Datos y descargas

Dificultad:
Fácil. Trayecto en coche para llegar a los diferentes municipios de la isla.
Duración:
Excursión de un día entero.
Longitud:
40 kilómetros de recorrido, aproximadamente, del punto 1 al 9.
De interés:
El Museo Militar de Menorca, situado en el municipio de Es Castell, está abierto de lunes a viernes de 10 a 13 horas y el primer domingo de cada mes, de 10 a 13. Para visitar el castillo de Sant Carles, conviene concertar la visita llamando al Museo Militar.
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Introducción

Para los menorquines el siglo XVIII es una época singular. Menorca, y en concreto el puerto de Maó, se convierten en un enclave estratégico codiciado por las principales potencias europeas de la época: Gran Bretaña, Francia y España. Los británicos necesitaban la isla para controlar el Mediterráneo occidental; España y Francia, regidas ambas por monarcas de la casa de Borbón, pugnaban por impedírselo.

Los ingleses desembarcaron en Menorca en septiembre de 1708 como aliados de Carlos de Austria durante la Guerra de Sucesión. Como compensación, el tratado de Utrecht (1713) les cedió la soberanía sobre la isla, juntamente con Gibraltar. El dominio británico se prolonga formalmente hasta 1783, cuando el tratado de Versalles entrega Menorca a Carlos III de España. En el ínterin, se produce la ocupación militar francesa durante la guerra de los Siete Años (1756-1763) y la conquista española de 1781-82. Pero todavía los ingleses volverían a ocupar la isla durante casi cuatro años, entre 1798-1802. El tratado de Amiens (1802) supuso la salida definitiva de los británicos, quienes tenían ya un nuevo enclave estratégico en el Mediterráneo: Malta.

Durante casi un siglo los menorquines tuvieron que convivir con británicos, franceses y españoles. La relación no siempre sería cordial, pero dejó una huella indeleble en la memoria colectiva de los isleños. Pero no sólo en la memoria: Menorca conserva todavía muchos vestigios de una época en que la isla fue uno de los más importantes enclaves geoestratégicos de Europa.

Plaza de la explanada de Es Castell

Empezamos el itinerario en la Explanada del pueblo de Es Castell. La actual población fue construida a partir de 1771 sobre los planos del ingeniero militar británico Patrick McKellar. En realidad, el Gobierno británico mandó derribar la antigua población, ubicada en el emplazamiento del actual cementerio, puesto que dificultaba la defensa del castillo de San Felipe, tal como se había demostrado durante el asedio francés de 1756. La nueva población, bautizada con el nombre de Georgetown por los británicos en honor del rey Jorge III, fue rebautizada posteriormente por los españoles como Real Villa de San Carlos (en honor ahora de Carlos III de España). Por ello, todavía se la conoce también como Villa-Carlos.

Es Castell es un excelente ejemplo del urbanismo de la Ilustración, caracterizado por el trazado ortogonal de sus calles. El centro de la población es la Explanada. Originalmente era una plaza de armas rodeada por cuarteles en tres de sus cuatro costados; en el cuarto destaca el edificio del Ayuntamiento, también de finales del siglo XVIII. Se conservan todavía los edificios de tres de los cuarteles, todos ellos de época británica, que mantienen buena parte de su fisonomía original. Uno de ellos –el antiguo cuartel de Cala Corb– es visitable, ya que alberga el Museo de Militar. En él hay una interesante colección de maquetas, planos y mapas antiguos, así como de armamento de diferentes épocas.

El Museo militar de Menorca contiene una exposición histórica de gran interés, al contener una parte importante de los avatares de los siglos XVIII y XIX.

