el XVIII. Este castillo dio origen al actual pueblo de Fornells, levantado en sus inmediaciones. Por desgracia, y tal como sucedió en Sant Felip, los españoles demolieron el castillo en 1782. Hacia 1799 los británicos construyeron una batería para proteger la entrada del puerto. Es esta batería y parte de la antigua fortaleza lo que puede verse en la actualidad tras las obras de restauración y consolidación que se han realizado.

Finalmente, sobre la eminencia que preside la orilla occidental de la entrada del puerto, se observa una torre de defensa de planta circular construida también por los británicos hacia 1799-1801. Rehabilitada hace pocos años, puede visitarse entre los meses de abril y octubre.

Datos y descargas

Dificultad:
Fácil. A pie por el interior de los recintos, con vehículo para desplazarse de una possessió a otra.
Duración:
Una excursión de un día.
Longitud:
18 kilómetros aproximadamente
De interés:
Las tres possessions son visitables, previo tiquet en Sa Granja y Alfàbia, y disponen de aparcamiento.
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Introducción

Las grandes fincas rurales de Mallorca se denominan possessions, nombre que, desde el siglo XVI, se impuso sobre los antiguos nombres genéricos de origen árabe, las alquerías y los rafales. Los propietarios eran denominados Senyors y, mayoritariamente, formaban parte de la nobleza terrateniente. Estos alquilaban sus fincas a los amos, que eran los arrendatarios payeses que las explotaban.

La possessió era la pieza clave de la economía de la Part Forana tradicional. Era una auténtica unidad de producción. El centro de funcionamiento y el hábitat eran las casas (denominadas en plural porque contaban con diversos edificios), habitualmente alrededor de una clastra (patio), acogían la casa de los dueños y la casa de los amos, además de diferentes estancias productivas como la tafona (almazara o molino de aceite), el celler (bodega), el molino de sangre (molino harinero de tracción animal), etc., y estancias ganaderas como sestadors, establos y boals. También podía contar con capilla.

Las casas de las possessions han ido adaptándose al paso de los siglos. Diversas motivaciones, como las necesidades defensivas, funcionales y/o estéticas, han provocado modelos constructivos y estilísticos diversos, como el carácter palatino de Alfàbia, Sa Granja o Raixa, entre muchos otros.

Sa Granja

Situada en el término municipal de Esporles, se llega a ella por la carretera Ma-1040. Se localiza a la salida del pueblo en dirección a Banyalbufar a unos 2,5 Km. La entrada se encuentra bien señalizada.

Las casas de Sa Granja se localizan en el solar de un edificio muy antiguo, favorecido por la abundante presencia de agua. La primera referencia que tenemos de la ocupación de este lugar se relaciona con la alquería musulmana llamada Alpic. En la repartición producida a raíz de la conquista catalana de Jaume I, estas tierras correspondieron al conde del Rosselló, Nunó Sanç. Poco tiempo después, en el año 1233, éste la donó a la orden religiosa cisterciense.

Los monjes del Cister ocuparon poco tiempo la antigua alquería Alpic, ya que el año 1239 se instalaron en el lugar posteriormente denominado “Real Vella” en la actual possessió de Son Cabrer (Palma) y, en 1266 fundaron el monasterio de la Real. Con estos traslados, la antigua alquería Alpic se convirtió en granja destinada a actividades agrícolas, lo cual nos explica el nombre actual de la Granja; entonces se intensificó el aprovechamiento del agua, proveniente de la actual Font Major, denominada en aquel tiempo la Font de Déu, cuyo control produjo conflictos entre la gente de la villa de Esporlas.

En el año 1444 el monasterio de la Real estableció la possessió a Gregori Joan, también propietario de la possessió de Planici, mediante un contrato de enfiteusis, a cambio del pago de una renta anual. En el siglo XVI pasó a la familia Vida y en el siglo XVII pasó a ser propietaria la familia Fortuny hasta avanzado el XX. Actualmente, desde los años 60, y después de un nuevo cambio de propiedad, funciona como casa-museo. En ella se pueden visitar las diferentes estancias y su colección etnológica (herramientas y objetos tradicionales).

