La conquista de Madina Mayurqa

Desde la expedición pisano-catalana, llevada a cabo en 1115- 1116 contra los musulmanes, las ansias por la conquista de las Baleares no se abandonaron nunca.

A partir de la batalla de las Navas de Tolosa, el poder musulmán quedó desintegrado, tanto en África como en el Al-Andalus, y esta situación fue aprovechada por el rey Jaime I para llevar a cabo esta empresa.

La conquista de Mallorca suponía la creación de una base política y económica que favorecía los intereses comerciales catalanes en los mercados de Oriente. Por otra parte, era la perfecta ocasión de crear un proyecto de colaboración con los nobles catalano-aragoneses para mitigar desavenencias, además del refuerzo de su prestigio como monarca al incorporar un reino dentro del mar.

La planificación final de la empresa se llevó a cabo en el llamado banquete de Tarragona, celebrado a finales de 1228. Fue un ágape ofrecido por Pere Martell al rey y a su séquito nobiliario en el que el anfitrión informó de sus conocimientos sobre la isla de Mallorca, la cual había visitado en diversas ocasiones.

Para tratar las cuestiones relacionadas con la conquista, se convocaron las cortes de Barcelona, en 1228, en las cuales no participaron los aragoneses, ya que éstos sugirieron que la empresa se llevara a cabo contra los musulmanes de Valencia. El rey allí propuso su plan y pidió ayuda a los asistentes. Los representantes de los tres estamentos, Aspàreg, arzobispo de Tarragona, Guillem de Montcada, vizconde de Bearn, y Berenguer Girard, ciudadano de Barcelona, pidieron un tiempo prudencial para deliberar y poder responder.

Pasaron tres días y se celebró una reunión plenaria de clausura en que se notificaron al rey los acuerdos que se habían tomado. Excepcionalmente, los tres estamentos estuvieron de acuerdo entre ellos y con el rey, ofreciendo hombres, embarcaciones, caballos, dinero y otros. Jaime I agradeció su buena disposición y ofreció su parte correspondiente.

Acabadas las cortes se firmó un acta donde se formulaban las condiciones que regularían la conquista: el rey se comprometía a repartir las tierras y otras riquezas obtenidas de manera proporcional al número de caballos y hombres armados aportados.

A partir de aquí se ejecutó la empresa que explicaremos in situ en el recorrido.