La primera sala que encontramos es el antiguo despacho del coronel del regimiento de artillería de costa, con muebles del siglo XIX. A continuación, la sala Almirante Miranda, dedicada al puerto de Maó y a la marina de guerra española, contiene siete maquetas o modelos navales: cuatro de ellas, regalo del Coronel Amengual al Museo. Éstas son: el Navío Santana, que combatió contra Nelson en Trafalgar; el Navío San Pascual, buque insignia de la escolta de la Marina de Guerra al convoy de transporte de tropas españolas del desembarco en 1781; la Fragata blindada Numancia, primera embarcación a hélice que dio la vuelta al mundo; y la Falúa que Maó regaló a la reina Isabel II con ocasión de su visita a Menorca el año 1860. Otro gran modelo naval es la galera Real de Don Juan de Austria, desde la que dirigió la batalla de Lepanto, que acabó con la derrota turca en el siglo XVI. Otra maqueta naval es la fragata Diana, construida en el puerto de mahón en 1796, obra y obsequio del Sr. Catchot. Pueden observarse también antiguas imágenes de Maó y del Lazareto, además de una pieza de artillería del siglo XVI, llamada “verso” que fue rescatada de los navíos de la Armada Invencible. En el pasillo encontramos algunas piezas de cerámica.

Le sigue la sala Grillón, dedicada al duque Grillón, que es la sala de conferencias y proyecciones de vídeo sobre el museo, La Mola, Sant Felip, y el tiro de alguna batería y el transporte de los cañones Munaiz-Arguelles desde Fornells por medio de helicópteros pesados.

A continuación, encontramos la sala Felipe II, dedicada al arrabal del castillo de San Felipe, Georgetown, Villa Carlos y, ahora, Es Castell, donde en sucesivas maquetas se ve el pueblo en sus distintas etapas y desarrollo, en su época española del siglo XVI y XVII, y, después, la inglesa en sus dos versiones, a principios y fines del XVIII respectivamente.

La sala gobernador Kane, dedicada a las dominaciones extranjeras de Menorca durante el siglo XVIII, contiene testimonios de la larga dominación británica con retratos de gobernadores y personajes de la época, pinturas bélicas con al fondo del castillo de San Felip. Un pequeña parte está dedicada al breve dominio francés.

La sala María Luisa Serra, eminente arqueóloga menorquina, se dedica a Menorca antigua desde los primeros tiempos hasta la época medieval. Hay una serie de maquetas, entre ellas destaca la de las murallas de Son Catlar (Ciutadella); la naveta de enterramientos de Es Tudons (Ciutadella), el talayot y recinto de Taula de Trepucó (Maó), el recinto costero de Caparrot de Forma (Maó) y un gran plano de Menorca con la situación de los monumentos talayóticos.

Pasamos por la biblioteca del museo, que contiene más de seis mil libros de temática histórica y militar, que nos llevará a la sala Carlos III, dedicada a la reconquista de Menorca. Preside la sala un gran cuadro del Rey Carlos III de España, copia del Mengs que figura en el Museo del Prado de Madrid. En la pared de la derecha, un cuadro con el obelisco conmemorativo de la conquista y una curiosa historia sobre la mujer soldado.

La siguiente estancia es la sala La Mola o de Isabel II, se dedica a la fortificación y artillado de La Mola del puerto de Maó. Sus paredes están cubiertas de planos levantados desde 1847, en que se inician las obras de la fortaleza, hasta los planos de los cañones Krupp, los primeros de acero, instalados en 1889. Hay también cuadros de Font que recuerdan la inauguración de la fortaleza y un retrato de la reina Isabel II.

Finalmente se encuentra la sala del General Bayarte, artillero ilustre, que fue gobernador de Menorca dos veces a finales del siglo XVII. Esta sección consta de seis dependencias: pasillo central, sala de óptica y cálculo, sala de dirección de tiro de la batería de Llucalary, sala de municiones, sala de maquetas y materiales y capilla.

El pasillo central recoge aspectos generales de la Artillería española. La sala de óptica y cálculo muestra una abundante colección de aparatos de medida para el cálculo de puntería, precisos para el tiro de las baterías. La sala de dirección de tiro de la batería de Llucalary disponía de la batería Vickers de 38,1 cm de Llucalary (la original que montó la casa inglesa Vickers en 1932). La sala de municiones, donde se exponen las municiones de todos los materiales artilleros que hubo en Menorca, tanto los de costa y campaña, como los antiaéreos. La sala de maquetas y materiales expone desde una reproducción de una bombarda del siglo XV, cuyo original se encontró en el castillo de Bellver, hasta un radar de exploración antiaérea de mediados del siglo XX. La capilla exhibe una serie de imágenes de Santa Bárbara de las baterías de Menorca.

