Las ciudades romanas

Debemos tener en cuenta que no todas las ciudades que iban fundando los romanos eran iguales ni desde el punto de vista administrativo, ni del jurídico. Con la progresiva e imparable conquista de territorios, Roma iba estableciendo diferentes relaciones con los habitantes y territorios incorporados. Los habitantes de Roma disfrutaron desde los primeros momentos de todos los derechos (derecho romano), a los cuales podían aspirar los ciudadanos. Al principio se fundaron ciudades dentro de Italia, las cuales disfrutaban del derecho romano y se dividían en dos categorías: municipios y colonias. Los primeros tenían una constitución y magistrados propios; las colonias se fundaban para descongestionar Roma y éstas se concedían a ciudadanos romanos bajo una forma legal determinada.

Más adelante, el Imperio se fue expandiendo y, se comenzaron a fundar colonias y municipios fuera de Italia. Los habitantes de estas colonias disfrutaban del derecho romano. Los municipios, en cambio, podían ser de derecho romano o de derecho latino. Ambos tenían su origen en una concesión de la administración romana a ciudades indígenas. La diferencia estaba en que los de derecho latino no gozaban de los mismos derechos que los del romano; Roma les concedía una constitución donde se regulaban y estipulaban sus derechos, el más importante de los cuales era el de la concesión de ciudadanía a los magistrados, que se transmitía a sus descendientes.

A medida que Roma se fue debilitando y perdiendo poder a partir del siglo III d.C., el Imperio fue concediendo el derecho romano a todas las ciudades.