La religión

Los romanos eran muy respetuosos con las religiones de los otros pueblos. En ocasiones asimilaban las divinidades de los vencidos a las suyas propias, y en otras incluso las incorporaban a su panteón. Poco sabemos de la religión de los hombres talayóticos, pero todo hace pensar que, tal y como hicieron los púnicos, adaptaron sus pensamientos y rituales religiosos a los de los romanos. Diversos hallazgos arqueológicos nos muestran la aceptación del culto a la tríada capitolina, compuesta por Júpiter, Juno y Minerva, los tres principales dioses del panteón romano. Después de que la República romana se convirtiera en imperio, también tenemos constancia del culto que se rendía a los emperadores y a sus familiares divinizados. Aparte de estos grandes cultos públicos, las personas que formaban la variadísima sociedad romana politeísta también tenían creencias y dioses menores para casi todos los acontecimientos de la vida cotidiana, tal y como podían ser los númenes tutelares particulares de cada persona o los lares protectores de las casas. Respecto a los lugares de enterramiento, los romanos localizaban sus cementerios fuera de los núcleos habitados, normalmente en los márgenes de los caminos. Las necrópolis más importantes halladas en nuestras islas son las que rodean las ciudades. Cuando se produce la conquista de las Balears, el rito funerario más generalizado en Roma era el de la incineración. Éste tendrá una gran aceptación entre los pobladores de las diferentes islas pero, hacia el siglo II d.C., empezará un lento proceso de cambio que hará que se utilice cada vez más el ritual de la inhumación.