Castillo de Sant Felip

Salimos de Es Castell en dirección a la bocana del puerto de Maó para visitar el castillo de San Felipe. Esta fortaleza empezó a construirse a partir de 1554 para defender el puerto de Maó, sobre todo de los ataques de turcos y berberiscos. Después del ataque de Barbarroja a Maó en 1535, Felipe II ordenó la construcción de esta fortaleza que defendiera la entrada al puerto. El primer proyecto fue obra del ingeniero Cessane, aunque sería Juan Bautista Calvi quien realizaría los planos definitivos, escogiendo su emplazamiento. Éste estuvo en Menorca en 1555 dirigiendo las obras, que serían continuadas por los hermanos Fratín. La construcción duró más de veinte años, quedando acabada hacia el año 1580.

Su planta era cuadrada, con un baluarte en cada ángulo. Al posesionarse los británicos de Menorca, el castillo fue enormemente ampliado con lunetas y revellines unidos mediante galerías subterráneas que configuraron su forma estrellada. Durante el agitado siglo XVIII Sant Felip fue objeto de tres asedios. El primero, muy breve, sucedió en septiembre de 1708 cuando el general Sir James Stanhope tomó Menorca en nombre del archiduque Carlos de Austria. El segundo tuvo lugar en 1756, cuando tras duros combates y meses de asedio la guarnición británica capituló ante el ejército francés comandado por el mariscal duque de Richelieu. Finalmente, el tercer asedio se realizó entre 1781 y 1782, cuando las tropas españolas a las órdenes del duque de Crillón forzaron la capitulación de la guarnición británica.

Lamentablemente, hoy el visitante no puede ver lo que fue una de las mayores fortalezas del momento, puesto que fue volada por orden del Gobierno español en 1782. Muchos de los sillares del castillo fueron transportados en barcas al otro lado de la bocana del puerto, donde fueron utilizados para la construcción del gran lazareto que todavía puede contemplarse en la isla homónima. No obstante, pueden visitarse las ruinas y parte de las galerías subterráneas del castillo, todavía lo suficientemente impresionantes para dar una idea de lo que fue San Felipe en sus momentos de esplendor.

Cala de Sant Esteve y el fuerte Marlborough

Saliendo del castillo de Sant Felip, a escasos metros a la izquierda, se encuentra el camino que conduce a la cala de Sant Esteve. Desde esta cala se pueden ver algunos restos de la muralla de la fortaleza y visitar una fortificación que cubría Sant Felip de un posible ataque por el sur: el fuerte Marlborough. Se trata de un reducto dotado de un recinto central de planta heptagonal creado a partir de la excavación de un gran foso con una galería en la contraescarpa, también excavada en la roca. Se accede al fuerte a través de una galería que se abre en la cala de Sant Esteve. La galería desemboca en la contraescarpa, que rodea completamente el foso. En ella se abren numerosas aspilleras por las que los defensores podían batir a los atacantes que saltaban al mismo. De la contraescarpa parten cinco contraminas que servían para volar los túneles abiertos por el enemigo.

Fort Marlborough se construyó entre 1724 y 1726, y fue reconstruido durante la última ocupación británica de la isla (entre 1799 y 1801). Rehabilitado a finales del siglo XX, puede visitarse entre los meses de abril y octubre. Durante la visita, que dura unos 45 minutos, se procede al visionado de un vídeo sobre la historia de Menorca en el siglo XVIII.

Marlborough fue concebido como un fuerte para cubrir la zona sur de castillos de Sant Felip. La primera construcción se levantó entre 1710 y 1716, durante la primera dominación británica. Tomo el nombre de sir Jonh Churchill, duque de Marlborough, uno de los militares que participaron en la guerra de Sucesión española.

