La Palma perdida

No ha sido hasta bien entrado el siglo XX, cuando se ha podido comprobar que la Palma romana se encuentra en el solar de la actual capital balear. Hasta entonces, diversos autores fueron planteando que se encontraba en Santanyí, en la zona de Sa Carrotja, dado que allí se encontraban numerosos hallazgos de época romana, entre ellos, lápidas funerarias, construcciones, cerámicas y monedas. En cambio, los hallazgos arqueológicos efectuados durante la segunda mitad del siglo XX — a raíz de obras públicas, reformas de edificios actuales o prospecciones como las realizadas en el subsuelo de la Catedral y del Palacio Episcopal— han permitido comprobar que la Palma romana se encontraba en el mismo sitio que la Palma actual.

Muchas veces las fundaciones urbanas romanas se situaban cerca de importantes poblados indígenas precedentes. Esto es lo que parece que aconteció con Palma y el asentamiento de Son Oms, el poblado prehistórico más grande documentado en Mallorca, miserablemente destruido por el estado español en la década de 1970 para la ampliación del aeropuerto. En cambio la destrucción casi sistemática de gran parte de lo poco que nos quedaba de la Palma antigua ha sido mucho más reciente. Respecto a esta destrucción, el caso mejor documentado ha sido el de la Calatrava, en el lugar donde se encontró, entre muchas otras cosas, una preciosa cantera de época tardorrepublicana con epigrafía, una necrópolis de los años próximos al cambio de era, y unas habitaciones seguramente destinadas a almacenes o tal vez un mercado de época bajoimperial. En cambio, el caso peor documentado ha sido el del parquin de la avenida Antoni Maura, lugar donde se encontraba el puerto romano de la ciudad. Allí se padeció el atentado al patrimonio arqueológico mallorquín más grave de las últimas tres décadas, con el agravante de que fue promovido por la administración local.