La conquista catalana

La conquista catalana marca el inicio de una nueva etapa en la historia del archipiélago balear. La anterior sociedad islámica desaparece prácticamente de golpe en 1229 y en su lugar se establece una nueva sociedad que poco o nada tiene que ver con la anterior. Nuevas gentes, una cultura diferente, otra religión, una lengua distinta… todo ello caracteriza el acontecer de las islas a partir del corte histórico que significó su incorporación al mundo feudal cristiano.

La empresa militar fue el resultado de la convergencia de distintos intereses por hacerse con el control del archipiélago. Por una parte, el antiguo el interés de los condes de Barcelona por incrementar sus dominios a costa de un territorio estratégico cercano. Y, en el caso de Jaime I, de hallar una salida a las tensiones entre la monarquía y la nobleza (y, a su vez, en el seno de esta última) a base de encaminar la tradicional beligerancia feudal hacia una guerra externa. Por otra parte, el afán de la gran nobleza catalana por incrementar sus dominios y, en algunos casos, sanear su economía. Y, en tercer lugar, el interés de los mercaderes catalanes y occitanos (sobre todo los de Barcelona, Marsella y Montpellier) por disponer de un enclave estratégico y, al mismo tiempo, eliminar la amenaza pirática que siempre representaba el corsarismo musulmán isleño. Todo ello sin olvidar que para todos estos grupos la posesión de las Baleares significaba disponer de una base de gran importancia para el dominio del Mediterráneo occidental.

La campaña militar se desarrolló entre el 5 de septiembre, fecha de la salida de la flota desde los puertos catalanes, hasta el 31 de diciembre, cuando fue tomada por asalto la ciudad de Mallorca. Se trató de una empresa violenta, llevada a cabo sin pactos ni negociaciones, que se saldó con un número indeterminado pero muy elevado de víctimas. Por ello la población indígena superviviente, una vez vencida, no dispuso de ningún derecho: fue masivamente esclavizada y, en buena parte, cristianizada. La consecuencia fue su extinción, bien porque todo esto impidió su autoregeneración o bien porque muchos musulmanes dejaron de serlo al convertirse en cristianos. En suma, durante las décadas posteriores a la conquista el Islam insular desapareció de manera absoluta.

A lo largo de los años siguientes los vencedores completaron la conquista del interior de Mallorca (1230-1232), pactaron la sumisión de Menorca (1231), hasta su conquista definitiva en 1287, y ocuparon Ibiza (1235). Y, por otra parte, reorganizaron la nueva sociedad. La monarquía y los señores feudales que habían financiado la campaña se repartieron el dominio de la isla, se crearon las primeras instituciones, se promulgó la Carta de Franquezas (un primer ordenamiento jurídico del reino), se establecieron unos incipientes núcleos de población en el interior de Mallorca, con el establecimiento de las primeras parroquias, y, en definitiva, se consolidó la nueva realidad.

El pilar fundamental de todo ello fue la colonización cristiana (a menudo denominada repoblación) del territorio, con colonos llegados de fuera que llenaron el vacío demográfico provocado por los efectos de la conquista. La gran mayoría de los pobladores procedían de Cataluña, en unos porcentajes que llegan al 80% en la ciudad y en la parte foránea alcanzan en muchos casos el 90%, cuando no lo sobrepasan. A mucha distancia figuran los grupos de procedencia aragonesa, inferior al 10%, y occitana (9% en la ciudad y casi inexistente en el interior), mientras que otros contingentes (italianos, castellanos, navarros, etc.) son testimoniales. Esta llegada de personas de fuera fue constante durante más de un siglo, hasta que la peste negra de 1348-49 frenó en seco las migraciones, manteniendo siempre una clara preponderancia los colonos de origen catalán. También cabe señalar la existencia de otra comunidad que no dejó de crecer, sobre todo en la ciudad, durante los siglos XIII-XIV: la judía. Su máximo apogeo (demográfico, económico y cultural) se alcanzó durante la segunda mitad del siglo XIV, hasta que el asalto violento a la comunidad, perpetrado en 1391, inició su declive, consumado con la conversión masiva e inducida de 1435.