Introducción

Mallorca y Menorca han estado siempre relacionadas entre sí (no así con Ibiza y Formentera) hasta el punto que muchos autores de época antigua las denominaban con un mismo término: Choirádes (llamadas así en la obra de carácter geográfico de Timeo de Tauromenio en el siglo IV a.C.), Gymnesia (nesónimo muy utilizado por los antiguos y con un origen aún desconocido) o Baliarídes (atestiguado por primera vez en fuentes de época helenística, a finales del siglo III a.C.). Este término fue aceptado rápidamente por los romanos, transformándose en Baleares. En su afán por distinguir entre las dos islas, las adjetivan, denominándose así Baliares Maior y Baliares Minor, términos que luego pasarán a convertirse en Maiorica y Minorica.

Las primeras noticias que tenemos tanto de Menorca como de Mallorca hacen referencia sobre todo a los honderos baleares y a los diferentes reclutamientos que se llevaron a cabo para las distintas batallas de la época antigua. Se los conoce especialmente luchando en el bando cartaginés, en primer lugar, y en el bando romano después. Durante la II Guerra Púnica, Tito Livio (Livio XXVIII, 37, 5-10), nos relata que en el año 206 a.C. el ejército de Magón, el último que queda del bando cartaginés, se ve obligado a salir de la península para dirigirse a Italia. Durante el trayecto pasa por la Pitiusa, último reducto púnico, donde recibe víveres, combatientes y armas, y luego se dirige a las Baleares, donde pretende pasar el invierno. En Mallorca los habitantes se oponen a su llegada, usando las hondas y el ejército se dirige a Menorca. Una vez allí, colocan el campamento sobre un puerto, se apoderan de una ciudad y reclutan a dos mil varones en edad militar que son enviados a Carthago. Se supone que esta ciudad donde se asentaron es Mago (Mahón), aunque es algo que todavía no se ha podido comprobar ya que tanto Mago como Iamo (Ciutadella) han sido habitados continuamente y han imposibilitado su investigación.

Las principales fuentes literarias que hacen referencia a Menorca se caracterizan por ser escasas y con poco contenido, por lo que, respecto a la agricultura y la ganadería, tenemos una visión algo confusa. La mayoría de las veces hablan de las Baleares en general, sin especificar la isla, lo cual imposibilita saber si se trata de las dos o solamente de una de ellas. Estos autores mencionan la fertilidad de las tierras de las Baleares y Plinio nos habla de su excelente trigo y sus exquisitos vinos. Con respecto a la ganadería, centrándose ya en Menorca, Diodoro, en el siglo I a.C., elogia sus mulos por su fuerza, mientras que Plinio nos comenta la abundante caza que se encuentra en las Gymnesias (vuelve a referirse a las dos islas).

En cuanto al mundo rural después de la conquista romana, tenemos muy poca información, ya que todavía no se ha excavado ninguna villa romana que se haya podido identificar como tal. También sabemos del hallazgo de dos miliarios aparecidos entre Maó y Alaior, con lo que se refuerza la hipótesis de la existencia de una o varias calzadas que debieron mejorar la circulación por el interior de la isla.

Se sabe que muchos de los yacimientos prehistóricos menorquines continúan siendo utilizados en momentos posteriores a la conquista romana, por lo que esta llegada no supone una ruptura del modelo tradicional de hábitat aunque se ve, en diferentes excavaciones realizadas en Iamo y Mago, que en el cambio de era fueron ganando en entidad y población, llegando al momento de máximo esplendor en el sigo II d.C. Este hecho coincide con una clara decadencia de los principales núcleos de época prerromana, como son Trepucó, Torre d´En Galmés y Son Catlar.

Esta situación de decadencia de las zonas rurales vuelve a cambiar durante el Bajo Imperio (siglos III y IV d.C), apareciendo gran cantidad de materiales en todos los yacimientos prehistóricos de la isla, además de los tres centros urbanos. De esta época se han recuperado gran cantidad de monedas y cerámicas en Iamo, Sanisera y algunos yacimientos rurales, lo que ha llevado a pensar a algunos autores en una cierta reactivación de la economía de la isla.

Sanisera fue el tercer núcleo habitado más importante de Menorca en época antigua. Al contrario que Iamo y Mago, su solar fue abandonado hace siglos y, por tanto, los trabajos de excavación que allí se puedan realizar son mucho más fáciles y agradecidos, siendo, sin ninguna duda, uno de los grandes tesoros arqueológicos de la isla. Las excavaciones científicas en Sanitja se iniciaron en el año 1979 y, aunque con frecuentes interrupciones, han ido continuado hasta nuestros días.

La única referencia literaria clásica a Sanisera es del siglo I d.C. concretamente de Plinio el Viejo (Nat. Hist. III, 78), quien la menciona junto a Iamno y Mago como civitates.

Estos tres núcleos habitados estaban situados en los tres principales fondeaderos de la isla. Sanisera no tenía un puerto natural tan bueno como las otras dos ciudades, pero sí que era el mejor refugio de toda la costa norte menorquina. Todas ellas se convirtieron en focos de entrada de la nueva cultura romana, eminentemente urbana, jugando el papel de centros económicos, lugares para la promoción política y social, y bases para el control fiscal y la seguridad del territorio.