Las consecuencias de la Germanía

Esta rebelión, que se había iniciado con el objetivo de reformar la economía pública, acabó con un resultado desfavorable para Mallorca. Una de las consecuencias inmediatas fue, como hemos visto, la fuerte represión contra los agermanados, con la muerte, castigos y/o condenas con la pérdida de sus bienes.

Por el contrario, la ciudad de Alcúdia se benefició de la situación, dotándola con el título de “Fidelísima” y la exención de impuestos. Muchos de ellos recibieron una importante compensación por las pérdidas sufridas.

Las secuelas se manifestaron en tres niveles:

A nivel demográfico, con un descenso de población aproximadamente de un 30% del total (por el levantamiento en sí y por la peste).

A nivel económico, especialmente la imposición de nuevos tributos, que contribuyeron a aumentar el empobrecimiento de la isla. También se dictaron “composicions”, es decir, unas multas colectivas por villas, calculadas en proporción en el grado de participación de cada una en la revuelta y el patrimonio disponible. Nadie pudo librarse ya que por los fallecidos pagaron los herederos y por los fugados sus familias.

La lista de penas y número de personas afectadas fueron las siguientes: 128 procesados y ejecutados; 25 ejecutados sin proceso y 37 condenados a las galeras. A todos estos se les confiscaron los bienes.

Algunas de las “composicions” pagadas por las vilas fueron las siguientes (en libras): Sóller, 16.725; Llucmajor, 12.374; Pollença, 8.499; Inca, 6.450; Felanitx, 4.508; Manacor, 3.749, etc.

Ante la falta de caudales de las administraciones, se fueron creando más impuestos nuevos, que aumentaron las ya pesadas cargas fiscales.

Y, para finalizar, a nivel social hubo un claro aumento del bandolerismo, proveniente de las filas agermanadas en descomposición.