Datos y descargas

Dificultad:
Este es un itinerario para hacer en automóvil, por lo tanto se puede considerar de dificultad mínima.
Duración:
Saliendo desde Pollença, se puede realizar en unas 6 horas, pero si se decide ascender al Puig de Maria en Pollença, o visitar diversas cuevas de Lluc, cada uno de estos itinerarios requeriría un día por sí mismo.
Longitud:
81 Km aproximadamente.
De interés:
Cabe tener en cuenta que los bandoleros no dejaron ningún resto material que se pueda ver o visitar. Tan sólo se accederá a escenarios y paisajes que los visitantes deberán llenar con su imaginación.
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Introducción

Los cien años que van desde 1560 a 1660 son conocidos en Mallorca como «segle dels bandejats». Contrariamente a lo que creen la mayoría de personas, un bandolero de aquel tiempo no era un ladrón de caminos, ni iba a caballo. Se trataban de hombres violentos que vivían para provocar violencia y terror. Muchas cuadrillas de bandoleros —algunas de ellas podían llegar a los cien bandoleros- estaban al servicio de una bandería aristocrática o de una villa. Se trataba, por lo tanto, de verdaderos ejércitos particulares.

No había prácticamente ningún municipio libre de bandoleros. Por ello, pese a que las cuadrillas preferían la montaña, podían actuar y residir en cualquier lugar. Sin embargo, las montañas permitían una cierta seguridad por las dificultades de comunicación, la abundancia de cuevas y de parajes en los que era fácil protegerse, lo cual provocaba que a menudo se convirtiera en sus lugares de refugio.

Existía una ruta conocida como «ruta dels bandejats» que unía la isla desde Pollença a Andratx. La línea fundamental era un conjunto de caminos marginales que corrían, a pie de montañas, de manera paralela a la carretera Palma-Alcúdia y no pasaba por el interior de ninguna población. Esta vía permitía huir rápidamente hacia el llano o la montaña y allí se desencadenaron multitud de batallas, enfrentamientos y actos de violencia.

El itinerario que aquí se presenta es el de montaña. Es aquel que, a partir de senderos, unía Pollença con la Ciudad aprovechando los valles transversales que forman la Serra de Tramuntana. El hecho de que los bandoleros mallorquines no usaran caballos, es decir que se trasladaran a pie, explica en buena medida esta ruta considerada como la más segura por estos hombres fuera de la ley.

El bandolerismo en los siglos XVII y XVIII

Además de lo citado anteriormente, debemos contemplar este fenómeno como algo común en todo el Mediterráneo, que en el caso mallorquín comienza a consolidarse a partir de la Germanía como una de sus consecuencias sociales, como ya hemos explicado en el fascículo tercero de la época anterior.

Debemos tener claro primeramente que bandolero y bandejat no significan lo mismo, aunque muchas veces se utilice indistintamente. Bandejat era toda persona que vivía fuera de la ley y que se dedicaba a robar. Mientras que un bandolero era toda persona fuera de la ley, causante de delitos comunes, que asaltaba caminos, robaba, mataba y realizaba todo tipo de infracciones. Por lo tanto, todos los bandoleros son bandejats, al robar, pero no viceversa.

En el área mediterránea el bandolerismo era un fenómeno endémico que se daba por la excesiva densidad de población (insuficiente trabajo para toda la población) y se agravaba o menguaba dependiendo de las condiciones socio-económicas de la zona.

Para el mantenimiento del orden público, los virreyes de Mallorca promulgaron numerosas pragmáticas o disposiciones destinadas a reprimir las acciones vandálicas, con castigos corporales durísimos y con multas de grandes cantidades de dinero, especialmente para los que atentasen contra las personas o propietarios. Las pragmáticas más importantes fueron las del virrey Lluís Vich i Manrique en el año 1584 (reinado de Felipe II) y las del virrey Don Rodrigo de Borja i Llansol en 1666 (reinado de Carlos II). El mantenimiento del orden quedaba a cargo de los comisarios reales que, supuestamente, eran los únicos que podían utilizar armas, juntamente con la nobleza.

Los virreyes, que ostentaban la máxima autoridad militar, llegaron a organizar sistemáticas persecuciones de bandoleros, comandadas por ellos mismos. Especialmente cruenta fue la de 1666, cuando la situación había llegado al extremo, que contó con la colaboración de la Iglesia, los caballeros y el pueblo. Ésta acabó con la captura de unos 100 bandejats, como Moyana, que había asesinado a más 20 personas, los hermanos Repich de Sineu, n’Amador de Sant Joan y Almazora de Manacor.

