La Guerra Civil española

Para comprender los acontecimientos que llevaron al estallido de la Guerra Civil, se debe conocer el convulso panorama político español, que se había estado gestando ya desde el siglo XIX (guerras carlistas, I República, etc.) y que llegó a su cénit en la siguiente centuria. El rey Alfonso XIII abandonó España ante la falta de apoyo popular en las elecciones municipales de 1931. Se proclamó la República y se convocaron elecciones en las que triunfaron las izquierdas republicanas y obreras (el PSOE resulta el partido con más diputados en las Cortes): se inició así el Bienio Progresista. Sin embargo, el fracaso en la aplicación de unas nuevas leyes de alto contenido social provocaron una serie de levantamientos anarquistas en 1933, que provocaron la caída del Gobierno y la celebración de elecciones anticipadas en 1933.

La CEDA, partido derechista, ganó estas elecciones, pero el Presidente de la República no les permitió formar gobierno, por lo que lo acabaron formando los radicales de Alejandro Lerroux (presidente de la II República), con el imprescindible apoyo de la CEDA, empezando así el gobierno de centro derecha.

La CEDA exigió su participación en el gobierno. Se nombraron tres ministros de la CEDA, pero este nombramiento (constitucional) no fue aceptado ni por la izquierda ni por los nacionalistas. ERC (Esquerra Republicana de Catalunya) proclamó desde Barcelona el Estado Catalán y UGT declaró una huelga general revolucionaria, lo que provocó la Revolución de 1934 y la proclamación desde Oviedo de la República Socialista Española. La situación quedó rápidamente dominada por el Gobierno, el cual reprimió duramente la sublevación y se inició una fuerte represión.

La mala administración hizo caer al Gobierno y se convocaron nuevas elecciones, que acabaron ganando el Frente Popular. Poco tiempo después, basándose estrictamente en una norma sobre la disolución de las Cortes, fue destituido el Presidente de la República, Alcalá-Zamora.

Durante la Segunda República, la polarización de la política española que se inició a finales del siglo XIX alcanzó su súmmum y convivieron los extremos en todos los campos.

Todo este trasfondo político hizo que, durante la Segunda República, el clima social fuera muy tenso, la inseguridad ciudadana muy alta y los atentados de carácter político o anticlerical una lacra para el país.

Entre febrero y julio de 1936 se produjeron grandes disturbios en la calle. El 14 de abril de 1936 acabó con la muerte del alférez De los Reyes en el desfile de conmemoración del Quinto aniversario de la República, presidido por Manuel Azaña. El entierro constituyó una excusa para que la derecha se echase a la calle para protestar efusivamente; la comitiva acabó por provocar trifulcas, tiroteos. Tras una serie de atentados en los que fenecieron miembros de ambas partes, la madrugada del 13 de julio de 1933, un grupo de guardias, al no encontrar en su casa a Gil-Robles (Frente Popular), mataron a José Calvo Sotelo, quien era miembro de las Cortes y líder de la oposición al Frente Popular.

Este crimen convenció a los militares a dar un golpe de Estado, entre ellos, a Franco. Este golpe de Estado estaba preparado para julio tiempo atrás, contando con el apoyo de la Falange y, de los movimientos conservadores y católicos. El levantamiento acababa de comenzar.

El conflicto asoló el país entre el 17 de julio de 1936 y el 1 de abril de 1939, concluyendo con la victoria de los rebeldes y la instauración de un régimen dictatorial de naturaleza fascista, acaudillado por el general Francisco Franco.

Cuando se produjo el golpe de estado contra la República, Mallorca quedó en el bando que apoyó a las fuerzas sublevadas. Este golpe en la isla fue liderado por el general Goded. El 19 de de julio de 1936 éste publicó un bando que declaraba el estado de guerra en las Islas, que destituía a todas las autoridades republicanas y que amenazaba a los posibles rebeldes con la pena de muerte. Los soldados y falangistas fueron ocupando las principales instituciones: Govern Civil, Ajuntament, Diputació, Casa del Poble, centros de telecomunicaciones, estaciones de ferrocarril, etc. También en los pueblos sucedió lo mismo, los sublevados ocuparon los principales cargos dirigentes e instituciones pertinentes. En pocos días el “Movimiento” quedó consolidado con éxito, sin que, en un principio, hubiera tantos enfrentamientos como en otros lugares de la Península. Sin embargo, la población no era consciente de lo que sucedería después. Ante algunos focos de oposición contra los insurgentes y, especialmente, después del desembarco de Bayo, se emprendió una acción represiva muy dura que marcó los acontecimientos hasta 1939.