Introducción

La dominación islámica de Menorca fue diferente al resto de les islas. Sa’id ibn Hakam, se hizo cargo del gobierno de esta isla poco después de la conquista de Mallorca en 1229. En 1232 se firmó el que se conoce con el nombre de tratado de Capdepera. Este documento supone un auténtico vasallaje a la figura de Jaime I, por parte de los habitantes de la isla, representados por el Consejo de ancianos y la jerarquía religiosa. Para evitar la ocupación efectiva, se comprometían a pagar una renta anual en especies.

Como ya hemos indicado, poco después de la firma del tratado, todo el poder recae sobre la figura del rais Sa’id ibn Hakam, un antiguo recaudador de impuestos para los almohades. Su actuación personal se dividió entre una ventajosa situación frente a la Corona de Aragón y la aplicación de un estricto código coránico a los habitantes de Menorca, ejerciendo, según sus contemporáneos, una violencia innecesaria. Gobernó durante casi medio siglo, hasta su muerte en 1282.

La época de Menorca como taifa autónoma fue la más conocida del período islámico. Gozaba de una economía próspera y una población relativamente densa (es posible que sobrepasase los diez mil habitantes en el siglo XIII). Se acuñó moneda de plata, que se pagaba como parte del tributo a la corona catalana. La ceca estaba en el castillo de Santa Àgueda.

El rais se rodeó de intelectuales y eruditos que fundaron escuelas de diversas disciplinas en la isla de Menorca. Estaba interesado por la medicina, la tradición, el derecho y la historia, manteniendo una intensa correspondencia con el exterior. Era ante todo un poeta, que nos ha dejado varias obras.

El pueblo de Menorca le apoyó en momento de crisis a pesar de su mano dura. Sin embrago, no se libró de un atentado en su propio palacio que, supuestamente, no tuvo consecuencias.

Tras la muerte de Sa’id ibn Hakam, le sucedió su hijo Hakam ibn Sa’id pero poco tiempo después se produjo la conquista definitiva por parte de las tropas de Alfonso III (1287). En cualquier caso, a diferencia de los casos de Mallorca e Ibiza, algunos miembros vinculados a ese aparato estatal creado por Sa’id ibn Hakam y, entre ellos, todos sus parientes, salieron libremente y sin pagar ningún tipo de rescate hacia el Norte de África, salvando la vida.