A pesar de todas estas medidas de freno, el bandolerismo no fue eliminado y volvió a resurgir a finales del mismo siglo (el XVII).

Pollença

La villa de Pollença marca el punto más al norte de la «ruta dels bandejats». Su importancia, en buena medida, se explica por el hecho de que hasta las Cortes de Cádiz fue territorio jurisdiccional de la Orden de San Juan de Malta. Su iglesia parroquial, que habitualmente sirvió de refugio de bandoleros, estaba controlada por la orden y fue considerada como símbolo de su poder.

Un lugar muy visitado de Pollença y al que vale la pena subir, es el Puig del Calvari (1.1.) En este lugar se situaron las horcas en las que se ejecutaban las sentencias. Por ello, también es conocido como el Puig de ses Forques.

Existe además un lugar de gran interés, como es el Puig de Maria (1.2.) El problema es que se ha de llegar a él a pie ya que no existe carretera y supone, por sí mismo, una excursión de un día entero.Además de poder observar un eremitorio medieval femenino prácticamente completo, se han de destacar la torre de defensa y dos cuadros exvotos que representan escenas de bandoleros. Estos dos cuadros son por el momento las únicas representaciones que se tienen de los bandejats del siglo XVII. Hay que remarcar que la población pollensina normalmente en caso de peligro no se refugiaba en el Castell del Rei, sino en el Puig de Maria.

Camino de Lluc

Los bandoleros podían optar a partir de Pollença por diversas vías: una de ellas iría en dirección Campanet hacia Sant Miquel; otra en dirección a Lluc por la carretera que atraviesa la Serra (Ma-10).

A pocos kilómetros se halla la Vall den Marc en el que se encuentra el llamado Salt de Llinàs. En este paraje, en el que destacan un conjunto de molinos hidráulicos en diferentes niveles, tuvieron lugar algunas batallas entre diferentes cuadrillas de bandoleros o entre bandoleros y comisarios. En 1618, en este paraje, un grupo de bandoleros liberaron a un compañero suyo que era trasladado a Palma.

Por otra parte, seguramente fue en estos parajes donde fue capturada una mujer bandolera llamada Joana David en 1612. Fue ejecutada por haber perpetrado diversos asesinatos, ir con bandoleros, armada y con ropas masculinas.

Santuario de Lluc

El Santuario de Lluc fue durante todo el siglo XVII lugar de refugio y de concentración de las cuadrillas de bandoleros. Si se llega a él desde Inca se pasa por el llamado Coll de Sa Batalla. Esta batalla tuvo lugar a finales de 1618 entre los comisarios y los bandoleros de la cuadrilla de Selva dirigida por la familia Boda y adscrita a Canamunt. Fueron capturados buena parte de los dirigentes de la cuadrilla y ejecutados de manera sumaria. Uno de los dirigentes, Mateu Ferragut, Lo Capellà Boda, planeó su venganza. El resultado fue el asesinato en 1619 del juez de la Real Audiencia Jaume Joan de Berga. De la investigación de este asesinato surgió el refrán Què em som jo de sa mort den Berga?

Por otra parte, el paisaje de Lluc permite diversos escondrijos para pastores, viajeros o bandoleros. Se ha podido comprobar como algunas cuevas —naturales o artificiales- que fueron usadas en la prehistoria como lugar de enterramiento fueron reutilizadas en los siglos XVI y XVII por ellos.

En los alrededores hay multitud de leyendas en torno a los bandejats, aunque éstas en muchas ocasiones se disfrazan en forma de otros personajes, como brujos o gigantes. Sin embargo existe una leyenda con base real: la captura del bandoler Rotget.

Hacia 1721 éste último –ya un ladrón, no un bandolero- era uno de los personajes más famosos de la isla. Se decía que no podía ser capturado ya que en un tubo de caña tenía encerrado un diablo familiar que le protegía. Por ello se decía En Rotget té follet. Sólo pudo ser capturado cuando, en el curso de un baile que se celebró en la plaza de Lluc, la mujer que bailaba con él le pidió que se quitara el diabólico talismán. En ese momento, los comisarios aprovecharon para capturarlo. Poco tiempo después fue ahorcado.

Gorg Blau y Allmallutx

De Lluc partiremos hacia Sóller por la misma carretera (Ma-10) pasando por el Gorg Blau y el embalse de Cúber.

Cabe recordar que en el Gorg Blau ya existían diversas leyendas antes de construir el embalse, como las damas de agua -dones d’aigua- que vivían y podían hacer peligrar la vida a los hombres que se enamoraran de ellas. Por otra parte, se puede ver la columna del santuario talayótico que, sacada de su lugar, denota el carácter sagrado del lugar. Por otra parte, los intentos de roturación de estos valles que se hicieron en el siglo XVII, todavía demuestran cómo el aumento de población provocó que se intentara cultivar en estos valles de montaña a cambio de grandes esfuerzos y unos rendimientos mínimos.