Las casas presentan una planta compleja e irregular, resultante de los anexos incorporados con el paso del tiempo. La fachada principal presenta un alzado de tres plantas con ventanas simétricas y portal forà de arco de medio punto dovelado. Corona el portal un escudo barroco con las armas de Ramon Fortuny de Ruesta i Gual.

El vestíbulo tiene dos tramos con techo de vigas, separados por dos arcos escarzanos enmarcados por pilastras jónicas. En la parte de la derecha del primer tramo, se encuentra la capilla; tiene portal adintelado y muestra un suelo con baldosas que diseñan rombos verdes; preside la estancia un pequeño retablo barroco con una pintura dedicada a la Sagrada Familia. El patio es de planta cuadrangular y aparece empedrada, con una fuente octogonal en medio, con vegetación. Este patio reparte las estancias del núcleo principal de las casas. El lateral del norte enlaza la fachada con el cuerpo sur-oriental y presenta una interesante logia de nueve arcos de medio punto, con columnas jónicas y balaustrada. En el fondo hay un arco rebajado con bóveda de arista y la escalera que sube al piso noble.

Entre las numerosas estancias destinadas a actividades económicas tradicionales, destacamos el celler (bodega), el molino de sang (tracción animal) y la lavandería. La tafona (almazara), que ocupa una gran sala rectangular, aparece mecanizada, con engranajes relativamente modernos, con prensa de moler la oliva mecanizada y con dos prensas hidráulicas, así como dos graneros de arco de medio punto y bóveda de cañón.

Entre las estancias de vivienda, destacamos diversas salas de estar, el gran comedor, con dos jácenas en la cubierta, una curiosa sala de juego, un pequeño teatro y las habitaciones (dormitorios) con camas con dosel; también hay diversas cocinas, en una de las cuales podemos contemplar un molino de harina de mano. Se conservan algunos graneros de arco de medio punto y bóveda de cañón, considerados en ocasiones como restos de celdas del antiguo monasterio. Uno de los establos ha sido habilitado como “sala de torturas”.

De los exteriores, son destacables los jardines. El jardín superior es de estilo clasicista italianizante, con un molino de agua integrado en el conjunto, adaptado a manera de gruta, y una estatua de Apolo. La fuente muestra la imagen de un niño jugando con un pez. El jardín inferior cuenta con una impresionante fuente con surtidor.

Raixa

Desde Sa Granja deberemos volver hacia Esporles, dirigirnos por la Ma-112 hacia la carretera de Valldemossa. Al llegar a ésta, en el cruce de s’Esgleieta, giraremos primeramente a la izquierda, en dirección a Valldemossa, pero, inmediatamente, giramos a la derecha, dirección Palmanyola hasta llegar a la rotonda de la carretera de Sóller, Ma-11. A menos de un kilómetro, dirección a Sóller, observaremos a mano izquierda el panel indicativo de la finca.

Las referencias históricas de Raixa se pierden en la noche de la historia, cuando debió ser una alquería o un rafal de época islámica. A finales de siglo XV Raixa era de los Safortesa-Tagamanent. En 1660 compró Raixa, Ramon Despuig y Rocabertí, conde de Montenegro. El personaje más destacado de Raixa fue el cardenal Antoni Despuig i Dameto (1745-1813), quién hizo reformar las casas según un estilo clasicista italianizante, con un bello jardín y un museo de escultura. Después de 1910 una parte de las piezas pasaron al fondo del museo de Historia de la Ciudad (Castillo de Bellver). La possessió se vendió, en el 2002, al Ministerio de Medio Ambiente y al Consell de Mallorca. El 3 de septiembre de 2007, se inauguró la restauración de las casas, trabajo dirigido por el arquitecto Lluís Alemany. En la actualidad se está acabando la restauración de sus jardines.

