La Germanía

En principio, La Germanía fue primordialmente un levantamiento antifiscal, que pretendía básicamente la consecución de reformas institucionales. Otra cosa es que derivase en una subversión del orden establecido. Aunque resulta evidente que estaba inspirada y relacionada con movimientos coetáneos -las Comunidades de Castilla, y, sobre todo, la Germanía valenciana- parece haber un relativo consenso entre la historiografía a la hora de considerar que la Germanía era básicamente un rebrote de la conflictividad social que ya había estallado en el asalto en Ciutat de 1391 y en la Revolta Forana de 1450. En torno a 1520, la deuda pública absorbía la práctica totalidad de los ingresos del Reino. El peso de la fiscalidadresultaba cada vez menos soportable para los vecinos más humildes de la Ciutat y para la gran mayoría de los residentes en la Part Forana, que soportaban una mayor presión fiscal por cápita. No es de extrañar, por tanto, que los payeses endeudados continuasen viéndose obligados a vender sus haciendas a la aristocracia ciudadana. El problema que suscitaba la forma de contribución parecía haberse resuelto mediante una sentencia de Fernando el Católico, en la cual ordenaba la confección de un catastro, que debía servir de base para que todo el mundo contribuyera a las arcas públicas en función de su riqueza y para que lo hiciese allí dónde poseyera los bienes. Pero años después, finalizado el año 1520, todavía no se habían iniciado los trabajos para la realización del catastro. Según el historiador Josep Juan Vidal, el aragonés Miguel de Gurrea, virrey desde 1512, se enfrentaba continuamente con sus subordinados, cosa que sucedía, por otra parte, cuando se consolidaban oligarquías que controlaban los gobiernos municipales gracias a las manipulaciones del sistema de insaculación. Y, además, las continuas carestías de víveres básicos —trigo, fundamentalmente- y la exagerada elevación de los precios exasperaban los ánimos de la gran mayoría de la población.

El estallido de la Germanía valenciana debió de decidir a los menestrales mallorquines a poner en marcha un movimiento similar. En diciembre de 1520 ya se conocía la celebración de reuniones secretas, en las cuales los artesanos expresaron sus intenciones de ponerse en contacto con los agermanados valencianos y proceder a la quitación (supresión) de la deuda pública. Día 6 de febrero, el gobernador ordenó la captura de siete de los conspiradores, que el día siguiente mismo, el día del jueves lardero, serían liberados por un levantamiento integrado por artesanos armados. Entre los liberados, se contaban Joanot Colom y Joanot Crespí, los dos principales líderes de los agermanados. Este último, elegido capitán y instador, intentó mantenerse dentro los límites de la legalidad, por lo que solicitó permiso a las autoridades por constituir comisiones, integradas por representantes de los oficios de la artesanía y por las mismas autoridades, que debían revisar los libros de la Consignación, donde constaban las deudas del Reino e iniciar la redención —la quitació o Santa Quitació- de las deudas.El 16 de marzo del 1521, se destituyó el gobernador por el hecho de ser aragonés, ya que según un privilegio del siglo XIV los de ese origen no podían ejercer el cargo. El mismo día, empezaron a llegar, unos tras otros, representantes de todas las villas, a excepción de Alcúdia, con la finalidad de manifestar su apoyo a la rebelión. El 16 de abril se creó la tretzena, una asamblea constituida por trece miembros, encabezada por Crespí, que empezó a ejecutar, entre grandes muestras de entusiasmo popular, la quitación (supresión) de la deuda y la confección del catastro. Muchos de los contrarios a la Germanía -denominados mascarats, que en su mayoría eran personas adineradas y miembros de la aristocracia–, empezaron a huir, unos embarcándose fuera de la isla y el resto en Alcúdia y Menorca. Mientras tanto, una carta del emperador Carlos, recibida el 30 de marzo, declaraba ilegal la Germanía,amenazando los agermanados con un castigo ejemplar si no readmitían a Miguel de Gurrea, refugiado en Eivissa, como gobernador y no le obedecían como tal. Como consecuencia de esta ilegalización, los ánimos de los agermanados se encendieron todavía más, y empezaron a multiplicarse los actos de violencia contra los mascarats. El 29 de julio, los agermanados asaltaron el castillo de Bellver y asesinaron a muchos de sus defensores. El día 23 de septiembre la tretzena desautorizó a Joan Crespí, líder de la facción moderada de los agermanados, que fue sustituida en el control de la Germanía por Joanot Colom, cabeza visible de la facción radical. Poco tiempo después Crespí fue encarcelado y posteriormente asesinado, al parecer por Francesc Colom, hermano deJoanot Colom. Este último, nombrado instador, emprendió una medida todavía más radical, la supresión de los impuestos indirectos. El control agermanado de la isla era casi total. Sólo restaban sin reducir el castillo de Santueri y la villa de Alcúdia, la única población importante amurallada de la ruralía de Mallorca, donde se habían refugiado un gran número de mascarats. No es de extrañar que el objetivo de los agermanados pasase a ser Alcúdia. Día 11 de noviembre, un ejército de entre cinco mil y seis mil hombres de la Ciudad yde la Part Forana hizo acto de presencia junto a las puertas de Alcúdia. Se iniciaba un asedio que, pese a las diferentes tentativas agermanadas, contrarrestadas por incursiones de los antiagermanados desde Alcúdia, duró hasta finales de septiembre de 1522. En esos días, y tras un intento desesperado de tomar la población, los agermanados decidieron levantar el asedio. Tanto los sitiadores como los sitiados sabían que en poco tiempo llegaría a la isla una armada del emperador por reduhir todo lo reino. Aproximadamente el 13 de octubre llegó a Ciutat la armada del emperador, que posteriormente se dirigió a Alcúdia. Un total de trece naves llegaron a esa población y, entre los refugiados yla armada, se reunió un ejército de cerca de 2.500 hombres, que el día 24 de octubre inició la ocupación de la isla. La primera villa en caer fue Pollença, saqueada por el ejército imperial y en donde más de doscientas personas, mayoritariamente mujeres y niños, murieron asfixiadas dentro de la iglesia. Las derrotas —verdaderas sangrías- de los agermanados en Son Fornari y Rafalgarcés no hicieron sino confirmar la superioridad del ejército imperial, que a últimos de año ya había ocupado toda la isla, a excepción de Ciutat, que resistió hasta el marzo del 1523. La Germanía había acabado; empezaba una represión de una dureza inaudita hasta la época.