Introducción

La isla de Cabrera es el primer parque nacional marítimo y terrestre del Estado español. Tanto su litoral, como su interior guardan una riqueza natural, geológica y paisajística de primer orden, hecho que fue constantemente admirado por los numerosos visitantes ilustres que pasaron por la isla entre los siglos XVIII y XX.

La ocupación humana de la isla es muy antigua: se han encontrado restos de cerámica y otros vestigios del período talayótico así como restos de los púnicos ebusitanos y de los romanos. Recientemente se ha podido constatar la presencia de comunidades cristianas primitivas, gracias a los restos encontrados en sa Platgeta y en la zona de la Olla. Es verosímil la existencia de una basílica o monasterio paleocristiano en la zona del Clot des Guix, a juzgar por la abundancia de restos de este período. Conocemos la existencia de un documento, datado hacia el año 590, en que el papa Gregorio Magno amonestaba a los monjes de Cabrera por su comportamiento disoluto.

De la ocupación árabe no se tiene constancia. Tras la conquista de Mallorca, Cabrera correspondió al Paborde de Tarragona y posteriormente pasó a las familias Saragossa, Berard, Malferit, Sureda y Font i Roig. A lo largo de la historia, la isla fue un foco de constantes luchas entre sus habitantes y los corsarios. Durante esta etapa hubo una destacable actividad agrícola y ganadera.

En el siglo XIX, con motivo de la Guerra del Francés, entre los meses de mayo y junio del año 1809 llegaron a Cabrera unos 9.000 prisioneros franceses, procedentes básicamente de la batalla de Bailén, que tuvo lugar el mes de julio de 1808. La suprema Junta Central decidió el traslado de los prisioneros a las islas Baleares, a pesar de las reticencias de la Junta Superior de Mallorca. Ante las protestas y el miedo de las islas mayores, la Junta Central decidió enviar a los prisioneros a Cabrera. Durante cinco años, la pequeña isla se convirtió en una prisión militar, penosa por las duras condiciones del lugar. A menudo los alimentos no llegaban a tiempo y los prisioneros se vieron forzados a alimentarse de hierbas, lagartijas o ratas. En mayo de 1814, una vez acabada la guerra, barcos franceses liberaron a los supervivientes, que sólo eran 3.600. Más de treinta años después, en 1847, una escuadra francesa levantó un monumento conmemorativo en homenaje a sus compañeros cautivos.

En 1878 Pere Morell i Font i Roig hizo donación de la isla a Miquel Humbert. En 1890, la propiedad de la isla pasó a manos de Jacint Feliu i Ferrà de la Mola, quien murió en la isla en 1903. Fue heredado por Sebastià Feliu Fons, último señor de Cabrera. El Gobierno Español expropió la isla hacia el año 1916. El 12 de abril de 1991 el Congreso de los Diputados declaraba el archipiélago de Cabrera Parque Nacional Marítimo-Terrestre.

Según el Archiduque Lluís Salvador, hacia 1880 Cabrera contaba con 31 habitantes y había una cabaña ganadera compuesta por 400 cabras, 95 ovejas, 40 cerdos y 4 mulos. Se cultivaban los campos de cala Ganduf, la Miranda, el comellar des Mal Nom, el comellar de ses Figueres y s’Espalmador.