El portal muestra dos torretas laterales, con almenas, de estilo neogótico que enmarcan el arco de medio punto de ingreso. El escudo que corona el portal muestra un águila bicéfala y las armas del conde de Montenegro. Se accede a una ancha explanada, configurada por un jardín con una alberca. Este espacio acoge también la estatua del cardenal Despuig.

En el fondo de la explanada se levanta la fachada principal de las casas, con alzado de tres plantas; el portal forà es de arco de medio punto adovelado. Por una entrada con suelo empedrado, accedemos al complejo arquitectónico de Raixa. A la derecha encontramos el lateral de la capilla, mientras que a la izquierda hay un portal adintelado que da acceso a una espaciosa sala rectangular, parte del antiguo museo.

El patio es rectangular, con un almez en el centro; destaca también un brocal octogonal. En la derecha presenta dos grandes arcos rebajados, sostenidos por un pilar octogonal; también encontramos dos portales de arco de medio punto abiertos en el paramento en talud, que es la parte más antigua de las casas, del siglo XVI. El portal más próximo al soportal acoge el almacén agrícola y el segundo, a la izquierda del anterior, contiene el depósito de aceite. El lateral oeste, ante el acceso, acoge la casa de los amos o arrendatarios.

Debajo de los dos arcos rebajados del lateral norte del patio, se encuentra el portal de acceso a la capilla y la escalera que conduce a la planta noble, además del denominado cuarto de la Beata Catalina Thomàs.

La capilla presenta un portal adintelado, coronado por una claraboya circular. Tiene planta rectangular con cubierta de dos tramos, el primero con bóveda de arista y el segundo, sobre el altar, con bóveda estrellada. En el primer tramo, a la izquierda, hay una tribuna desde donde los señores oían misa. El retablo es de estilo barroco, con una pintura dedicada a la Coronación de la Virgen, con los motivos de la letanía mariana que rodean a la Immaculada y la Santísima Trinidad; los laterales del retablo están definidos por sendas columnas corintias con fuste helicoidal, mientras que el dintel superior muestra el escudo de los Despuig.

En el primer rellano de la escalera que arranca cerca de la capilla, está el portal de la habitación que, según la tradición, ocupó santa Catalina Tomàs cuando pasó alguna temporada en Raixa, con los Saforteza-Tagamanent, en torno al año 1550.

La fachada sur presenta un alzado de cuatro plantas. En la planta baja, se abren cinco arcos rebajados, que comunican con antiguos establos. La segunda planta, muestra una impresionante galería que alinea diez arcos de medio punto, con columnas toscanas, y con una balaustrada en la parte inferior; dos torres salientes interrumpen el muro y flanquean la arcada. En los extremos de la tercera planta, que acoge las estancias de los señores, hay dos pequeñas galerías sostenidas por cuatro columnas. El desván o porxo muestra doce ventanitas, donde se situaban las habitaciones del servicio.

En la parte norte de las casas se localiza el acceso al jardín superior. Justo delante, aparece, impresionante, la famosa escalera neoclásica, uno de los elementos más destacables de la reforma del Cardenal. Consta de siete tramos, con diferentes esculturas y elementos ornamentales, como los leones de la base, las cuatro imágenes de las musas, o diversas hidrias, además de canales de agua. Presidiendo, el dios Apolo, situado en el exedra superior. El conjunto está flanqueado por dos tiras de frondosos cipreses que le dan un aire sublime, de gran carácter.

Continuamos hacia la derecha y nos encontraremos con un estanque con una estatua de un personaje mitológico. Tras éste está la “casa en ruinas”, culminación del ambiente romántico del jardín. También observaremos la “casa de las muñecas”, una casita en miniatura diseñada para jugar las niñas de la familia; más a la izquierda, después de pasar por la parte superior de la escalera clasicista, llegamos al estanque o safareig de Raixa, que es uno de los mayores de Mallorca, como testimonian sus medidas: 98 metros de longitud, 18 de anchura y 7 de profundidad.