Estos valles ya fueron lugar de refugio en 1229 cuando Jaime I inició la conquista de Mallorca. En Allmallutx se excavó una alquería de época musulmana —hoy en día sumergida- que demostró la pervivencia de la población después de la conquista cristiana. Fueron valles donde también acudieron diversas cuadrillas de bandoleros para reponerse o protegerse de sus perseguidores. Hay que tener en cuenta que diversos caminos y pasos de montaña que terminaban en ellos, permitían un acceso discreto o una rápida huída. De hecho, los bandoleros que consiguieron escapar de la campaña militar que en 1666 se organizó para capturarlos, se concentraron aquí para dirigirse a Sa Calobra e intentar abandonar la isla con cualquier barco que pasara.

Sóller

En el valle de Sóller los bandoleros formaban parte del paisaje. Así, por ejemplo, cuando se sucedió la invasión de los piratas norteafricanos en 1561 (dando lugar a Les Valentes Dones), unos bandoleros atacaron a los corsarios con sus perros. Su hazaña les valió que fueran perdonados por el rey Felipe II.

Sóller fue a finales del siglo XVI uno de los lugares con mayor incidencia de bandoleros. Las cuadrillas servían a las familias Torrelles y Puigdorfiles, antecedentes de los Canamunt y los Canavall. En Sóller, el jefe de los Torrelles era Mn. Antoni Puigderós, quien se había casado con una mujer aristocrática del linaje Axeló. El jefe de los Puigdorfila era Mn. Joan de Santacília, señor de Alfàbia.

Los enfrentamientos armados se iniciaron en 1572 cuando los bandoleros al servicio de los Puigdorfila atacaron algunos miembros de los Torrella y se apoderaron de un perro que era propiedad de Mn. Puigderós. Desde aquellos momentos la villa se convirtió en un campo de batalla, como en la calle de Sa Lluna, así como sus possessions más importantes y los caminos que la comunicaban con la capital.

Cerca de la Iglesia, formando parte de una fortificación, existía una torre de defensa. En ella se situaba la cárcel de la villa y a ella fue conducido el sobrino de Mn. Puigderós, el caballero Mn. Francesc Axeló. Una madrugada, con la excusa de que tenía que orinar, fue conducido a la parte superior de la torre. Desde allí se lanzó al vacío y le recibieron una serie de sacerdotes que lo llevaron inmediatamente al interior de la iglesia donde no pudieran capturarle.

Pese a todo, Mn. Francesc Axeló fue capturado de nuevo y ejecutado. Estas cuadrillas de bandoleros fueron las últimas que usaron como armas —terribles- los llamados cans d’ajuda. Esta raza de perros había sido creada para capturar personas y grandes animales. Fueron usados como armas terribles por los bandoleros hasta que a finales del siglo XVI se ordenó su control y extinción.

Alfàbia

Para llegar a este punto desde Sóller, debemos dirigirnos dirección Palma por la Ma-11. Al salir de Sóller, a unos 2 kilómetros, tendremos dos opciones: una sería seguir la antigua carretera subiendo por el Coll de Sóller y la segunda es ir por el túnel de peaje, en ambos casos llegamos a una misma rotonda en la que a la izquierda, perfectamente visible, está la possessió de Alfàbia.

Alfàbia es uno de los lugares que hay que visitar de Mallorca y en el que uno se debe perder. Era propiedad del notable musulmán Ben Abed, el único que se cambió al bando cristiano en 1229. De esta época queda una qubba, es decir una habitación que conserva un artesonado de origen islámico y que hoy en día forma la entrada a las casas. Los descendientes de Ben Abed dieron origen al apellido Bennásar. Al casarse con una mujer del linaje Santacília, la propiedad pasó a esta familia.

En la entrada de las casas se pueden ver un conjunto de cadenas, formadas por diversos tipos. Se trata de las cadenas que se usaban para atar a los esclavos de la possessió. Por otra parte, en el Museo de Mallorca se conserva un cepo de madera que proviene de aquí, que tenía la misma función. Todavía a finales del siglo XVI, los esclavos eran la fuerza de trabajo fundamental de esta explotación agraria muy importante por su cosecha de aceite.

Allí también se conserva un curioso sillón medieval, seguramente de origen borgoñón, con algunos bajorrelieves esculpidos que se relacionan con el mito del Rey Arturo, la búsqueda del Grial y el amor cortés.

