Introducción

El siglo XVIII es un siglo de importantes cambios en Eivissa y Formentera provocados por dos cuestiones trascendentales: los Decretos de Nueva Planta de Felipe V y la presencia en Eivissa de personajes, tanto en el ámbito político como en el religioso, influenciados de manera determinante por el pensamiento ilustrado.

En el año 1782 el Papa Pio VI promulgó una bula según la cual se creaba el obispado de Eivissa. Este hecho supuso que se hubiese de conceder el título de ciudad a Eivissa. El documento que recogía la citada concesión fue firmado por el rey Carlos III el 22 de octubre de 1782. La creación del nuevo obispado tuvo como consecuencia la presencia en la isla del obispo Manuel Abad y Lasierra, ilustrado que dejó una importante huella de su estancia en islas. Nada más ocupar el Obispado, en febrero de 1784, visitó las dos islas en las que debía llevar a cabo su tarea como obispo con el objetivo de comprobar cual era el estado en que se encontraba el territorio y la población. Redactó los estatutos del capítulo de la catedral y publicó el decreto del plan parroquial. Con la presencia de Abad y Lasierra en Eivissa y Formentera llegó, también, la lengua castellana a los documentos de la Iglesia, en lugar de la catalana que se empleaba hasta entonces. A su trabajo como obispo se añadieron sus ocupaciones de gobierno de las islas, ya que, en poco tiempo, el fallecimiento del gobernador y del asesor lo convirtieron durante un tiempo en la máxima autoridad en las Pitiüses.

Desde su llegada al obispado, en 1784, su gran preocupación fue la creación de pueblos que pudiesen poner fin a la ocupación diseminada de la población por el territorio, que por aquel entonces era, según el propio Abad y Lasierra, de unas quince mil personas. La creación de nuevas parroquias fue la solución prevista por este obispo ilustrado que pretendía así poder tener un mayor acceso a la población, haciendo de las iglesias rurales los núcleos a partir de los cuales se desarrollasen los pueblos. El plan diseñado comportó la creación de nuevas iglesias que han dado nombre a muchos de los pueblos que hoy podemos visitar. En el itinerario de Formentera las dos iglesias del siglo XVIII fueron proyectadas con anterioridad a la llegada del obispo.