Monestir de la Real: el control de l’aigua

De camino de Alfàbia a Palma, no debemos olvidar que pasaremos por S’Estremera, Raixa y otras destacadas possessions que fueron escenario de los bandoleros.

Cuando la carretera de Sóller enlaza con el Camí dels Reis, en la rotonda del polígono de Son Castelló, giramos a la derecha hacia la carretera de Valldemossa.Pasamos la rotonda de la carretera y continuamos por el Camí dels Reis hacia la calle del General Riera; antes de llegar, unos 200 metros después de la carretera de Valldemossa, giramos a mano derecha, por el desvío hacia La Real.

El control de la producción del aceite fue uno de los determinantes para entender los conflictos. Sin embargo, también el control del agua fue determinante.

Es en este punto que cobra importancia el Monasterio de la Real. Este centro fue fundado en el siglo XIII por Nunyo Sanç, tío abuelo del rey Jaime I, conde de Rosellón y uno de los magnates de la conquista.

En el propio siglo XIII, una extraña donación, concedió a Guillem Bastar el agua que, desde Esporles, se dirigía a la Ciudad. En esta concesión se establecía también la licencia para construir molinos hidráulicos.

El Monasterio de la Real, mediante falsificaciones y manipulaciones documentales, consiguió hacerse con el control de toda el agua que entraba en la Ciutat. Por sus tierras pasaba el agua de la Sèquia de la Vila y de la acequia llamada na Bastera.

Precisamente, vecino al monasterio, se conserva el llamado Molí del Dimoni o Molí de l’Infern. Es un molino de propiedad privada y no siempre se puede visitar en condiciones. Pero si se puede acceder al obrador, el visitante se encontrará con un molino fortificado del siglo XIII. En caso de ser atacado, el molinero se podía encerrar allí y era prácticamente imposible el asalto.

Como se puede comprender, las cuadrillas de bandoleros participaron activamente en los conflictos por el control del agua. Por lo tanto, estos parajes también fueron escenario de batallas y hechos violentos. En 1573, don Francesc Axelló casi provocó la muerte de un molinero al que hizo morder por sus perros.