Desde el estanque continuamos por el camino superior. En primer lugar observamos una gruta artificial. Después llegamos al pabellón neoárabe que configura un palacete de dos plantas. El camino escala la Muntanyeta y, después de una rotondita que sirve de banco y de mirador, a la izquierda aparece la ermita, que consiste en una capillita coronada por una pequeña espadaña, y un portal de medio punto. El tramo final de la subida se hace más dura. La parte superior está ocupada por un mirador con bella panorámica.

Alfàbia

Desde Raixa, retomamos la Ma-11 y continuamos hasta la rotonda anterior al peaje del túnel de Sóller. En esta rotonda tomamos la primera salida a la derecha, que nos llevará a Alfàbia.

Alfàbia era en época islámica una de las alquerías importantes del distrito Bunyula-Musu. Según una tradición poco verosímil, pertenecía al magnate musulmán Ben Abet, el cual colaboró con el rey Jaume I durante la conquista de 1229, por lo que fue recompensado. Sus sucesores se convirtieron al cristianismo y mantuvieron el nombre de origen árabe Bennàsser. Después pasó a los Santacília. Hacia 1750, uno de los señores más ricos de Mallorca, Gabriel de Berga y Zaforteza, promovió la reforma que transformó las antiguas casas de base gótica en un casal barroco de gran carácter. De los Berga la propiedad pasó a los Zaforteza, que todavía la mantienen.

Entramos en el recinto de Alfàbia por el portillo que se abre ante la carretera, con una barrera metálica que muestra la fecha de 1864. Nos acercamos a las casas por un paseo ornamentado con hileras de plataneros, según el estilo romántico de los denominados paseos de salón, que conduce directamente a la fachada principal de las casas.

La fachada principal muestra un gran paramento coronado por una testera mixtilínea. El portal forà es de grandes dimensiones. Data de mediados siglo XVIII y es de estilo barroco. Presenta un arco de medio punto sobre el cual hay un frontón curvado, mientras que las jambas representan pilastras jónicas. A media altura hay una apertura de forma elíptica atrompetada a cada lado. Según tradición, las puertas proceden del antiguo palacio de la Inquisición, destruido en 1823, que ocupaba buena parte de la plaza Mayor de Palma. Éstas se encuentran recubiertas de una plancha de bronce decorada con dibujos geométricos.

El portal deja paso a un gran vestíbulo dividido en tres tramos. En la cubierta de su primer tramo se encuentra un interesantísimo artesonado, en forma de artesa invertida. El estilo es mudéjar, y puede datarse en la segunda mitad del siglo XIV. El conjunto muestra una gran riqueza de ornamentación geométrica y de policromía, concretada en doscientos plafones poligonales; una jácena central cruza longitudinalmente el artesonado. La inscripción árabe de la cenefa fue trabajada en yeso y alterna con las barras catalano-aragonesas y el león rampante de los Bennàsser. La cubierta de los dos tramos siguientes es de bóveda de arista, mientras que en el alzado entre el primer y el segundo tramo hay una pilastra jónica adosada a la pared y situada sobre un plinto a cada lado.

Este espacio cuenta también con ornamentación heráldica: en el primer tramo, a la izquierda está el escudo de los Villalonga y a la derecha el de los Zaforteza; en el segundo, a la izquierda el de los Berga y a la derecha el de los Bennàsser; en el tercer tramo, a la izquierda el de la familia Burgues Zaforteza y a la derecha el de los Santacília. En la parte inferior de los laterales hay bancos de piedra adosados a la pared.

El vestíbulo conduce al patio a partir de un arco rebajado, con columnas con capitel jónico. Es de planta cuadrangular, presidida por un surtidor con pila octogonal, con una escultura de un niño con un pez. Desde la entrada, a la izquierda, hay un arco apuntado que da paso a un pasillo con tres arcos que comunica con un pequeño patio donde se sitúa un brocal octogonal.

