Los esclavos y los cautivos

Si algo caracterizó la sociedad mallorquina medieval en relación a otras sociedades cristianas de la actual Europa occidental, fue sin duda la importancia que revistió la esclavitud: se ha estimado que la población esclava pudo constituir entre el 10 y el 30% de la población total de Mallorca durante el siglo XIV. Es por lo anterior que la historiografía europea ha llegado a calificar Mallorca como “el centro de la elaboración de la esclavitud moderna” —en palabras de Henri Bresc- o que se ha afirmado —así lo hizo Charles Verlinden- que la situación del reino de Mallorca en la segunda mitad del siglo XIV evoca “aquella que se produce a menudo en las colonias de plantación de América algunos siglos más tarde”. De todas maneras, y en relación a lo anterior, debe tenerse en cuenta que la esclavitud era un hecho habitual en el mundo mediterráneo, tanto en la Cristiandad como en el Islam. La importancia de la esclavitud en el Reino de Mallorca probablemente debe relacionarse con la facilidad existente para el aprovisionamiento de esclavos, que se derivaba de la posición estratégica de la isla en las rutas dedicadas a ese comercio humano. El término con que eran designados normalmente los esclavos —“catius”, es decir, cautivos- resulta indicativo de como se convirtieron en esclavos la gran mayoría: mediante la captura. Pero la esclavitud podía tener además otro origen: el nacimiento. O, más concretamente, tener padres esclavos o ser un “bord” (bastardo) hijo de un padre libre y de una madre esclava. Profesar una religión diferente al cristianismo era uno de los factores que permitían y, en ciertos contextos, hasta propiciaban la esclavitud. En principio los cristianos no podían esclavizar ni ser esclavos de otros cristianos, pero esto no fue óbice para que un gran número de griegos y de sardos, todos ellos cristianos, fueran esclavizados, ni tampoco lo fue para que los esclavos convertidos al cristianismo continuasen privados de libertad. Por lo que respecta al origen de los esclavos, este fluctuó considerablemente:en el siglo XIV predominaron los griegos, los sardos y los musulmanes; en el siglo XV, según el historiador Onofre Vaquer, pueden diferenciarse con claridad dos períodos; a saber: la primera mitad de la centuria, caracterizada por el predominio de esclavos procedentes deEuropa oriental y Asia; y la segunda, que lo fue a su vez por el de los musulmanes norteafricanos negros y turcos.

En la Part Forana, los esclavos solían trabajar en las explotaciones agrícolas de sus propietarios, que normalmente eran terratenientes adinerados, poseedores de alquerías y rahales; en la ciudad, solían trabajar en la artesanía, como trajineros y, especialmente las mujeres, en el servicio doméstico de la aristocracia y de personas acomodadas. La situación de los esclavos conocía una amplia diversidad de situaciones, que comprendían desde lasemilibertad hasta el padecimiento de todo tipo de malos tratos. Buena parte de los esclavos —a excepción de aquellos que ya eran cristianos- se convirtieron al cristianismo, o eso es lo que se desprende del hecho de que adoptasen una onomástica procedente del santoral cristiano.

El propietario podía liberar el esclavo en su testamento o concederle la libertad cuando lo hubiera servido durante un cierto tiempo. Pero las liberaciones voluntarias no eran una cosa habitual. Normalmente, para poder liberarse, el esclavo tenía que establecer con su propietario —que debía prestar su consentimiento previo- un contrato de talla o de setmana. Estos contratos conocían varias modalidades, pero todos coincidían en lo esencial: fijaban un precio para su liberación y lo situaban en una condición de semilibertad, lo que le permitía alquilar bienes inmuebles, trabajar por cuenta ajena y negociar, normalmente haciendo préstamos, con las ganancias que hubiera obtenido mediante el ejercicio de estas actividades. No es de extrañar, por tanto, que las ansias de libertad propiciasen la autoexplotación de la mano de obra esclava.

Los esclavos en proceso de liberación (denominados “setmaners” en la documentación) solían trabajar como jornaleros en las explotaciones agrícolas, talleres y otras actividades que requerían mano de obra suplementaria. Pero las diferencias entre los salarios masculinos y femeninos jugaban en contra de las esclavas “setmaneres” y hacían más difícil que pudieran conseguir regularmente la cantidad fijada como pago. Seguramente esto explica que muchas se viesen forzadas a recurrir a la prostitución; de hecho, setmanera y prostituta llegaron a convertirse en términos sinónimos. Esta práctica, que fue prohibida repetidamente, debía de ser una de las pocas posibilidades de qué disponían las esclavas para reunir el importe que debían pagar como precio de su libertad.

Si el esclavo llegaba a pagar el importe fijado en el contrato, obtenía su liberación y pasaba a ser “franc i alforra” (liberto). Una vez libre, tenía dos opciones: regresar a su lugar de origen u optar por establecerse definitivamente en la isla, dedicándose a las actividades características de los estratos más bajos de la población. Jurídicamente, nada diferenciaba al antiguo esclavo o esclava del resto de personas libres. Pero la igualdad jurídica no suponía en realidad el fin de la segregación: haber sido esclavo o ser hijo de esclavos constituía una especie de estigma social, como lo muestra que los antiguos esclavos y sus descendientes fueran privados de ejercer determinados oficios o que, normalmente, los libertos se casaran con libertas.