La cultura talayótica

Hacia el año 1000 a.C. aparece en Mallorca y Menorca una cultura de fuerte personalidad cuyas realizaciones más espectaculares, los talayots y las taulas, no han dejado de asombrar desde la Antigüedad, y que hoy es conocida como cultura talayótica. Su dramático final se suele fijar en el siglo VI a.C. y aún hoy es objeto de fuertes discusiones.

Actualmente se piensa que el origen de la cultura talayótica se debe al propio desarrollo de la cultura anterior más que a una invasión de gentes guerreras que trajeran el diseño de torres defensivas desde tierras orientales. El crecimiento de la población al final del pretalayótico iba acumulando tensiones que estallaron en un breve período de tiempo, dando lugar a una nueva cultura y, por otra parte, los talayots siguen una técnica constructiva similar a la de los navetiformes.

Claro que también podemos dejarnos seducir por los mitos de los autores griegos y romanos para quienes los talayóticos vendrían de los griegos que regresando a su casa tras la guerra de Troya, que por cierto sucedió cuando se formaba la cultura talayótica, acabaron por asentarse en las islas.

No sabemos con exactitud cuál era el nombre que se daban a sí mismos los talayóticos, aunque quizás era el de baleáricos con el que fueron conocidos por los romanos. De todos modos, reservaremos este nombre para la fase siguiente, cuando sí que hay constancia documental de su uso. Menos aún sabemos de su lengua, salvo que era indoeuropea, aunque si pronunciamos algunos de los nombres de persona que han llegado hasta nosotros, como Aspri, Arguta o Vatro o de algunos de sus poblados, como Bochor, Tucis, Guium, podemos todavía devolver a la vida las voces de más de dos milenios atrás.

Los talayóticos vivían en poblados a menudo dominados por un talayot y con las cabañas dispuestas concéntricamente alrededor del mismo, de manera que la pared más exterior de cada casa formaba la muralla del asentamiento. El emplazamiento de los poblados refleja una cierta preocupación por la defensa, buscando escarpes del terreno o pequeñas elevaciones. También hay poblados con varios talayots, reflejo tal vez de los diferentes clanes que vivían en el mismo.

En Mallorca se conocen más de trescientos poblados talayóticos, separados entre sí apenas por 3 Km. lo que de nuevo nos indica que Mallorca estaba muy poblada y cada vez lo estaba más. En cálculo del número de habitantes, revisado con los últimos hallazgos, nos señala que hacia el año 1000 había, al menos, 20.000 habitantes en Mallorca y hacia el año 500 a.C. se había pasado a 40.000.

El talayot es el monumento más característico de esta cultura, pero conviene precisar que bajo esta denominación podemos encontrarnos con estructuras muy diferentes, aunque todas ellas de marcado carácter ritual y sólo, pese a su apariencia, secundariamente defensivo. El talayot no es, por tanto, una torre de defensa, sino un símbolo ritual de la colectividad.

Conviene separar los dos tipos principales de talayots: los turriformes (talayots circulares, cuadrados, escalonados) y los tumuliformes (túmulos escalonados y plataformas escalonadas). Cada tipo tuvo sus funciones específicas, que hoy sólo podemos intuir: los circulares, de los que se conocen unos 250, disponían de una cámara interior y parecen ser edificios de carácter social, con varias funciones: algunos de ellos están dentro de poblados, otros en centros ceremoniales y otros más aislados, orientando sus puertas a otros monumentos talayóticos, tejiendo de esa manera una red que controlaba ritualmente el territorio. Los talayots cuadrados, que son exclusivos de Mallorca, donde se han contado un centenar, acentúan su función ritual-religiosa por su situación siempre fuera de los poblados, muchas veces en medio de dos poblados, sus medidas constantes y su orientación astronómica. Los otros tipos mallorquines, macizos y escalonados, parecen tener funciones ritual-funerarias, teniendo los escalonados una rampa helicoidal por la que debía subir algún tipo de procesión. Un capítulo también numeroso lo forman las plataformas escalonadas que se encuentran en las montañas y que quizás servían para depositar los cadáveres esperando su descomposición.

Pero los talayots muchas veces no aparecen aislados, sino formando parte de centros ceremoniales donde encontramos talayots de todos los tipos, santuarios y otras estructuras. Algunos de estos centros ceremoniales son más grandes y monumentales que los propios poblados.

Los talayóticos eran básicamente ganaderos, quizá porque así podían explotar mejor el territorio, en su mayor parte difícil de arar sin ayuda de herramientas de hierro. No obstante, también cultivaban cereales, lo que unido a la caza, pesca y recolección, seguía proporcionándoles una dieta variada. Fabricaban sus recipientes cerámicos a mano, sin ayuda de torno, con formas simples y sin apenas decoración. También trabajaban el bronce, fabricando hachas, puntas, escoplos y adornos como grandes pectorales, diademas, espirales para recoger el pelo, etc. En menor medida utilizaban el plomo o, incluso, el hierro.

Con una esperanza de vida que de media, como todos los pueblos preindustriales, no pasaba de los 45 años, los talayóticos vivían obsesionados por la muerte. Se comenzaron a utilizar cuevas artificiales, al igual que en Mallorca, a las que se cerraba con un muro. Y es que, a pesar de la estabilidad que representan los talayots, la cultura talayótica, como todas, seguía su curso cambiando y adaptándose a las nuevas circunstancias externas e internas.