El lateral de levante muestra el acceso principal a los aposentos de los señores; se levanta sobre una pequeña escalera con barandillas de piedra, con tres pilastras por lado, y tiene un frontón triangular presidido por el escudo de los Zaforteza. El lateral de mediodía del patio acoge la almazara, con acceso por una rampa adoquinada que acaba en un porche.

Entraremos por el pequeño portal renacentista a la casa de los señores, por un distribuidor, donde destacamos el árbol genealógico de los Zaforteza. El interior de las casas de Alfàbia contiene un buen conjunto pictórico y varias muestras de mobiliario muy interesantes, como queda de manifiesto en la sala situada a la derecha del distribuidor. Ésta tiene cubierta de envigado policromado y diversas pinturas que representan a los diferentes propietarios, entre los cuales destacamos a Pere de Santacília y Pacs a caballo (fallecido en 1666), importante adalid de los Canamunt; Gabriel de Berga y Santacília (fallecido en 1706), Leonor de Berga y Zaforteza (1701-1762), y Gabriel de Berga y Zaforteza; en los laterales inferiores hay varios paisajes como las casas de Alfàbia, el Cavall Bernat de Pollença y una vista de Palma, de Marià Conrado.

La segunda sala contiene uno de los muebles más importantes de Mallorca, la denominada “Silla del Rey Moro”, que, pese al nombre, no es de época islámica; data del siglo XIV y muestra interesantes relieves góticos tallados en madera, posiblemente representando el tema de Tristán e Isolda, una reina y un árbol, con una enigmática cabeza de un monarca, un perro y un conejo; en el frontal, hay una dama y un cortesano jugando a ajedrez; en el lateral de la derecha, dos soldados, mientras que en el coronamiento aparecen dos pequeños leones esculpidos. Según algunos autores, las figuraciones representan la pérdida de Mallorca por parte de Jaume III. Dentro de la sala hay, además, una buena colección de cuadros de temática diversa.

A continuación, sigue una sala rectangular que sirve de antesala. En ella destacamos varios grabados decimonónicos, la mayoría dedicados al papa Pío VI. A la derecha, se puede contemplar la alcoba, con una cama señorial vestida de damasco rojo; el portal de acceso al dormitorio muestra un retrato de Isabel II.

Un pasillo exterior, protegido por un porche, conduce, hacia la izquierda, a la biblioteca, que contiene un fondo de 1.200 volúmenes, y está presidida por el escudo de los Burgues-Zaforteza. De su fondo bibliográfico, destacamos una Historia de Jaume I, obra de Bernardino Gómez, de 1584. La biblioteca cuenta también con los pasos del Vía-Crucis.

Los jardines de Alfàbia son de los más interesantes de Mallorca. Desde las casas, se sale a un corredor con columnas toscanas y se desciende en el primer jardín por una escalera imperial con balaustrada. Se trata de un parque romántico, del siglo XIX. Constituye el centro un pequeño lago con un manantial en el medio y con numerosos nenúfares; la vegetación salvaje, con cañas de bambú, lianas, palmeras, palmitos y otras especies exóticas crean un ambiente romántico de estilo inglés.

Si subimos nuevamente la escalera y giramos a la derecha, recorreremos una pérgola con palmeras, buganvileas y hiedras, que conduce a una segunda pérgola más espectacular, con 32 parejas de columnas o pilastras y 24 hidrias, convertidas en surtidores, y un mirador cuadrangular, con una mesa de piedra ovalada, de estilo barroco, con amplia vista. Bajamos nuevamente a la entrada a partir de una interesante exedra, con frontón barroco y un relieve de Hércules, con una alberca cubierta a la izquierda. La escalera, con jardín abancalado, nos deja en la fachada de la casa.