Iglesia parroquial de Sant Lluís

Al subir de la cala Sant Esteve nos dirigimos a Es Castell y tomamos el desvío de la izquierda, que nos conduce directamente a la población de Sant Lluís. Este pueblo es el vestigio más importante de la breve presencia francesa en la isla, entre 1756 y 1763. Como Es Castell, la trama urbana de Sant Lluís es ortogonal, pero en este caso el centro de la población no está ocupado por cuarteles, sino por la parroquia dedicada a Sant Lluís, en honor de Luis XV de Francia, monarca reinante entonces. Una inscripción en la fachada principal recuerda que el templo fue dedicado por los franceses a San Luis.

Se trata de un edificio neoclásico diseñado por el arquitecto e ingeniero Antoine d’Allemand a petición de su amigo Antoine de Caussan, intendente en Menorca durante la ocupación francesa. El espacio interior del templo es de nave única cubierta con bóvedas de arista y tres capillas en cada uno de los lados, construidas entre los contrafuertes. La iglesia se empezó a construir en 1758 y no se finalizó hasta 1783, muchos años después de que los franceses abandonaran Menorca.

Un paseo por el Maó del siglo XVIII

Tras la visita a Sant Lluís, nos dirigimos a Maó. Esta ciudad se convirtió en la capital de hecho de Menorca durante la dominación británica (de derecho continuaba siéndolo Ciutadella) al instalarse en ella la residencia del gobernador y la sede de los tribunales reales. El activo comercio y la frenética actividad náutica (puerto militar, astilleros, etc.) del puerto de Maó propiciaron la expansión demográfica y urbanística de la ciudad durante el siglo XVIII.

Una descripción prolija del Maó dieciochesco nos ocuparía demasiado espacio. No obstante, algunas visitas son absolutamente imprescindibles. Puede comenzarse la visita en la plaza de la Constitución, donde se halla la parroquia de Santa María; si bien sus orígenes se remontan al siglo XIII, el edificio actual fue levantado entre 1748 y 1788. Es un edificio de nave única cubierta con bóvedas ojivales de crucería, lo que demuestra la pervivencia de las técnicas constructivas del gótico en una época en que triunfaba el neoclásico. Pero lo realmente interesante de Santa María no es el edificio –más bien mediocre– sino el magnífico órgano monumental inaugurado en 1810.

En la misma plaza de la Constitución pueden contemplarse otros dos edificios construidos a finales del siglo XVIII. El Principal de Guardia, como su nombre indica, era un cuerpo de guardia para la tropa; su antigua función militar está simbolizada por las esculturas que representan yelmos y corazas que coronan el edificio. Al otro lado de la plaza se haya el Ayuntamiento, del cual destaca el gran pórtico con tres arcos. Ambos edificios son obra del ingeniero militar español Francisco Fernández de Angulo y fueron construidos durante los años ochenta del siglo XVIII.

Un testimonio extraordinario del Maó dieciochesco es la iglesia de la Concepción, situada en el Cos de Gràcia. Este templo, hoy católico, fue construido en 1749 por la colonia griega que se estableció en Maó durante la dominación británica para la práctica del culto ortodoxo. La iglesia, dedicada inicialmente a San Nicolás, tiene planta de cruz griega definida a partir de cuatro pilares exentos que sostienen las bóvedas y la cúpula central.

También son testimonios de este período los conventos de Sant Francesc (hoy Museo de Menorca, con una interesantísima colección de cuadros, mapas y grabados del siglo XVIII) y el del Carme (donde puede visitarse la colección de la Fundació Hernández Sanz-Hernández Mora). La visita debe completarse por las calles Anuncivay, Infanta, Nova, Hannover, Arraval e Isabel II, donde pueden contemplarse las fachadas de las familias burguesas enriquecidas por el comercio y las actividades corsarias.

La torre de Sa Mesquida

Al salir de Maó por el puerto debe tomarse la carretera que conduce a la Mola. Tras andar un par de kilómetros encontraremos el desvío que conduce a la playa de Sa Mesquida, caracterizada por el color casi negro de las rocas. En Sa Mesquida desembarcó el ejército español mandado por el duque de Crillón en agosto de 1782.