Por otra parte, sus jardines son de los más bellos de la isla. Su origen se debe buscar probablemente con anterioridad al siglo XIV, pero tal y como se ven hoy en día, son obra de los siglos XVIII y XIX.

Como ya se ha mencionado, los Santacília fueron los jefes de la bandería de los Puigdorfila. Cuando los bandoleros de esta facción se apoderaron de un perro de Mn. Puigderós, los de Torrrella la asaltaron en 1570 buscando el perro y amenazando a las olivareras y personal que se hallaba allí. Entre este año y 1573, los asaltos, asesinatos, batallas y persecuciones que tuvieron como escenario las casas o sus alrededores fueron habituales. Siguió siendo centro de violencia y de bandolerismo muchos años después.

A finales del siglo XVI, las banderías aristocráticas evolucionaron. Los Torrella pasaron a ser conocidos como Canavall y los Puigdorfila como Canamunt. El jefe de los Canamunt era Arnau de Santacília y Pax, señor de esta possessió. Organizó la cuadrilla de Selva y llegó a asaltar personalmente la prisión real de Ciutat para liberar algunos de sus bandoleros. En 1615 fue asesinado por desconocidos a las puertas de Alfàbia.

La Colla de Selva, organizada por Arnau de Santacília, a menudo se refugió en Alfàbia y fue aquí donde se planificó la venganza que terminaría con el asesinato de don Jaume Joan de Berga.

A la muerte de Arnau, su hermano, don Pere de Santacília i Pax decidió vengarse. Se sumó a sus bandoleros y se dice que, por su mano o por sus órdenes, llegó a provocar más de medio centenar de asesinatos. Fue durante más de medio siglo el jefe de los Canamunt. Sin embargo, se hallaba poco tiempo en Mallorca ya que buena parte de su vida la pasó en diversas guerras en todo el continente. A pesar de ello, estaba muy bien informado de lo que sucedía en el panorama mallorquín a través de cartas y enviados. Murió a los ochenta años, en su cama, después de haber ocupado los cargos más importantes de la corona. Su vida y sus aventuras fueron conocidas en toda Europa. Su retrato se puede contemplar en una de las salas de la casa.

Debemos tener en cuenta, además, que enfrente de Alfàbia se halla el valle de Biniforani, por desgracia de difícil acceso. Este valle era propiedad de los Caballería, familia aliada de los Santacília. Jeroni Pau de la Caballería, uno de los asesinos de don Jaume Joan de Berga, era el heredero de este lugar.

Monestir de la Real: el control de l’aigua

De camino de Alfàbia a Palma, no debemos olvidar que pasaremos por S’Estremera, Raixa y otras destacadas possessions que fueron escenario de los bandoleros.

Cuando la carretera de Sóller enlaza con el Camí dels Reis, en la rotonda del polígono de Son Castelló, giramos a la derecha hacia la carretera de Valldemossa.Pasamos la rotonda de la carretera y continuamos por el Camí dels Reis hacia la calle del General Riera; antes de llegar, unos 200 metros después de la carretera de Valldemossa, giramos a mano derecha, por el desvío hacia La Real.

El control de la producción del aceite fue uno de los determinantes para entender los conflictos. Sin embargo, también el control del agua fue determinante.

Es en este punto que cobra importancia el Monasterio de la Real. Este centro fue fundado en el siglo XIII por Nunyo Sanç, tío abuelo del rey Jaime I, conde de Rosellón y uno de los magnates de la conquista.

En el propio siglo XIII, una extraña donación, concedió a Guillem Bastar el agua que, desde Esporles, se dirigía a la Ciudad. En esta concesión se establecía también la licencia para construir molinos hidráulicos.

El Monasterio de la Real, mediante falsificaciones y manipulaciones documentales, consiguió hacerse con el control de toda el agua que entraba en la Ciutat. Por sus tierras pasaba el agua de la Sèquia de la Vila y de la acequia llamada na Bastera.

Precisamente, vecino al monasterio, se conserva el llamado Molí del Dimoni o Molí de l’Infern. Es un molino de propiedad privada y no siempre se puede visitar en condiciones. Pero si se puede acceder al obrador, el visitante se encontrará con un molino fortificado del siglo XIII. En caso de ser atacado, el molinero se podía encerrar allí y era prácticamente imposible el asalto.

Como se puede comprender, las cuadrillas de bandoleros participaron activamente en los conflictos por el control del agua. Por lo tanto, estos parajes también fueron escenario de batallas y hechos violentos. En 1573, don Francesc Axelló casi provocó la muerte de un molinero al que hizo morder por sus perros.