Introducción

A partir de la disolución del Barroco en Mallorca en la primera década del siglo XIX empiezan a introducirse los academicismos. Se dará un pensamiento ilustrado con su reflejo correspondiente en las artes a través del Neoclasicismo, pero éste no será puro sino que presentará heterodoxias propias del panorama isleño e incluso de estilos anteriores como el Tardobarroco o el Renacimiento. Serán cruciales las aportaciones del Cardenal Despuig, que reflejará el cambio de mentalidad en la isla, y la presencia del arquitecto neoclásico español Isidoro González Velázquez, entre otros, que condicionarán las directrices artísticas durante este período con arquitectos como Joan Sureda y Ripoll, y Llorenç Abrines.

A partir de los años 40, la arquitectura insular sufrirá una cambio de orientación que se manifestará en dos tendencias que durarán hasta finales del XIX: la línea clasicista como continuación del Neoclasicismo de Isidoro González con artífices como Miquel Rigo Clar; y la línea historicista vinculada a las corrientes románticas europeas que se traducirá en varias tendencias como la neogótica, de gran relevancia en Mallorca y dotada de una gran libertad compositiva, con exponentes como Antoni Sureda y Villalonga o Bartomeu Ferrà con una clara inclinación hacia el Gótico mediterráneo.

A finales del siglo XIX se introducirá el Modernismo, como un estilo uniforme con el objetivo de poner fin a todo el eclecticismo anterior, que durará hasta a la primera década del siglo XX.

Este itinerario mostrará algunos de los edificios más representativos de la ciudad de Palma de todas las tendencias arquitectónicas citadas.