Posteriormente, durante su última estancia en la isla (1799), los británicos construyeron allí una de las diversas torres defensivas que levantaron para proteger las costas, puesto que la isla estaba prácticamente indefensa tras la demolición de Sant Felip. Se trata de una torre de planta circular en la que destaca el gran parapeto que protegía parte de la plataforma superior. Se corresponde con las llamadas torres Martello (o Martello Towers), de las que los ingleses construyeron once en Menorca y muchas más en Irlanda y otras zonas bajo su dominio, como Canadá.

El camí d’en Kane (Kane’s Road)

Tomamos la carretera de Maó a Fornells y, tras recorrer un corto trecho, nos encontramos el monumento erigido en memoria de Richard Kane, sin duda el gobernador más famoso del siglo XVIII. Fue este gobernador, originario del Ulster, quien ordenó la construcción de una carretera que debía unir el castillo de Sant Felip con Ciutadella, para facilitar el rápido tránsito de tropas, armamento y suministros entre los dos extremos de la isla.

La carretera se construyó entre 1720 y 1722, y fue objeto de fuertes protestas por parte de los municipios menorquines (universitats), quienes debieron sufragarlo a sus expensas. El primer tramo del Camí d’en Kane coincide con la carretera de Maó a Fornells. Algunos kilómetros más adelante ambas vías se separan; quien quiera continuar por el camí debe tomar un desvío a mano izquierda, debidamente señalizado.

El Camí d’en Kane es actualmente un precioso camino rural, poco transitado por los automóviles, que permite, sin prisas, el disfrute del paisaje. Discurre más o menos paralelamente al norte de la carretera general y llega hasta Mercadal. Es una ruta excelente tanto para pasear en coche como a pie o en bicicleta. Nos llevará directamente hasta Mercadal, nuestra siguiente parada.

El aljibe des Mercadal

La posición de Mercadal, prácticamente en el centro geográfico de la isla, la convertía en parada obligatoria de todos aquellos que atravesaban Menorca. Con el objetivo de aprovisionar a sus tropas en tránsito de agua potable, el gobernador Richard Kane ordenó la construcción del aljibe des Mercadal, en una zona donde prácticamente no hay aguas subterráneas.

Es un gran depósito que recoge el agua de lluvia que cae sobre su terraza, la cual tiene unos 800 m2 de superficie. El depósito tiene una capacidad de 273.500 litros de agua, protegida tras unos gruesos muros construidos en talud. Fue construido por el maestro de obras local Pere Carreras entre 1733 y 1735. Todavía hoy los vecinos de Mercadal lo utilizan para proveerse de agua de lluvia.

Fornells

Nos encaminamos hacia Fornells, última etapa de nuestra ruta, por la carretera que une Es Mercadal con la población marinera del norte de la isla. En Fornells podemos contemplar tres construcciones relacionadas con el siglo XVIII. Podemos observar la primera a distancia, en medio de la amplia bahía, en la Illa de Ses Sargantanes. Se trata de una torre y una batería, con cuatro troneras, construidas por los ingleses hacia 1799-1801 para evitar que buques enemigos fondearan en el puerto.

Mucho más accesibles son los otros dos edificios, también fortificaciones. El primero está junto al mar. Son los restos del castillo de Sant Antoni, construido durante el siglo XVII y utilizado por los británicos durante el XVIII. Este castillo dio origen al actual pueblo de Fornells, levantado en sus inmediaciones. Por desgracia, y tal como sucedió en Sant Felip, los españoles demolieron el castillo en 1782. Hacia 1799 los británicos construyeron una batería para proteger la entrada del puerto. Es esta batería y parte de la antigua fortaleza lo que puede verse en la actualidad tras las obras de restauración y consolidación que se han realizado.

Finalmente, sobre la eminencia que preside la orilla occidental de la entrada del puerto, se observa una torre de defensa de planta circular construida también por los británicos hacia 1799-1801. Rehabilitada hace pocos años, puede visitarse entre los meses de abril y octubre.