Introducción

La carta que el Papa Gregorio Magno dirigió al defensor Johannes en el 603 d. C. (Gregorio I, Epístola XIII, 47) nos informa sin ningún tipo de duda de que hubo un monasterio en la Cabrera balear. A nuestro entender, el hecho de que la máxima autoridad cristiana de Occidente se preocupara por dicha comunidad, nos estaría mostrando que ésta debió de ser de cierta relevancia. Ninguna otra fuente literaria fiable ha llegado a nuestros días de aquellos monjes del archipiélago de Cabrera.

Gracias a diversas fuentes escritas sabemos que en la segunda mitad del siglo IV d.C. y, sobre todo, durante los siglos V y VI, fue frecuente la instalación de comunidades eremíticas, cenobíticas, o de ambas clases, en muchas de las islitas del Mediterráneo occidental y del Atlántico. Paralelamente, los trabajos arqueológicos que se han venido realizando en algunas de aquellas islas nos han servido para poder empezar a conocer como fueron aquellos cenobios (lugar donde habitaban los monjes en comunidad) y los eremitorios (lugar donde habitarían uno o unos pocos monjes eremitas).

Desde el año 1999 un equipo de arqueólogos del Ajuntament de Palma de Mallorca, viene realizando diversos trabajos dentro del proyecto Recuperació, consolidació i musealització del monestir bizantí de l’illa de Cabrera, cuyo objetivo principal es conocer mejor cómo fue aquella comunidad de monjes cabrerense.