Inca: iglesia parroquial y mercado

Siguiendo el itinerario nos dirigiremos a Inca por la autovía Palma-Sa Pobla/Ma 13, hasta llegar a la localidad.

El ejército real se encontró con una gran procesión pidiendo clemencia; el virrey, después de besar el crucifijo que portaban los sacerdotes, perdonó a la población, por lo que, como muestra de agradecimiento, las campanas de la iglesia comenzaron a tocar “faent te deum laudamus”. Nada, o casi nada, queda de aquella iglesia que pudo contemplar el virrey y cuyas campanas sonaron agradeciendo su perdón: el vistoso templo actual data del siglo XVIII y su imponente campanario de la centuria anterior. Días después, el 14 de noviembre, el ejército imperial ocupó Sineu, villa que fue también perdonada por el virrey, y conminó al resto de poblaciones a rendirse. Los efectivos imperiales continuaron la ocupación de la isla dirigiéndose a las villas de Algaida y Llucmajor, que encontraron desiertas. Pero las noticias de que un ejército agermanat procedente de Ciutat de Mallorca había saqueado Sineu y se dirigía hacía Inca resolvieron al virrey a retroceder y a dirigir sus fuerzas hacia esa población. Los efectivos agermanats, inferiores en número, en pertrechos y en preparación al ejército imperial se vieron prácticamente forzados a entrar en batalla, a finales de noviembre, en el Rafalgarcés, en las proximidades de Inca, sufriendo otra vez aparatosas pérdidas, que las fuentes coinciden en cuantificar en unos quinientos hombres, sin contar a los prisioneros que fueron ejecutados.

Pocos días después, el mercado de Inca se convirtió en el escenario de un improvisado y sangriento espectáculo: la ejecución pública de cuarenta prisioneros agermanats. En Binissalem el virrey mandó trocear y ahorcar setenta más, colgando sus restos por todos los árboles de las inmediaciones, de tal manera que, según una fuente coetánea, “tots los arbres e garrovers n’eren plens”.