La cruzada pisano-catalana (1114-1115)

La colaboración de pisanos y catalanes para conquistar las baleares quedó fijada en el Conveni de Sant Feliu de Guíxols, el arzobispo Pere, en Girona. Los esfuerzos italianos se ven reforzados por el Conde de Barcelona, Ramon Berenguer III, y súbditos. Este tratado plasman las normas que regirán las futuras relaciones políticas entre Cataluña y Pisa.

Tras una etapa de observación y preparativos, se inició la expedición desde Barcelona. La escuadra estaba compuesta por 500 naves, de las cuales 300 habían sido aportadas por los pisanos. Las otras eran tropas aliadas, que según Alcover y Rosselló Bordoy estaban constituidas por unos 75.000 combatientes y 900 caballos.

El itinerario se inició en dirección al puerto de Salou y desde aquí se dirigieron a Ibiza. Éste era el primer objetivo, por su posición estratégica como entrada al archipiélago. Los refuerzos almorávides, los únicos que podían acudir en su ayuda, necesitaban varios “jornadas” (días) para llegar a las Baleares. Era una oportunidad única para derrotar a sus potentes enemigos catalanes y para ampliar sus dominios con la incorporación de las islas orientales.

Ibiza, ciudad fortificada sobre un terreno elevado, rodeada por tres muros y con sus fuertes defendidos por fosos y una amplia muralla, con doce torres, cayó en poder de los pisano-catalanes tras un mes de asedio. Abu al-Mundir, que dirigía la defensa, desapareció en la contienda. Después de haber destruido las murallas y conseguido este primer objetivo, se continuó el camino hacia Mayurqa.

Poco tiempo después del saqueo de las islas, apareció la escuadra almorávide, dirigida por Wanudin ibn Sir, que se encontró con territorios en ruinas. Volvió a su punto de procedencia después de anexionar las islas a su imperio.

El abandono de las islas por los cristianos tras la invasión demuestran que los intereses estaban dirigidos más hacia derrotar a un enemigo común que entorpecía sus intereses y no a incorporar un territorio.

Gracias a ello, la ocupación almorávide pudo ser relativamente pacífica y la ausencia de un poder constituido en las islas permitió el establecimiento de los nuevos gobernantes. De esta forma se unificaban otra vez los territorios del Al-Andalus bajo un poder único.